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La trampa ante la donación de óvulos
Solo había una alternativa, la donación de óvulos. La verdad que me sedujo profundamente esta posibilidad


Por: María Cristina Belzer | Fuente: Catholic.net



Toda historia de vida es un auténtico tesoro, a la vista del Señor, lo importante es que cada paso que demos esté impregnado por ese “hágase”, que da verdadero sentido a cada acto, decisión, más allá de los deseos inmediatos de nuestro corazón.

Por eso siento la necesidad de compartir este tiempo de mi vida, para que otras mujeres puedan despertar a una confiada y constante oración, que nunca permitirá que sus pasos sean erróneos. Es descubrir que “Dios escribe derecho en nuestros renglones torcidos”.

Soy el fruto de una gran mujer: mi Madre, no por ausencia de mi padre; pero mamá, con una realidad de vida muy delicada y difícil, supo dejar en su paso por éste mundo el sello de su Fe en cada uno de sus actos y como ella siempre me decía: “es la mejor herencia que puedo dejarte”.

Siempre quise tener una familia, aunque soy hija de padres separados, fui criada para el bien y el desarrollo de mis talentos, con la premisa de que la “buena cuna” es en primera instancia la familia, donde recibimos un amor insustituible que nos lleva a ser adultos caritativos, responsables, libres de temores y aptos a los riesgos que indefectiblemente tendremos que afrontar.

Hoy tengo 47 años, y en los años de “espera” del verdadero amor, más de una vez pegue un salto al vacío en honor a mi fe y solo fue posible por los frutos de mi constante oración. En algún momento siendo más joven me cuestione la posibilidad de la vida consagrada, pero no… había que esperar. Porque el verdadero amor no es encontrar una buena persona, es encontrarse con “la persona”.

De todas maneras fue una hermoso tiempo, disfrutar de mis padres, presencia de amigos, inolvidables viajes, misiones de verano en lugares inhóspitos de nuestro país con gente maravillosa, que me han educado con una mirada, un gesto o el simple vivir.

Y llegó!!!!!!
Conocí al “amor” de mi vida después de los 40 y por regalo de Dios pudimos casarnos hace ya 3 años. Alfredo era separado por ello nuestro matrimonio es en segundas nupcias, situación que significó todo un desafío ante la necesidad de comulgar en la misa de cada domingo y solo poder hacerlo espiritualmente, pero le propuse a mi marido hacerlo con mucha fe y sabemos que Jesús habita igualmente en nuestro interior.

Nuestro casamiento fue el día de San José, (patrono de las familias); en una hermosa e inolvidable fiesta. Un coro de jóvenes nos regaló el Ave María, acompañados por los hijos de Alfredo, mi padre, nuestras familias, muchos amigos entre ellos nuestro Obispo, Monseñor Gustavo, al que admiro y respeto muchísimo.

Después del año de casados yo anhelaba profundamente tener un hijo, pero entré en menopausia (prematura según los médicos), y además ya era cronológicamente grande para ser mamá.

Solo había una alternativa, la donación de óvulos. La verdad que me sedujo profundamente esta posibilidad, y tenía la compañía de Alfredo para intentarlo, así que estaba ante la encrucijada de mi vida: maternidad a medias o nada.
O atendía los mandatos de mi caprichoso corazón o los de mi Iglesia.

Los médicos con mucha disponibilidad te incentivan a intentarlo, porque dicen que lo importante es “realizarte” y darte la posibilidad de tener un hijo.
De todas maneras había que esperar a la donante indicada y hacer todo el tratamiento. Por supuesto espere y llegado el momento hice lo indicado para llegar a fecundar los óvulos donados.

Comenzado el tratamiento, cada vez que iba al sanatorio estaba atenta a todos los detalles. El ambiente en sí, un lugar cálido con muchas fotos de bebés recién nacidos te llenaban de ternura, en la sala de espera algunas mujeres como yo esperaban por sus estudios o controles; chicas muy jovencitas, seguramente donantes eran mi intriga, hasta que un día me animé a preguntarle a una de ellas:
¿vos sos donante?, -si me contesto-
-y porque lo haces? -por dinero, estoy estudiando-

Así con LA VERDAD, se quebraba toda la calidez exterior e interior, que caracterizan el estado de una “futura mamá”.

