La cantidad de $170,000 que Catholic.net necesita alcanzar dividida entre los 250,000 usuarios diarios del portal corresponde a un importe de menos de ¡0.70 dólares por cada uno!
En la práctica es imposible recibir 0.70 dólares de cada uno de los 130,000 usuarios, ¡pero quizá sí es posible recibir 50 dólares de 3,400 de ustedes! ¿Podría usted formar parte de ese "grupo de los 3,400" de cuya generosidad depende la sobrevivencia y el desarrollo de Catholic.net? ¡Por favor, piénselo! ¡Envíe su donativo hoy mismo!
Autor: Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México | Fuente: Arquidiócesis de México Declaración en favor de la vida del Cardenal Norberto Rivera Carrera
Arzobispo Primado de México y su Consejo Episcopal, marzo de 2007
Declaración en favor de la vida del Cardenal Norberto Rivera Carrera
Marzo de 2007.
1. “Dios ha amado tanto al mundo que
le entregó a su Hijo único” (Jn 3, 16). Ésta
es la alegre verdad que, la Iglesia, llena de gozo,
acoge y anuncia con fervor a todos los hombres. Ésta
es la realidad que constituye el núcleo de su misión
y servicio a la sociedad. Ésta es la certeza que
ilumina el misterio del hombre y que le revela su
valor altísimo, destruyendo las tinieblas del miedo, de la desesperación,
y de la angustia. Ésta es la verdad que la
Iglesia quiere recordar en este momento en que nuestra sociedad
discute un tema de tanto relieve social y moral, como
es la legalización del aborto, apelando con ello a la
conciencia de todos. En efecto, por el misterio de la
encarnación del Verbo, todo hombre ha sido confiado a la
solicitud materna de la Iglesia y, por ello, cada amenaza
a la vida del hombre y a su dignidad no
puede no resonar en su corazón y no puede no
involucrarla en su misión de servir al hombre.
2. Queremos anunciar
el valor inestimable de la vida de cada ser humano,
valor que puede ser reconocido no sólo a la luz
del don de la fe sino también por el solo
ejercicio de la inteligencia. Esta verdad no es por tanto
sólo un valor religioso, sino fundamentalmente, un valor humano que
debe ser reconocido y protegido por las leyes de una
sociedad democrática, que quiere asegurar las condiciones de desarrollo, de
justicia y de paz para todos sus miembros. La tutela
efectiva del derecho a la vida de todos y cada
uno de los mexicanos, sin aceptar discriminaciones injustas originadas en
la raza, en la religión, en el sexo o en
el estado de su desarrollo, es la base para el
ejercicio de todos sus derechos y libertades. El grado de
civilidad de una sociedad se verifica en su capacidad de
proteger a sus miembros más débiles y vulnerables, recordando además
que la ciencia nos ha probado que hay un ser
humano desde el momento de la concepción.
3. Como pastores comprendemos
la angustia y la desesperación de quien se siente abandonada,
sin salida y llega a pensar que la única solución
posible es eliminar al pequeño que se gesta en su
vientre. Vaya a ellas nuestra solidaridad, nuestro cariño y nuestra
solicitud pastoral. Precisamente por ello, consideramos una violencia mayor el
abandonarla todavía más haciéndola responsable de un acto que la
marcará irremediablemente llenándola de mayor angustia y desesperación.
4. Hay
que recordar que la mujer que decide abortar no está
decidiendo sobre su cuerpo sino sobre la vida de un
individuo humano diferente de ella y del padre: “Quien se
elimina es un ser humano que comienza a vivir, es
decir, lo más inocente en absoluto que se pueda imaginar;
¡jamás podrá ser considerado un agresor, y menos aún, un
agresor injusto! Es débil, inerme, hasta le punto de estar
privado incluso de aquella mínima forma de defensa que constituye
la fuerza implorante de los gemidos y del llanto del
recién nacido. Se halla totalmente confiado a la protección y
al cuidado de la mujer que lo lleva en su
seno” (Evangelium vitae, 58).
5. La Iglesia, formada por todos los
bautizados, es el pueblo de la vida y para la
vida. En cada hija e hijo de Dios vive el
Espíritu Santo, Señor y Dador de Vida, agua viva que
se convierte en “fuente de agua que brota para la
vida eterna” (Jn 4, 14). Cristo nos enseña que quien
beba de esta agua viva que Él da, “de su
seno correrán ríos de agua viva” (Jn 7, 38). Por
ello nos dirigimos ahora en primer lugar a todos los
hermanos y hermanas en la fe de quienes nuestra ciudad
espera el correr de estos ríos de agua viva para
sanearla de todo desprecio y atentado a la vida humana.
Anunciar la belleza y el valor de la vida nos
compromete a denunciar lo que se opone a ello y
a trabajar para que tanto nuestras leyes como nuestras instituciones
garanticen eficazmente el derecho a la vida. Es necesario repetir
con fuerza, y lo hacemos hoy, en nombre de la
Iglesia, que es inmoral recurrir al aborto en cualquiera de
sus formas, recomendarlo, colaborar con él y que con eso
se es cómplice de una acción gravemente inicua.
6. Debe
ser motivo de grande preocupación para todos, que en nombre
de los derechos de la libertad individual, se pretenda justificar
no sólo la impunidad, sino incluso la autorización de parte
del Estado para practicar con absoluta libertad y con la
intervención gratuita de los servicios de salud pública, delitos contra
la vida humana inocente. No debemos olvidar cuanto decía proféticamente
la beata Teresa de Calcuta, el aborto mata simultáneamente a
tres personas: al niño que es injustamente eliminado, a la
mujer que abandonada en su desesperación llega a cometer semejante
crimen y a la sociedad que se hace cómplice, obscureciendo
su sentido ético y abriendo la puerta así a graves
abusos despóticos, donde no rige más el principio de la
igualdad fundamental de todos los seres humanos, sino la tiranía
del más fuerte.
7. Invitamos a todos a reflexionar para que
nuestra ciudad y nuestra patria no dejen de tener un
rostro humano y compasivo para con los más débiles e
inocentes. El amor vence al miedo, no temamos acoger a
los niños recién concebidos, tengamos la convicción de que, sin
detrimento a la dignidad y derechos de las mujeres, no
hay causales que puedan justificar el rechazo del bien precioso
de la vida de un niño o de una niña
independientemente de las condiciones de su concepción, de su estado
o de su desarrollo. Estamos seguros de que existen medios
para recibirlos en nuestra sociedad permitiéndoles compartir la fiesta de
la vida. Debemos empeñarnos todos en una mayor solidaridad y
compromiso por soluciones respetuosas del valor y la dignidad de
todo ser humano.
Que Santa María de Guadalupe, la Mujer Encinta
que es madre de todos los mexicanos, custodie nuestras mentes
y nuestros corazones para que, como nos exhortó el querido
siervo de Dios Juan Pablo II: “Que ningún mexicano se
atreva a atentar contra la vida de un ser humano
que se gesta en el vientre de su madre”.
Todos los servicios de Catholic.net son gratuitos.
Sólo nos mantenemos gracias a los donativos que, voluntariamente, nos hacen algunos de nuestros visitantes.
Necesitamos de tu ayuda para continuar anunciando el mensaje de Cristo a través de la Red.
Ayúdanos, Dios te lo recompensará. DA CLICK AQUÍ PARA DONAR