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La adopción prenatal genera el vínculo afectivo
Hay una diferencia esencial entre la situación de estos embriones y la de los abortados espontáneamente: en los segundos no concurre de ninguna forma la libertad humana y en los primeros sí


Por: Dr Ramón Lucas Lucas, Dra Mónica López Barahona y Dr. Salvador Antuñano Alea | Fuente: Dr Ramón Lucas Lucas, Dra Mónica López Barahona y Dr. Salvador Antuñano Alea



Si se subordina al valor de la vida el valor de la maternidad como evento personal que excluye en línea de principio la separación de los procesos biológicos, fisiológicos y afectivos y se admite que en casos excepcionales es lícito separar el vínculo biológico para privilegiar el afectivo –pues en este caso el vínculo afectivo es fuente del biológico-, no se ve por qué no sea también válido lo contrario: que se pueda prescindir del vínculo biológico donde falta el afectivo (tesis abortista).

Respuesta: No se trata de subordinar o separar “previamente”, sino de ofrecer la mejor solución posible a una separación ya dada. La existencia humana no es una ecuación matemática. El hecho de que en la adopción prenatal –como de hecho ocurre también en la adopción de los ya nacidos- el vínculo afectivo no “separe” –porque de hecho tal “separación” es previa al vínculo afectivo- sino que llegue a suplir el vínculo biológico original no tiene porque implicar de ningún modo que cuando ese vínculo no se da, tenga que romperse también el vínculo biológico.

El vínculo biológico genera responsabilidad ineludible. También la genera el vínculo afectivo. Por otra parte, no parece haber proporción de igualdad entre un caso donde el vínculo afectivo que “es fuente” del vínculo biológico (sería más preciso decir que “suple”) contribuye al bien de una vida humana personal y el otro caso en el que, al suprimir ambos vínculos, se suprime también la vida personal. No hay reciprocidad porque no es lo mismo hacer un acto bueno que hacer un acto malo: lo primero significa aumentar la densidad ontológica de la realidad –por eso el vínculo afectivo puede, si se pone, suplir el vínculo biológico-; lo segundo es privar la realidad de un bien debido, y por tanto empobrecerla.

La adopción prenatal subvierte la concepción de la maternidad y de la filiación, porque legitima la separación entre los componentes biológicos, afectivos y relacionales de la procreación.

Respuesta: La adopción prenatal no legitima la separación de los componentes biológicos, afectivos y relacionales de la procreación. Al contrario: los supone e intenta suplirlos cuando no se han dado. Porque al hijo embrionario se lo acoge con amor de donación y apertura en una comunidad de vida y amor –la familia, a la que no subvierte, sino que reafirma-. El embrión ha sido ya generado sin la vinculación necesaria de los componentes biológicos, afectivos y relacionales. Se trata de remediar esa situación en un contexto y condiciones, por parte de quien lo acoge, que efectivamente otorguen al embrión no sólo un lugar biológico, sino un ambiente humano. De aquí la necesidad de una legislación adecuada también para este tipo de adopción.

Los embriones congelados no han anidado todavía en el vientre y es imposible actuar de forma ordinaria para que lo hagan, respetando la relación biológica y antropológica entre madre e hijo. Esto los pone en situación análoga a la de los embriones y fetos abortados espontáneamente.

Respuesta: La relación biológica y antropológica entre madre e hijo ha quedado ya trágicamente rota. La adopción prenatal intenta suplir en la medida de lo posible esa relación con otra que la sustituya. El único medio “ordinario” que tienen estos embriones para poder anidar es la implantación técnica. Esta implantación no genera una nueva vida –y por tanto, este acto no atenta contra una dignidad violada previamente–, simplemente se limita a ayudar a su desarrollo –es, auténticamente, una mera terapia proporcionada a esa situación ya dada–. Esta es también la grande diferencia respecto a la generación de una vida humana mediante fecundación in vitro e inmediata trasferencia al útero. Aquí la trasferencia forma parte integral del proceso de concepción del embrión e inicio del embarazo.

Ambos, fecundación in vitro y transferencia son procesos técnicos de dominio, poder y selección del embrión. Muy diferente es la transferencia del embrión congelado, la cual está desligada objetiva y subjetivamente de la fecundación-congelación precedentes, y bajo ningún concepto puede interpretarse objetivamente como una justificación de las mismas.

Por otra parte, hay una diferencia esencial entre la situación de estos embriones y la de los abortados espontáneamente: en los segundos no concurre de ninguna forma la libertad humana y en los primeros sí: los segundos no han podido anidar, a los primeros se les ha impedido hacerlo hasta ahora; en el caso de los abortados espontáneamente, la libertad humana no puede hacer nada para evitar su muerte, en el caso de los congelados sí –y no hacerlo, en la medida que sea posible, es negligencia.

Si deseas consultar el artículo completo:

La licitud moral de la adopción de embriones congelados y la respuesta a las objeciones





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