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¿Quién fue el autor del Cuarto Evangelio?
Las hipótesis alternativas, si bien explican algunas cosas, dejan en la sombra muchas otras que son mejor explicadas por la enseñanza de la tradición


Por: P. Miguel Ángel Fuentes, V.E. | Fuente: www.iveargentina.org



1. EL AUTOR

Según la opinión más común, el discípulo amado debe identificarse con el apóstol Juan, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor. Curiosamente, san Juan apóstol no es nombrado en el cuarto evangelio, excepto en el c.21 en donde se lee los de Zebedeo.

Modernamente, han surgido algunos objetores contra esta identificación. La dificultad más seria que existe, surge del texto de 18,15: el otro discípulo... era conocido del Sumo Sacerdote. Resulta difícil de imaginar que un pescador de Galilea conociese al Sumo Sacerdote. La otra objeción, de que Juan nunca se habría llamado el discípulo al que amaba Jesús, tiene suficiente respuesta en 20,2, en donde se unen dos expresiones: el otro discípulo y, en segundo lugar, el discípulo al que amaba Jesús.

Las hipótesis alternativas que se han dado a la tradicional, si bien explican algunas cosas, dejan en la sombra muchas otras que son mejor explicadas por la enseñanza de la tradición; v.g., su existencia entre los doce, su anonimato, su estrecha relación con Pedro. Además, recién en el s. XVIII se puso en duda que el autor del cuarto evangelio fuese san Juan (antes de esto, sólo una secta de los primeros siglos lo había hecho). En síntesis, la opción tradicional sigue siendo la de mayor valor. Profundizaremos, brevemente, algo sobre el autor del cuarto evangelio, para que queden más en claro los fundamentos de esta postura tradicional.San Juan apóstol era discípulo de san Juan Bautista y se separa de su maestro por seguir a Cristo. En 1,8 y 10,41 expone la razón: Él (Juan Bautista) no era la luz... Recuerda como algo excepcional de su vida el primer encuentro con Cristo habiendo conservado en su memoria hasta la hora (Jn 1,39), De origen galileo, de Betsaida, su padre era pescador con varias naves y empleados (Mc 1,20).

Su madre parece que fue Salomé, una de las mujeres que seguían al Señor (cf. Mc 10,37. Comparar Mt 27,56 y Mc 15,40: la posición económica de su familia podría explicar que fuese conocida del Sumo Sacerdote). Era uno de los predilectos del Señor (cf. Mc 5,37; 9,2; Mt 24,37) y el que reposó su cabeza en el pecho de Jesús la noche de la Última Cena. Esta intimidad con Cristo junto con el llamado al apostolado tan temprano en su vida explican el que pueda ofrecer con detalle numerosos elementos de la vida de Cristo, como los comienzos de la vida pública y hechos posteriores (conversación con Nicodemos; samaritana; etc). Sabemos que siguió a Jesús hasta el Calvario, donde recibe la Virgen María. Fue, a continuación, uno de los primeros testigos de la resurrección (20,8), por lo cual su testimonio goza de autoridad. Estuvo presente en el episodio de la pesca milagrosa de Tiberíades.

Después de la Ascensión de Cristo aparece varias veces junto a san Pedro (cf Hech 3,1-9; 4,1-9; Ga 2,1-9), aunque su relación mutua ya data de los evangelios (cf. Lc 22,8; Jn 20,1-9; 21,1-7). Evangelizó en el Asia Menor, permaneciendo muchos años en Éfeso según muchos testimonios. Desterrado a la isla de Patmos en tiempos de Domiciano (81-96), allí recibió la revelación del Apocalipsis. Retornó luego a Éfeso bajo el imperio de Trajano (98-117) y allí murió.


Argumento Extrínseco

a) Testimonios implícitos, que permiten ver que ya desde muy antiguo el escrito gozaba de gran autoridad:

-Citas de autores eclesiásticos que muestran que desde principios del s. II existía y era leído en diversas Iglesias por el origen o autoridad que se le atribuía. V.g. Epístola de Bernabé, Cartas de san Ignacio de Antioquía, san Policarpo, Actas del “Martirio de san Policarpo”, san Justino, el “Pastor” de Hermas...

