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Orígenes de la bioética y la "metabioética"
Bioética es el estudio sistemático y profundo de la conducta humana en el campo de las ciencias de la vida y de la salud, a la luz de los valores y principios morales


Por: + Javier Lozano Barragán, Presidente del Pontificio Consejo para la Pastoral de la Salud | Fuente: Fundamentos teológicos de la Bioética I



Adjuntar la Ética a la Vida, no es de ninguna manera algo que apenas ahora acontece, es la raíz de toda Ética y de todas las Éticas y de la Teología Moral que se han llevado a cabo desde siempre. Sin embargo, el término Bioética es el que tiene novedad y una significación especial en nuestros días. Se trata de La Ética en particular aplicada a la Medicina actual. En el presente estudio, después de refrescar algunos datos sobre los orígenes de la Bioética, de su punto de partida, y de la “Metabioética”, trataré de sintetizar dos corrientes del pensamiento actual sobre la Bioética, la Bioética que llamaré cerrada al Trascendente y la que llamaré abierta al Trascendente, insistiendo sobre el funda-mento, significado, principios y consecuencias de ambas. Terminaré con un pequeño apéndice sobre aplicaciones de la Bioética abierta al Trascendente en el ámbito católico..

I. Cuestiones Introductorias.

1. Algunos datos sobre los orígenes de la Bioética.


En esta dirección podríamos encontrar el origen de la Bioética en el libro de Giuseppe Antonelli, escrito en 1891 y que titulaba “Medicina Pastoralis in usum Confessariorum”. En el siglo XX aparecen muchas Deontologías médicas, y no cabe duda que Pío XII con todos sus discursos a los médicos, es un precursor de la moderna Bioética.

El que empieza a tratar cuestiones de Bioética desde un punto de vista subjeti-vo es J. Fletcher que en 1954 publica su libro “Moral and Medicine”. La novedad de este libro es que en lugar de seguir el método tradicional de acuerdo al cual los mandamientos de la ley de Dios daban la pauta para actuar, ahora él habla más bien de los derechos humanos sacando conclusiones contrarias a los mandamientos, por ejemplo, diciendo que se tiene derecho a controlar los nacimientos, por tanto se legitiman los anticonceptivos. Tiene como principio que no se puede ver en los acontecimientos la norma o voluntad de Dios, y que por tanto cada quien proceda como crea conveniente.

Algunos ponen el origen de la Bioética todavía antes, en el proceso de Nüremberg, 1947, cuando se condena a los criminales nazis por los experimentos genéticos. Otros piensan que empezó propiamente la bioética cuando se puso sobre el tapete el problema de los primeros transplantes y de la donación previa de órganos, especialmente cuando el transplante de corazón hecho por el Dr. Barnard en diciembre de 1967. Para otros, cuando se comienza a discutir sobre los problemas del recién descubierto DNA por P. Berg, en 1971.

Pero quienes empiezan a hablar de Bioética son dos católicos, un médico y un filósofo, Hellegers y Callahan, quienes en Estados Unidos, cerca de Nueva York, fundan sendos centros de Bioética. Los centros de bioética fueron el “Hastings Center” en 1969 y el “Joseph and Rose Kennedy Institute for the Study of human Reproduction and Bioethics”. Luego en 1971 surge el “Kennedy Institute of Ethics”.

El año clave es 1968, y el documento es la Encíclica “Humanae Vitae” de Paulo VI. A. Hellegers era miembro de la entonces Comisión Pontificia de la Familia, se opuso a la “Humanae Vitae”; se fundaron entonces los centros aludidos buscando una Bioética independiente del Magisterio de la Iglesia. Primero hablaron de centros inspirados ecuménicamente, después se fueron secularizando hasta negar cualquier nexo entre bioética y teología. A Hellegers se unieron investigadores como L. Walters. T. Beauchamp, J. Childress, W. Reich, y teólogos como B. Häring, R. McCormick, C. Curran, S. Hauerwas , J. Fuchs y el protestante P.Ramsey. Posteriormente Callahan intenta regresar a una bioética con raíces religiosas. Da la misma parte católica se encuentran tentativos en esta dirección tanto en el mismo Kennedy Institute, como después en la Universidad de Georgetown en su “Center for the Advanced Study of Ethics”. Son de considerar aquí los nombres de E.D. Pellegrino, D.C. Thomasma, B. Ashley, y K. O’Rourke, en Estados Unidos de América.

El término Bioética aparece por vez primera con Van Rensellaer Poter quien en 1970 escribe un artículo: “Bioethics, the Science of survival” y en 1971 escribe su libro: “Bioethics: Bridge to the future”. Desde entonces se multiplicaron los centros de Bioética, en la UNESCO se estableció uno y se fundaron muchos otros, especialmente en los hospitales.

