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Las dimensiones de la maternidad
La maternidad es una potencia creadora que va más allá de lo físico, que pasa por lo psíquico y lo espiritual


Por: Guadalupe Arellano | Fuente: Yo Influyo



Hace algunos años colaboraba en la iniciativa privada, uno de mis compañeros de nombre Juan, padre de tres jovencitos, casado por más de 20 años, hombre gentil, con un profundo espíritu de servicio y trabajador como pocos, me preguntó sin mayor preámbulo ¿de qué es de lo que se arrepiente de no haber hecho hasta ahora? De no ser madre, definitivamente.

Después de un breve silencio, reparó, “creo que está equivocada, me parece que usted tiene más hijos de los que se imagina”. Le mire con gratitud.

"Mire licenciada, ¿se ha puesto a pensar en todos los que como yo, se pueden sentir un poco sus hijos?" - Francamente no, le dije.

"Es sencillo, usted me “ha dado luz” con sus cursos pues me ayuda a ser mejor persona, y a veces le encuentro un nuevo sabor a mi vida, al trabajo y en ocasiones hasta a la familia; cada vez que me escucha o que me orienta, usted ejerce su maternidad".

Juan me ayudo a descubrir que la maternidad es una potencia creadora que va más allá de lo físico, que pasa por lo psíquico y lo espiritual. Que paradoja el “sexo débil” es el que posee el gran poder de la maternidad

Desgraciadamente la sociedad cada vez más deshumanizada, desprecia y rechaza la maternidad, haciéndola ver como “algo” que más bien va en contra de la realización de la mujer. ¡Que gran error!


Hoy se ve a la maternidad como un derecho y no una vocación.

En ocasiones la maternidad es más bien consecuencia del egoísmo “por no quedarse solas”..

Las mujeres que deciden dejar pasar “grandes” oportunidades de trabajo y “realización profesional” por cuidar del hogar, por dedicarse a la “ingrata” tarea de modelar el alma del hijo –propio y ajeno- o por quedarse al cuidado de aquel ancianito, son infravaloradas social y hasta familiarmente…

Hay tantas mujeres que se sienten solas, vacías, sin contar con una razón para seguir sin encontrarle sentido a su vida, porque nadie les pidió matrimonio o porqué tal vez su maternidad la tienen que asumir solas…

Reza un pensamiento muy sabio, “el mundo de hoy necesita, más que nunca de la mujer. Y la mujer, no hay que inventarla, ahí está, ya existe, en toda su virtualidad, en toda su potencialidad, como una realidad que es, y, a la vez, como una promesa esperanzadora. Siendo ella misma empapará de feminidad todos los ámbitos de su vida familiar, social, política y económica a nivel nacional e internacional.”

Indudablemente necesitamos que cada mujer redescubra y revalore, las posibilidades que tiene de ser fecunda en lo físico, en lo espiritual y en lo psíquico.

La sociedad reclama mujeres que aún yendo contra corriente sean fecundas formando familias fuertes y sanas y si Dios lo permite, moldear las almas de sus pequeños.

Pero en la posibilidad de ser madre nadie tiene excusa, también las que aún no procreamos debemos ser fecundas de nuestra sociedad, un lugar de respeto, de crecimiento, una casa grande con el calor del hogar, donde florezca el amor, la comprensión, la convivencia, la comunión y, donde se haga propicio cimentar los valores humanos fundamentales y el crecimiento de las virtudes sociales en cada miembro de la sociedad.

Cada mujer conquista un tramo del camino del éxito cuando desarrolla su enorme capacidad de amar; cuando es capaz de trascender, de dejar huella con cada tarea por más sencilla que ésta sea; cuando como verdadera madre dona a los demás su capacidad de sonreír, de compartir, de ser coherente y bregar por lo que ella cree; cuando se compromete ayudando a otros a que le encuentren sentido a la vida, a que sean mejores personas y eso es un largo y amoroso trabajo de educación, enseñanza y apoyo.

Es a través de la mujer - madre que se puede promover la resolución de conflictos, y la humanización cada espacio en el que ella se desenvuelve.

Mujeres fecundas generan sociedades que conservan y transmiten los valores fundamentales que dan a cada sociedad, patria y nación, que las hace siempre nuevas y siempre presentes en medio del mundo globalizado.

Edith Stein, una mujer – madre (nunca tuvo hijos) sostenía que las mujeres siempre deseamos alcanzar la condición de ser humano total, convertirnos en una persona en plenitud y en extensión, pero también tenemos siempre presente la intensión de ayudar a otros a serlo.

Mayo mes de la maternidad, buena oportunidad para recordar el llamado, la exhortación del Concilio Vaticano II a las mujeres para que ejerzamos nuestra maternidad:

“Ha llegado la hora en que la vocación de la mujer se cumple en plenitud, la hora en que la mujer adquiere en el mundo una influencia, un peso, un poder jamás alcanzados hasta ahora.”

¡¡Feliz mes de la maternidad!!

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* Presidente ANCIFEM





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