-Citas de los herejes: Celso, montanistas, gnósticos, Basílides (120-140), Herácleon (160-170), Ptolomeo (que llama a Juan discípulo del Señor), Theodotus, etc

-Literatura apócrifa, que depende más del cuarto evangelio que de los sinópticos. V.g. Odas de Salomón (s. II), Epístolas de los Apóstoles (s.II)

-Imágenes en las catacumbas. A partir del s. III aparecen imágenes de la samaritana, el ciego de nacimiento, la resurrección de Lázaro, el buen pastor.


b) Testimonios Explícitos: comienzan a aparecer desde la segunda mitad del s.II:

-El prólogo monarquiano, que es el prólogo más antiguo que se conserva

-San Ireneo de Lyon (s.II): “seguidamente [después de Mateo, Marcos y Lucas] Juan, discípulo del Señor, el que reposó sobre su pecho, publicó también Él un evangelio, cuando estaba en Éfeso, en Asia” (Adv Haer. III,1,1). Otro texto importante porque menciona el testimonio de los mismos presbíteros con quienes había vivido san Juan: “...todos los presbíteros que se habían reunido en Asia junto a Juan, el discípulo del Señor, atestiguan que Juan ha transmitido la misma noticia [acerca de la edad de Cristo] porque él permaneció junto a ellos hasta los tiempos de Trajano” (Adv. Haer. II,22,5).

-Fragmento Muratoriano (180): “quartum evangeliorum Iohannis ex discipulis, cohortantibus condiscipulis et episcopis suis...” [este fragmento tiene algunos trazos legendarios, como la presencia de otros apóstoles cuando Juan redactaba su evangelio, y parece haber una intención apologética de atribuir autoridad apostólica al cuarto evangelio, cuestionado justamente por su diferencia respecto de los otros]

-S. III: Tertuliano, Orígenes, Clemente Alejandrino

-S. IV: san Jerónimo, san Agustín, san Epifanio, Eusebio de Cesarea

En conclusión, ya hacia fines del siglo II había consenso en atribuir el cuarto evangelio a san Juan Apóstol en las iglesias de Roma (Prólogo y Canon Muratoriano), Asia Menor y Galias (san Ireneo de Lyon y Polícrates), Siria (san Teófilo de Antioquía) y África Latina (Tertuliano).


Argumento Interno

a) El autor del libro es judío:

-Usa palabras hebreas o arameas que interpreta a los lectores ignorantes: Rabbí, Rabboní, Messías, Cephas, Siloé, Hosanna, Gabbatha, Golgotha,...

-Usa frases hebreas: gozar de gozo (3,29), hijos de la luz (12,36), hijo de la perdición (17,12)

-Cita mucho el AT, y no de la versión de los LXX, sino del texto hebreo (1,23; 6,45, etc.). Por las continuas referencias que hay al AT, se ve que es una persona educada en él desde su infancia

-Conoce muy bien las ceremonias, fiestas y costumbres judías, especialmente los rituales que se llevan a cabo: cf 2,6; 4,9; 7,2; 7,22; 11,55...


b) El autor es judío palestinense: lo demuestra su conocimiento de la topografía y geografía palestinense: cf 3,23; 4,5-6; 5,2; 11,18; 1,28; 11,54; 18,1... [hay que tener presente que muchos de estos datos suponen un conocimiento previo a la destrucción de Jerusalén]


c) El autor es testigo ocular de las cosas que narra: se ve por las circunstancias de tiempo, de lugar, de personas, elementos que no se explican sino por un testigo inmediato, dada la minuciosidad del relato. Cf 1,14; 19,35; 1,35; 1,39; 2,1; 4,6.27; 6,19; 8,20; c.9; 13,1-30; 18,16... Particularmente fuerte es el texto de 21,24.


d) El autor pertenecía al colegio de los apóstoles:

-Conoce íntimamente las particularidades de cada uno de los demás apóstoles: Andrés (1,41; 6,9), Felipe (1,44-45; 12,20; 14,8), Natanael (1,46-48), Tomás (11,16; 14,5; 20,24.28), Judas Tadeo (14,22), Pedro (1,42; 6,68).