Indagaba dentro y fuera de mi, no estaba resuelta. Creaba en mi mente imágenes de óvulos fecundados, y la posibilidad de que alguno o ninguno siguiera con vida, me causaba mucho dolor.
No obstante ello, seguía adelante sin abandonar mi oración.
Yo quedaría embarazada, nadie sabría que no era mío, solo yo y Alfredo, pero… mi conciencia, siempre mi conciencia llamaba una y otra vez.

Faltando pocos días para finalizar el tratamiento tuve una última resolución, pedirle a Mamá. No fallaría, ella me iba a orientar definitivamente como lo hizo siempre en éste mundo y lo sigue haciendo desde el cielo.
Porque yo me auto engañaba y decía: ¿Y si la Iglesia cambia algún día y me quedo sin tener un hijo?

Fue así que dos día antes de ir a mi último control encontré en mi escritorio una carta cuyo sobre decía: “para mi nena”, era la inconfundible letra de Mamá, y vaya coincidencia tenía el mismo mes que estaba transcurriendo, diciembre, vísperas de la navidad. NO ES INCREIBLE!!!!!,

La abrí y leí atentamente, era una carta que ella me habría entregado quizás con algún regalito para navidad en años de su vida, deseándome lo mejor para una fecha tan importante como lo es el nacimiento de Jesús y al final me dice: “Que vivas una hermosa navidad, sin trampas”….
No se que habrá querido decir Mamá cuando me la regaló, pero si sabía lo que me quería decir ahora.

Esa frase me sacudió, no obstante al otro día viaje a mi último control y quedamos que en pocos días más se realizaría la transmisión de los óvulos.

En el transcurso del viaje de regreso a mi ciudad, tuve un llamado de la Dra. informándome que suspendían la operación porque mi médico ginecólogo consideraba que no eran óvulos aptos y lo intentaríamos más adelante…

Es difícil explicar lo que sentí pero fue una explosión interior de alegría, no había más dudas, era voluntad de Dios, al instante tuve una profunda paz interior, como si una pesada mochila me hubiese sacado de encima.

La Dra. no entendía nada, porque ella consideraba que estaba dándome una mala noticia y yo estaba inmensamente agradecida por ese llamado. De todas maneras no hubo futuros intentos y le explique a mi médico el porqué de mi decisión.

Al llegar a casa abandoné mi silencio y le conté a Alfredo todo lo que había pasado en mí, fruto de la oración (él ya está acostumbrado), cuando necesita alguna gracia me dice “pedile a tus amigos”. Le mostré la carta de Mamá y no lo podía creer.

Amigas… la comunión de los Santos es posible, aún en medio de un corazón “duro” como el mío, lo que Dios quiere para nuestro bien está muy latente, solo hay que estar atentas y dejarse GANAR POR EL VERDADERO AMOR, si tenemos mucha fe y si abandonamos realmente nuestras vidas a las Manos del Señor, seremos SERES HUMANOS LIBRES Y FELICES.
Entonces ya no importará tanto lo que YO quiero, sino lo que el SEÑOR QUIERE, que en definitiva me HARA MUY FELIZ.

El mundo de hoy nos ofrezca innumerables oportunidades para colmar nuestra vanidad como algo natural y bueno; lo importante es que un corazón atento al oído del Señor, nunca descansa tranquilo, aún cuando las ofertas parezcan inocentes y buenas, pero en realidad en esta ocasión: MATAN LA VIDA.
Y… lo más importante de ésta lección es que tal vez haya una gran alegría preparada para nuestra familia, siempre digo a Jesús: “si nos crees capaces de dar amor a alguno de tus hijos, será nuestro hijo”, ésta oración simple está llena de fe y abandono a su voluntad.

Para concluir les regalo una hermosa oración de San Nicolas de Flüe:
Dios mío y Señor mío: aléjame de mí mismo
y deja que te pertenezca por completo.
Dios mío y Señor mío: aléjame de todo aquello
que me aparte de ti.
Dios mío y Señor mío: concédeme todo aquello
que me acerque a ti.

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