Menu



Ensayo de reflexión: cultura y conciencia
El Papa Benedicto XVI, antes de ser Papa, ha presentado claramente su pensamiento con relación a una cultura concreta, nos dice que la verdad supera todas las culturas pero no las excluye


Por: Cardenal Lozano Barragán | Fuente: Pontificia Academia para la Vida



II. Ensayo de reflexión: cultura y conciencia

Primero expongo el concepto de cultura y luego lo aplico a la comprensión de la problemática enunciada a propósito de la conciencia, subrayando tres aspectos: Dios y la conciencia; Objetividad y Subjetividad; y Magisterio, Teología y conciencia.

Como introducción a mi reflexión sobre conciencia y cultura, me parece interesante hacer un recorrido sintético sobre algunos conceptos importantes sobre la conciencia fuera del ámbito católico.

Para algunos La conciencia es el conocimiento que tiene el ser humano de sí mismo y de su entorno. Es la facultad de decidir y hacerse sujeto. Es la atención para percibir la entidad global de un objeto o su propia existencia. Es la capacidad de un organismo de tener experiencia. Locke afirma que la
conciencia es el conjunto de informaciones recibidas de los sentidos. Leibinitz dice que la conciencia es el alfabeto de los pensamientos humanos semejante a un orden matemático. Para Freud el inconsciente más que el consciente es quien determina la conducta. Es creado por experiencias infantiles que producen heridas, traumas, y la conciencia las sepulta en el inconsciente. Marx por su parte afirma que la conciencia es creada por la pertenencia de clase social. En el Behaviorismo John Watson opina que no hay conciencia, sólo se trata de reacciones correspondientes a estímulos externos. Contra las posiciones de Freud, en la así llamada Psicología americana se sostiene que no se debe recurrir al inconsciente, sino a las zonas inexploradas de la conciencia que se hacen patentes en circunstancias extraordinarias, por ejemplo en experiencias místicas, alucinaciones drogadas, meditación trascendental, percepciones extra sensoriales. Se trata de actividades y potencialidades de la mente humana que rebasan la moral tradicional. Se afirma que la Resonancia Magnética descubrió en qué zonas del cerebro se organiza la memoria, cuál es la región cerebral en la que se toman las decisiones, cuál es el comportamiento de los neurotransmisores. La conciencia entra dentro de las realidad cuánticas. Se comporta como una manifestación de los procesos cuánticos de la materia. Se explica así por una superposición de estados, la no localización y el entrelazado de partículas. Desde estos conocimientos se prevé a lo que pudiera ser un concepto científico del alma. 15.

1. Concepto de cultura

El punto de partida para la reflexión, decíamos que es el concepto de cultura. El Papa Benedicto XVI, antes de ser Papa, ha presentado claramente su pensamiento con relación a una cultura concreta, nos dice que la verdad supera todas las culturas pero no las excluye. Estas, en su legitimidad son
diversas aproximaciones a la verdad como tal. Así no es posible que el Cristianismo se identifique con una cultura, sino que es la trascendencia de todas. Las culturas se caracterizan por el vencimiento de las categorías espacio temporales, pero una forma de lograrlo como en la cultura hindú, no significa la absolutización de dicha cultura.

La cultura bíblica no se identifica con la cultura de Israel. Lo característico del A.T. es el desinstalar al pueblo de su cultura hacia el Dios de Israel. Así desde Abraham que se hace salir de su pueblo, el rechazo del Becerro de oro, etc.. No es pues el Cristianismo una cultura europea, o incluso semítica, es un desinstalarse de cualquier cultura, estando al mismo tiempo arraigado en las diversas culturas. En cambio sí entra en contacto con la Filosofía en su búsqueda de la verdad. No entra en contacto con las religiones,pero sí con las filosofías. En cambio, las religiones pueden presentar formas de acercamiento a la Verdad.