-Fue testigo ocular de la última Cena. Según los sinópticos Jesús estuvo sólo con los Doce (Mt 26,20; Mc 14,17; Lc 22,14) y aquí aparecen detalles muy íntimos (13,4-12; 13,21)

-Comparando 21,24 con los v. 7 y 20, se ve que el discípulo que Jesús amaba era el evangelista quien en la Última Cena se recostó sobre el pecho del Señor.


e) El autor del libro es el apóstol Juan: Se ve por descarte ya que de los sinópticos sabemos que había tres discípulos preferidos de Cristo (Pedro, Santiago y Juan). Entre ellos es necesario encontrar al autor del cuarto evangelio:

-No es Pedro: porque de él se distingue claramente (cf. 13,23-25) y parece suponer su muerte (cf 21,29)

-No es Santiago: ya que muere muy pronto, en el 43 (cf Hech 12,2) mientras que el evangelista llega a ser anciano (21,22)

-Ergo, es Juan.


Lengua, Destinatarios y Fecha de Composición

En este evangelio se puede apreciar más claramente el ritmo hebreo que en los otros libros del NT. Pero, el evangelio está escrito en griego. Es un griego más pobre incluso que el de Marcos en cuanto al vocabulario (número de términos) empleado, pero las palabras elegidas poseen una gran riqueza de significado. De allí que se lo llame el evangelio “espiritual”.

En cuanto a los Destinatarios de este evangelio, Juan escribe para cristianos, sobre todo es probable que haya sido escrito para los cristianos provenientes de la gentilidad, a ruegos de los Obispos del Asia Menor, según refiere el fragmento Muratoriano (para los paganos conversos de Palestina no serían necesarios tantos detalles geográficos).

Por un lado, se ve que escribe contra el judaísmo, como si fuese un desarrollo de la tesis señalada por él mismo: la ley fue dada por medio de Moisés, la gracia y la verdad vino por Jesucristo (1,17). Por otra parte, según la tradición, escribe directamente contra algunos herejes como Cerinto (67 d. C.) y Ebión, que sostenían que Jesús no había venido en carne. De allí la fuerte insistencia en decir en su primera carta que Jesucristo “vino en carne” y no simplemente que “habitó en carne”.

En cuanto a la fecha de composición, dadas las referencias que de él hacen san Ignacio de Antioquía (cita Jn 3,8 en Ad Philad. 7,1), san Justino (cita Jn 3,3 en Apol I,61,4), etc. hay que colocarla alrededor del 90 d.C. De modo similar, algunos herejes de la primera mitad del siglo II (heráclito, Teodoto, Celso, Basílides, Valentín, etc.) citan también el evangelio de san Juan.

Teniendo en cuenta todo esto, lo cual manifiesta la divulgación alcanzada por el evangelio, no sorprende que, en Egipto, se haya encontrado un fragmento del evangelio datado antes del 130 (es el llamado Papiro Rylands o simplemente p52). Este solo testimonio tiró por tierra todas las elucubraciones de la escuela de Tubinga, ya que obligó a datar el evangelio antes de fines del siglo I.

Por otra parte, como vimos, la tradición atestigua que el evangelio fue escrito después de los otros tres, y viviendo Juan en Éfeso. Lo más probable es que Juan haya llegado allí después del 67 (después de la muerte de san Pablo, quien había puesto allí a Timoteo: cf. 1Tim 1,3). Y por esta época llegó también Cerinto, que también necesitó algo de tiempo para esparcir sus errores.


2. CARACTERÍSTICAS: EL CUARTO EVANGELIO FRENTE A LOS SINÓPTICOS

Algunos afirman que se trata de un evangelio “kerigmático”. Sin embargo, faltan por completo los términos del kerigma como evangelizar y keryssein (proclamar), mientras que abundan los del testimonio (el sustantivo martyria, testimonio, 14x, y el verbo martyrein, testimoniar, 33x). El evangelio se abre (1,19) y se cierra (21,24) con una referencia al testimonio. Este testimonio tiene a menudo un carácter judicial, como asimismo otros términos que pertenecen al lenguaje judicial: juicio, juzgar, acusar, convencer, paráclito (abogado). El cuarto evangelio puede leerse, entonces, como un gran proceso entre Dios y el mundo; el mundo acusa a Jesús de aspirar a la realeza y de hacerse igual a Dios, por lo que al final le da muerte. Por su parte, Jesús se defiende colocando su realeza y su reino en otro plano y proclamándose testigo de la verdad (18,37); muere víctima de su testimonio. Pero entonces interviene Dios, abre su proceso contra el mundo, para pronunciar sobre él y sobre su príncipe un juicio de condenación: Se hace presente un abogado, que es el Paráclito, y los testigos, que son el Bautista, la Biblia, Moisés y las obras del Padre que realiza Jesús.

El testimonio es del todo particular, ya que, en el hecho histórico del cual trata, se refiere más bien a otra realidad invisible, percibida sólo por la fe. El testimonio de que habla el evangelista es, por tanto, testimonio de la fe en una persona y su obra. En este aspecto el evangelio de Juan es el que interpreta con más profundidad la vida histórica de Jesús, ya que a diferencia de los otros evangelistas, su presentación del misterio de Jesucristo, se abre tanto al pasado cuanto hacia el futuro (el tiempo de la Iglesia y la venida futura del Señor) además de señalar el presente, lo que de hecho sucedió en ese momento.

El cuarto evangelio resulta sumamente singular frente a los otros tres. Lo había comprendido ya Clemente de Alejandría (150-216 d.C.), cuando le dio al evangelio de Juan el apelativo de “espiritual” (pneumatikon), cosa que se capta enseguida por el solemne prólogo, el himno al logos, con el que se abre el evangelio, considerado como el más hermoso y ciertamente como el más profundo y original de los himnos del NT. Si profundizamos un poco la relación del evangelio de san Juan con respecto a los otros tres, los sinópticos (Mt, Mc, Lc), podemos observar que existen diferencias notables, si bien todos hablan del mismo Jesucristo y lo sitúan en el mismo cuadro geográfico y cronológico y con el mismo desarrollo histórico de los hechos. Las diferencias más notables son:

 

 

 



 

 

 

Sin duda alguna, el cuarto evangelio goza de una gran originalidad, manifestada sobre todo en la composición:

-Se ve una selección entre las enseñanzas de Cristo: no relata parábolas; no relata enseñanzas de Cristo que plantean las bases morales de la vida cristiana; pasa por alto importantísimos discursos y hechos como las Bienaventuranzas y la Institución de la Eucaristía; no habla de la Infancia de Jesús; alude raramente al mundo angélico. Desde el capítulo 3 al 17, casi todo el texto lo forman discursos en forma de diálogos.

-De los milagros, recoge solamente siete (de los veintinueve que traen los sinópticos, sólo dos repite san Juan; los otros cinco son exclusivos de su evangelio). Además, los narra en vistas a una enseñanza muy bien determinada (el simbolismo), de tal modo que el milagro esclarece la enseñanza, la cual a su vez, refleja la intención espiritual del milagro. Por eso los llama signos y no simplemente “cosa maravillosa” o “poder”.

-El esquema de la actividad de Jesús es distinto en cuanto a tiempo y lugar. Menciona por los menos tres fiestas de la Pascua, lo que introduce como mínimo entre dos y tres años de vida pública. Habla de cuatro viajes a Jerusalén, y es en esta ciudad (no en Cafarnaúm y Galilea) en donde coloca la mayor parte de la actividad de Cristo que narra[1].

En síntesis, se puede ver que el autor revela una verdadera ciencia de la composición, que contribuye a intensificar el clima espiritual.

Esa originalidad se puede ver también en el estilo. El cuarto evangelio presenta, en vez de relatos breves o discursos extensos, se puede apreciar una estructura cerrada y sólida, hecha por pocos relatos que se enlazan fuertemente para formar un todo compacto. Presenta indicaciones precisas de lugar y tiempo, que permiten al lector ubicarse adecuadamente. Hay alusiones oportunas que van estableciendo un enlace interno entre las partes del libro. Los discursos giran siempre en torno de una idea central. El orador es interrumpido con preguntas y objeciones, cosa que no sucede en los sinópticos, y que permiten aclarar más el sentido de las palabras y posibilitan el progreso del pensamiento sobre un mismo tema. Y se enlazan estrechamente con los milagros (signos). En síntesis, es un estilo más doctrinal y uniforme que el que vemos en los sinópticos, que muestran una manera más viva, popular y plástica. El estilo tan personal muestra que la obra de Juan no es una mera transcripción verbal, sino que ha buscado de dar una relación del misterio mismo de la persona de Jesús, de tal modo que su enseñanza teológica está fuertemente trabada con sus recuerdos concretos, con las escenas y palabras reales de Jesús que él misma ha podido ver, oír y palpar (cf. 1Jn 1,1-4); sin este contacto personal, el cuarto evangelio es inexplicable.

Finalmente, las diferencias entre Juan y los sinópticos también están en la teología. Si analizamos la terminología, podemos apreciar varias diferencias. La idea del reino de los cielos o reino de Dios, capital en los sinópticos, está presente en san Juan bajo la idea de vida eterna. La idea de hijo del hombre es expresada por san Juan por la del enviado que viene a la tierra, pasa por ella y retorna de nuevo al Padre. En toda su obra tienen gran importancia conceptos más abstractos como vida, luz, mundo, fe, verdad, gloria, etc.

Respecto de los temas, expresa con más resolución la universalidad del mensaje de salvación, que se dirige a todos los que creen (1,7.9; 3,16), incluso los gentiles (10,16; 11,51); Jesús es el Salvador que borra el pecado del mundo (4,42; 1,29). Su escatología es sintetizada con la frase “ya, pero todavía no”. Las discusiones doctrinales con los judíos no versan tanto sobre la interpretación de la ley judía, sino que tratan directamente de la fe o incredulidad, de la aceptación o rechazo de Aquel que ha enviado el Padre y que cuenta con el testimonio del AT. Las cuestiones de moral son casi inexistentes: se resumen en el precepto del amor fraterno y en indicaciones generales respecto de la guarda de los mandamientos (14,15.21; 15,10.14).

El centro de la exposición de san Juan lo ocupa el misterio de la persona misma de Jesús, quien es definido por varias frases expresadas en primera persona: yo soy la luz del mundo (8,12), el pan de la vida (6,35), Yo y el Padre somos una sola cosa (10,30), antes que Abraham fuese, existo yo (8,58). La aceptación o rechazo de Jesús implica la vida eterna o la propia condenación ya desde ahora (de allí que su escatología sea sintetizada con la frase “ya, pero todavía no”). Los milagros proclaman quién es Jesús y cómo no se le puede rechazar sin hacerse uno culpable. Jesús es presentado más bien como el que guía el rebaño de sus ovejas. El mundo queda, entonces, dividido, no tanto entre buenos y malos, cuanto entre creyentes e incrédulos, o “hijos de la luz” e “hijos de las tinieblas”.

Los críticos se cuestionan las relaciones y diferencias entre san Juan y los sinópticos. El dato tradicional es que Juan había escrito su obra para completar los sinópticos añadiendo nuevos relatos de milagros y nuevos datos sobre la enseñanza y sobre la persona de Jesús. Lo que sí es claro es el propósito de probar que Jesús es el Mesías y el hijo de Dios, y esta finalidad teológica y cristológica pueden explicar el procedimiento característico del cuarto evangelio, en el cual se intercalan los relatos de milagros y los recursos didácticos.

De todos modos, tales discordancias no afectan a la autenticidad o genuinidad de los evangelios, más bien la manifiestan: “Si los libros divulgados bajo el nombre de los Apóstoles fueron escritos por autores posteriores, fueron escritos o bien ingenuamente, y sin intención de fraude, o bien dolosamente y con tal intención. Si lo primero, ¿cómo es que hay tantas y tan minuciosas concordancias? Si fue lo segundo ¿cómo es que hay tantas y tan aparentes discordancias?”[2].


3. POSTURAS CONTRARIAS A LA TRADICIONAL

Como para dar simplemente una idea del desvarío de la situación que reina en esta cuestión en el campo acatólico colocamos las opiniones de diversos autores (igualmente en el campo católico se pueden escuchar cosas semejantes)[3]:

-B. Evaston (1792), deísta inglés, impugnó el evangelio por las discrepancias que tenia con los sinópticos¸afirmó que era obra de algún filósofo neoplatónico del siglo II. Lo siguió C.G. Bretschneider (1820), aunque después, ante las refutaciones de Stein, Olschausen, Crome y otros, se retractó.

-D.F. Strauss (1835): este evangelio era la obra de una mentalidad especulativa alejandrina. B. Bauer (1840) lo atribuyó a un hombre eminente y gran poeta, y por ello era imposible que fuese san Juan.

-F.Ch. Baur (1844, cabeza de la escuela de Tubinga): parte del presupuesto de que los evangelios fueron escritos para conciliar las fracciones de la Iglesia; en el caso de san Juan encontraba ideas gnósticas y montanistas, las facciones que debían ser conciliadas. Por ello ponía la composición del evangelio en los años 160-170. La escuela de Tubinga continuó en la misma línea de negar la autenticidad y rechazar la fecha de composición.

