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Perfil del maestro católico de medicina
¿Realmente se diferencía un maestro de medicina no católico de un maestro de medicina católico?


Por: + Javier Card. Lozano Barragán | Fuente: Consejo Pontificio para la Pastoral de la Salud



Introducción

Trazar el perfil del maestro católico de Medicina es una tarea muy extensa. Supone comprender lo que significa un maestro, lo que significa el maestro de medicina, y saber qué es lo que lo puede calificar como católico.

En la siguiente reflexión trataré en especial de atender al último calificativo, "católico". La pregunta se impone, ¿realmente se diferenciará un maestro de medicina no católico de un maestro de medicina católico?; y si esto fuera posible, ¿en que consistirá esta diferencia?.

Tratando de responder a estos interrogantes trato de empezar siguiendo esta secuencia: el maestro como el que enseña, el maestro como profesor, y el maestro como católico.

Hablar del maestro es hablar de la cultura. La cultura se ha definido de muchísimas maneras, aquí la entiendo como la humanización de la naturaleza. Entiendo por naturaleza todo lo que está fuera del sujeto y que necesita para vivir. La educación, entendiendo así la cultura, será la asimilación de la cultura. Para entender el proceso de la educación es necesario comprender el proceso de la cultura. Esta abarca cuatro etapas fundamentales: introspección, tradición, asimilación y progreso. En la introspección el sujeto se da cuenta de sus propias necesidades; en la tradición ve que se le ofrece para llenarlas; en la asimilación, las llena; y en el progreso, detecta nuevas necesidades y procede a crear nuevos satisfactores que no ha encontrado en la tradición.

I. El profesor católico de medicina
1. El maestro de medicina como "enseñante"


El maestro es un enseñante, enseña. Enseñar es una palabra derivada del latín "Insignare" que significa señalar. El maestro señala al alumno aquello que el alumno necesita y debe apropiarse. Esto significa que el maestro primero que todo necesita conocer qué es lo que necesita el alumno para guiarlo en su propia introspección y darse cuenta de sus propias necesidades.

Una vez que el maestro enseña al alumno a conocer sus propias necesidades, le señala en la tradición aquello con lo cual puede llenarlas. Esto es lo que se suele llamar "bien cultural".

Detectado el "bien cultural" le señala también el camino para poder apropiarse de dicho bien y asimilarlo.

Debe también señalar nuevos horizontes, tanto en el ramo de las necesidades como en el ramo de posibles nuevos horizontes. Enseña como algo necesario la investigación que lleve a "crear" nuevos bienes culturales.

La cultura médica, consecuentemente, consiste en la humanización de la medicina, y la educación médica, en la asimilación de la humanización de la medicina. El cometido del maestro de medicina es señalar al alumno de medicina cómo asimilar la humanización de la medicina.

Siguiendo los pasos de toda cultura, en la etapa de la introspección, debe el maestro de medicina señalar al alumno el camino para que sea el mismo alumno que encuentre las necesidades que tiene que lo lleven a buscar la tradición médica como un satisfactor a las mismas. Aquí radica en primer lugar la aptitud o no aptitud de un alumno para aprender la cultura médica. Si sus necesidades, que están conexas con sus capacidades, no son aquellas que se llenan con la cultura médica, el maestro debe señalar al posible alumno que no es el caso de que sea educado en una cultura que no necesita, o para la que no es capaz.

Superado el paso de la introspección en la cultura médica, el maestro de medicina debe señalar la tradición médica. Esto es, todo el conjunto de "bienes culturales" médicos que existen. Aquí se encuentra todo el complejo terreno de las ciencias, técnicas y arte médicos. El maestro de medicina debe dominar este terreno, o, dada la complejidad del saber médico actual, al menos la especialidad en la cual él se encuentra como maestro.

Además de la competencia científica y técnica, el maestro de medicina como todo otro maestro, debe ser un perito en las ciencias de la educación, en especial en la Didáctica, pues al "enseñar", debe de hacerlo con tal claridad que el alumno pueda encontrar el bien cultural médico que se le indica. Aquí el maestro de medicina se aboca al tercer paso de la cultura, la asimilación. No basta con enseñar el complejo médico, sino que hay que señalar al alumno el camino práctico para enseñorearse de él.

