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Los fraudes en la investigación: falsos estudios sobre clonación de células madre embrionarias
Por mucho que la ciencia sea hoy el nuevo ídolo de la verdad, la siguen haciendo seres humanos con sus ambiciones y debilidades


Por: Provida Press | Fuente: Provida Press



Lo malo de un caso tan clamoroso como el del coreano Woo Suk
Hwang y sus falsos estudios sobre clonación de células madre embrionariases que parece que fuera la primera vez que ocurre algo parecido. Pero aestas alturas de la Historia no es fácil que algo ocurra por primera vez. Sin remontarse mucho en las hemerotecas, baste recordar el caso del científico
alemán Jan Hendrik Schön, de los Laboratorios Bell, cuyos estudios sobre la materia condensada merecieron las portadas de Physical Review, Nature y Science hace cinco años. Si sus trabajos hubieran sido auténticos, habrían revolucionado la electrónica. Una vez desenmascarado, las tres revistas se
vieron obligadas a borrar nada menos que 21 estudios firmados por el creativo Schön.

Mientras el coreano se ha pasado el año defendiéndose en los
tribunales, las principales revistas científicas, sobre todo Science, que fue la más perjudicada, han estado analizando lo que pasó y lo que se puede hacer para que no les vuelvan a timar.

Después de que a mediados de enero de este año pidiera disculpas "de forma inmediata e irrevocable por ambos artículos", a comienzos de este mes, Donald Kennedy, director de Science, resumía en un editorial el dictamen de un comité de expertos nombrado para analizar el caso y sugerir medidas correctoras.

La principal consiste en dividir los estudios que les llegan -unos
12.000 al año, de los que publican 800- en controvertidos y no controvertidos:
"Los que sean de interés público sustancial, presenten resultados inesperados o traten áreas controvertidas política y socialmente" se mirarán con lupa. De todos modos, Kennedy reconocía que "el entorno científico presenta ahora incentivos crecientes para la producción de estudios intencionadamente
engañosos o distorsionados por intereses personales". Es
decir, que no será la última vez.

Las discusiones sobre la idoneidad del sistema de revisión por
expertos han llenado bastantes editoriales y comentarios. "Suena a que el proceso es una porquería", resumía sin pestañear Benjamin Lewin, fundador de la revista Cell, conocida por su rigor. Como mínimo, añadía, "Science nunca debería haber llegado a publicar un trabajo con varias fotos idénticas".

Y Alan Leshner, director ejecutivo de Science, "no podemos hacer nada para evitar fraudes muy sofisticados; y el caso Hwang lo fue. Cada año las revistas científicas revisan 400.000 artículos, de los que sólo cuatro o cinco son» un gran fraude" ( DM , 8-III-2006).3

Además de identificar los conflictos de intereses, sobre todo de
relaciones con compañías farmacéuticas, las grandes revistas también están exigiendo que cada autor indique su contribución específica a cada trabajo. Los críticos acusan que Science, al igual que Nature otras veces, se deja deslumbrar con frecuencia por la novedad de los estudios, en lugar de aplicar criterios más rigurosos, y que en este caso su predisposición ideológica
hacia los trabajos con células madre embrionarias le nubló la vista.

La arrogancia científica, como cualquier otra, pasa factura. Por mucho que la ciencia sea hoy el nuevo ídolo de la verdad, la siguen haciendo seres humanos con sus ambiciones y debilidades.





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