Siguiendo el pensamiento del Papa, mi reflexión no parte de la concretización de una cultura determinada, sino más bien del mismo concepto de cultura. Si bien, el Cristianismo no se identifica con ninguna cultura, sin embargo, el concepto de cultura puede servir para comprenderlo un poco más.

Entiendo la cultura como la humanización de la naturaleza. Para que se logre esta humanización son cuatro las etapas que hay que recorrer, a saber, la introspección, la Tradición, la Asimilación y el Progreso. El hombre es una existencia que enmarca una necesidad. En sí mismo es receptibilidad, y es
actuando esta receptibilidad, como capacidad de recibir, como va humanizando la naturaleza y creando la cultura, esto es, cultivándose. Esto se puede concebir de una manera simple, primitiva, básica e inicial; o bien en la complejidad de relaciones de la sociedad actual tecnológica que concretizan la receptibilidad humana actual, ya sea tomando a la persona en su individualidad o bien en su vertiente social y colectiva; ya sea en su propia actualidad infrahumana, o aun en la posibilidad de su agrandamiento, trascendiendo categorías temporales y espaciales gracias a su participación en la filiación divina. Esta receptibilidad se muestra en perenne avance, no en un sentido oscuro y nebuloso, sino como rompimiento de límites.

Etapas de la cultura

Para que cualquier cultura sea posible, necesita recorrer cuatro etapas bien definidas, aunque entrelazadas. Estas son las ya enunciadas de Introspección, Tradición, Asimilación y Progreso.

1.1. Introspección

La introspección significa un mirarse adentro y ser conscientes del propio vacío, a la vez que tener la posibilidad más o menos consciente de con qué se puede llenar dicho vacío.

La introspección es esencialmente relacional. Esta relacionalidad es fundamental, puesto que sin ella no se da la introspección, pues es detectar necesidades. Esto es, en la introspección cultural el sujeto entra y sale de si mismo. Entra y sale a la vez al comprender sus vacíos, pues no los puede
catalogar como tales si no es por la presencia captada de posibles satisfactores externos a sí mismo.

Estos satisfactores los encuentra en tres planos: el plano sub humano, el plano humano y el plano trans humano. En el plano sub humano encontramos los satisfactores que podemos en cierta forma llamar ampliamente constitutivos ambientales que rodean físicamente su existencia concreta, y demás satisfactores que se refieren también a la constitución bioquímica de la persona, desde su formación genética, que por las leyes de la herencia se remonta a todo el patrimonio genético de la humanidad, hasta la química biológica de su actual constitución celular. En los planos humanos los satisfactores se encuentran en el nivel de las relaciones interhumanas que constituyen la persona. Estas relaciones no se pueden concebir solo como meros añadidos desde fuera si un soporte real que se encuentra dentro del mismo sujeto.

En este mismo nivel relacional, y todavía con mayor intensidad, en la misma constitución humana se encuentra dentro del sujeto el plan transhumano, que es la apertura total hacia la Trascendencia. Dentro de estos tres planos, como coordenadas dentro de las que se ubican todo género de satisfactores, se instituyen toda clase de relaciones, que son las que fundan el interés, como un verdadero “inter esse” entre el propio vacío y el propio satisfactor. El interés es el que compele a ir tras el satisfactor. Este interés es a la vez que subjetivo, objetivo, y en su compleja totalidad subjetiva y objetiva es a lo que llamamos valor. El valor es el núcleo de lo que es bueno.

La mayor o menor transparencia consciente más profunda del interés que la persona percibe en estos niveles, no se encuentra en un razonamiento previo sino en una especie de “intuición de esencia” que va mas allá del enunciado lógico intelectual de los primeros principios, pues comprende toda lexistencia ontológica del sujeto.

