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La Bioética cerrada al Trascendente
La conclusión es una Ética meramente subjetiva, opuesta a la objetividad de la naturaleza que no es más considerada como real. Consecuentemente se afirma que la Etica “objetiva”, fundada en la naturaleza, es algo fruto de la ignorancia, pasada de moda


Por: Javier Lozano Barragán, Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud | Fuente: Fundamentos teológicos de la Bioética II



1. Pensar y Ser

El parte aguas viene con René Descartes o quizá mejor, con sus epígonos. La disyuntiva es: ¿porque el ser es lo pienso, o bien el ser es porque lo pienso?. Si se acepta el primer miembro de la disyuntiva, existe una verdad objetiva; si el segundo, la verdad es lo que yo acepte como tal.

En el contexto de la segunda parte de la disyuntiva se ha forjado gran parte del pensamiento actual que tiene sus decisivas consecuencias en cuanto a la Ética pues significa la absoluta autonomía del hombre que es quien decide en último término qué es verdadero y qué es falso, qué es bueno y qué es malo. Esta plena autonomía se deducirá también desde otros puntos clave en el pensamiento cartesiano, las ideas “claras y distintas” que competen sólo a las substancias: Dios, la conciencia y la extensión. La condición básica para que algo sea considerado como substancia es su plena independencia; dice Descartes que una una substancia, “est id quod ita existit ut nulla alia re indigeat ad existendum” (es aquello que así existe que no necesite de nada más para exis-tir). Esta concepción cartesiana llevará posteriormente a la plena independencia y autonomía del hombre. El hombre en sí mismo sería absurdamente su mismo proyecto. Su misma realidad presente sería su proyecto futuro; y en el mejor de los casos, a la manera de Engels, el “ateo piadoso”, su proyecto sería el mito resultante de la multiplicación de sus propios deseos hasta el infinito matemático.

Kant por su parte, al negar la posibilidad de acceder al “noùmeno” se extiende en la Ética a una subjetividad autónoma colectiva y formal con su “Imperativo Categórico”. Hegel por su parte le da consistencia política a esta subjetividad al poner la máxima realización del “espíritu” en el Estado. Posteriormente, por el camino de Engels y Marx “se hará caminar a Hegel con los pies” en el Materialismo dialéctico, teniendo como fuente única de moralidad en la autonomía del Materialismo histórico consecuente, la sociedad sin clases.

2. Estaticidad de la Naturaleza

La conclusión es una Ética meramente subjetiva, opuesta a la objetividad de la naturaleza que no es más considerada como real. Consecuentemente se afirma que la Etica “objetiva”, fundada en la naturaleza, es algo fruto de la ignorancia, pasada de moda. Y aquí entran las ciencias experimentales, pues se piensa que éstas necesariamente el concepto de naturaleza como algo estático. Especialmente en el campo de la medicina, se dice que hasta hace poco la medicina se encontraba en el campo de lo observable, en cambio ahora toda su acción se desarrolla en el campo de lo “manipulable”.

Pasando del plano científico al plano religioso, también la concepción cristiana protestante ha impugnado fuertemente el concepto mismo de naturaleza, al menos de naturaleza humana, pues la considera esencialmente viciada. Siendo así la naturaleza, es lógico que no pueda ser norma de moralidad.

3. Corrientes actuales

Con este telón de fondo y en su desarrollo lógico se han ubicado hoy seis corrientes de pensamiento, especialmente elaboradas en el plano de la Ética y que se aplican fácilmente a la Bioética, a saber:

El Eclecticismo, que acepta cualquier aserto de conducta, independiente de su sistema, contexto y juicio;

el Historicismo, según el cual la verdad es cambiante de acuerdo a su adecuación a una época determinada de la historia que de por sí va pasando;

el Cientificismo, en el cual se dice que la única verdad aceptable es la experimentable en el campo científico;

el Pragmatismo, en el que las decisiones éticas hay que tomarlas teniendo sólo como criterio la utilidad, según el binomio costo / beneficio, y guiándose para ello por la opinión de las mayorías;

el Nihilismo, en el que simplemente se renuncia a la capacidad de llegar a verdades objetivas;

la Postmodernidad, en la que se asumen posiciones nihilistas.

4. Principios de la Bioética cerrada al Trascendente

Dentro de esta Bioética cerrada al Trascendente, que algunos han llamado “subjetiva”, “autónoma”, se han formulado unos principios generales normativos, para desde allí poder trazar el estudio de la conducta humana en las cien-cias de la vida y de la salud, estos principios son tres, a saber:

1.El principio de Autonomía,

2.El principio de Beneficencia (y en negativo de la no Maleficencia).

3. El principio de justicia.

El principio de autonomía significa la libertad del agente moral, que significaría que una acción es buena si respeta la libertad del agente moral y de los demás. El principio de beneficencia quiere decir que siempre hay que hacer el bien y evitar el mal.

