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Relaciones sexuales prematrimoniales (3)
Una persona se realiza por el amor, pero no necesariamente por el amor sexual.


Por: P. Jorge Loring | Fuente: Para Salvarte



Erich Fromm que ha analizado científicamente, quizás como nadie en nuestro tiempo, la problemática del sexo, afirma:
«Hechos clínicos obvios muestran que los hombres y mujeres que dedican su vida a la satisfacción sexual sin restricciones, no son felices, y a menudo sufren graves síntomas y conflictos neuróticos».

Obsesionados por la propaganda pornográfica se dan casos de auténticos maníacos sexuales, que en su deseo de experimentar nuevas y mayores sensaciones placenteras llegan a aberraciones tales como hacerlo entre tres simultáneamente, lo cual es una total ausencia de amor, sustituyéndolo por el goce de sensaciones epidérmicas.
El amor no está en la piel.

Es imposible que quien degrada de este modo la esencia del hombre pueda encontrarse realizado en la vida.
El hombre no se realiza degradándose.

Hay adultos lujuriosos y malvados que disfrutan pervirtiendo a adolescentes, enseñándoles y animándoles a prácticas lujuriosas.
Los que se dejan engañar, es posible que algún día lloren por verse esclavizados de un vicio que les obsesiona.
¡Cuánto más felices y tranquilos viven los que se encuentran libres de esta obsesión!

Es frecuente encontrarse jóvenes que han vivido tan aprisa que han quemado sus vidas y han llegado a viejos antes de dejar de ser jóvenes. Viven sin ilusión por nada, porque ya lo han probado todo, y todo les aburre, les cansa; viven tristes, entregados al alcohol, a las drogas, a la holgazanería. Hartos de todo se han quedado secos por falta de espíritu.

«Las experiencias sexuales precoces e ilegítimas impiden al adolescente madurar en su normal personalidad psicológica, ética y social, inficionándola a base de materialismo escéptico y hedonismo irresponsable»25.

El mismo Freud reconoce que el libertinaje sexual es la muerte del amor:
«La libertad sexual ilimitada no conduce a mejores resultados.
»Nada cuesta comprobar que el valor psíquico de la necesidad sexual desciende desde el momento en que la satisfacción resulta fácil.
»Para que la libido crezca hacen falta obstáculos...
»En las épocas en que la satisfacción amorosa no ha encontrado dificultades, el amor ha perdido todo valor, la vida se ha vuelto vacía, y han hecho falta fuertes reacciones para restablecer los valores afectivos indispensables.
»Desde este punto de vista cabe afirmar que el ascetismo cristiano ha creado para el amor todo un conjunto de valores psíquicos que la antigüedad pagana no había sabido conferirle»26.

Desgraciadamente el psicoanálisis no fue bien asimilado y arrastró a muchos al desenfreno sexual.
Se confundió el autodominio y la castidad con la represión. Queriendo evitar los peligros de ésta y librarse de los viejos tabúes, cayó el hombre moderno en mayor libertinaje27.

No te impresiones con los que confunden la virilidad con la bestialidad. El valor del hombre se mide por el carácter y la fuerza de voluntad; pero no por el instinto sexual, como los sementales de una ganadería.

El célebre doctor español, D. Gregorio Marañón, especialista en estas cuestiones, habla de «la necesidad de decir a los jóvenes, y de que sean los médicos y no los curas los que se lo digan, que la castidad no sólo no es perjudicial a la salud, sino un ahorro de la vitalidad futura; y que la condición de hombre no se mide por el garbo con que se ejecuta el acto sexual. Por el contrario, si hay una virtud específica de esa condición de hombre, es la virtud de la renunciación»28.
El autodominio, la fuerza de voluntad, el saber dominarse, es lo característico del hombre.
El no dominarse es lo característico del animal.
El animal sigue invariablemente el más fuerte de los estímulos que atraen su instinto.
El hombre puede dominar su instinto con la voluntad.
El que hace sólo lo que le apetece, obra como un animal.
El que hace lo que debe hacer, le apetezca o no, obra como un hombre.
Cuanto más hombre, más se domina. Cuanto menos se domina, más animal.