Es a lo que se refiere la filosofía griega al hablar mediante Platón del mito de la cueva, o racionalizando con Aristóteles sobre la indemostrabilidad de los primeros principios. En cierta manera aparece esta misma intuición en San Anselmo con relación a la existencia de Dios; un anhelo de esta intuición se encuentra, bajo el influjo platónico, dentro de la elaboración de Descartes de su “idea clara y distinta”. Me parece encontrar un eco de ello en Heidegger en su percepción oscura del misterio del ser mediante el lenguaje.

Dentro de los tres planos relacionales aludidos en mutua compenetración, intentando una primera categorización genérica de los vacíos, encontramos vacíos biológicos, psicológicos, sociales y espirituales. En los biológicos
colocamos todo aquello que físicamente se necesita para vivir. Estos vacíos se pueden expresar muy diversamente y se proyectan hacia la necesidad de una subsistencia física. Aquí se encuentran todos los espacios fisiológicos.

Su dominio es recorrido actualmente por las ciencias experimentales y la tecnología en sus aspectos biológicos, económicos, financieros, etc.. Los vacíos psicológicos los centramos en las necesidades que ven a la vida psíquica de la persona, centrada en la verdad y el bien. Es toda la complejidad psicológica de la persona, su entender y su amar, su decisión y su libertad. Los vacíos sociológicos los concebimos como los vacíos que se colman al encontrarse el “yo” con el “tú” humano. Es la esfera del amor y del odio, es la gran problemática que surge entre la individualidad y la colectividad. Los espirituales, los situamos como la necesidad vital expresada en lo más intimo como exigencia de auto posesión en la unidad; que sólo es posible en la Trascendencia. Es el problema de la autoposesión o alienación, es el problema integral de la vida y de la muerte, de la supervivencia y del amor infinito.

Si existen vacíos que tengan la posibilidad de llenarse, es evidente que esta posibilidad estriba en la relación real con aquello que los puede llenar. Es obvio que una introspección verdadera no da una relación de vacíos entre sí como situados en compartimentos cerrados, sino que son formalidades de la misma realidad. Si se quiere usar una imagen, diríamos que dichos vacíos se relacionan entre sí a manera de vasos comunicantes. También resalta a la vista que en la introspección se hace patente una relación real que debe fincarse en ambos términos reales: el vacío y su satisfactor, el sujeto y el objeto. Por esta relación, la medida según la cual la introspección es auténticamente subjetiva es en tanto sea realmente objetiva.

1.2. Tradición

Cuando hablamos de la segunda etapa de la cultura, la Tradición cultural, nos atenemos al rigor etimológico de la palabra “tradere”. Todo aquello que no somos nosotros, como marco existencial de pura necesidad, es “traído”desde el exterior, es “entregado”, es “dado”. Pero antes de ser traído allí está en cierta manera “afuera” del sujeto, en espera de ser “tomado” “traído”. Este “afuera” es lo que llamamos “bien cultural”. Su conjunto es el fruto de la historia, es el acervo cultural acumulado por los siglos.

Aquí ocurre regresar a lo dicho anteriormente a propósito de la relación: algo no puede ser traído al sujeto existencial si no hay una correspondencia subjetiva-objetiva. Por decirlo así, no puede ser asumido si no hay compatibilidad entre el sujeto y lo que se asume. Otra anotación importante es que ya desde aquí se puede entender la diferencia entre noticia y Tradición. En la noticia el sujeto se da cuenta de lo que existe fuera de él. Adquiere una información. Por su facultad retentiva puede repetir exactamente la más variadas informaciones, pero sin convertirlas en Tradición, en “traídas”. Una mera información que permanece sólo como tal no puede ser cultural. Es totalmente inútil. La erudición no es lo mismo que la cultura.

