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Familia y bioética
Entrevista sobre la bioetica y la familia, la eutanasia y la clonación


Por: Dr. Ramón Lucas Lucas | Fuente: catholic.net



1. ¿Qué es la bioética y qué relación tiene con la familia?
Etimológicamente: ética de la vida. Se puede definir como: la ciencia que regula la conducta humana, en el campo de la vida y la salud, a la luz de valores y principios morales racionales. Por tanto, sus características son dos: es racional: la normatividad depende de valores fundados en la dignidad de la persona humana; es universal: válida para todos los hombres sin distinción de raza, cultura, religión, posición social, porque todos somos personas con la misma dignidad.
Respecto a la relación bioética y familia, se puede decir que la familia es el centro de la vida y quien es sensible al valor de la vida, no puede evitar preguntas cruciales como: «¿El hijo es un don que se acoge o un producto que se fabrica?» «¿Todo lo que es técnicamente posible, es también éticamente admisible?» «¿El fin bueno de curar una enfermedad, como el Alzheimer, justifica la experimentación con embriones humanos y su destrucción?» «¿Por qué no poner fin al dolor con una ´buena muerte´?» «¿Tiene sentido hacer un testamento vital?».

2. Puede considerarse la eutanasia como acto de amor?

Los promotores de la eutanasia la presentan como «un acto de amor». Yo no juzgo las buenas intenciones de las personas. Los hechos, sin embargo, contradicen estas buenas intenciones. No logro entender -y lo digo después de haber pasado un año junto a la cabecera de un familiar enfermo de cáncer que falleció hace poco- el que se pueda aplicar la eutanasia por sentimiento de piedad. Me parece monstruoso el amor que mata; me parece monstruosa la compasión que elimina a quien sufre; me parece monstruosa la filantropía entendida como supresión de la vida de una persona porque se ha convertido en un peso. El amor promueve, ayuda, soporta. El valor de una persona y de una sociedad no se mide por la ausencia de enfermos y necesitados, sino por el grado de acogida o rechazo que les dispensamos.

3. En medicina se busca la salud. ¿Hay que buscarla a toda costa? ¿También mediante la clonación con finalidad terapéutica o la experimentación con embriones?

Aunque la pregunta es precisa, contiene varios elementos. Como bien «técnico», no cabe duda que la clonación es un hito en el desarrollo biotecnológico. Pero ya Aristóteles distinguió entre el «bien técnico» y el «bien ético». Ambos pueden coincidir o no. El bien técnico dice relación a la habilidad en la realización (técnica) de la obra. El «bien ético» es el que concuerda y respeta los valores morales implicados en dicha acción. Por ejemplo, robar los bienes de otro puede ser un bien técnico perfecto, pero nunca será un «bien ético». Observo la clonación humana desde las dos prespectivas; si una la aplaudo, la otra la repruebo porque viola los valores fundamentales de la persona. Análogo el juico sobre los embriones: si es bueno buscar su bien, no lo será destruirlos para buscar el bien de otro.

4. ¿ Se puede prevenir el SIDA a través del uso de preservativo?
Quien piense que el SIDA se previene con el preservativo se ilude desde dos puntos de vista. Primero técnico: el virus es de dimensiones microscópicas y pasa a través del material del preservativo en porcentajes que estudios científicos han dejado bien asentados y que, según las condiciones, pueden alcanzar incluso el 15%. Segundo social: para evitar una epidemia no basta con evitar algunos contagios, hay que evitarlos todos; esto implicaría que (en el caso que su eficacia fuera total) todas las relaciones con riesgo tendrían que usarlo; desde un estudio sociológico esto es una utopía, sobre todo en aquellos países donde más difundida está la epidemia. A mi modo de ver el SIDA se previene con comportamientos humanos responsables y respetuosos de la dignidad de la persona a quien se ama y con quien se tienen relaciones. Si yo amo verdaderamente a una persona, no le haré correr el mínimo riesgo de contaminación. De ahí que las dos primeras sugerencias de la Organización Mundial de la Salud para prevenir el SIDA son: abstinencia y fidelidad.

5. ¿Qué papel juega la familia en la educación sexual?

La sexualidad humana no es sólo un conjunto de estructuras materiales. Siendo la persona cuerpo y alma, existe una relación intrínseca entre sexo y persona. Tres son los elementos que hay que destacar: Primero: la sexualidad toca a toda la persona: El hombre y la mujer no son macho y hembra como los animales. En el ser humano la sexualidad invade a toda la persona, todo el yo personal. La sexualidad es el elemento fundamental de la propia identidad como individuo de la especie humana, identidad que está determinada por el conjunto de componentes biológicos, psicológicos y espirituales. A causa de esta unidad-identidad psicofísica, la sexualidad es una realidad que interesa a todo el hombre en la profundidad de su ser, allí donde se encuentra “el yo” como núcleo personal. Como dimensión constitutiva de la persona, la sexualidad es polivalente, precisamente porque se refiere tanto al nivel físico, psíquico y espiritual del hombre; de este modo integra los valores corpóreos (eros), psíquicos (filia) y espiritual-religiosos (ágape). De aquí que todo fenómeno genital es sexual, pero no todo lo sexual es genital.

El segundo elemento que hay que destacar es que la sexualidad humana es complementariedad y comunión. Por el hecho de tocar a toda la persona, no se cierra nunca en sí misma, sino que está estructurada para el diálogo y la relación interpersonal. Éste es un elemento esencial para entender la sexualidad humana. El hombre no está aislado constitutivamente, sino que lleva ya en el hecho de ser hombre o mujer, la referencia al otro. La esencia de la sexualidad humana está precisamente en esta relación de un “yo” hacia un “tú”. No hay sexualidad cerrada en sí misma, porque la sexualidad es siempre algo distinto de sí misma.

El tercer elemento es la relación entre amor y procreación. En este contexto se revela que la sexualidad es una alteridad fecunda. La fecundidad no es sólo una predisposición de la estructura biológica masculina y femenina, sino que reviste también una dimensión interpersonal: la instauración de un nuevo diálogo con un nuevo ser a través de la procreación. La unión sexual es un acto que implica, en la totalidad y en la reciprocidad, a dos personas, y pone las premisas para la llamada a la existencia de una nueva vida humana. Es un acto, pues, en el que están unidas intrínsecamente dos dimensiones: el amor y la procreación. Procrear, es por eso una realidad mucho más profunda que la capacidad biotecnológica de hacer surgir una nueva vida en el laboratorio. Procrear significa donar la vida en el darse de las personas: un don que trasciende y transfigura el hecho biológico.








 





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