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El pudor, saber mirar con ojos limpios
No es casto el que trata de ignorar lo sexual, sino el que sabe mirarlo con ojos limpios.


Por: P. Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte



El pudor es un mecanismo de defensa, propio de la castidad, que protege instintivamente la intimidad sexual con la vergüenza.
Es un muro protector de la pureza.
Pudor no es miedo al cuerpo desnudo, sino respeto a él.
No es casto el que trata de ignorar lo sexual, sino el que sabe mirarlo con ojos limpios 23.
«El pudor distingue al hombre de los animales»
24.

El pudor proteje la propia intimidad.
El pudor es propio de la persona humana. Los animales no tienen pudor.
Por so hacen en público sus funciones más íntimas.
Esta protección de la intimidad que es el pudor se expresa en tres cosas: la vivienda, el vestido y el lenguaje.
La casa es un lugar íntimo. A un amigo se le invita para compartir intimidad. Pero esto no se hace con un desconocido.

El pudor también se expresa en el vestido. Por eso se cubren las partes más íntimas, que no se compartren con cualquiera.
De ahí el celo que muestra el marido o el novio por la decencia en el vestir de su esposa o de su novia.
El tercer ámbito del pudor es el lenguaje.En su modo de expesarse no hace «de dominio público» sus estados afectivos
25.

El pudor ayuda a evitar eficazmente excesos y peligros morales de todo tipo en materia sexual.
Además, evita aquellos aspectos de vulgaridad, chabacanería y desorden que acompañan a ciertas expresiones sexuales.

«El pudor no indica gazmoñería, apego irracional a costumbres pacatas. Supone respeto a lo más personal del hombre.
»Protegerse de la mirada ajena, no indica ñoñería sino salvaguardar su sexo del uso posesivo de los demás.
»Palpar algo es, en cierta medida, un acto de posesión. Ver es como tocar a distancia.
»Ofrecer a la mirada ajena las partes íntimas del cuerpo supone dejarse poseer en lo que tiene uno de más íntimo.
»Toda exhibición sugiere un acto de entrega. Hacerlo en público se asemeja a la prostitución»
26.

Dice el psicopedadogo Bernabé Tierno:
«La educación del pudor sólo es posible allí donde imperan ideas nobles y sentimientos limpios.
»El pudor sólo es sentido por quien todavía es sensible a las amenazas que sufre la virtud. En medio de un ambiente que apenas distingue la línea divisoria entre lo que es bueno y lo que es malo, hay que devolver a los jóvenes el sentido de dignidad personal, y a la opinión pública una mayor sensibilidad.
»Pero no podemos cometer el error pedagógico de atribuir a toda realidad sexual una sensación de vileza o un sentimiento de vergüenza que se identifica muchas veces con el pudor.Los educadores hemos de poner el acento, no sobre la educación sexual, sino sobre la educación de la persona.
»No educamos la sexualidad del muchacho; es él el verdadero artífice de su educación como persona, que, en consecuencia, se expresa también en sus comportamientos sexuales. Lo que debe ser educado, no es la sexualidad, sino la persona.
»La actitud egocéntrica de la persona hace neuróticamente compulsiva, especialmente en la adolescencia, la necesidad de autoafirmación que se manifiesta claramente en el sector de la sexualidad. La compulsión se hace tanto más fuerte cuanto más se convence el joven de su falta de valía, lo que le hace aferrarse al sexo como único medio de autoafirmación...
»Está claro que una atmósfera cargada de hedonismo sexual que se nos cuela de rondón en casa a través de la “ventana televisiva”, envuelve al joven por doquier, y no contribuye lo más mínimo a una higiene mental que favorezca el dominio normal sobre los propios impulsos.
»La trivialización de la sexualidad conduce a la desvalorización de las relaciones heterosexuales, cada vez más frecuentes y precoces. En el fondo es la desvalorización misma de la persona del “otro” que queda reducida a la condición de simple instrumento al servicio del placer...
»La apología que ciertos medios de comunicación hacen de aberrantes conductas sexuales contribuye a deformar el concepto y la naturaleza de los papeles sexuales con los que deben identificarse los jóvenes»
27.

Esforcémonos por ver todo lo que tiene el vicio de repugnante y abominable. Esto nos ayudará a amar la castidad.
Todo lo que tiene ella de grande y de noble, de dominio propio y de respeto, lo tiene el vicio impuro de bajo y despreciable.

