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Cuando la bioética se laicizó
El uso de embriones en la investigación y clonación, apunta a que la agenda del laicismo va en aumento en los debates sobre la vida


Por: Zenit | Fuente: Zenit.org



ROMA, 8 de octubre de 2007 (Zenit.org). - Las recientes noticias sobre la creación de embriones híbridos en Inglaterra y el debate en Estados Unidos sobre el uso de embriones en la investigación y clonación, apunta a que la agenda del laicismo va en aumento en los debates sobre la vida.

El P. Joseph Tham, médico y bioéticista, quien recientemente defendió su tesis doctoral «La Laicización de la Bioética: Una Historia Crítica», informó a ZENIT que estos hechos nuevamente señalan la tendencia a expulsar la religión de la sociedad.

Es autor de un libro sobre la planificación natural de la familia, el P. Tham enseña bioética en la Facultad de Bioética del Ateneo Pontifico Regina Apostolorum en Roma.

¿Puede decirnos algo sobre los aspectos religiosos de la bioética?

P. Tham: Desde tiempo inmemorial, la religión ha sido una parte esencial de la ética médica. Los recientes estudios han demostrado que incluso el Juramento hipocrático se originó en una comunidad religiosa fundada por Pitágoras.

En Occidente, el cristianismo ha contribuido claramente a la fundación de hospitales y a la atención de los enfermos. Desde la Edad Media, existe una venerada tradición de ética médica basada en los sacramentos y en las virtudes.

Muchos de los códigos éticos profesados hoy por los médicos son indudablemente de inspiración cristiana, incluso en nuestros días hasta los años sesenta los católicos escribían manuales muy elaborados de ética biomédica.

De hecho, si analizamos los nombres de los pioneros, cuando la bioética empezó en los años sesentas en Estados Unidos, la mayoría de ellos eran clérigos o estaban muy comprometidos con la religión.

¿Por qué la bioética se hizo laica?

P. Tham: En parte, desde la Ilustración existía un empeño por expulsar la religión de todas las esferas de la sociedad. Esto lo podemos ver en las áreas de la cultura, de la ciencia, de la economía, de la ley, de la filosofía y de la educación.

Muchas personas, opinan que en Europa y en muchos países occidentales la laicización es ya un hecho, como por su parte lo ha confirmado repetidamente el Papa Benedicto XVI.

En los años sesenta y setenta, muchos teólogos y moralistas (religiosos) fueron laicizando sus posiciones. Tal vez sin darse cuenta, muchos iban conformándose con la creciente secularización del mundo moderno.

¿Cuáles son las razones al rechazo de las raíces cristianas?


P. Tham: Las causas son complejas, ya he mencionado arriba el ambiente cultural de nuestro tiempo. Téngase en cuenta que por los años sesenta muchos estaban un tanto locos. Entre otros factores, mencionaré dos acontecimientos importantes: primero, la laicización de la educación superior y, segundo, los debates teológicos durante este período.

Muchas universidades de gran prestigio como Princeton, Yale y Harvard fueron originalmente fundadas por iglesias protestantes. La religión se practicaba y se promovía en estos centros universitarios, pero al final del último siglo, en parte debido a las presiones económicas y en parte debido al deseo de ser más "inclusivas" dentro de una cultura pluralista, muchas de estas universidades dejaron de lado sus características cristianas.

Las universidades católicas también se vieron afectadas por este deseo de despojarse de esta imagen "sectaria” y por eso, muchas instituciones educativas cortaron con sus raíces cristianas. Todavía hoy en Estados Unidos los educadores católicos discuten sobre la identidad de la educación católica y cómo pueden llevar a cabo la constitución apostólica "Ex Corde Ecclesiae" del Papa Juan Pablo II.

Dado que la mayoría de los bioeticistas crecieron en este círculo académico, muchos de ellos siguieron el proceso de laicización de la mano de las instituciones a las que pertenecían.

Los años sesenta también fue un período de experimentos teológicos y controversias. A finales del s. XX, las denominaciones protestantes se embrollaron en cuestiones sobre la demitologización de la Sagrada Escritura, sobre el liberalismo protestante, sobre el movimiento del Social Gospel, y sobre la así llamada "muerte de Dios" en las teologías. El equivalente católico, alrededor del mismo tiempo, fueron el modernismo y el semirracionalismo. Todas estas tendencias convergieron en los años sesenta y fueron la vanguardia de las corrientes teológicas.

El Concilio Vaticano II dirigió su mirada hacia muchos de estos problemas cuando la Iglesia debía confrontarse con la era postmoderna. Sin embargo, el mayor evento y que conmocionó el desarrollo de la teología moral fue el debate sobre la anticoncepción, sobre todo tras la publicación de la encíclica "Humanae Vitae" de 1968.

Esta encíclica ¿cómo afectó los inicios de la bioética?

P. Tham: Como se sabe, la "Humanae Vitae" no fue bien recibida por muchos católicos especialmente en Europa y en Estados Unidos. Unos 600 teólogos firmaron una carta de protesta liderado por el P. Charles Curran de la Catholic University of America. Esto disminuyó indudablemente la autoridad de la Iglesia para pronunciarse competentemente en el campo de la moralidad.

Como consecuencia de este rechazo a la enseñanza magisterial de la Iglesia, muchos teólogos empezaron a criticar la teoría de la ley natural, sobre todo, por la insistencia de ésta en la existencia de un mal moral objetivo y en normas morales absolutas.

Lo que surgió de este descontento se denominó "nueva moralidad" o proporcionalismo que ha afectado desde entonces a muchos seminarios y facultades de teología. El papa Juan Pablo II en la encíclica "Veritatis Splendor” de 1994 se centró específicamente en esta problemática. Sin embargo, el problema persiste todavía en muchos sectores de la Iglesia.

¿Esto tiene un efecto directo en la bioética?

P. Tham: Sin duda, pues el proporcionalismo tiende a enfatizar las consecuencias y circunstancias del acto moral. Cuando se lleva al extremo, podría justificar el aborto o la eutanasia porque habría más consecuencias buenas que malas. Es la razón ofrecida en muchos debates actuales de bioética cuando se discute si el fin justifica los medios.

Como dato histórico, muchos de los fundadores de la bioética fueron católicos desilusionados que desertaron de las estructuras de la Iglesia para fundar la bioética seglar como una alternativa a ésta, y en este proceso se marginó obviamente el papel de la teología.

¿Podría decirnos quiénes en concreto se vieron afectados?

P. Tham: Por ejemplo el ginecólogo André Hellegers quien formó parte de la comisión papal que se encargó de discutir sobre la cuestión de la anticoncepción; dicha comisión se estableció para informar al papa Pablo VI sobre la moralidad de la píldora. Él en concreto se sintió defraudado tras la publicación de la "Humanae Vitae" y fundó pocos años después el Instituto Kennedy de Ética en Georgetown.

Otro ejemplo, Daniel Callahan, editor de la revista Commonweal, estaba muy disgustado con esta encíclica. Ayudó a fundar el Hastings Center. Ambos institutos, el Kennedy y el Hastings Center, influyeron y todavía influyen notoriamente en el mundo de la bioética.

Por último Alberto Jonsen, Warren Reich y Daniel Maguire, ex sacerdotes, se hicieron bioeticistas, todos muy prominentes en este campo, aunque más bien de orientación laicista.

En su tesis usted mencionó los efectos laicistas de la bioética en los teólogos.

P. Tham: Sí, un ejemplo emblemático de esto sería el de Joseph Fletcher. Empezó a escribir en los años cincuenta cuando la palabra "bioética" todavía no existía. En aquel entonces, era un sacerdote anglicano, pero por los años ochenta, Fletcher había dejado el ministerio y se había vuelto ateo, humanista, y miembro de la Sociedad de la Eutanasia.

Finalmente, defendió no sólo la eutanasia sino también la esterilización involuntaria, el infanticidio, programas eugenésicos, y la clonación reproductiva. Incluso propuso la creación de híbridos humano-animales, y quimeras o ciborgs para producir soldados y obreros baratos o como fuentes de órganos para trasplantes. Recientemente murió como ateo radical.

¿Hay un futuro para la fe en la bioética?

P. Tham: Muchas personas de recta razón han considerado la insuficiencia de la bioética laica, sobre todo cuando ciertos académicos proponen tales barbaridades como el infanticidio y las eugenesia.

Además, muchos están insatisfechos con la bioética moderna porque no es capaz de responder a preguntas como qué es la naturaleza humana, qué el sufrimiento y la muerte, o qué hace a una vida buena, en qué consiste la salud y cuál es la finalidad de la medicina.

Desde siglos, la religión ha hecho estas preguntas. Aparece entonces un rayo de esperanza para que la teología pueda jugar un papel más significativo en la bioética. Sin embargo, el desafío es grande.

Hay una necesidad de bioeticistas especializados en teología, y esto también implicaría una recuperación de investigaciones teológicas sólidas especialmente en las universidades con inspiración cristiana.

Me doy cuenta de que la situación está mejorando con la nueva generación de laicos y religiosos que desean confrontarse con la mentalidad laicista y relativista.

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