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La manzana o sexo entre comidas
Cuando dos se quieren profunda e íntimamente, la unión sexual requiere intimidad. Y la intimidad se logra sólo si hay exclusividad:


Por: Ignacio Plascencia | Fuente: Equipo Gama



Estudiaba en la biblioteca; se me acercó Melania, una buena amiga, sencilla y honesta y limpia; traía cara de perplejidad. Surgió un diálogo así:
— Si te dan una manzana, ¿te la comerías?
— Si me la das tú, por supuesto que sí.
— ¿Aunque no sea la hora de la comida?
— Si me apetece, ¿por qué no?
— ¿Es malo comer entre comidas?
— De vez en cuando...
— Entonces, por qué el sexo fuera del matrimonio lo es.

Fue hace unos cuantos meses, recuerdo perfectamente; estudiaba física para el examen y la pregunta amargó los cálculos y las fórmulas. Además, me incomodaba sobremanera tratar estos temas con una amiga. ¿Por qué el placer de morder una manzana es aceptable y la pasión de poseer a una chica no?

La pregunta de Melany tenía origen en una afirmación mía hecha en clase de formación moral: «No acepto que me digan que el sexo es malo» y además «no acepto que las relaciones prematrimoniales sean malas si no me dan razones válidas». Algunos compañeros pensaron que desafiaba al profesor e hicieron correr la noticia.

Primero: El sexo no es malo, ¿acaso se trata de un invento del demonio?

Segundo: El placer es bueno en cuanto satisface los deseos naturales del hombre.

Eso fue lo que dije en clases. Después me puse a reflexionar...

La vida y la muerte no pueden compararse con la mesa o con la fruta, porque la manzana nos nutre pero el sexo lleva a la vida. Por ello quizás el placer sexual no deba igualarse al deleite del paladar, así sin más.

Por otro lado, el sexo entre comidas (fuera del matrimonio); sólo puede ser o como fornicación o como relaciones prematrimoniales. ¿Es malo el sexo de ambas formas? ¿Qué diferencia hay entre fornicación y relaciones prematrimoniales?

Para la persona casada, todo acto sexual fuera del matrimonio es fornicación. Para los novios, en cambio cuando ya se han prometido fiel y definitivamente el uno al otro y lo único que les falta es rubricar esa donación poniendo como testigos de su palabra a Dios, a la Iglesia y a los hombres, entonces se trata de relaciones prematrimoniales.

Si se trata de relaciones sexuales entre dos novios cuyo amor no es definitivo, admite vueltas atrás, no está del todo resuelto, o no pasa más allá de una hipótesis donjuanesca, entonces es fornicación.

Entiendo que la fornicación constituye ante todo un desorden de orden natural y por tanto desorden de orden moral. Por eso la Iglesia corrobora la maldad intrínseca del sexo fuera del matrimonio o del sexo donjuanesco al llamarlo ilícito.

Melany entonces diría que en el caso de dos novios...

— ...cuando el arroz está a punto de cocerse y cuando ya casi es la hora de la comida (boda)...
— ¿...?
— Si ya casi es la hora de la comida, por qué son ilícitas las relaciones prematrimoniales, ¿acaso porque son malas?
— No.
— ¿qué diferencia hay realmente entre el sexo como fornicación y el sexo prematrimonial? ¿Acaso simplemente que no ha llegado la “hora de la comida”?
— No, no puede ser.
Cuando dos se quieren profunda e íntimamente, la unión sexual requiere intimidad. Y la intimidad se logra sólo si hay exclusividad: soy para ella, ella es para mí; y todo esto con totalidad: todo yo soy para ti; toda tú eres para mí.

Si no hay las tres: intimidad, exclusividad y totalidad, necesariamente se está en la fornicación. La relación sexual establece un vínculo humano muy profundo que sólo se logra con intimidad, exclusividad y totalidad.
— Pero... en nuestros “momentos íntimos”, yo soy totalmente para mi novio(a) con una exclusividad que sólo él (ella) y yo poseemos.

Que bueno que así sea; pero ese ser todo para ella o ser todo para él con exclusividad sólo puede garantizarse en los momentos íntimos. Más o menos como morder una manzana y devolverla al frutero que se encuentra al centro de la mesa. Siempre cabe la posibilidad de que algún otro pueda mordisquearla, o hasta llevarla a su propio plato... la manzana no es tuya hasta que no está en tu plato... los buenos modos dicen que sólo la muerdes hasta entonces; además, ¡qué pésima imagen da quien muerde una manzana del frutero!

Hay gente, sobre todo chicas, que piensa que con el sexo garantiza o asegura su relación con su partner; más o menos como cuando los niños muerden una manzana del frutero para que sus hermanos pequeños “no se la ganen”.

No se trata simplemente de cuestiones de etiqueta, ir a la cena con corbata o vestido de noche, no destapar el regalo antes de tiempo y todo eso. La intimidad con la que un chico se entrega exclusivamente a una chica sólo puede ser estable cuando aquello va más allá de una noche; es decir, cuando la entrega es total incluso en el tiempo. No como lo que decía Napoleón o alguno de esos muy citados, “te amaré este mes”.

Si hay amor, diré “te amaré siempre”; si digo “te amaré esta noche”, “te amaré esta semana”, “te amaré nueve semanas y media”, estoy en la fornicación y es algo que como amor no tiene sentido. No hay totalidad; quizás, haya momentos íntimos llenos de pasión epidérmica, seguramente habrá también algo de exclusividad... esta noche contigo y la siguiente noche con quien tenga que compartir las sábanas, y así.

Por ello difieren las relaciones prematrimoniales de las relaciones “donjuanescas”. En las relaciones donjuanescas no hay totalidad, no hay intimidad estable y la exclusividad es sólo con el (la) de tuno. En cambio, en las prematrimoniales, la totalidad al menos ya es una promesa, la intimidad se está formando y hay un ofrecimiento de exclusividad. Para que las relaciones sean “lícitas” y según el designio de Dios habrá que esperar a que esa promesa de totalidad se cumpla, es decir, en el matrimonio.

Por eso, no entiendo cómo puede haber gente que crea poder “asegurar” su relación con fulano o fulana a través de un rato de... ¿de fornicación? Las relaciones prematrimoniales, con todo y ser una promesa, ofenden gravemente a Dios (son pecado) pues no dejan de constituir una forma de fornicación. El verdadero amor se asegura a sí mismo y guarda el culmen de su donación para el matrimonio.

Si te dan una manzana, espera a que llegue la hora de la comida, tendrás más gusto en morderla

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