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Amores que trascienden
Ama y haz lo que quieras. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos


Por: Mabel Salinas | Fuente: zenit.org



“Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor; si perdonas, perdonarás con amor. Si tienes el amor arraigado en ti, ninguna otra cosa sino amor serán tus frutos”. San Agustín

Amor es un concepto que se ha propagado a lo largo del tiempo y ha quedado plasmado por diversas plumas. No sólo es el motor de nuestras vidas, sino también el motivo de nuestra existencia, sin él nadie de los que estamos aquí existiríamos.
 
Sus definiciones son bastas. Ha sido tratado por filósofos, teólogos, comunicólogos y hasta abogados, entre muchos otros personajes de la historia. Pero nadie ha dejado testimonios tan elocuentes como los literatos. El amor en la literatura, en ocasiones trágico, en otras puro, siempre es rico.

Desde La Biblia, que además de libro Sagrado es una obra literaria de gran magnificencia, el amor ha sido descrito y personificado en parejas que han trascendido el tiempo. Parejas que están gravadas en nuestro inconsciente colectivo, que sentimos conocer, por el simple hecho de haber vivido con ellos su particular historia de amor.

VMaría y José, un amor puro y casto

No puede haber mayor testimonio de amor que el de María y José descrito en La Biblia. El Nuevo Testamento nos cuenta cómo José se mantuvo al lado de su esposa después de que un ángel en sueños le pidió que lo hiciera. La acompañó por el desierto, estuvo a su lado en el parto, y le proveyó de todo para que ella y su hijo tuvieran lo necesario para vivir. A pesar de ser un padre “adoptivo”, María y José ejemplifican a un matrimonio perfecto, pues a fin de cuentas, su unión conforma a La Sagrada Familia.

San José, “el santo del silencio”, no necesitó de palabras para demostrarle a su esposa e hijo cuánto los amaba. Fue un matrimonio verdadero que no requirió de la consumación de su amor para ratificar suvalidez. Su consagración a Dios los bendijo y conjuntó el amor divino con el amor marital.

Ulíses y Penélope, fidelidad y amor

Los griegos también tienen una pareja emblemática dentro de su mitología. Homero en La Odisea narra cómo Ulises viaja incansablemente durante 10 años para regresar al lado de su esposa Penélope. Ella había afirmado que volvería a contraer matrimonio cuando terminara de tejer un sudario para Alertes, su suegro. Sin embargo, con la esperanza de que su marido volviera, destejía todas las noches lo que había avanzado durante el día. Y así permaneció por tres años. Por sus acciones constituye el ejemplo de la fidelidad conyugal, pues esperó a Ulises durante 20 años (10 que duró la guerra de Troya, y 10 del viaje de regreso a Ítaca).

Dante y Beatriz, un amor platónico

La historia de Dante y Beatriz es el inicio del renacimiento italiano, y quedó plasmada en la obra de Aligheri, La Divina Comedia. Desde que la conoció, Dante quedó prendado de ella, algunos creen que se conocieron en la infancia, mientras que otros expertos opinan que fue en la adolescencia. No obstante, a pesar de que Beatriz contrajo matrimonio e incluso aún después de su muerte, Dante la consagró en su obra más importante. Aunque posteriormente se casó con Gemma Donati, su corazón siempre le fue fiel a aquella mujer que ocasionalmente le sonreía y que rondaba en su mente; "la gloriosa señora de sus pensamientos".

Las últimas hojas manuscritas de La Divina Comedia, fueron encontradas debajo de la almohada del autor, y contenían el último tributo a la mujer amada:

"… el amor me obligó a volver los ojos hacia Beatriz. Si cuanto hasta aquí se ha dicho de ella se encerrara todo en un sólo elogio, sería poco para llenar su menester. La belleza que vi no está por encima de nosotros, sino que tengo por cierto que sólo su Hacedor puede gozarla completa. En este pasaje me confieso vencido; más que nadie fue superado por un punto de su tema, fuese cómico o trágico, pues como el sol deslumbra la vista más débil, así el recuerdo de aquella dulce sonrisa enajena mi mente. Desde el primer día que vi su rostro en esta vida hasta la presente visión, la he seguido con mi canto; pero conviene que desista de seguir su belleza con mi poema, como el artista que ha llegado al último punto de su arte”.

Cyarano y Roxana, el amor paciente

Otro amor igualmente puro es el que describe Edmund Rostand por parte de Cyrano de Bergerac hacia Roxana. Ese hombre feo y deforme escribía los versos que otro en su lugar recitaba a la bella dama. Ésta, pensando que las palabras sublimes salían del corazón del apuesto Christian, finalmente lo desposa. Sin embargo, la funesta guerra le arrebata la vida a su marido, al que llora hasta la vejez en un convento, mientras que Cyrano la esperaba fielmente y embargado por la amargura.

