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Pena de Muerte
La sensibilidad abolicionista, hoy muy difundida, coincide con la falta de sensibilidad ante otro caso de violencia, de pena de muerte aplicada a un inocente, el aborto


Por: Antonio Rivero | Fuente: catholic.net



Introducción

El tema de la pena de muerte es muy controvertido. La postura de la Iglesia es tender a suprimirla, pero aún se le reconoce cierta justificación en casos extremos y como último recurso, después de agotados los demás.

En el mundo antiguo, antes del cristianismo, era un recurso frecuente. El cristianismo, sin oponerse de forma absoluta a esta forma de pena, consiguió que se hiciera menos frecuente y que se practicase con menos ostentación y crueldad. Sin embargo, durante muchos siglos incluso los pensadores más ecuánimes y ponderados no tuvieron ninguna duda sobre su utilidad y justificación.

Desde el siglo XVIII empieza a plantearse la duda sobre la legitimidad de la pena de muerte. En el siglo XIX aparece ya la tendencia abolicionista. Y en el siglo XX esta tendencia se fortalece. En general se ha suprimido la pena de muerte en muchos países. Y en los países donde se preve la pena de muerte es sólo en casos de emergencia o de guerra. Se mantiene en casi todos los nuevos estados africanos, en los países árabes, en algunos países asiáticos, en Rusia y en otros estados comunistas. Puede decirse que de los aproximadamente 160 estados independientes existentes hoy en la tierra, sólo una veintena de países han abolido la pena de muerte.

I. Términos

1. Delito: conducta humana en contra de la ley.

2. Pena: un mal que se impone como consecuencia jurídica del delito y como retribución del que él ha causado a los particulares o al conjunto de la sociedad. Hay diversos tipos de penas: pecuniarias (multas), privativas de derechos (privación del derecho al voto), restrictivas de la libertad (prohibición de salir al extranjero, confinamiento), privativas de la libertad (prisión), la muerte, que es la pena máxima o capital. La pena tiene unos fines: función preventiva social (al conocer esas penas, los individuos se abstienen de cometer esos delitos), individual que mira a la corrección del delincuente, evitando su reincidencia y, si es posible, reincorporándolo de nuevo a la sociedad.

II. Fundamento

Es el de la autodefensa de la sociedad a través de sus instancias legítimas en casos extremos. Según esto sería el último recurso aplicable como único medio para salvar la sociedad. Sin embargo, en condiciones normales, actualmente, parece que el Estado puede disponer de otros medios para defenderse: prisiones, mayor eficacia policial, organismos de control y defensa, etc.

A pesar de esto, parece que está creciendo en el mundo una fuerte corriente en favor de la pena de muerte: basta ver las manifestaciones en Liverpool, Escocia, donde la masa quería linchar a los dos niños acusados de asesinar a otro menor que ellos.

III. Argumentos en contra y a favor

1. A favor: es la legítima defensa de toda la sociedad ante los casos de criminales peligrosos, crueles e incorregibles. Tiene una especial fuerza intimidadora, que impide la comisión de los delitos más graves. Tiene un algo grado de ejemplaridad. Es el justo castigo retributivo: la muerte perpetrada con premeditación, alevosía, sin ningún factor atenuante, se merece lo mismo: la muerte. Sin pena de muerte, los criminales incorregibles seguirían cometiendo crímenes, pues en las circunstancias actuales -gracias e indultos, amnistías, redención de penas, etc.- la reclusión perpetua se da en muy pocos casos.

2. En contra: es una forma de crueldad y supone convertir al Estado en verdugo. Impide corregir los errores judiciales, que no son tan infrecuentes como a veces se piensa. No tiene valor alguno de ejemplaridad: de hecho, en los países en los que ha sido abolida no se ha notado ningún aumento en aquellos delitos antes castigados con esa pena. Impide cualquier posibilidad de regeneración del delincuente. El hecho de que la pena de muerte haya existido en todos los pueblos y en todas las épocas no es argumento, porque también existió la esclavitud y hoy se considera que se ha realizado un gran progreso moral con su abolición. La supresión de la pena de muerte ha de traer consigo el perfeccionamiento de las instituciones penitenciarias, tanto para la corrección del condenado como para la aplicación -si el caso lo requiere- de la totalidad de la pena.

IV. Principios Generales

1. La pena de muerte debe evitarse al máximo.

2. En caso de aplicarla, sólo se hará en situaciones especiales, que pongan en serio peligro a la sociedad o a las vidas de las personas, ante crímenes gravísimos claramente especificados por la ley y con pruebas evidentes, reduciendo absolutamente la posibilidad de error sobre el veredicto de culpabilidad.

3. Ningún agente de policía o persona singular que pertenezca al aparato del Estado puede atribuirse el derecho de quitar la vida a nadie en nombre de la nación. Sólo corresponderá al Estado, a través de sus instancias legislativas, después del correspondiente juicio y de haber fallado un veredicto claro y exacto, aplicar esta pena en los países donde se contemple en el código penal; y aun en este caso, deberá reservarse a casos muy especiales.

Conclusión

Para entenderla en toda su profundidad hay que distinguir entre la ilicitud absoluta de la pena de muerte y la oportunidad de abolir la pena en las actuales circunstancias históricas. La mayoría de los abolicionistas se sitúan en esta segunda perspectiva. En realidad, si se declara absolutamente ilícita la pena de muerte (por tanto, una inmoralidad), hay que concluir que siempre en la historia se ha actuado inmoralmente cuando la pena ha sido aplicada; y hay que concluir también que no puede haber ninguna circunstancia nunca, por extraordinaria que sea, que justifique la pena de muerte.

Lo primero llevaría a afirmar, por ejemplo, que los criminales de guerra nazis fueron injustamente sentenciados y ejecutados. Nadie, ni siquiera el que era responsable de la muerte de cientos de miles de inocentes, era reo de muerte. Es difícil decir cuántos partidarios de la abolición de la pena de muerte están dispuestos a llevar su posición a ese extremo de coherencia.

Lo segundo -que la pena de muerte no debe darse nunca, en ninguna circunstancia- lleva a hipotecar el futuro, sin reconocer ni siquiera la posibilidad de una extrema necesidad.

Teniendo en cuenta lo anterior, parece claro que la tendencia abolicionista corresponde mejor a la humanización del derecho y a la posibilidad de una sociedad diversa.

Sin embargo, aun es preciso tener en cuenta otro dato: la sensibilidad abolicionista, hoy muy difundida, coincide con la falta de sensibilidad ante otro caso de violencia, de pena de muerte aplicada a un inocente, sin garantías procesales. Nos referimos al aborto. Esto no es un argumento a favor de la pena de muerte. Es sencillamente un elemento que puede servir de reflexión, de forma que la tendencia de humanación del derecho pueda llegar a todos los vivos, no sólo a los ya nacidos. A los criminales, pero también a los inocentes.

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