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Damos mucha importancia a la justicia y poca a la misericordia
¿Qué hay detrás del perdón de una situación que nos ha provocado dolor?


Por: María Velázquez Dorantes | Fuente: El Observador



El Padre Juan Antonio Ruiz Jorge es sacerdote legionario de Cristo. Es editor del portal Buenas Noticias (buenas-noticias.org ) y del blog «Con Tinta de Esperanza ». Es promotor de los «Talleres de perdón», donde los participantes aprenden a reconciliarse consigo mismos y con ello iniciar un camino hacia la armonía con sus prójimos. Es autor del libro «Las ovejas bailan Rap», y colabora en la dirección general de la congregación.

¿Qué hay detrás del perdón de una situación que nos ha provocado dolor?

El perdón es una de las actitudes más difíciles de vivir. Cuesta mucho dar otra oportunidad a alguien cuando lo que está en juego somos nosotros. Por eso, hablar del perdón es muy impopular. Y es esa la razón por la cual es importante tratar el tema.

Sólo quien ama es capaz de perdonar. Primeramente, porque ama a la persona en cuestión y el amor le puede llevar a darle una oportunidad. Pero si definitivamente no tiene ya credibilidad, es mi amor a Dios el que sale en mi ayuda: debe ser tal que me mueva a perdonar de la misma manera en que Él me ha perdonado a mí. Y sí, no siempre es fácil; muchas veces nos cuesta lágrimas y sangre. Pero creo que todos en la vida estamos llamados a perdonar si queremos realmente llamarnos católicos.

¿Podemos olvidar sin perdonar, sin que el corazón resulte dañado?

Aquí es importante hacer una distinción. No es lo mismo sentir que consentir. Naturalmente, puedo sentir rechazo hacia una persona, pero si yo no consiento… eso es distinto. El perdón auténtico está basado en esta distinción. Podemos sentir que el corazón nos dicta odiar a alguien que nos ha hecho daño, pero es mi voluntad la que me invita a que el odio no cree raíces en mi interior.

Perdonar no significa que a partir de que perdono saludo como si no hubiese pasado nada a la otra persona. Por lo menos no al principio. Necesitamos un proceso en todo lo que hacemos y el perdon no es la excepción. Y son pocas las personas que llegan a perdonar de tal manera a una persona que incluso la aman de nuevo. ¿Imposible? No. ¿Idealista? Tampoco. Pero sí es muy difícil y ahí es a donde estamos llamados todos: a ser santos en el perdón.

¿Cómo vive y comunica la Iglesia católica la experiencia del perdón?

Justamente porque el perdón es una de las notas características del cristianismo es por lo que la Iglesia se preocupa de modo particular en la transmisión del perdón. Son muchas las formas en que lleva a cabo esto:

1) Primeramente, con la confesión. Cada vez que nos ponemos de rodillas para pedirle perdón a Dios por nuestros propios pecados, vamos también educándonos en el perdón.

2) Invitando a contemplar a Cristo en la Cruz, que pide a su Padre el perdón para sus verdugos. En mi experiencia, he visto que esta meditación suele ayudar a las personas que han sufrido mucho.

3) Presentando testimonios de personas que han sabido perdonar. Porque, todos lo sabemos, las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra. Y es por eso que llevo desde hace tiempo contando historias de perdón en mi blog.

¿El perdón es una puerta de felicidad para el hombre, cómo y por qué?

Todos hemos escuchado alguna vez que el perdón no es sólo quitar un peso para el que es perdonado, sino también para el que perdona. Y no podría estar más de acuerdo con esta afirmación. Porque quien está abierto al perdón es más libre interiormente: no está ligado a su enojo, a su odio. El corazón es siempre joven, sin las arrugas típicas del amargado.

¿Cómo educar para el perdón en medio de un mundo lleno de resentimientos?

Yo aquí tengo que decir algo que es políticamente incorrecto. Vivimos en una sociedad tremendamente «protestantizada». ¿Qué quiero decir con esto? Que le damos demasiada importancia a la ley, a la justicia y nos olvidamos de la misericordia.

El perdón no es algo humanamente normal en muchos casos. ¡Cuesta horrores practicarlo! Por lo mismo, si no presentamos testigos, la prédica se quedará vacía; y si no se hace esa experiencia, se quedará en una bonita pero inútil teoría. Y es aquí cuando la Cruz cobra una fuerza particular. Porque un Dios que por amor a mí y para perdonarme todas mis miserias y flaquezas muere en una cruz del modo como murió, es la mejor manera de educar y de decir a este mundo que el perdón es el arma más eficaz de la que disponemos para cambiar nuestra sociedad y darle esa paz que tanto anhela.
 

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