Pero el destino le tenía deparada una sorpresa. Justo en el momento en que Cyrano yace al borde de la muerte, Roxana descubre que él es quien escribía esas cálidas palabras. Se da cuenta que su verdadero amor es su primo, al que también pierde. Cyrano muere inundado por esa felicidad que sólo el amor correspondido puede ocasionar. Su historia es una prueba tangible de que un amor paciente, al final recibe recompensa.

Elizabeth y Mr. Darcy, el amor vence al orgullo y al perjuicio

Jane Austen nos regala una de las historias más románticas de todos los tiempos. Elizabeth Bennet y Fitzwilliam Darcy son una pareja que superó el Orgullo y prejuicio de la sociedad del siglo XVII. Él un rico heredero se ve intrigado por una “pueblerina” con una familia muy peculiar. Del odio, al resentimiento, al amor, esta pareja poco a poco descubre que hacer conjeturas sobre las personas no siempre es la opción más acertada. El hombre al que Lizzie calificaba como arrogante, egoísta y prepotente, resultó ser el más abnegado en conseguir su felicidad.

Romeo y Julieta, el amor imposible

Shakespeare, uno de los literatos que más ha plasmado al amor en sus obras, nos regaló a la pareja más comentada en la historia: Romeo y Julieta. Muchos podrán preguntase: ¿qué sabrán dos adolescentes de ese sentimiento? Sin embargo, su ímpetu por romper las reglas con tal de estar juntos los condujo a que su amor constituyera la definición del sacrificio. Fueron capaces de entregar lo más sagrado que tenían: la vida, con tal de estar juntos en el más allá.

Todos conocemos la historia: Montesco y Capuleto eran dos familias enemigas, cuyos hijos se enamoraron como parte de una jugarreta del destino. Intentaron separarlos y sólo empeoraron la situación. Romeo, exiliado por asesinato, no recibe la carta de Julieta en la que le comunica el plan de hacerse pasar por muerta para volver a estar juntos. Al verla tendida, el joven bebe un veneno que le extrae el último suspiro. Al despertar, ella se quita la vida: "Una copa tiene en las manos. Con veneno ha apresurado su muerte. ¡Cruel! No me dejó ni una gota que beber. Pero besaré tus labios que quizá contienen algún resabio del veneno. Él me matará y me salvará".

Don Juan Tenorio y Doña Inés, de la pasión al amor

Don Juan Tenorio, de José Zorrilla, era un polígamo que utilizaba a las mujeres a su conveniencia. Entre el vino y la espada cortejaba a una, para después hacerlo con otra, hasta que llegó doña Inés de Ulloa. Tras apostar con don Luis Mejía sobre quién de los dos cometía más villanías, don Juan gana el reto. Pero no contaba con conocer a una novicia que con su inocencia y bondad lo cautivaría. Don Juan se reconoce embelesado al escuchar la descripción de Inés por parte de su criada Brígida: “Tan incentiva pintura los sentidos me enajena, y el alma ardiente me llena de su insensata pasión. Empezó por una apuesta, siguió por un devaneo, engendró luego un deseo, y hoy me quema el corazón”.

A pesar de semejante afirmación, su amor se ve impedido por una tragedia. En duelo, el protagonista mata al padre de su amada: don Gonzalo de Ulloa. Así, el afecto de don Juan y doña Inés se vuelve imposible, tal como el de Romeo y Julieta.

Calixto y Melibea, el amor a la pasión

Tiempo atrás, una obra medieval que captó la atención de su público fue la tragicomedia de Calixto y Melibea, de Fernando de Rojas, bajo el título La Celestina. Calixto, preso del amor de Melibea, acude a la Celestina, una vieja casamentera, para que dé inicio a los amores entre los dos muchachos. Pero la pasión pudo más que la castidad y éstos se envolvieron en una relación pasional que culminó en una nefasta desgracia.

Por el temor a ser descubiertos en una de sus citas, Calixto baja la escalera de la casa de Melibea con prontitud y cae perdiendo la vida. Ella, nublada por la desesperación y el amor que profesaba por él, se avienta de la torre más alta de su morada. Ambos mueren dejando dolor y miseria a sus familias.

Este 14 de febrero

Todas estas parejas, algunas jóvenes y otras no tanto, han sentado la prueba de la necesidad del amor en las manifestaciones literarias. El ser humano escribe sobre este tema porque es básico en su existir. Miguel de Cervantes Saavedra afirmaba que “no puede ser bueno aquel que nunca ha amado”. Y Michel Quois iba aún más allá al decir que no se puede pecar de amor. Es un hecho que mientras más pureza denote, más sublime se vuelve, convirtiéndose en un sentimiento perdurable y verdadero.

Este 14 de febrero recordemos que somos los protagonistas de nuestra propia historia. ¿Cómo queremos vivirla? ¿Cómo Romeo y Julieta, como Elizabeth y Darcy, o como María y José? La elección es nuestra.

   
         





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