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Autor: Germán Sánchez Griese | Fuente: Catholic.net Cirugía estética: resultados vs. riesgos
¿Son mis motivos lo suficientemente válidos cómo para someter mi salud y mi vida a los riesgos que implica una cirugía?
Cirugía estética: resultados vs. riesgos
La belleza humana ha significado tantas cosas para los
hombres y las mujeres a lo largo del tiempo que
siempre ha encontrado un lugar preferido en el corazón de
la humanidad. Los griegos la han esculpido, los trovadores medievales
la han cantado y los renacentistas la han estampado en
óleos y frescos exquisitamente dibujados. Toda una oda a la
belleza del hombre y la mujer, que no son sino
reflejo de la belleza de Dios, pues no hay que
olvidar que Dios también quiere y admira lo bello.
Gimnasios, saunas,
aerobics, masajes, mascarillas, ungüentos, son los herederos contemporáneos de ese
afán de lucir una figura de acuerdo a los cánones
de la belleza, que por cierto, son muy cambiantes.
Si
hoy vivieran Fragonard o Rubens bien se hubieran reído de
nuestras modelos que aparecen como sombra fugaz, como suspiro de
material humano. Y nosotros nos reímos de sus modelos, en
donde las carnes más bien rebasan el límite de lo
que marcarían las básculas de los actuales “weight-watchers” o vigilantes
del peso. Adonis o venus, dulcineas y príncipes azules han
desfilado a lo largo de la historia arrancando en ellas
y en ellos suspiros de arrobamiento y enamoramiento.
Lo que antes
parecía imposible, ahora la ciencia y la tecnología, en su
vertiente médica, lo ponen a nuestro alcance.
¿Nos disgustan el
color café de nuestros ojos? En la óptica más cercana
podemos encontrar lentes de contacto que van desde el azul
cielo hasta el violeta intenso de una mora.
¿En el
pelo ya asoman las canas? Corramos a la tienda de
autoservicio más próxima y compremos un tinte que nos traiga
la juventud perdida para reírnos de los que decía Rubén
Darío “Juventud, divino tesoro, ya te vas para nunca más
volver”.
¿Comienzan a aparecer las tan temibles “patas de gallo”
alrededor de nuestra piel, o la papada ya empieza a
colgar delatando en cada centímetro de flacidez un lustro más
que vamos acumulando? Llega un momento en la vida, en
que nos miramos al espejo, y tirando con las manos
de la piel del cuello y las mejillas expresamos, ya
sea internamente o en voz alta, ¡no me vendría mal
una cirugía!
Cualquier cirujano plástico, en cualquier clínica de cualquier ciudad,
puede hacernos desde un “mini-lift” hasta una restauración total de
nuestra cara. Todo, o casi todo, se puede hacer. Pero
¿lo podemos hacer? ¿La moral, la ética, la Iglesia han
dicho algo al respecto? ¿Lo permiten?
Mons. Elio Sgreccia menciona en
su Manual de Bioética: El principio de vida física de
la persona comporta la obligación consiguiente de la “no disponibilidad”
del propio cuerpo, sino es para un bien mayor del
cuerpo mismo (principio de totalidad) o para un bien mayor,
moral, superior, relativo a la misma persona. En nuestro caso
el principio de la totalidad o terapéutico justifica por sí
solo la licitud de los transplantes autólogos, incluso de carácter
estético correctivo.
No parece haber duda de la licitud de buscar
la belleza cuando una intervención quirúrgica reporta un bien mayor
a la persona, incluso un sentirse mejor... Pienso, por
ejemplo, en los tristísimos y lamentables casos de quemaduras de
piel que desfiguran el rostro de hombres y mujeres. Es
lógico que una intervención plástica ayudará a sentirse mejor a
las personas que han sufrido un accidente, o que incluso
han nacido con una malformación física.
Sin embargo podemos cuestionar si
esta licitud se aplica en el caso de aquellos hombres
y mujeres que quieren aparentar menos años o que se
someten a una intervención quirúrgica para modificar alguna parte de
su cuerpo o de su rostro.
Si hay algo éticamente ilícito
dentro de la cirugía plástica estética, no hay que buscarlo
en el deseo de parecer más joven y más atractivo,
sino en la obsesión que la belleza infunde en aquellos
que la buscan y la llegan a considerar indispensable para
poder llegar a ser dignos de ser amados.
Esta obsesión
proviene generalmente del alma y no de tal o cual
defecto físico. No podemos olvidar que el cirujano no es
un mago: él puede cambiar el cuerpo, pero no puede
cambiar a la persona.
Una decisión responsable
Hoy día, ingresar
a un quirófano para embellecer la imagen corporal podría considerarse
una intervención de rutina. Sin embargo, el ansia por lucir
mejor no debe hacer olvidar al interesado una serie de
precauciones fundamentales tales como el exhaustivo conocimiento de los riesgos
y beneficios posibles, la acertada elección del profesional y una
sincera autoevaluación sobre los motivos que llevan a tomar la
decisión.
Como en toda acción, para juzgarla, debemos ver la intencionalidad.
¿Por qué lo hacemos? ¿Es por vanidad? ¿Es un capricho?
¿Me ayudará a ser mejor persona? ¿Afectará mi vida espiritual?
¿Mejorará mis relaciones con los demás? Con el paso del
tiempo una casa necesita ciertas composturas: la pintamos, cambiamos alfombras,
retapizamos los muebles que el sol haya comido el color
de las telas. Y nos sentimos mejor, vivimos mejor en
nuestro hogar. Y si estos gastos van de acuerdo a
nuestro presupuesto, ha sido una buena acción la que hemos
llevado a cabo.
Existe mucha información, a veces en
exceso y sin parámetros éticos, que invade las revistas y
programas de TV, que confunden la información con publicidad
y presentan esta especialidad como frívola, cuando en realidad
es una decisión seria que debe tomarse responsablemente.
En primer lugar,
la persona debe estar emocionalmente estable y contenida, no depositar
falsas expectativas en la operación (tales como recuperar una pareja,
o tener más éxito laboral o en las relaciones interpersonales)
y estar preparada para afrontar el cambio de imagen posterior
a la operación.
En una operación de carácter estético valdría la
pena que nos preguntáramos por qué queremos hacerlo, cuál es
el objetivo que persigo con esa intervención. ¿Son mis motivos
y los resultados que obtendré lo suficientemente válidos cómo para
someter mi salud y mi vida a los riesgos que
implica una cirugía y una anestesia?
Por ejemplo, si lo que
se busca con la cirugía es complacer al cónyuge, se
tendrá que valorar si la satisfacción que le aportará, es
superior al riesgo que se correrá en la operación y
al costo económico de la misma.
Si la cirugía estética
se busca como una posibilidad para proporcionar una imagen más
adecuada y positiva, mejorando la autoestima y, por lo tanto,
su calidad de vida y la de los que le
rodean, habrá que preguntarse si ese gasto va de acuerdo
con el presupuesto familiar o por el contrario nos va
a desequilibrar de tal forma que dejemos desatendidos aspectos prioritarios
o esenciales en la familia como pueden ser la comida,
el vestido, la habitación o la educación de los hijos.
No
existe ninguna razón por la que uno deba exponerse a
una operación, por menos invasiva que parezca, sin tener total
conocimiento de lo que esto implica, para poder hacer un
balance costo/beneficio en el momento de tomar la decisión. Repetimos:
el cirujano no es un mago, sólo puede mejorar las
formas físicas, no los problemas familiares o del alma.
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