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La imagen de la vida
Nadie nos puede obligar a amar, es cierto. Pero sí podemos crear una cultura en la que el amor no sea tan difícil


Por: Fernando Pascual | Fuente: catholic.net



Los que luchan contra el aborto y defienden la vida saben organizar muy bien la “imagen” de sus folletos de propaganda. En internet encontramos buenas fotografías en las páginas de los grupos “pro life” o “pro vida”. Vemos allí una madre que sonríe a su bebé, o una señora que lleva de la mano a uno o varios hijos, o unos padres que abrazan a un niño que les mira lleno de felicidad.

Las imágenes “pro vida” reflejan un ambiente de alegría, de optimismo. Usan colores llenos de esperanza. En otras ocasiones, y son fotos difíciles de ver con serenidad, tienen alguna sección para ilustrar la realidad del aborto. Antes de acceder a la misma suelen dar algún aviso sobre el impacto que pueden producir esas imágenes llenas de sangre, con pedazos de embriones o de fetos tirados en la basura como si fuesen restos sobrantes de una carnicería...

¿Cómo se podría organizar la imagen entre quienes defienden la “elección” libre en el tema del aborto (los grupos “pro-choice”)? ¿Qué fotografías escoger para organizar una atractiva propaganda en favor del aborto libre?

Es normal presentar el aborto como una solución, triste, pero solución, a situaciones de conflicto. Así, podríamos poner a una señora que acompaña a una adolescente a la clínica abortista. O a un chico y una chica que deciden, entre lágrimas, acabar con un embarazo inoportuno. O a un médico reflexivo que recomienda, para salvar la vida de una joven, el realizar cuanto antes el aborto. O a una madre de familia numerosa que, al ver a sus cuatro o cinco hijos sucios, mal vestidos y tristes, se acerca con pena al centro médico para acabar con una nueva vida que no haría sino aumentar los problemas de casa... Si nos damos cuenta, con estas imágenes no se conseguiría una campaña muy atractiva ni alegre a favor del aborto...

En realidad, las páginas de internet que defienden el derecho al aborto no suelen tener fotos de madres con niños, y la razón es obvia. En algunas ni siquiera aparece una sonrisa, sino mujeres con el rostro sereno, a veces serio, como quien ha tomado una decisión difícil pero “responsable”. En otras se prefiere simplemente poner un símbolo (la estatua de la libertad, por ejemplo) como si lo importante fuese poder decidir sin presiones en un tema tan delicado como el del aborto.

Salta a la vista el contraste de imágenes entre las campañas de los unos y de los otros. Los defensores de la vida hablan de optimismo, de ayuda, de generosidad, de entusiasmo por la vida. Los defensores del aborto hablan de problemas, de presiones familiares o de amigos (el “novio” que no quiere saber nada de “eso” que está empezando a vivir y que se llama hijo...), de casos de emergencia (el hijo que amenaza la vida de la madre), de pobreza o de falta de espacio en el hogar, o de una realización personal (un aborto para no perder el trabajo o para terminar los estudios). Son dos mundos totalmente distintos.

Desde luego, los grupos “pro life” no defienden que haya nacimientos así, sin más, como si la mujer estuviese destinada simplemente a concebir y a aceptar con resignación cuantos niños lleguen a sus entrañas. Ni los grupos “pro-choice” defienden el aborto como si fuese un simple capricho, una decisión que la mujer pueda tomar en cualquier momento y por cualquier motivo, como quien opta por teñirse el pelo o por ir de vacaciones a la montaña en vez de al mar.

No hay que simplificar las posiciones ni los problemas. Pero la opción por la vida encierra una serie de valores que pueden ser aceptados por todos. Cada uno de los que hoy podemos decidir (tú, yo, los que empiezan a vivir en este día), tenemos la posibilidad de optar porque hemos sido acogidos, amados, defendidos. Los grupos “pro-choice” defienden los presuntos derechos de una parte (la mujer adulta y madre) en contra de la otra (el hijo, hombre o mujer en estado embrionario o fetal), y eso no es justo, porque nunca mi libertad puede impedir a otros el que vivan y el que también ellos puedan decidir algún día. Los grupos “pro vida” no quieren ir contra los derechos de la madre, pero nos hacen ver que una vez iniciada la vida (incluso en condiciones dramáticas) vale simplemente en cuanto eso, vida humana, y la libertad de la madre no puede ser un motivo éticamente válido para eliminar la existencia del hijo.

Nadie nos puede obligar a amar, es cierto. Pero sí podemos crear una cultura en la que el amor no sea tan difícil. Muchas mujeres no habrían abortado nunca si el mundo fuese más justo y más respetuoso, más honesto y más solidario. Permitir el aborto como opción no es conquistar un derecho, sino aceptar una derrota social: no hemos sido capaces de apoyar ni de defender las vidas de los más débiles (los no nacidos) ni de promover el cariño de los más fuertes (los médicos y las mujeres que abortan, obligadas o por convicción personal).

Una fotografía para terminar. Es un recuerdo personal, íntimo, que se guarda en el corazón. Cinco niños pequeños aparecen entre dos señores de cierta edad (él tiene 51 años, ella 40). La niña mayor no ha cumplido 5 años, y el quinto tiene apenas unos meses. Todos sonríen, si bien la madre no puede ocultar su cansancio. Amar no es fácil, pero es sumamente hermoso, y los hijos lo sabemos.

Uno de esos niños, en la foto tenía sólo 1 año, es el que escribe estas líneas, y no puede dejar de decir “gracias, gracias, gracias” a los padres que lo amaron libremente, porque el amor es posible en la libertad. Y sólo hay libertad verdadera y madura cuando sabemos defender, con amor, cada vida humana, también de los que aún no han nacido...

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