Una vez que el maestro de medicina cumple con este tercer paso, debe abrir caminos ulteriores para que el alumno reconozca necesidades médicas ulteriores y basándose en lo existente logre "crear" en el futuro nuevos bienes culturales médicos. Debe señalar en concreto los caminos para el progreso de la medicina, y cómo sus alumnos deban caminar por estos senderos hasta ahora inexplorados.

2. El maestro de medicina como profesor

Además de ser un enseñante el maestro de medicina debe ser un profesor, y aquí abrimos nuestro pensamiento para adentrarnos en el campo de un maestro católico de medicina. Como enseñante, hasta cierto punto, comparte su personalidad con cualquier otro enseñante de medicina, sea de la mentalidad, o ideología que sea; como profesor es otra cosa.

En efecto, la palabra profesor tiene en sí una connotación religiosa, pues viene del verbo profesar, que significa adhesión a una fe y su profesión. Si el maestro se queda en el nivel sólo de enseñante se frustra él y frustra a su alumno. Señala las ciencias y técnicas de la salud y de la vida; pero siendo realista, señala que toda la ciencia y técnica médica tienen la batalla finalmente perdida, porque viene la muerte y ante ella, toda la ciencia y técnica médica se manifiestan impotentes y fracasadas. Siendo sincero consigo mismo y con sus alumnos, en los niveles de introspección y asimilación de la medicina como superación de enfermedades debe señalar el fracaso último de toda la ciencia, técnica y artes médicos, pues al final de todos sus esfuerzos se encuentra la muerte.

Sólo si es capaz de señalar, junto con la misma medicina y en cierta forma desde ella, la superación de la muerte, su enseñanza tiene un valor duradero y no se pierde en un solo alejar el final cuanto se pueda.

Pero para ello debe superar el mero nivel de enseñante y volverse verdaderamente profesor. Profesar una fe que abre la salud y la vida hacia la trascendencia.

3. El maestro de medicina como profesor católico.

Si el profesor de medicina es católico, entonces esta trascendencia y esta victoria sobre la muerte no son meramente bellos deseos que para muchos, en nuestra cultura secularizada, no pasan de ser buenas intenciones y paliativos al fracaso de la muerte; sino que se fundan en la misma realidad de un hecho histórico irrefutable, la resurrección del Señor Jesucristo.

Profesando esta fe, el maestro de medicina se vuelve un profesor triunfante. Él y sus alumnos van hacia la cultura médica con el convencimiento y la alegría de que los avances en las ciencias de la salud son pregustaciones de la salud plena que encontrarán para sí mismos y para sus pacientes en Cristo resucitado.

Es obvio que para quien no profesa esta fe, esto es incomprensible. Para un médico que no tiene la fe en Cristo y en su Iglesia todo lo que aquí se diga no tiene sentido, más bien es algo absurdo que pareciera para tontos y locos ya que se opone al conocimiento experimental biológico que se piensa sea el único válido en medicina: "evidence based medicin". Sin embargo aquí se encuentra otra evidencia más fuerte aun que la evidencia de laboratorio, la evidencia de una fe que se funda en un hecho irrefutable al que se llega por la misma razón, pero que nace de una decisión libre y firme de la voluntad de cada uno. Ya San Pablo decía que el anuncio de un Mesías crucificado les resulta ofensivo a los judíos y a los no judíos les parece una locura, sin embargo, es mucho más sabio que toda sabiduría humana; y lo que en Dios puede parecer debilidad, es más fuerte que toda la fuerza humana (I Cor 1,23-25).

De acuerdo a esta profesión de fe, ¿cómo deberá ser pues un profesor católico de medicina? La respuesta es, enseñando cómo debe ser un médico no frustrado sino que abre las ciencias y técnicas de la salud, el arte de curar, hacia la victoria plena sobre la muerte en la resurrección de Jesucristo nuestro Señor. Un profesor católico de medicina es aquel que enseña, señala, a sus alumnos, cómo se es médico católico

A continuación, propongo algunas líneas que trazan la figura del médico católico y que podrán servir de base para que un profesor católico de medicina señale a sus alumnos cómo se es médico católico.
 





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