Por eso añade Alexis Carrel, Premio Nobel de Medicina, «los santos han sido hombres fuertemente sexuados»29.
Es que hace falta mucha más virilidad para vencer el instinto que para dejarse llevar de él.

Añade el doctor Marañón que el mujeriego es un feminoide.
Su afán de conquistar mujeres es para hacer alarde de su virilidad, por tener complejo de inferioridad varonil.
Quiere compensar su autoconciencia de deficiente masculinidad con conquistas femeninas para demostrarse a sí mismo y a los demás que es de verdad un hombre.
Por eso pierde interés por la mujer conquistada. Quiere nuevas conquistas, que supongan nuevos éxitos.

Y lo mismo le pasa a algunas mujeres que se ponen frívolas, coquetas, seductoras para autoconvencerse de que despiertan atractivo en los hombres, y cuando alguno, seducido, pretende entrar a fondo, ella le da un corte: «¿Te has creído que soy una cualquiera?, ¡Soy una mujer decente!», etc. etc. Le bastó autodemostrarse que es deseable. No pretendía llegar a más.
En ambos casos se utiliza a la otra persona para autoafirmarse uno mismo.

Es un disparate y una injuria a Dios decir que el hombre no puede dominar su pasión y que por lo tanto debe desahogarla cuando le apetezca.
Si Dios nos manda reprimir la lujuria, es porque esto es posible; si no, Dios sería cruel al mandarnos un imposible.
Dice San Agustín: «Dios no manda imposibles, sino que te manda que hagas lo que puedas y le pidas lo que no puedas, que Él te ayudará para que puedas»30.

Pero además, importantes Congresos Internacionales de Medicina han manifestado que la castidad no sólo es posible, sino también muy buena para la salud.
Algunos dicen que la masturbación y la libertad sexual son buenas.
Pero esto sólo lo pueden decir aquellos para quienes el sexo es un producto de consumo, dada su concepción hedonista de la vida, totalmente al margen de la ley de Dios.
Pero Dios no puede prohibir lo que es bueno ni mandar lo que es malo.
Por eso los psicólogos, en su mayor parte, afirman que el autodominio propio, motivado por un ideal, es beneficioso para la maduración de la persona humana. Nadie se pone enfermo por ser casto.
En cambio son muchas las enfermedades producidas por la lujuria.
La prueba es que ningún médico pone en su puerta una placa que diga: «Especialista en enfermedades de la castidad».
En cambio muchos médicos tienen en su puerta una placa donde pone: «Especialista en enfermedades venéreas de transmisión sexual».
Y es que no existen enfermedades causadas por la castidad.

Por eso dice el Dr. Jorge Surbled31, en su libro La moral en sus relaciones con la medicina y la higiene:
«Los males de la lujuria son conocidos, indiscutibles; mientras que los males de la castidad son supuestos e imaginarios.
»La prueba es que innumerables obras científicas y voluminosas se han consagrado a exponer los males de la lujuria; en cambio, jamás ha existido historiador para los males de la castidad»32.
Y el Doctor Houssay33: «No existen enfermedades ocasionadas por la castidad».
No son menos terminantes las afirmaciones del Dr. Juan Agustín Etchepareborda: «Considero que la castidad es posible y es asimismo inofensiva y aún beneficiosa para la salud del hombre tanto en su aspecto físico como en el síquico»34.

Dice el Dr. Juan José López Ibor, Catedrático de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de Madrid, Académico de la Real Academia Nacional de Medicina y Presidente de la Federación Mundial de Psiquiatría: «Después de treinta años de experiencia médica, le diré que no conozco ningún caso de neurosis cuya causa sea la represión sexual»35.

Dice Kraff-Ebing en su libro Psicopatología sexual: «Muchos hombres, en cabal estado de salud y bien constituidos, pueden frenar sus propias pasiones sin resentirse lo más mínimo por esta continencia»36.

Lo que hay que hacer es aceptar la castidad voluntariamente y vivirla con naturalidad.

