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Cristo es la Respuesta a los Interrogantes de hoy
Esta reflexión da un mensaje de esperanza en los momentos difíciles, estando en Cristo la respuesta para vivir con fe y alegría.


Por: Adriana Servín Figueroa | Fuente: Catholic.net



Ante un mundo en vertiginoso cambio en todas las áreas del quehacer humano, desde la ciencia y tecnología, hasta las relaciones humanas en el ámbito comunitario y familiar.

Los hombres y mujeres de este nuevo milenio, nos encontramos imbuidos en un torbellino, que nos confronta con innumerables interrogantes sobre el sentido y valor de la existencia humana.
En una sociedad que suele privilegiar el individualismo, el hedonismo, el consumo irracional y un imperante relativismo en cuestiones morales, es fácil caer en falsos paraísos como el materialismo, el placer sin medida y un egocentrismo, que deforman nuestra capacidad de amar, de vivir en armonía y de formar una conciencia responsable de nuestras acciones.
Sí, son muchos nuestros interrogantes ante tan complejo panorama y también son múltiples nuestras preocupaciones, dudas y temores que en no pocas ocasiones nos conducen a una vida atormentada por la incertidumbre, la ansiedad, la tristeza y sentimientos de vacío.

Es aquí, donde el mensaje de Cristo, portador de vida, esperanza y amor, es la respuesta a nuestras inquietudes y preocupaciones, desde nuestras personales y concretas circunstancias de vida, que nadie como el Señor Jesucristo conoce y acoge con paternal ternura y misericordia. Solo tenemos que abrirle nuestro corazón a Cristo, sin recelos, sin temores, con total confianza en su misericordia, como lo ha resaltado el Papa Benedicto XVI, en sus mensajes desde el inicio de su pontificado.

Jesús, nuestro redentor, es la respuesta a los interrogantes y necesidades de nuestra existencia. El Señor está presente en nuestro mundo, camina a nuestro lado, nos toma de su mano, nos abraza, nos sostiene, nos guía para seguir nuestro camino hacia la eternidad. El nos lo prometió: “ Yo estoy con ustedes. Todos los días hasta el fin del mundo” (Mateo 28,20).

Cristo es la fortaleza que necesitamos para seguir adelante, en todo momento, pero especialmente ante los eventos difíciles, cuando sentimos desfallecer, sea por padecer una enfermedad, tener problemas económicos o familiares. Cuando el dolor y el sufrimiento se clavan en el alma, aquí Jesucristo está presente de manera muy especial para consolarnos, sostenernos, arroparnos con su amor, guiarnos hacia la luz de la esperanza y la fe.

Si estamos confundidos, Cristo es la verdad que libera, que nos ilumina para ver con claridad el sentido de nuestra existencia y nuestra personal vocación en el mundo, para construir una vida plena de amor y significado.

Por otra parte, en nuestra sociedad globalizada, si bien estamos permanente interconectados gracias a la tecnología, paradójicamente se suele vivir con más soledad, que llena nuestro corazón de tristeza y hasta de desesperación. Aquí, también Jesús, es la respuesta, es la fuente perfecta del amor, el amigo que nunca falla. Nuestro Redentor, siempre misericordioso, nos acompaña en los momentos dolorosos de soledad y abandono. Nunca nos deja solos, su amor infinito nos cobija y reconforta.

Cuando se vive atormentado por culpas del pasado, con resentimientos y rencores que nos carcomen como brazas ardientes. Jesús es el perdón de nuestros pecados, la paz de nuestra alma y la armonía en nuestra vida.

Finalmente, en un mundo donde la incertidumbre marca el futuro de la humanidad, la angustia y el miedo suelen posicionarse en nuestro corazón. Además de hacernos infelices, pueden enturbiar nuestras relaciones interpersonales, afectar nuestro trabajo y a nuestra familia. Pero lo más doloroso , no solo podemos alterarnos afectivamente, sino también espiritualmente, cerrándonos a la misericordia de Dios, a su gracia, pues donde la desesperanza y desesperación se instalan, la fe suele opacarse entre el miedo y la angustia. En estos casos, no perdamos tiempo, acudamos a Cristo, Rey de Misericordia, aunque al principio sea difícil tener esperanza, hay que confiar en el Señor. Por grandes que sean nuestros pecados, nuestros problemas y nuestra desilusión, no cerremos nuestro corazón a la misericordia de Dios, tengamos plena confianza en sus palabras, El nos infundirá una nueva esperanza, enderezará nuestro camino y curará nuestras heridas.

Renovemos nuestra confianza en Cristo, pongamos nuestra vida, con su sus dificultades, debilidades, anhelos e ideales, en el corazón misericordioso de Jesús, que solo nos pide confiar en él, como lo revelo a la Santa María Faustina Kowalska, apóstol de la misericordia divina: “ Di a la humanidad que sufre, que venga a mi misericordioso corazón y les daré la paz”.

Guardemos las palabras de Cristo en nuestro corazón, seguros de que el Señor renovara nuestra vida hoy y siempre, pues solo Él es portador de vida, de verdad, paz y perdón.
Hermanos, qué Cristo sea nuestro permanente compañero en el viaje de la vida hacia la casa del Padre, pues solo de su mano podremos dar un significado pleno a nuestra existencia.

“ Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia”
(Juan 10,10)

 

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