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Ayuda a los embriones crioconservados (I)
¿Cómo se les puede ayudar a continuar con su desarrollo?


Por: Francisco José Ballesta. Lic. en Medicina. Lic. en Bioética. Maestría en Educación | Fuente: Mujer Nueva




Sin entrar en pormenores sobre las causas..., en España nos encontramos ante un gran número de embriones congelados y la pregunta pertinente no es: ¿qué se puede hacer con ellos?, sino: ¿cómo se les puede ayudar a continuar con su desarrollo? Es importante darnos cuenta de que la pregunta que deseemos contestar marca todo el desarrollo del razonamiento. Hay una gran diferencia entre responder a ¿qué se puede hacer con un embrión crioconservado?, o responder a ¿cómo se le puede ayudar a seguir su desarrollo?. La primera pregunta puede encerrar una cosificación del embrión. Detrás de la segunda está la clara conciencia de que se trata de un ser humano tratado injustamente al que hay que tratar de forma justa, buscando reparar la injusticia cometida al ponerle en la situación en la que se encuentra.

La cosificación del embrión es el error básico que arrastramos desde que se despenalizó la práctica del aborto. En ese momento rebajamos la dignidad del ser humano en su fase prenatal de desarrollo. Desde ese momento decidimos que ya no era merecedor del respeto absoluto que merece una persona. Como es evidente que es un ser humano, con un valor superior a las cosas, hubo que inventar una categoría intermedia entre los seres humanos, siempre reconocidos como personas, y el resto de los animales y las cosas. Se introdujo así la separación conceptual entre ser humano y persona. Esta separación es peligrosísima porque el denominador común de todas las discriminaciones que han existido y existen en la actualidad es la consideración de que unos seres humanos son “más personas que otros” y, por ello, en la práctica, no tratarlos a todos con el mismo respeto. Por otra parte esta separación del binomio ser humano-persona no responde a la realidad, como veremos a continuación.

El concepto de persona tiene un origen filosófico-teológico y no coincide con ninguna división específica entre los seres sino que se trata de una condición derivada de cualidades que poseen seres de diferentes especies. Por poner un ejemplo podemos decir que a todos los seres que poseen la capacidad de volar podemos considerarlos como voladores. Dentro de estos seres voladores están la mayoría de las especies de aves, muchas especies de insectos, algún que otro mamífero y también algún pez. La condición de persona pertenece a todos los seres que poseen inteligencia y voluntad como las tres personas divinas, los ángeles y los seres humanos. Estas facultades están en la naturaleza propia de esos seres. Dado que las cualidades de inteligencia y voluntad pertenecen a la naturaleza humana (el ser humano se define como animal racional), todo ser humano es persona, independientemente de su condición, de su grado de desarrollo o del grado de expresión de esas cualidades. Lo fundamental es la naturaleza pues de ella se deriva directamente la condición de persona. Si existe la naturaleza humana existe la condición de persona. Si el embrión humano es de naturaleza humana (nadie lo niega), entonces hay que sostener igualmente que es persona. El colocar al embrión humano en una situación intermedia entre los seres que no son personas y los que sí lo son, es algo arbitrario y no se corresponde con la realidad de las cosas. No podemos negar que el embrión humano es humano y por ello tampoco podemos negar que es persona pues es persona por el hecho de ser humano.

Cuando se afirma, como lo hace el reciente informe (marzo 2003) del Comité Asesor de Ética en la Investigación Científica y Tecnológica que “el embrión de menos de catorce días tiene vida humana, pero no personal, lo cual significa que tiene sin duda un especial valor y, por lo tanto, merece un especial respeto, pero en un conflicto con otros valores de rango elevado desde el punto de vista moral, puede ponderarse y compararse con ellos” (parte IV, punto 5), estamos cayendo en el error que hemos descrito anteriormente y, como sólo hay dos tipos de valores, los absolutos (personas) y los relativos (animales y cosas), automáticamente reducimos al embrión al estado de una cosa más aunque se trate de disfrazar este hecho con ropajes especiales (“especial valor”, “especial respeto”).

No hay categorías intermedias entre los valores absolutos y los relativos. Entre las personas no podemos establecer diferencias pues todas tienen un valor absoluto. Entre las cosas establecemos diferencias porque unas son más valiosas que otras. Hablar de ser humano-no personal con especial valor y merecedor de especial respeto es colocar al embrión del lado de las cosas (unas tienen más valor que otras). La categoría ser humano-no personal con un valor intermedio entre las personas y las cosas, no existe. Si no se es persona, se es cosa. El malabarismo retórico y engañoso se hace para tratar de congeniar la realidad evidente (el embrión humano es persona) con las conveniencias (necesito disponer de él, usarlo, como cosa).

Para ver al segunda parte del artículo:

Ayuda a los embriones crioconservados (II)

 

 

 

 





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