-D. Schenkel: tiene un núcleo verdadero, viciado luego con doctrinas gnósticas

-Niegan también el origen apostólico y la autoridad histórica: J.H. Scholte, E. Renán, A. Thoma; W. Bauer, etc...

-Loisy (1905) y J. Reville: dicen que es un libro puramente alegórico y simbólico. Igual H. von Soden

-Otros: conceden un núcleo genuino que sería de Juan Apóstol: Harnack, C. Clemen, H.H. Wendt; J. Wellhausen, J. Jeremia, etc (cada uno con su teoría propia)

-Entre los no católicos que defienden la autenticidad, vale la pena recordar a Schleiermacher (1845), Bleck (1861, que refutó a Baur), Tischendorf (1866), Wescott, etc.

Si bien la crítica racionalista ha atacado la genuinidad y autenticidad de los cuatro evangelios, el de san Juan ha sufrido un acoso del todo particular, razón por la cual vamos a dedicarle un poco de atención a los argumentos esgrimidos, cosa que no hemos hecho respecto de los otros evangelios, por considerar los argumentos correspondientes de escasa relevancia.

El argumento más importante sostiene que el cuarto evangelio no puede haber sido escrito por san Juan, en razón de la relación que existe con la filosofía helenística, que hablaba del Logos, de luz, de verdad, etc. En particular, se sostiene que el ambiente propio donde nació este escrito fue en la gnosis (hay que destacar en este campo la figura de R. Bultmann por la influencia que tuvo).

¿En qué cultura nació el cuarto evangelio? Hemos de distinguir por lo menos dos momentos en la formación del evangelio: el de la tradición oral y el de la redacción escrita. El ambiente cultural de la tradición oral debe colocarse, claramente, antes del 70 d.C. (fecha de la destrucción de Jerusalén y del Templo). Esto se ve porque conoce bien la liturgia del templo en las grandes fiestas judías, el ambiente samaritano y algunos motivos típicos de Qumrán. Muestra además, un profundo conocimiento de la Biblia y de la Historia de la Salvación (cf 3,14 que se refiere a Num 21), en particular la espera del Mesías. También se ve que, en ciertas ocasiones, se interpreta la Biblia con el método usual de exégesis usado en las sinagogas. Ahora, en cuanto a la redacción del evangelio, es decir, a su puesta por escrito, se puede observar que, si bien se mantiene arraigado en la Biblia (= AT), sin embargo se abre al mundo helenista de su época, incluso aceptando términos de ese mundo, v.g. lógos (Verbo), alétheia (verdad)..., términos que encuentran un profundo eco en el mundo cultural greco-romano. Pero, esos conceptos en san Juan están cargados de un contenido diverso del que poseen en la filosofía helenística, aunque no puede negarse toda relación. Más bien parece lógico suponer que san Juan empleó esos términos porque eran los que le permitían expresar más adecuadamente el misterio que buscaba transmitir (es un problema de “inculturación”). Se ve también que escribe en ambiente helenista en que traduce términos arameos y explica costumbres y tradiciones de la Palestina de Jesús.

No es, por lo tanto, aceptable de ninguna manera la hipótesis de que la gnosis, con su dualismo intemporal, sea la base o el clima en que pudiera surgir el cuarto evangelio. Los descubrimientos del Mar Muerto en 1947 han echado por tierra muchos de los elementos en que se sustentaba esta postura.

Respecto de los demás argumentos, no son de gran peso, sino que más bien fuerzan elementos y, sobre todo, soslayan el testimonio de la tradición. Pueden verse en la obra de Vizmanos p. 270-271.



4. VALORACIÓN TEOLÓGICA

El 29 de mayo de 1907, la PCB emitió un decreto donde reafirmaba la doctrina tradicional (D 2110-2112).


 

 



 

 

Notas:

[1] En realidad, el esquema más lógico es el de Juan. En efecto, la repentina catástrofe que se abate sobre Jesucristo sería incomprensible si Él nohubiese actuado más y por más largo tiempo en Jerusalén, chocando y luchando con “los judíos”. Las preocupaciones catequéticas de los sinópticos les hacen agrupar los relatos y discursos según determinados temas.

[2] G. Lagrange, p. 412.

[3] Cf. Vizmanos, p. 256-257. Bibliografía sobre el Autor del Cuarto evangelio: H. Höpfl – B. Gut, Introductio Specialis in Novum Testamentum, (Romae, 1962) 194-208; A. Robert – A. Feuillet...

 

 





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