El principio de justicia, significa que hay que darle a cada quien lo que le corresponde.

5. Origen de estos principios

Como de por sí no habrían normas objetivas en esta Bioética, aparece complicada la justificación de estos principios. Algunos los han atacado y dicen haber ya superado el “principialismo americano” (refiriéndose al lugar donde se han formulado). Sin embargo, otros dan una justificación de los mismos. Se dice que su formulación se ha llegado a hacer experimentalmente, viendo qué resultados buenos y qué resultados malos han tenido las acciones que se realizan en el campo de la Bioética, y sintetizando las consecuencias de estos re-sultados se ha llegado a formularlos.

Dan varias explicaciones, o bien renunciar a darlas; las diversas posiciones son las siguientes:

5.1. Teoría evolucionista.

La evolución de las especies continúa cuando aparece el hombre y el hombre sigue evolucionando no sólo en cuanto a su naturaleza sino también en cuanto a su cultura, así para cada etapa de la historia se da una cultura y una Ética diferente. En la etapa actual de la historia, la Bioética se sintetiza en dichos principios.

5.2. Teoría subjetivista.

No es posible conocer los valores, cada quien debe proceder como crea conveniente, y como resultado general de este proceder brotan los principios aducidos.

5.3. Teoría contractualista.

Como la teoría subjetivista nos llevaría a pleno relativismo, hay que aplicar dicha teoría pero motivando un consenso, esto es, ponerse de acuerdo entre todos y por la opinión de la mayoría habría que conducirse; algo a manera de un contrato social entre los miembros de la sociedad. Todos han estado de acuer-do con dichos principios.

5.4. Teoría clínica

Sin embargo, no siempre es posible ponerse de acuerdo, entonces, se dice que se examine caso por caso y se actúe de la manera que mejor se piense.

5.5. Teoría utilitarista

Si se pregunta cuál es esta mejor manera, responden con la teoría utilitarista de costo / beneficio. Que se realice aquello que cueste menos y que llegue a mejor resultado.

5.6. Teoría de los nuevos principios.

Alguno opina (Peter Singer) que no hay que estar con los antiguos principios, sino que hay que inventar nuevos. Así por ejemplo, no hay que estar simplemente por el principio “no matarás”, sino por uno nuevo que diga “mata solamente que lo decidas libremente y te hagas cargo de todas las consecuencias”. Los principios aducidos se pueden adoptar como principios éticos siempre que cada quien lo decida libremente y se haga cargo de todas sus consecuencias.

6. Problemática resultante.

Como podemos ver, en cualquiera de las anteriores explicaciones se llega a un relativismo, no sólo al constatar el pretendido origen de los principios, sino en el examen mismo de los principios. En efecto, el principio de autonomía significa actuar con libertad, pero ello significaría que aquellos que no tienen libertad no deben tomarse en cuenta para esta acción moral, por ejemplo los minusválidos, los niños, los fetos, los embriones.

Por otra parte, el principio de beneficencia dice hacer el bien a los demás, pero qué es el bien, ¿qué es lo que verdaderamente le conviene a una persona?, si no sabemos objetivamente nada de lo que puede ser bueno para alguien, no podemos hacerle el bien; lo mismo se diga de la justicia, ¿qué es lo que corresponde a cada quien?.

Los mismos principios que se han puesto, considerados en sí mismos, no tienen explicación. Suelen decir que estos principios deben entenderse como principios actuales, esto es, como principios meramente de actuación, y no como principios “prima facie”, esto es, como principios teóricos, pero la dificultad subyace también como principios de actuación, ¿por qué tengo que actuar de esta manera si no es razonable?.

Además, cuando estos principios entran en colisión unos con otros, ¿cuál de ellos debe prevalecer?. Por ejemplo, si el principio de autonomía entra en colisión con el principio de beneficencia y éste a su vez con el de justicia, ¿cuál debemos seguir?. Se necesita un principio ulterior, previo a ellos que les dé unidad y que resuelva un posible conflicto. El principio de autonomía y así de libertad, tiene sus límites cuando se encuentra con el bien de un tercero, y el bien de un tercero encuentra también limitación cuando se encuentra con lo que le es debido a otra persona, pero en último término, los principios no dicen qué le es debido. Así algunos han acudido a lo que llaman la Ética narrativa en la que se narran sólo los casos que se suceden uno a uno, y se actúa a ejemplo de cómo se procedió anteriormente; o bien se acogen a lo que llaman “percepción femenina”, esto es, lo que la bondad fina de una persona juzgue conveniente. Así se acercan a otro criterio que le llaman el criterio “de la virtud”, esto es, que alguien con bastante virtud sea quien decida qué es bueno y qué es malo. La virtud dicen que consiste en actuar según la recta razón. Al hablar de la recta razón se están aproximando a la concepción clásica de la Bioética objetiva de la que hablaremos a continuación.

Para consultar el documento completo:

Los fundamentos teológicos de la Bioética: índice





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