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El nacimiento de la bioética
Como respuesta a la separación cada vez más peligrosa entre el avance de la ciencia, especialmente la biomédica y la tecnología


Por: Fernando Chomali G. | Fuente: Dilemas de bioética para el siglo XXI



Quisiera compartir algunas reflexiones en torno a temas tan relevantes para las personas, para la sociedad y para la Iglesia, como lo son los que tocan la vida humana. Nos vemos enfrentados a dilemas éticos en lo que respecta a la vida humana, tanto en sus inicios como en el término de ella, que hasta hace algunos años constituían cuentos de ciencia ficción. Hoy los tenemos frente a nosotros, y la Iglesia, en cuanto experta en humanidad, tiene mucho que decir.
Me propongo acercarlos a las poderosas razones que existen para tratar este tema. Comenzaré explicando brevemente los orígenes de la bioética como disciplina, luego haré referencia de modo muy sintético a tres temas claves para comprender una nueva cultura emergente que no tiene como valor primario y fundante el respeto debido a la vida humana, desde sus inicios hasta su muerte natural.
Se trata de las posibilidades que ofrecen las técnicas de fecundación artificial, la clonación de seres humanos, el conocimiento del genoma humano y, por último, los nuevos desafíos que se presentan en lo relativo al final de la vida. A la luz de estas nuevas aproximaciones, quisiera plantear los dilemas éticos más relevantes que requieren una reflexión muy acabada, porque lo que está en juego es un factor constituyente y no accidental de lo propiamente humano.

Estos temas deben ser reflexionados por la Iglesia. Ella tiene una visión del hombre y de la mujer, de la sexualidad, de la procreación, de la vida y de la muerte, del sentido de su existencia y de la de los demás, que le ha sido revelada por Jesucristo, el hijo de Dios. Esta revelación da nuevas y extraordinarias luces a lo que la razón humana puede alcanzar cuando se pregunta por el ser del hombre. Pregunta presente en el corazón de toda persona que intuye su ser como una riqueza y una insigne dignidad que tiene que custodiar.

EL gran servicio que hace la Iglesia es anunciar a Jesucristo, que es simultáneamente el anuncio de la dignidad del hombre, y de todos los hombres. En ese sentido me sumo a lo dicho por el Concilio Vaticano II cuando plantea que nada de lo que tiene que ver con el hombre le es ajeno a la Iglesia.

No se trata por cierto de tener una visión negativa de la ciencia: nada de eso. La Iglesia invita a los científicos a que investiguen, a que sigan trabajando para que podamos conocernos más y mejor. Pero, como madre y maestra, les recuerda que la ciencia, así como toda actividad humana, ha de estar al servicio del bien integral del ser humano en su unidad corporal y espiritual. Les hace ver, además, desde una visión integral del hombre y de su quehacer en el mundo, que la ciencia se enriquece si va acompañada de una adecuada reflexión filosófica y teológica. Los anima a que la persona humana sea siempre el principio, el vértice y el fin de toda actividad humana, y no las cosas, o los intereses egoístas. Con este breve preámbulo me referiré a la génesis de la bioética.

El nacimiento de la bioética 1
El primero que acuñó esta palabra fue un oncólogo de Estados Unidos de apellido Potter. Corrían los años 70. Según él, se estaba produciendo una separación cada vez más peligrosa entre el avance de la ciencia, especialmente la biomédica y la tecnología, y la reflexión propiamente humanista. Según él la cultura de la ciencia y la de las humanidades no se encontraban, por lo cual se hacía necesario tender un puente entre ambas. Así nace el término bioética, que será el puente hacia el futuro. Ese es el nombre que lleva su libro: Bioethics: bridge to the future.

La bioética, como disciplina que pretende hacer una reflexión ética acerca de los problemas que tocan a la vida, ha tenido un auge impresionante. El tema ha sido asumido no solo por el mundo de las profesiones médicas, sino que también por el mundo de los juristas, filósofos, teólogos, así como por los propios gobiernos. No hay país desarrollado que no tenga un comité de ética a nivel gubernamental. Para la Iglesia, los temas vinculados a la vida han sido siempre prioritarios en virtud del objeto de estudio, el hombre, que como enfatiza Juan Pablo II, es el camino que debe recorrer la Iglesia. Son muchas las causas que dieron origen a esta disciplina 2 :

1. El hecho de que las nuevas tecnologías que se han originado por el mayor conocimiento de las estructuras más elementales de la vida permitan alterar y controlar aspectos tan relevantes para la vida del hombre, como su inicio y su fin, ha suscitado una serie de cuestionamientos éticos, es decir, acerca de su licitud o ilicitud desde el punto de vista moral. Ello ha llevado al resurgimiento de temas de orden filosófico de la máxima importancia como, por ejemplo, quién es el hombre, cuál es su origen, su destino, y qué sentido tiene su vida. También se han sacado a luz los temas vinculados al quehacer del hombre en el mundo, y la relación entre la ciencia, la tecnología y la ética. Pregunta clave al respecto es si todo lo técnicamente posible es ipso facto éticamente aceptable. Los millones de embriones congelados y huérfanos biológicos podrían ser un ejemplo de esto.

2.La segunda razón que impulsó este estudio es que los dilemas éticos que se presentan en el ámbito de la medicina y la biotecnología son cada vez más complejos. La pregunta acerca de conectar o no a un respirador artificial a un paciente no tiene más de 50 años. Lo mismo ocurre con la posibilidades que otorgan las técnicas de fecundación artificial y, sobre todo, las nuevas posibilidades que se abren con el conocimiento del genoma humano y con la posibilidad de clonar seres humanos.

3. Otro factor no menos relevante es la distancia cada vez más abismal entre el desarrollo que han alcanzado las ciencias biológicas y médicas y la reflexión moral y jurídica. Juan Pablo II hizo ver este hecho en su primera encíclica Redemptor Hominis. A ello hay que sumarle una suerte de esperanza mesiánica que la gente ha puesto en el progreso científico y tecnológico. Se ha de reconocer que muchas veces estas posibilidades no han tomado en consideración el respeto que merece la persona humana. En el ámbito de la investigación acerca de la procreación humana, con frecuencia se ha prescindido totalmente de la dignidad que todo ser humano lleva grabada en sí mismo. Estamos en presencia de una mentalidad cientista, que reconoce a la ciencia como el único saber digno de ser considerado, olvidando otras dimensiones del saber, como lo son la filosofía y la teología. Creo que es significativo el creciente interés de las profesiones vinculadas al área de la salud de introducir estos temas en los currículos de los estudiantes.

4. Otro factor que ha hecho de la bioética una disciplina que suscita tanto interés es que ha trascendido con creces el ámbito de la medicina, para situarse en el ámbito de las leyes, la política, la academia, la economía y los medios de comunicación social. Es un área que interesa, que cuestiona. Ya no se habla solo de bioética, sino que también de bioderecho, o biojurisprudencia, y de biopolítica. Han proliferado a todo nivel centros de bioética, comisiones a nivel de universidades, hospitales y gobiernos, así como un sinnúmero de instancias nacionales e internacionales.

5. Por último, es un tema de gran interés para la sociedad toda. Involucra aspectos muy importantes para las personas, como lo son el inicio de la vida, la sexualidad, la procreación, la enfermedad, el sufrimiento, la muerte. Desde otro ámbito, la bioética también se preocupa de temas que tienen que ver con la distribución de los recursos en salud, etc.

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