San
Nicolás nació en el año 350 después
de Cristo en Bari, Italia. Sus papás le enseñaron
la fe cristiana. Era muy bueno, generoso y se caracterizaba
por su sentido del humor, hacía reír a todos.
Marco, jefe de la guardia romana, y un vendedor de esclavos
eran los únicos que no lo querían porque siempre
arruinaban sus planes.