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Lo primero: educarlos en la fe
Con el testimonio diario, los padres pueden ser los mejores guías en el camino de la fe de los hijos.


Por: Francisco Cardona | Fuente: Catholic.net




Que si el Ángel de la Guarda; que si la bendición antes de salir a la casa; las primeras oraciones... el don de la fe. Un regalo que podemos dar a nuestros hijos y que les perdurará toda la vida.

La educación de los hijos en la fe emana del mismo compromiso contraído con el bautismo: conocer la fe y darla a conocer a los demás, La educación de los hijos siempre se ha considerado como un arte difícil y a la vez importante. Esta educación comienza en la familia que es la primera y más sencilla escuela de educación en la fe.

En ella se reciben las mejores y más imborrables lecciones y comportamientos que van a ser referencia durante toda la vida. Por esto es una tarea ineludible, delicada e importante que compromete la responsabilidad de los padres, que son los primeros e insustituibles educadores en la fe de sus hijos.

Base de valores

La educación inicia con la base de los valores humanos que posee la familia: la relación padres - hijos, lealtad, comunicación, afecto, confianza,... Todo ello constituye un adecuado marco para la iniciación en el conocimiento de Dios.

Por parte de los padres hay dos elementos imprescindibles: el ejemplo y la oración. Los padres son figuras de referencia, autoridad, ejemplo de vida de fe y conducta moral. De esta manera los hijos siempre tendrán una pauta segura, que nace del mismo testimonio de sus progenitores.

A todo esto debe acompañar la oración, el ir despertando el sentido de Dios. La oración en la vivencia religiosa hace a Dios cercano, presente como Alguien que vive y está cerca, que escucha, que atiende, que ayuda, que no es indiferente, a la conducta de las personas. Todo esto de convierte en una catequesis natural que hace resonar el misterio de Dios en los acontecimientos de cada día.

Rol de la parroquia y escuela

La familia es el lugar privilegiado, pero no el único. La comunidad cristiana, la parroquia y el colegio tienen que ser la gran ayuda de la familia, ya que la educación en la fe no se encamina en una dirección individualista, sino abierta a la relación con los demás y a una proyección social y comunitaria.

Podemos concluir que los padres y la familia siempre son insustituibles en esa catequesis cotidiana, testimonial, llena de valores humanos y religiosos, para poder realizar esa ineludible misión de educar a sus hijos en la fe.

Sobre todo con el ejemplo y con explicaciones sencillas a sus cuestiones. No basta con enviarlos al catecismo si lo que allí aprenden después no lo viven en su casa. Como padres de familia se tienen la responsabilidad de enseñar a los hijos la fe que a nosotros, en un momento dado, nos fue enseñada. Además existen libros, cassettes y videos que ayudan a complementar esta instrucción en la fe.

 

 

 





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