La persona impura es una persona sin voluntad.
La razón, que debería ser la señora, se vuelve esclava de los instintos animales; el hábito vicioso se convierte en el peor de los tiranos, exige cada vez más y vuelve a la persona egoísta, con un egoísmo de la peor especie: la persona impura lo sacrifica todo para satisfacer su propia pasión.

El vicio impuro quita a la persona la tranquilidad de conciencia, la alegría, la libertad, la fe, la esperanza, el verdadero amor, la honra, la fortuna, la salud y, en fin, la gloria del cielo.

No es raro que a la persona que se deja dominar del vicio impuro le sobrevenga, antes o después, la dureza de corazón, la pérdida de la fe, y al fin la condenación eterna.

Hay que tener en cuenta que los pecados contra la pureza no son los únicos, ni los más graves.
No podemos olvidarnos que el buen cristiano, además de la virtud de la pureza, debe tener la de la justicia y la caridad. Hay entre nosotros demasiada ambición, avaricia, egoísmo, soberbia, odio, envidia, ruindad de corazón y falta de honradez profesional.

Los fieles tienen derecho a ser informados fielmente en la doctrina católica.
El 7 de enero de 1987 la Comisión Episcopal Española para la Doctrina de la Fe, publicó un documento donde dice:
«A quienes elaboran materiales catequéticos, de enseñanza religiosa o de divulgación teológica, les pedimos que pongan un empeño especial en transmitir con fidelidad e integridad la enseñanza de la Iglesia sobre estos temas. A los fieles cristianos les asiste el derecho a que no sean difundidas, con ligereza y arbitrariedad, doctrinas parciales o hipótesis relacionadas con la moral, y en concreto con la moral sexual, sin que previamente hayan sido sometidas al estudio y al parecer de la comunidad teológica y, en última instancia, al discernimiento de los pastores»(nº18)...
«El fin de las normas objetivas morales no es la represión de la sexualidad, sino proteger y favorecer que el dinamismo profundo de la sexualidad llegue a su plenitud y sentido»(nº15)
28.

Un resumen de la concepción cristiana de la sexualidad podría ser:

a) Dios estableció la institución matrimonial como principio y fundamento de la familia y de la sociedad.

b) El sexto precepto del Decálogo -no fornicar- protege el amor humano y señala el camino moral para que el individuo coopere libremente en el plan de la creación, usando la capacidad de engendrar, que ha recibido de Dios, solamente dentro del matrimonio.

c) El sexo es un don de Dios abierto a la vida, al amor y a la fecundidad. Su ámbito natural y exclusivo es el matrimonio. Jesucristo elevó el matrimonio a la dignidad de sacramento.

d) La generación no es el resultado de una fuerza irracional, sino de una entrega libre y responsable -es decir, humana- de acuerdo con la dignidad natural de la persona creada por Dios.

e) Como los demás mandamientos, el sexto precepto del Decálogo está impreso en la naturaleza humana, es parte de la ley natural, y, por tanto, obliga a todos los hombres.

f) La virtud de la castidad consiste esencialmente en la ordenación de la función sexual al fin que Dios le ha señalado; por eso es una virtud positiva que se ha de vivir según las características de la vocación regida por Dios: virginidad o matrimonio.

g) Con frecuencia, la corrupción de las costumbres comienza por los pecados contra la castidad; se tiende a querer justificarlos, de modos diversos, a través de la deformación del juicio de la conciencia.

h) Por tratarse de una exigencia de la ley natural, todos los hombres reciben de Dios la ayuda necesaria para cumplir este precepto del Decálogo. Por otra parte se señala la necesidad de medios sobrenaturales que Dios no niega nunca a los creyentes que los imploran por medio de la oración»
29.




23.
Nuevo Catecismo de la Iglesia Católica nº2521-24 regresar
24. Dr. JUAN PABLO D’ORS: Diario YA, 16-I-84, pg. 5 regresar
25. ALBERTO SÁENZ: El hombre moderno, IX. Ed. APC. Guadalajara. México.1999. regresar
26. ALFONSO LÓPEZ QUINTÁS: El amor humano,XII, 2, a. EDIBESA. Madrid regresar
27. BERNABÉ TIERNO, Fichas 58 y 59 de Aprender a Educar. YA Domingo, 17 y 24-III- 1991 regresar
28. Revista ECCLESIA, nº2303(24-I-87)33 regresar
29. RAFAEL GÓMEZ PÉREZ: Problemas morales de la existencia humana, 4, V, 5. Ed. Magisterio Español. Madrid, 1981 regresar

 





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