1.3. Asimilación

Esta última anotación nos abre el camino hacia la tercera etapa de la cultura, “Asmilación”. Cualquier percepción exterior al sujeto no se vuelve Tradición si no existe una verdadera Asimilación. La Asimilación significa traer del exterior
lo que en cierta manera no es propio y apropiárselo. Así lo existente llega al sujeto y verdaderamente comienza a llenar sus vacíos, sus necesidades, tanto físicas, como psicológicas, como sociales. La Asimilación se basa en la introspección, haciendo de las relaciones algo absoluto; haciendo que la receptibilidad se vuelva recepción. Su naturaleza y variedad a la vez que sus
relaciones internas con lo que se recibe, viene determinada por la naturaleza y variedad de la introspección.

1.4. Progreso.

En la medida que se asimilan estos satisfactores y se van colmando los vacíos, la introspección avanza y se descubren nuevas relaciones, esto es, nuevos vacíos que en los tres planos iniciales dentro de las cuatro categorías mencionadas: fisiológicas, psicológicas, sociales y espirituales, exigen nuevos satisfactores y lanzan al sujeto en pos de nuevas adquisiciones de la Tradición. O bien, si verdaderamente la Tradición se ha ya agotado, tiene lugar el avance de nuevas combinaciones de lo existente en todos los campos biológicos, psicológicos, sociales y espirituales, dentro de un proceso metódico determinado por cada una de las categorías y coordenadas aludidas.

Este progreso cultural en realidad tiene un límite que es propiamente la mutabilidad. En otras palabras, la perfectibilidad. Esto es llegar a lo perfecto sin ulterior perfectibilidad en plenitud de recepción mutua, que quiere decir, en plenitud de donación y recepción sin dar lugar a nuevos vacíos culturales y habiéndolos llenado todos en un cultivo total. O sea, el límite es llenar totalmente la propia capacidad que de por sí está abierta a una continua perfectibilidad. El límite es alcanzar la plena perfección, la cultura total. Aquí se encuentra el abismo entre la criatura y el Creador. Pasar este límite es la divinización. Al ocurrir esto la cultura no es más la humanización de la naturaleza, sino su divinización. La cultura se vuelve así la “divinización de la
naturaleza” por supuesto que no en una concepción panteísta sino en la misteriosa participación divina.

2. Cultura y conciencia

Splet Jörg dice a este respecto: La conciencia es la experiencia de tres factores: yo mismo, mi experiencia íntima y el contenido de dicha experiencia. En cuanto al tiempo de tener esta conciencia se da en el momento de tener la experiencia, en su recuerdo y en su proyección al futuro. Funda una identidad entre objetos y sujeto en cuanto los objetos se interiorizan en el sujeto en su adecuación consigo mismo y por tanto lleva consigo la luz de los primeros principios: lo verdadero y o bueno. Se llama "intellectus principiorum", con relación a estos principios, y con relación a su desarrollo moral se llama "sindéresis". Por razón del conocimiento de estos principios y su actuación que depende del hombre en cada momento de la conciencia, el hombre es libre. La conciencia se esfuma en la medida que el objeto la avasalla y libremente no puede decidirse a la acción y entonces el objeto se apodera del sujeto.

Se encuentra así también en el dominio del inconsciente. Por lo que el hombre no puede llegar a una plena conciencia. La conciencia da la norma en el momento de hacer propio el objeto, pero esta luz que allí se irradia, no es posible captarla con la misma intensidad por el recuerdo. Así la conciencia no da una luz refectible con absoluta certeza. No se sabe plenamente si se está o no oprimiendo la verdad. Aquí se toca el problema de conciencia y certeza cartesianos; y la respuesta del pensamiento cristiano con "cor, mens, anima": encuentro personal con Dios en una absoluta entrega que funda la solidez de la conciencia.

