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Procreación de los hijos
Elemento esencial de la bondad ética del ejercicio sexual es que éste realice de hecho el significado amoroso que le caracteriza como acción humana.


Por: P. Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte



«El Señor se ha dignado sanar el amor de los esposos, perfeccionarlo y elevarlo, por el don especial de la gracia y de la caridad. Un tal amor, asociando a la vez lo humano y lo divino, lleva a los esposos a una entrega libre y mutua de sí mismos, comprobada por sentimientos y actos de ternura, e impregna toda su vida. Supera, pues, con mucho, la inclinación puramente erótica que, cultivada con egoísmo, se malogra rápida y lamentablemente» 18.

«Frecuentemente se ha caricaturizado la posición de la Iglesia Católica como si recomendase a los esposos tener el mayor número de hijos que sea posible concebir biológicamente en el interior del matrimonio.
»¡Y esto es falso!
»La Iglesia invita, ciertamente, a una fecundidad generosa; pero controlada, es decir, atenta a los diversos factores en juego.
»Pero es verdad que, al insistir sobre la esencial apertura del amor a la fecundidad, la Iglesia, sobre todo en nuestros días, pone en tela de juicio los ideales de la sociedad de consumo.
»Ésta inculca a muchas jóvenes parejas que, para su propia dicha, y la de los futuros hijos, deben (...) establecer sólidamente el confort doméstico, tras lo cual, podrá venir el hijo.
»Si te dejas atrapar por esta concepción materialista de la felicidad es claro que serás conducido, como tantos otros, a colocar los primeros años de tu vida conyugal bajo el signo, no de la paternidad responsable, sino de la esterilidad sistemática.
»La terrible regresión demográfica que amenaza con la extinción de los viejos países de la cristiandad en Occidente, manifiesta las consecuencias mortales de esta sociedad de consumo que, en su hedonismo egoísta, acaba por vaciarse de consumidores. (...) Por un vuelco suicida de los valores se encamina hacia la muerte»
19.

«El matrimonio y el amor conyugal están ordenados por su propia naturaleza a la procreación y educación de los hijos.
»Desde luego, los hijos son don excelentísimo del matrimonio y contribuyen grandemente al bien de sus mismos padres. (...) En el deber de transmitir la vida humana y educarla, lo cual hay que considerar como su propia misión, los cónyuges saben que son cooperadores del amor de Dios-Creador, y como sus intérpretes.
»Por eso, con responsabilidad humana y cristiana cumplirán su obligación con dócil reverencia hacia Dios.
»De común acuerdo y esfuerzo se formarán un juicio recto, atendiendo tanto al bien propio como al bien de los hijos, ya nacidos o todavía por venir, discerniendo las circunstancias del momento y del estado de vida, tanto materiales como espirituales, y, finalmente, teniendo en cuenta el bien de su propia familia, de la sociedad y de la Iglesia.
»Este juicio, en último término, lo deben formar ante Dios los esposos personalmente.
»En su modo de obrar, los esposos cristianos tengan en cuenta que no pueden proceder a su arbitrio, sino que siempre deben regirse por la conciencia, que hay que ajustar a la ley divina misma, dóciles al Magisterio de la Iglesia, que interpreta auténticamente aquella, a la luz del Evangelio. Esa ley divina muestra el pleno sentido del amor conyugal, lo protege e impulsa a su verdadera perfección humana.
»Así, los esposos cristianos, confiados en la Divina Providencia y fomentando el espíritu de sacrificio, glorifican al Creador y se perfeccionan en Cristo cuando con generosidad, sentido humano y cristiano de su responsabilidad cumplen su misión procreadora.
»Entre los cónyuges que cumplen así la misión que Dios les ha confiado, son dignos de mención muy especial los que, de común acuerdo, bien ponderado, aceptan con magnanimidad una prole más numerosa para educarla dignamente.
»El matrimonio no es solamente para la procreación, sino que la naturaleza del vínculo indisoluble entre las personas y el bien de la prole requieren que el amor mutuo de los esposos mismos se manifieste ordenadamente, progrese y vaya madurando.
»Por eso, si la descendencia, tan deseada a veces, faltara, sigue en pie el matrimonio, como intimidad y participación de la vida toda, y conserva su valor fundamental y su indisolubilidad»
20.

Dice el Papa Juan Pablo II: «el cuerpo del hombre y de la mujer no son sólo para la procreación, sino que deben expresar el amor mutuo, en una donación recíproca que refleje la unión de los espíritus y la comunión íntima de las personas, imágenes de Dios»
21.

«Esta funcionalidad amorosa de la actividad sexual es inseparable del acto mismo, de manera que si carece de ella, el ejercicio sexual no pasa de un nivel zoológico.
»Por lo tanto, elemento esencial de la bondad ética del ejercicio sexual es que éste realice de hecho el significado amoroso que le caracteriza como acción humana.
»El ejercicio puramente biológico de la sexualidad humana es contrario a la naturaleza racional y espiritual del hombre.
»Bajo este aspecto, la actividad sexual puede quedar éticamente viciada tanto dentro como fuera del matrimonio por un doble efecto no siempre coincidente: por estar privada de su comunicación amorosa -gozar sin amor- y por no realizarse de manera natural dejando sin consumar lo que el mecanismo sexual tiende a consumar en conformidad con el plan establecido por Dios en el orden biológico de los sexos»
22

El Concilio Vaticano II, después de hablar de la paternidad responsable y de revalorizar la función del amor en el matrimonio dice que «el amor matrimonial se ve frecuentemente profanado por el egoísmo, el hedonismo y las prácticas ilícitas contra la generación»
23.

El niño debe ser amado y deseado desde el primer momento en que se conoce su concepción.

Dice Marta Cogollos, psicóloga de niños, que las hormonas que la mujer embarazada transmite al feto dependen de su estado de ánimo.
Por ellas el niño se entera si es amado y deseado o rechazado.
Numerosos médicos, psiquiatras y psicólogos hablan de este «diálogo endocrino» en el que el niño se entera del estado de ánimo de su madre hacia él.
Esto influye en el comportamiento posnatal del niño.



18.
Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 49 regresar
19. ANDRÉ LÉONARD: La moral sexual explicada a los jóvenes, III, 9. Ed. Palabra. Madrid. 1994. regresar
20. Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 50 regresar
21. Diario YA, 24-VII-80, pg. 16 regresar
22. Libro básico del creyente hoy, XXV, 1. Ed. PPC. Madrid, 1970. regresar
23. Concilio Vaticano II: Gaudium et Spes: Constitución sobre la Iglesia en el mundo actual, nº 47. regresar





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