La castidad voluntaria aceptada por un ideal no tiene nada de represión, sino de dominio propio. Y el dominio propio es necesario para la educación de la voluntad.

«Mi opinión personal, fruto de larga experiencia, es que de una continencia libremente aceptada ninguna consecuencia dañosa pueden temer los jóvenes.
»El deporte y un intenso ejercicio físico son los mejores derivativos» (Profesor A. Assamann)37
En una reunión de médicos franceses celebrada en 1970, se dijo que es falso que el ejercicio de la sexualidad sea indispensable para la salud y el equilibrio38.

Lo que hace falta es que los mecanismos psicológicos funcionen con normalidad integrando armónicamente el instinto sexual en el conjunto de la persona.

Por lo tanto, eso de que el dominio de la sexualidad produce neuróticos es un bulo fomentado por los pornócratas que hacen negocio explotando el apetito sexual de la gente.

La prueba es que miles y miles de hombres y mujeres que han consagrado a Dios su virginidad viven con inmensa paz, felicidad y salud de cuerpo y mente.

El hecho de que alguna vez se hayan dado neuróticos castos, no significa que la castidad sea causa de neurosis.
También a un hombre casto le puede atropellar un automóvil, y no vamos a decir que la causa del atropello fue la castidad.
Lo que no es bueno es estar excitando el instinto sexual con imaginaciones, deseos, tactos, etc., y después querer detener el proceso fisiológico.
Detener una traca es difícil. Es más fácil no encenderla.
Si desde el principio se ponen los medios para evitar esa tensión, el dominio del instinto sexual, puede ser una cosa natural que no presente problemas.

Por eso la moral católica quiere que se alejen los peligros de excitación sexual. Cuando hay dominio del instinto sexual sublimado por el ideal del servicio de Dios y de cumplir su voluntad en la finalidad del sexo, entonces, no sólo no hay nada perjudicial, sino un enriquecimiento de la persona humana.
La prueba está en el inmenso número de personas sanísimas física y psíquicamente que han guardado castidad conforme al ideal cristiano.

Una persona se realiza por el amor, pero no necesariamente por el amor sexual.
El sacrificar la vertiente sexual del amor humano no tiene por qué resultar represivo cuando se sublima con la ilusión de vivir un gran ideal.
Para realizarse como persona, no es el sexo lo más importante.
La persona humana tiene valores espirituales, ideales e ilusiones muy superiores a las satisfacciones de tipo sexual.

 



25. Dr. NICOLÁS PENDE: La anarquía sexual de los jóvenes. Folia Humanística (XI-67)829
26SIGMUND FREUD: La vie sexuelle, pg. 63. París 1969
27MANUEL VIERA: Vida sexual y psicología moderna, I. Ed. Mensajero. Bilbao
28GREGORIO MARAÑÓN: Vocación y ética, pg. 173. Madrid, 1936
29ALEXIS CARREL: La incógnita del hombre, IV, 7. Ed. Iberia. Barcelona, 1952
30SAN AGUSTÍN: De natura et gratia. C. XLIII, nº 50. MIGNE: Patrología Latina, 44, 271JORGE SURBLED: La moral en sus relaciones con la medicina y la higiene. Ed. Juan Gili. Barna.
31JORGE SURBLED: La moral en sus relaciones con la medicina y la higiene. Ed. Juan Gili. Barna.
32Dr. CARNOT: El libro del joven, 1ª, I, 2. Ed. Studium. Madrid
33ARMANDO DÍAZ, O.P.:Valor de la vida y cultura de la muerte. Universidad Católica de Santa Fe.
34MANUEL BELLO: Función sexual. Ed. Paulinas. Buenos Aires. 1970, pp. 135-6.
36 SALVADOR PÁNIKER: Conversaciones en Madrid, IV. Ed. KAIROS. Barcelona, 1969
37EDUARDO ARCUSA, S.I.: Eternas preguntas, IV, 6. Ed. Balmes. Barcelona
38Dr. LUIS SCREMINN: El vicio solitario. Apéndice V. Ed. Paulinas. Madrid
39Célibat et sexualité: Coloque des médecins français, pg. 129. París, 1970





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