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Ayuda a los embriones crioconservados (II)
Descongelar un embrión para transferirlo está de acuerdo con el respeto que merece una persona, descongelarlo con otra finalidad no


Por: Francisco José Ballesta. Lic. en Medicina. Lic. en Bioética. Maestría en Educación | Fuente: Mujer Nueva





Volviendo al inicio de nuestra reflexión, podemos decir que quien razona planteando el problema en los términos: ¿Qué se puede hacer con los embriones congelados almacenados en España durante estos quince años de aplicación de la ley 35/88?, seguramente lo hace desde la perspectiva, muy asentada en el subconsciente social, del embrión-cosa especial, es decir, del embrión-cosa, no persona. Quien parte desde esta perspectiva, ya empieza mal y entre las soluciones que proponga, seguramente habrá algunas poco respetuosas de la dignidad del embrión, de la dignidad de una persona.

Desgraciadamente este error está muy extendido y a los que buscamos razonar sobre el asunto y plantear el problema de fondo (reconocimiento, por parte del legislador, del juez y del gobernante del estatuto de persona al embrión humano), se nos califica de muchas maneras, todas ellas poco halagadoras.

Los errores en la vida de los hombres se mantienen por dos tipos de causas. Las primeras se relacionan con la inteligencia (ignorancia..) y las segundas con la voluntad (querer, conveniencias...). En este caso puede haber un pequeño porcentaje de ignorancia pero lo determinante es la conveniencia. Conviene convivir con el error porque mantener esta visión del embrión nos evitará tener que prohibir el aborto, la fecundación in vitro, la congelación y la experimentación con embriones y toda una serie de cosas que están por venir y que prometen ser muy beneficiosas. Cuando algo de esto nos produzca algún problema mayor, tomaremos alguna medida. Todo es cuestión de saber gestionar los problemas. Ahora, por ejemplo, nos está dando problemas el almacenamiento de embriones y la presión de los grupos de investigadores, biotecnólogos.... pues reformamos algunos aspectos de la ley 35/88 para que el problema disminuya pero nos mantenemos en el error respecto a la consideración del embrión.

Aterrizando un poco nuestras reflexiones, contestemos a la pregunta principal: ¿cómo se puede ayudar a las personas que están crioconservadas a continuar con su desarrollo? (si el término persona aplicado a los embriones le suena extraño, piense que en su disco duro hay cierta contaminación por parte de un virus muy extendido hoy día).

Se impone una reflexión previa: es necesario evitar por todos los medios lícitos y buenos que se ponga a más personas en esa condición. En este sentido nos tenemos que felicitar por la parte de la propuesta de reforma de la ley 35/88 que contempla este punto. Sería de desear que se mejorara esa parte cerrando taxativamente las puertas a la crioconservación pues todavía deja abierta la posibilidad.

Volviendo a la pregunta y a lo que propone la reforma de la ley 35/88 sobre el destino de los embriones crioconservados tenemos que decir que el criterio para dar un destino a estos embriones (la voluntad de los progenitores), responde a una cosificación del embrión (con las cosas podemos hacer más o menos lo que queramos, con las personas no). Este criterio (la decisión) como medida de lo ético, está muy de acuerdo con los tiempos. Una gran mayoría de las personas está convencida de que las cosas están bien simplemente porque las decidimos. La decisión personal sería lo que hace ético o no un comportamiento. La decisión personal sería para la ética algo así como la piedra filosofal de los alquimistas que debería convertir en oro todo lo que entrara en contacto con ella. Esto es otro error. Un comportamiento ético es aquel que está de acuerdo con la razón y la naturaleza de las cosas, lo queramos o no, nos guste o no, nos resulte fácil o no, nos convenga o no.

El proyecto de reforma de la ley 35/88 contempla cuatro opciones: transferencia al útero materno, donación para adopción, descongelar sin más y descongelar de forma que el embrión se pueda usar en investigación. Si lo ético de un comportamiento dependiera simplemente de su elección, nos encontraríamos con que tiene el mismo valor ético descongelar un embrión para transferirlo al útero de una mujer que descongelarlo para dejarlo morir. Estas dos opciones no tienen el mismo valor ético por mucho que se nos quiera hacer creer que sí. Su valor ético tampoco depende de las opiniones personales, de la propia escala de valores.... Su valor ético depende de su contenido objetivo. No es lo mismo descongelar un embrión para transferirlo que descongelarlo con otra finalidad. Esto hace que el valor ético de ambas acciones sea diferente.

Descongelar un embrión para transferirlo está de acuerdo con el respeto que merece una persona, descongelarlo con otra finalidad no. Por ello lo primero sí es ético y lo segundo no. Con este sencillo razonamiento quedan descartadas como éticas dos de las opciones presentadas por el proyecto de reforma, las referentes a la descongelación para dejar morir y a la descongelación para el uso en la investigación.

El único comportamiento éticamente correcto es la descongelación para la transferencia al útero de una mujer, ya sea la madre genética o una madre adoptiva, porque eso es lo único que podemos hacer para favorecer el desarrollo de la pequeña persona que está ahora congelada. Mientras no se dé esta posibilidad, hay que dejar las cosas como están, es decir, los embriones deben seguir congelados el tiempo que haga falta. Si eso cuesta dinero, tendrán que hacer frente a ello los sujetos responsables de haberlos puesto en esa situación (progenitores, clínicas, estado), les guste o no.

Es más, es deber del estado velar porque se obre con justicia, concentrando su esfuerzo reformista no en justificar el abandono de los embriones crioconservados sino en garantizar que los existentes en la actualidad reciban la ayuda y el trato dignos de un ser humano. Para ello, el estado tendría que realizar un censo completo de estas vidas, adoptar medidas que garanticen su seguridad personal frente a la arbitrariedad de terceros y también adoptar medidas que fomenten la adopción prenatal, por ejemplo, gratuidad en la trasferencia y en el seguimiento de los embarazos de embriones adoptados, ayuda económica a las familias que se ofrezcan para ayudarles.... Hacia estos puntos debe dirigirse una reforma de la ley 35/88 que quiera ser coherente con la dignidad de estos seres humanos.

El proyecto de reforma contempla, desgraciadamente, que en el futuro pueda darse el caso de embriones de más que sean crioconservados. Prevé que estos embriones sean destinados únicamente a la adopción prenatal. ¿Por qué con los actuales embriones congelados no se prevé lo mismo? ¿Qué hace diferentes a unos de otros? ¿Por qué a los futuros no se les podrá descongelar para dejarlos morir o para destinarlos a la investigación y con los actuales sí se contemplan esas posibilidades? Tanto respeto merecen los actuales como los futuros.

Para ver al primera parte del artículo:

Ayuda a los embriones crioconservados (I)





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