2. Punto de partida

Se han dado muchas y muy variadas definiciones de Bioética. Entre ellas elijo como punto de partida, una, tomada de la Enciclopedia de Bioética de W.T. Reich (Enciclopedy of bioethics, The Free Press, New York, 1978, vol I, XIX):

“El estudio sistemático y profundo de la conducta humana en el campo de las ciencias de la vida y de la salud, a la luz de los valores y principios morales” .

Se trata de un estudio científico, ordenado desde principios fijos y en consecuencia con los mismos, llegando, por decirlo así, a sus últimas causas. Se trata de un estudio que necesariamente debe ser en diálogo multidisciplinar, pues supone las diversas ciencias actuales de la vida y de la salud. Ahora bien, en la actualidad dichas ciencias están muy aventajadas, baste recordar la Biogenética, la Ingeniería genética, las ciencias del ambiente, la Ecología, la Sociología, por supuesto, la Antropología, y todas las ciencias médicas actuales. Se trata de un estudio relacional y holístico. Estructuralmente hablando es un estudio sistemático de la conducta humana en el campo de las ciencias de la vida y de la salud desde el punto de vista biológico, económico y financiero, familiar, comunitario y social, jurídico, normativo, político, nacional e internacional, mental, psicológico y cultural, por tanto, religioso y así necesariamente ético, que exige ser considerado en su complejidad a la luz de los valores y principios morales. En este sentido, y no sólo en el científico y técnico podemos verdaderamente decir que la Medicina ha progresado más en los últimos cincuenta años que en los últimos cincuenta siglos.

En este contexto, el problema fundamental de la Bioética, su problema básico, es el problema de sus principios. Es el estudio científico de la conducta humana en el ambiente de las ciencias de la vida y de la salud, de acuerdo a los valores y principios morales, y la pregunta se perfila luego, ¿cuáles valores?, ¿cuáles principios morales?. La respuesta en el ámbito católico no es difícil, pero la Biogenética se desarrolla muy fuertemente en el campo no católico, en especial de raíces protestantes y positivistas, y en este campo no son claros ni los valores ni los principios morales. Priva especialmente el Positivismo ético y en él, con frecuencia no es posible hablar con profundidad lógica de dichos principios. Es evidente que una Bioética ilógica es absurda. Si buscamos esta profundidad más allá de una bioética prescriptiva o normativa meramente formal, nos encontramos en un terreno que quizá pudiéramos llamar “Metabioética”. Que sería propiamente el punto de partida de la Bioética. A continuación ensayo una muy somera descripción de los puntos principales que subyacen en esta “Metabioética”.

3. La “Metabioética”

Ser y Devenir


Para empezar podemos decir que en líneas generales nos vamos a encontrar con dos Bioéticas: una, abierta al Trascendente, y otra, cerrada. Sus raíces se hunden muy hondo en el pensamiento interpretativo del mundo. Se van insinuando una serie de posiciones que van madurando poco a poco en un sentido o en el otro y en la actualidad nos dan como resultado estas dos clases de Bioética, una cerrada al Trascendente y otra abierta. Estos pensamientos claves constituyen lo que hemos llamado “Metabioética”, más allá de la Bioética, sus raíces, los pensamientos originales que dieron lugar a las posiciones que ahora se formulan. Sin introducirnos al complejo pensamiento oriental, sino permaneciendo en la esfera cultural occidental, nos vamos a encontrar con dos maneras de pensar que se han opuesto más o menos contradictoriamente entre sí con relación al punto ético como consecuencia lógica de su mundo mental. Ambas maneras tienen en su haber grandes éxitos pero también grandes fracasos.

Ya en la antigüedad clásica griega nos encontramos con Parménides y Heráclito. La concepción parmenidiana del “’einai kai panta” (uno y todo) inmovili-dad; y la heracliana del “panta rei” (todo evoluciona), movilidad. El genial pensamiento clásico griego conjugará con Aristóteles las dos disyuntivas en el hilemorfismo. Muchos siglos después, frente al Nominalismo, Santo Tomás de Aquino dirá “ens est id quod est” (el ser es lo que es), la realidad objetiva; en cambio Duns Scoto, afirmará: “ens est id quod potest esse” (el ser es lo que puede ser) la mera posibilidad. Es muy importante en la línea de pensamiento el citado Nominalismo de Guillermo de Occam, para quien el universal no pasa de ser una mera emisión de voz y por tanto no hay verdades universales, ni por lo tanto habrá normas con obligación universal


Para consultar el documento completo:

Los fundamentos teológicos de la Bioética: índice





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