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De generación en generación
Una reflexión sobre la fecundidad y la familia


Por: Lucetta Scaraffia | Fuente: L´Osservatore Romano



Se percibe fuertemente la necesidad de refundar la línea pastoral de la Iglesia en defensa de la familia y de la vida a través de una profundización antropológica, consciente de que esto significa mantener alta una línea de protección sobre cuanto es humano, realizando un discernimiento proprio junto a la cultura y a través de ella, no sencillamente defendiéndose de ella. Sólo así se podrá afrontar el proceso de desconstrucción que la modernidad está induciendo en tal ámbito. Es ésta la finalidad del congreso “De generación en generación” celebrado a finales de febrero en Milán, en la Facultad teológica de Italia septentrional, como contribución preparatoria al próximo encuentro mundial de las familias programado en la capital lombarda.

La crisis que vivimos hoy no nace sólo de una fuerte caída demográfica, ni de una debilidad creciente de la institución familiar; como dijo en la relación introductiva el obispo de Novara, monseñor Franco Giulio Brambilla, “no sólo se genera menos vida, sino además una vida que es menos”. Cada vez es más difícil, en efecto, transmitir el sentido de lo humano —actualmente reducido con facilidad a lo orgánico— a las nuevas generaciones.

Está en marcha una crisis de conjunto y profunda precisamente de aquel proceso “de generación en generación” que en el tiempo ha garantizado la intangibilidad de un patrimonio de la humanidad rico en significado y fecundo en todo sentido. Porque en la generación —ha recordado el teólogo Pierangelo Sequeri— se esconde el secreto de la alteridad, de la apertura al otro. Una alteridad que es fundamento de la continuidad de lo humano; una alteridad entre seres que no son independientes el uno del otro, no son iguales.

Las intervenciones presentadas en el congreso constituyen una serie de excavaciones en los dominios de la cultura para profundizar en los medios de comunicación, la tecnología que vuelca la ética de la vida, la teología y la filosofía portadoras del interrogante sobre la naturaleza de lo humano, que se transforma en interrogante sobre la naturaleza de la fe. Los nuevos sistemas informáticos crean un tipo inédito de comunidad de iguales, unidos por vínculos fácilmente revocables que —como afirmó Chiara Giaccardi, de la Università Cattolica del Sacro Cuore— consienten replantearse la naturaleza de las relaciones; aquellas entre padres e hijos, de hecho, son al contrario asimétricas, caracterizadas por la dependencia e irrevocables. Sugieren, por lo tanto, que las cosas importantes del ser humano son independientes de la evolución del medium.

Las innovaciones tecno-científicas conducen a la necesidad de repensar la bioética: ¿cómo es que, lo que nació para curar, se ha convertido en un mecanismo despótico, mientras la retórica corriente dice que es liberador? No es suficiente responder con fórmulas manidas “a favor” o “en contra” de la vida; es indispensable abrir nuevos campos de reflexión, sugiere Maurizio Chiodi, de la Facultad teológica de Milán. Mientras el psicoanalista lacaniano Massimo Recalcati recuerda que la transmisión de la vida se humaniza sólo si pasa a través del deseo del otro, por lo que la filiación como humanización constituye un hecho eminentemente cultural, que no se puede reducir a biológico. La ausencia del padre —o sea, de quien desea al otro— constituye la raíz común de muchas formas de malestar contemporáneo precisamente porque ya no existe la transmisión de la ley: se ha pasado del modelo de Edipo —el padre testigo de la ley percibido como obstáculo— al de Telémaco —espera del padre como espera de la ley.

Pero sobre todo las intervenciones teológicas permiten ir al fondo del problema, porque se trata de una teología no sólo desarrollada en relación con la historia de la salvación —como subraya Sequeri— sino con toda la historia de la humanidad. Pues la cuestión a la que hay que responder hoy es si la Biblia habla sólo a los creyentes o habla a todo el género humano. Por esto es fundamental indagar no sólo la razón teológica de la unidad del género humano, sino también las razones teológicas del vínculo humano que se realiza en la historia, para las cuales no constituye suficiente explicación sólo la ley natural.

Giuseppe Angelini, de la Facultad teológica de Milán, denuncia cómo la familia asume hoy una forma eminentemente afectiva, renunciado al papel de transmisor cultural, por lo que la aclaración de la cualidad del acto de generar se presenta urgente, también a causa de las dificultades que enfrenta la transmisión de cultura de una generación a otra. Si, desde el punto de vista teológico, existen opiniones recientes que van en la dirección de desarrollar analogías centradas en la familia, el matrimonio, la fecundidad, Emmanuel Tourpe, de la Faculté de Théologie de Bruselas, profundiza en este itinerario sugiriendo que “la familia no es solamente iglesia doméstica; es, como unión esponsal y como fecundidad, la primera imagen de Dios en el ser”, de forma que —afirma— “se tiene ante la mirada simultáneamente el objetivo más prometedor y la tarea más crítica de una metafísica cristiana contemporánea”.

El congreso ha brindado una rica sucesión de estímulos intelectuales y puntos de reflexión, trazando un recorrido de investigación intelectual imprescindible si se quiere afrontar de manera verdaderamente eficaz la crisis cultural que está minando en su raíz el hecho mismo de generar y las relaciones que de ahí se derivan; que está privando de dignidad la ética sexual católica, contestada por “gender” y relativismo.

Si no volvemos a excavar en nuestros fundamentos teóricos, será difícil dar respuesta a estos desafíos, y sin duda las dos jornadas de reflexión en Milán han ofrecido un importante punto de partida.
 

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