Menu



Congelación de ovarios: cuestión de sentido común
Las conclusiones de los experimentos científicos no deben olvidar que la técnica falla, dando falsas esperanzas a las personas y abriendo "posibilidades de uso" contrarias a la ética.


Por: Dra. Cecilia Castañera | Fuente: Mujer Nueva



Cuando el año pasado le dijeron a la bailarina de Arkansas, Margareth Lloyd-Hart, que tenía un tumor benigno en el ovario, sus expectativas de ser madre se desvanecieron, dado que a los 17 años le habían extirpado ya el otro ovario. Desesperada por la situación empezó a investigar por su propia cuenta los tratamientos disponibles, incluso en experimentación. Margaret encontró por Internet los trabajos del Dr. Otkay, que había logrado el reimplante de tejido ovárico con éxito en ovejas. Se puso en contacto con él y se sometió a experimentación. Se le extrajo el ovario, se cortaron 72 segmentos del mismo y, previa crionización (sometimiento de tejidos u órganos humanos a bajas temperaturas para su conservación), se le reimplantaron después de ser descongelados. Actualmente Margaret es, según los doctores, teóricamente fértil, aunque de momento no desea un embarazo. Este experimento abrió sin duda una puerta de esperanza a las miles de mujeres que cada año, por patologías diversas, pierden su capacidad de ovular.

Por su parte, los encabezados de la prensa científica se han hecho eco de éste y otros experimentos similares que se están llevando a cabo en animales, y los títulos son ya elocuentes: “Bancos de ovarios congelados para ofrecer nacimientos en el futuro” o “Experimento busca proteger los ovarios del cáncer”, o “Nuevos experimentos ofrecen esperanza a pacientes con cáncer”.

Sin embargo, una lectura atenta de la literatura científica al respecto, le permite a uno percatarse de que ésta quizás caiga en un optimismo algo exacerbado y, paradójicamente, poco “científico”, lo cual demandaría ciertas reservas. Porque si bien lo que se lee es esperanzador, no habrá que dejarse engañar por ese binomio que nos es ya familiar: necesidad humana apremiante – respuesta casi infalible de la técnica.

Digo necesidad apremiante porque ahora se habla de mujeres estériles víctimas del cáncer, desesperadas por su pérdida de fertilidad y, al mismo tiempo, en el mismo discurso se señalan “otras aplicaciones” al hablar de una nueva posibilidad para mujeres profesionales que desean posponer su maternidad; de hecho nuestra bailarina aún no es madre. Y todo ello se presenta al público como un nuevo producto para el ya amplio supermercado de la biotecnología, o bien algo así como que “por el mismo precio, damos más servicio”...

Y en el otro extremo del binomio está la técnica que, precisamente por ser técnica, olvida demasiado fácilmente algo que le es natural, es decir, que falla. Lo malo es que a veces lo olvida a un precio demasiado alto. Hasta ahora lo único que ha nacido después de muchos experimentos fallidos es algún cordero, en principio sano. La realidad, hoy por hoy, es que todavía no ha nacido un ser humano procedente de un ovario sometido a una temperatura de -190ºC, y cuando nazca, necesitaremos todavía años para conocer las consecuencias que ello pudiera provocar en seres humanos de esa procedencia. Sin embargo la técnica tiene prisa, por supuesto en aras del progreso y el avance, y no puede esperar. La biotecnología sigue pensando que es sólo cuestión de “técnica”, no de “Bio”-técnica y esa omisión nos puede costar a todos muy cara.

Es una cuestión de ética médica elemental, de sana prudencia, o de sentido común si quieren, pero lo que no se puede es jugar con situaciones reales de necesidad para hacer avanzar la técnica, sin tener respuesta a cuestiones fundamentales.



Si quieres profundizar sobre el tema, consulta la página de Mujer Nueva





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |