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Diagnóstico sobre la Familia Mexicana
Es necesario devolver a las familias su capacidad de construirse en medio de circunstancias a veces adversas


Por: Daniel Medina | Fuente: catholic.net




Comienzo mi participación señalando la vocación que le corresponde al DIF en este momento histórico de nuestra Nación. Es la institución que, teniendo en su propio nombre un sentido dinámico, se pone al servicio de la dinámica de la familia. Por eso considero personalmente que tenemos que considerarla como la institución más importante de México porque cuida y está al servicio de su tesoro más grande: la familia. Las otras instituciones de gobierno tan sólo cuidan de cosas y organizaciones materiales que tienen sentido precisamente cuando promueven a la familia y no, por el contrario, cuando condicionan a la familia a estos dinamismos externos. Tenemos que creer esta verdad para poder comprender cuán indigno es que el DIF, como tal, reciba las “sobras” de los correspondientes presupuestos nacional, estatal o municipal. No deja de ser una ironía que, teniendo bajo su cuidado lo más importante de México parece que vive de limosnas, cuando que la promoción de la familia debería ser el gasto más grande de este país si quiere tener un rostro y un progreso humanos.

En la realidad podemos percibir que la familia, considerada como una institución natural o persona moral, es una realidad viva con un proceso dinámico: nace, crece, se fortalece, se “enferma”, necesita de ayuda para que pueda desarrollarse de acuerdo a una identidad propia, esencial y permanente, natural (el ser humano no la inventó ni la puede modificar en su esencia) y dinámica.

Pero también es cierto que a la familia parece que se le ha tratado más bien como objeto de estudio: todos hablamos de ella, opinamos, sugerimos, la criticamos, nos asustamos de su situación actual, nos preocupamos de ella pero sin ocuparnos sistemáticamente de ella como tal.

Obstaculiza en parte esta ocupación el hecho de que con demasiada frecuencia se le atomiza, es decir, se le enfoca a partir de sus miembros y no al revés, como parece ser más indicado: enfocar a sus miembros desde la perspectiva de familia, ese diseño de la naturaleza para el hombre y la mujer, que mediante los principios de la solidaridad y subsidiariedad en su interior, como le corresponde a su situación natural de una microsociedad, célula fundamental de la macrosociedad, armoniza la vida de sus miembros en el respeto a la dignidad igual entre el hombre y la mujer y entre las generaciones.

Un signo de ello es que, si bien todos la valoramos, la queremos y deseamos promoverla como célula fundamental de la sociedad, fundada en una antropología filosófica, aún no hemos precisado su identidad como institución natural primera. Un valioso punto de partida para establecer la subjetividad de la familia nos lo da el Art. 4º. de nuestra Constitución que dice: “Toda familia tiene derecho a disfrutar de vivienda digna y decorosa; Art. 27, Frac. XVI, g: Las leyes locales organizarán el patrimonio de familia; Art. 123, Frac. XXVIII: “Las leyes determinarán los bienes que constituyan el patrimonio de la familia”. Estos artículos establecen precisamente a la familia como sujeto de derechos (y por tanto de deberes): “Tiene derecho a…”. Cierto que no se le reconoce una personalidad jurídica por su peculiar naturaleza objetiva, pero queda claro que sí se le considera una comunidad de personas, una microsociedad con derechos frente a los demás, es decir, no es sujeto de derechos sólo la persona individual sino también la comunidad de personas.

Por otro lado, cuando en el Art. 3º Frac. I, se habla de la educación, el inciso c establece: “Contribuirá a la mejor convivencia humana, tanto por los elementos que aporte a fin de robustecer en el educando, junto con el aprecio para la dignidad de la persona y la integridad de la familia, la convicción del interés general de la sociedad, cuanto por el cuidado que ponga en sustentar los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos los hombres, evitando los privilegios de razas, de sectas, de grupos, de sexos o de individuos”. Queda claro que, por un lado, persona, familia y sociedad se implican mutuamente, cada una según su naturaleza y proporción, en el marco de los principios universales objetivos de la igual dignidad humana y, por otro, que hay que enseñar sobre su valor y necesidad para la persona pues ésta es precisamente acogida, protegida y promovida por la familia, por lo que podemos decir que ella es la formadora de las personas, la primera transmisora de valores, la primera escuela de la sociabilidad, de las virtudes humanas, cívicas, éticas y morales.

Esto hace que ella, como realidad viva tenga un intenso dinamismo que hay que conocer, respetar y promover, desde una correcta política pública familiar como motor de toda otra política, en coherencia con la convicción universalmente aceptada de que la familia es la célula de la sociedad. Por tanto, hay una radical conveniencia de la sociedad de proveer solidariamente a la familia de los medios que ella necesita para cumplir su misión interna de cara al fortalecimiento de la misma sociedad. En ese sentido, no le conviene a la sociedad una célula enferma o desintegrada pues, a corto, mediano y largo plazo, ella misma acusará en sí negativamente esa fractura.

Por lo anterior se hace necesario devolver a las familias su capacidad de construirse en medio de circunstancias a veces adversas, hacerlas conscientes del propio protagonismo en la comunidad de personas que quieren vivir desde amor mutuo y una armonía, animarlas a lanzar una variedad de iniciativas para realizarlo y a organizarse como familias para promover sus proyectos, para que la familia camine por la historia no empujada por un pasado sino atraída por un proyecto de futuro. Supone, también, tener en cuenta los medios adecuados para el reconocimiento público de la importancia de la familia en la configuración de la sociedad. Es necesario que todos los hombres y mujeres de nuestro tiempo seamos conscientes de que estamos convocados a colaborar en esta tan noble como indispensable tarea. En resumen, hay que crear una cultura comprometida en
• cultivar los procesos de vida propios de la familia, según su propia y original naturaleza primaria
• apoyar con respeto sus procesos y etapas reales
• respetar su estructura y dinámica interna
• renovar la vitalidad de la familia
• fortalecer la nación desde el fortalecimiento de la familia
• construir una cultura de la familia y no de los individuos


Propuestas
1. conocimiento, profundización y difusión de los dinamismos internos de la familia como la microsociedad natural primera, fundamento de la macrosociedad
2. que la familia sea reconocida en su identidad y aceptada en su naturaleza de sujeto social en el sentido de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos
3. promoción y apoyo al matrimonio entre un hombre y una mujer como institución estable, responsable y permanente, como la manera ética y antropológica de fundar la familia y como un bien para toda la sociedad
4. difusión de la idea de la familia como sujeto, no sólo cómo objeto; reconocer su voz y darle espacios
5. establecimiento de una política familiar que:
a. respete esos dinamismos de acuerdo a los principios de la solidaridad y la subsidiariedad
b. que el Estado considere a la familia como una comunidad “soberana”, es decir, dotada de dinamismos internos propios, y favorezca la tarea social de la familia y el derecho a la asociación de familias, dentro de la democracia
c. que provea a la familia, como microsociedad, de los elementos básicos que necesita para que ella cumpla su misión y alcance su plenitud humana y ética
d. que no atomice a la familia
e. acercar a la familia los servicios educativos que respeten la antropología natural
f. proveerla de un servicio digno da salud integral de acuerdo a la misma dignidad humana igual para todos los mexicanos
6. Promoción de una legislación que le provea a la familia protección legal y social
7. una declaración de los derechos y deberes de la familia
8. Comprometer a los medios de comunicación social en la construcción de una cultura de la familia
 

 

 

 





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