Por otros caminos se ha llegado a la conciencia general de Kant, o la mera formalidad, o a la elevación de la conciencia a un nivel infinito en el Idealismo alemán, o a su objetividad en el Estado de Hegel, o bien en el pensamiento logístico o vitalista. Cfr. Conciencia, en "Sacramentum Mundi", Enciclopedia teológica I. Herder 1972, 950-854. Para Hofmann Rudolf, la conciencia Significa el núcleo de la vida unitaria de la persona, previo a la división en diversos actos específicos. Para Freud sería la elaboración de las tendencias del sujeto. Para el Existencialismo sería la llamada a la realización de la existencia. La originalidad receptividad del bien por parte de la conciencia no
se puede falsear, aunque sí entorpecer debido a factores externos. Factores externos pueden también ayudar a determinar las posiciones de la conciencia. La conciencia se forma y se ejercita y de acuerdo a dicha formación y ejercicio se perfecciona la conciencia.

La conciencia posterior a la acción no es solamente un juicio sobre el objeto moral, sino una manifestación de la conformación o no con el propio yo. La conciencia no se sitúa indiferentemente frente a la norma como frente a un objeto, sino que la norma, o sea la voluntad de Dios se hace el mismo
hombre creado y redimido por Dios y llamado a la salvación eterna. La conciencia no puede ser suplida por la opinión moral o por la instrucción heterónoma. Es la norma última de moralidad, pero no puede convertirse en norma universal para la decisión personal en casos parecidos. El valor moral de una acción se mide por el dictamen que la conciencia ha emitido una vez ponderado todo el material disponible. Cuando persiste la duda hay que escoger el camino más seguro por 1, un esclarecimiento de la situación moral mediante la propia reflexión o con ayuda del consejo ajeno; cuando esto es imposible, 2. se debe buscar una decisión moralmente justificada a base de consideraciones morales de carácter general; 3. finalmente el cristiano debe buscar el bien y decidirse por él partiendo de

Notamos que en el segundo y tercer paso de la cultura, Tradición y Asimilación, en la Asimilación el sujeto examina la Tradición y encuentra en ella tres grandes vetas: errores, valores y acomodos. Esto es, la historia es la maestra de la vida, pero para que sea tal debemos ser conscientes de que en la historia encontramos innumerables errores; en el correr de los tiempos el hombre se ha equivocado muchas veces y ha ofrecido como satisfactor de las necesidades descubiertas en la introspección, lo que destruye al hombre, no lo que lo construye. Sin embargo no todo es error. La Tradición cultural encierra una cantidad enorme de valores que han hecho progresar a la humanidad.

Pero no cabe duda que estos valores no se encuentran absolutizados. Seria absurdo pues son relacionales. Se encuentran de una manera vital asimilados en sujetos determinados de acuerdo a la asimilación lograda en un momento dado, en una época determinada de la historia, épocas que a pesar de sus parecidos con otras, no se repiten. Esto es, los valores se encuentran “acomodados”, asimilados en bienes culturales de acuerdo a la distinción característica de otras personas, ya sea de épocas pasadas, ya de la presente.

Esto es, si bien la Tradición tiene valores, para que estos sean asimilados ahora y se tornen en bienes culturales hoy, es necesario que no se repitan exactamente las mismas asimilaciones de otras personas o épocas. Sin embargo, estas asimilaciones ajenas, sirven de soporte proporcional, esto es,
si generaron bienes culturales en circunstancias distintas al sujeto que ahora los recibe, haciendo una proporción entre sus circunstancias actuales y las ajenas pasadas o presentes, pueden ser asimilados hoy de una forma diferente por un sujeto diferente.

Situaría la conciencia especialmente en la etapa cultural de la introspección. Por supuesto que en plena interacción con estas dos etapas. Es el motor de asimilación correcta; por tanto juega un importante papel de discernimiento entre valores, desvalores y meros acomodos.

Tratamos ahora de aportar algunas ideas, basándonos en estos conceptos sobre cultura, a la problemática enunciada: Dios y la conciencia; objetividad y subjetividad; Magisterio, Teología y conciencia.

Si deseas consultar el documento completo:
Reflexiones a propósito de algunos textos sobre la conciencia de Juan Pablo II y Benedicto XVI


15 Cfr. Nociones acerca de la conciencia, en www.es.witkipedia.org/wkj/concie


 





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |