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Dogma Mariano. María Corredentora

Fundamentos filosóficos y personalistas.
¿Cuáles son los fundamentos para cosiderar a María "Corredentora"?


Por: Dr. Josef Seifert | Fuente: Catholic.net



María Corredentora: Fundamentos Filosóficos y Personalistas

Dr. Josef Seifert

El Prof. Dr. Josef Seifert es Rector de la Academia Internacional de Filosofía en Liechtenstein y filósofo reconocido internacionalmente. También es miembro de la Academia Pontificia para la Vida.*

Mis dudas iniciales relacionadas con la conveniencia de un dogma de María como Corredentora y Mediadora1

Cuando el Profesor Mark Miravalle compartió conmigo la información relacionada con los esfuerzos y oraciones que muchos católicos estaban haciendo para obtener un nuevo dogma que declarase a María -en cooperación con, y radicalmente subordinada como criatura a su divino Hijo- como Corredentora y Mediadora de todas las gracias,
2 al principio tuve dudas de brindar mi apoyo en favor de la declaración de este doble (o triple) dogma mariano; ya que llamar a María Mediadora de todas las gracias, parecería una exageración y casi contradictorio: ¿cómo podría ser Mediadora de las gracias que recibieron Adán y Eva, o Abraham, o sus antepasados, o de aquellas gracias que ella misma recibió, tales como la Concepción Inmaculada? Por otro lado, el darle a María el título de Corredentora me parecía en primera instancia, que se trataba de una creencia católica meramente marginal y que es susceptible de muchos malentendidos, en virtud de que hay un sólo Salvador y Redentor, Jesucristo.3 Pensé que una declaración dogmática de esta verdad, aunque creía firmemente en ella, sería innecesaria y hasta indeseable por varias razones: Obligaría a todos los creyentes a aceptar una verdad que (1) no parecería estar separada del depósito de la fe, ni (2) estaría exenta de ocasionar enormes malentendidos que eliminarían la diferencia que hay entre Dios y el hombre, y convertirían a María en una especie de cuarta persona divina. (3) Además, esta doctrina no me parecía suficientemente importante como para justificar una formulación dogmática, ya que un dogma no sólo afirma la verdad objetiva e inmutable de una verdad revelada de manera sobrenatural o de una doctrina propuesta por la fe (como en el caso de la habilidad del hombre para conocer la existencia de Dios y algunos de sus atributos por medio de la razón, un contenido filosófico definido por el Vaticano I), sino que va más allá; un dogma obliga a que todos los creyentes lo acepten, e involucra, y en algunos casos hasta crea, la obligación moral de que todos los fieles consientan con esa verdad de la fe católica que se declaró como dogma, como una condición para alcanzar la salvación eterna. Por lo tanto, un dogma es un asunto muy serio que no debe tomarse a la ligera.

Algunos dogmas, tales como el de la Divinidad de Cristo, están formulados con tan claros contenidos basados en la Escritura y la fe cristiana, que su fiel aceptación era algo obligado para los cristianos mucho antes de que se declararan como dogmas.
4

Otros dogmas, sin embargo, bien pudieron haber sido rechazados por buenos y santos cristianos antes de su declaración dogmática, pero a partir de su declaración, es obligatorio para todos los católicos aceptarlos como parte de la revelación infalible del depositum fidei. En esta segunda categoría de dogmas podemos considerar el dogma mariano de la Inmaculada Concepción el cual, en el momento de llevarse a cabo y antes de su declaración y contando con la participación de muchos teólogos importantes, santos y beatos, como por ejemplo Duns Scotus, era al mismo tiempo rechazado por otros, como Santo Tomás de Aquino, quien exponía enérgicos argumentos en contra de esta enseñanza. De cualquier modo, a partir de la declaración dogmática de la Inmaculada Concepción, ya ningún católico es libre de tener dudas o rechazar este dogma sin ir contra la fe católica y traicionarla. Al obligar, a través de un dogma, a todos los fieles a que consientan con la doctrina de María como Corredentora y Mediadora, daría la impresión de que la Iglesia está otorgando una exagerada importancia a esta verdad que es meramente significativa, provocando que su aceptación sea cuestión necesaria para la salvación. Ciertamente parecería cosa difícil exigir que todos los fieles consientan con este aspecto tan particular e incomprensible del oficio y las actividades de María, especialmente en una época en que aún los contenidos más elementales del Credo son desconocidos y hasta negados por muchos.

(4) Además, una declaración dogmática de tal envergadura, en la que yo no creí por largo tiempo, no me parecía especialmente oportuna (por el hecho de que la Iglesia en la actualidad se encuentra agitada hasta sus cimientos por temas de mayor importancia, y las máximas doctrinas católicas están en peligro, como es el caso de la verdadera divinidad de Cristo, la posibilidad de conocer la existencia de Dios y algunos de sus atributos divinos, la existencia del alma, la vida inmortal y eterna, la virginidad corporal de María, la existencia intrínseca de actos malvados,
5 etc.).6

(5) Más aún, un dogma mariano como éste, en virtud de que aparentemente no posee ninguna raíz bíblica, parecería estar basado únicamente en la sagrada tradición oral y, por ello, pondría nuevos obstáculos en el camino para que los Judíos o los Protestantes, que se orientan exclusivamente por la Escritura, aceptaran a la Iglesia Católica, y posiblemente esto también dividiría de nuevo a la propia Iglesia Católica, sobre un tema innecesario (porque un "dogma" sobre la corredención mariana sin duda aparecería, para muchos católicos bien intencionados y ortodoxos, como una enseñanza exagerada y problemática). De hecho, la mayoría de los católicos y teólogos de la actualidad, sienten algo de vergüenza de que la Iglesia Católica afirme tener la autoridad del Espíritu Santo para formular proposiciones de verdad infalible o de poseer, antes de cualquier declaración dogmática, la infalibilidad general del sensus fidelium en relación con todas las enseñanzas esenciales dogmáticas y morales de la Iglesia.

Primera resolución a mis dudas iniciales relacionadas con la conveniencia de un dogma de María como Corredentora-Mediadora

Si bien estos reparos dejaron serias dudas en mi mente por largo tiempo, de si sería justificable la declaración de un dogma como éste, y aún cuando no hay indicio de que estas dudas se hayan disipado hasta ahora, habiendo reflexionado más seriamente y en oración, llegué a la conclusión de que ninguno de estos argumentos son decisivos en contra del dogma que Vox Populi Mariae Mediatrici busca obtener. Cada vez más me parecía verdad lo contrario de los argumentos objetados. A continuación deseo mencionar sólo de manera breve, las principales etapas por las que pasé para llegar a esta conclusión, que aclararé con mayor profundidad a lo largo de esta disertación, según es mi objetivo:
(Ad 1) Me parecía cada vez más evidente que esta doctrina de María como Corredentora no era meramente marginal, sino que estaba esencialmente unida con otros dogmas católicos, especialmente con el de la justificación a través de la gracia, pero no sin las obras realizadas voluntariamente, a tal grado, que el dogma de María Corredentora podría ser considerado como una mera conclusión lógica de los dogmas que ya existen. De hecho, la creencia en sí de que María es Corredentora, ya no me parecía marginal, no más que los dogmas marianos anteriores. Por supuesto que esto resulta bastante obvio para los dos primeros dogmas marianos. No tengo ninguna duda de que la declaración dogmática del concilio de Efeso, que pronunció a María como verdadera Madre de Dios, y la declaración dogmática de su virginidad perpetua, especialmente antes del nacimiento de Jesús, están centralmente conectadas con la divinidad de Jesús y con la verdad de su encarnación, y por ende, con la parte medular de nuestra fe, y en mi opinión, de una mayor manera que la doctrina de María como Corredentora. Por lo tanto, el dogma de María como Madre de Dios ya estaba definido en los primeros siglos de la Iglesia y fue crucial en los tiempos del arrianismo y a lo largo de la historia de la Iglesia. También la enseñanza de la virginidad de María al momento de concebir a Cristo, fue definida mucho antes que los otros dos dogmas marianos, y es una sólida confirmación del verdadero misterio que hay en la encarnación de Dios en Jesús y que constituye el núcleo de nuestra fe. Los otros dos dogmas marianos que vinieron después, no se pueden poner al mismo nivel con respecto a su unión esencial con la fe cristiana. Incluso dentro de la declaración dogmática de la perpetua virginidad de María (antes, durante y después del nacimiento de Cristo), encontramos un gradual significado de estas tres verdades, y en tanto que algunas partes de este dogma tienen un significado mucho más importante para la fe católica, otros podrían percibirse como menos significativos. La verdad de la virginidad de María antes del nacimiento de Jesús, podría parecer más esencial para nuestra fe que la declaración de su sagrada virginidad después del nacimiento de Jesús, aún cuando es algo hermoso y conveniente. Es claro que su virginidad antes y después del nacimiento, en el sentido de no haber tenido relaciones sexuales con José u otro hombre, es más importante para nuestra fe, que la declaración de -el milagro de- su virginidad puramente biológica durante el nacimiento, lo cual, de incluirse en un dogma, hasta nos parecería extraño, a tal grado que algunos han dudado de su carácter dogmático con serios argumentos.

La enseñanza de María como Corredentora es, sin embargo, posiblemente más central a la fe católica que el dogma previamente definido de la Inmaculada Concepción de María (enseñanza que hasta el universal y seráfico doctor Santo Tomás había rechazado antes de su definición). Antes de que se declarara este dogma de que María fue preservada inmune de toda mancha de culpa original antes de la muerte de Cristo y de estar libre de todo pecado personal, que no parece estar inseparablemente ligado con ningún dogma cristológico, no obligaba de la misma manera a todos los católicos a creerlo, ya que, en la percepción de algunos, no está unido de manera clara con el centro de la fe católica, y hasta le parecía a Santo Tomás que contradecía con la fe de que toda redención y toda limpieza de pecado original y de los pecados personales, nos viene solamente a través de la crucifixión y resurrección de Cristo Jesús. Aún así, esta enseñanza fue declarada como dogma, a pesar de ser menos importante para nuestra fe. El dogma de la asunción corporal de María a los cielos, se presenta aún menos unido en su esencia, con el centro de la fe católica, que el de la Inmaculada Concepción de María o su función como Corredentora y, sin embargo, esta gloriosa verdad sobre María, también fue declarada dogma por la Iglesia Católica, por medio del papa Pío XII. Este dogma que tiene que ver con la fiesta más importante de María, de ninguna manera tiene una relación más directa con nuestra fe, que el oficio de María como Corredentora. Muy por el contrario, la doctrina de María como Corredentora está más esencialmente vinculada con la enseñanza católica de la justificación y, por lo tanto, más profundamente ligada al centro de nuestra fe que, incluso, la enseñanza acerca de la asunción corporal de María a los cielos. Por lo tanto, uno no puede argumentar en contra del nuevo dogma, desde el punto de vista de que no es esencial para la parte central de nuestra fe. De hecho, desde este punto de vista, el nuevo dogma propuesto merece más apoyo aún que algunos de los otros dogmas marianos definidos anteriormente, a los que el creyente católico se abraza con fuerza como regalos que le permiten participar de la verdad infalible de los privilegios especiales de María, en cuya luz la gloria de Cristo, la causa de todos los privilegios marianos de la gracia, también resplandece con mayor intensidad.

(Ad 2) En vista de la conexión esencial y lógica que existe entre los dogmas que se refieren a la justificación y la libre cooperación con la gracia y el dogma propuesto de María Corredentora, el declarar la verdad de éste último, no impondría nuevas cargas a los fieles por "tener que creer" (¡qué manera tan triste de ver la gloriosa fuerza liberadora que tiene la infalible revelación de la verdad!) pero es en este momento (antes de la declaración solemne que tanto se desea) cuando cada católico deberá aceptarla, ya que es una consecuencia lógica y directa de la necesidad de cooperar libremente con la gracia y de que María es la Madre de Dios, como veremos más adelante.

(Ad 3) La sola posibilidad de que existan malos entendidos, no puede ser suficiente para prevenir que la Iglesia haga una declaración de una verdad religiosa tan importante como lo es un dogma. La posibilidad de estos malentendidos sólo requiere que el dogma sea definido de manera clara y sin ambigüedades para excluir cualquier malentendido.

(Ad 4) También llegué a la conclusión de que el pronunciamiento de este dogma era eminentemente propicio, a pesar del hecho de que el oficio de María como Corredentora no es un tema candente y teológicamente debatido en la actualidad, como lo había sido la maternidad de Dios antes de su declaración.
7 La propuesta de este dogma mariano sumamente personalista, provocaría asuntos cruciales positivos en lo mejor de la filosofía y teología personalista de nuestro siglo. Simultáneamente, ayudaría a superar la mayor crisis teórica y práctica en el entendimiento de la dignidad de las personas que, asimismo, encontramos en nuestro siglo: en el evolucionismo y otras teorías, y en el nazismo o comunismo, tanto en la teoría como en la práctica, así como en las atroces y casi universales prácticas del aborto y la eutanasia, sólo por mencionar algunas de las formas más espantosas del antipersonalismo. ¿Seguiríamos matando a un bebé o a un anciano si creyéramos que poseen la infinita dignidad de personas, bajo la perspectiva del hecho de que los más grandes bienes-incluso nuestra salvación- dependieron de la decisión voluntaria de María? Desde el punto de visto religioso, pero especialmente filosófico, encontré que este dogma mariano propuesto, es el mayor antídoto contra el fantasma antipersonalista que nos acecha: porque es el dogma mariano más personalista, que subraya la dimensión salvífica que tiene la decisión de una persona creada. Ningún ser viviente, inferior a la persona, estaría capacitado para jugar un rol corredentor. Precisamente por su dimensión personalista, juzgué que este dogma potencial es particularmente oportuno, en un momento en que existen tanto las filosofías personalistas de nuestro siglo8 , que encontrarían una cierta "coronación sobrenatural" a través de este dogma, como el enfrentamiento de una absoluta opresión de personas en nuestro tiempo, que demanda que la Iglesia declare más plenamente cada vez, la inmensa dignidad de la persona. El momento propicio para declarar este dogma aparece más claro aún, cuando se piensa en el feminismo y en la postura del Vaticano que se opone en admitir al orden sacerdotal a la mujer, un punto al que regresaré más adelante.

(Ad 5) Además, la falta de fundamentos bíblicos es menos cierta para este dogma propuesto. Encontré un impresionante y muy directo fundamento bíblico acerca de esta enseñanza, que explicaré posteriormente. Además de la sagrada tradición de la Iglesia, llegué a la conclusión de que la propia Biblia garantiza la verdad infalible de esta doctrina. En cuanto al fundamento bíblico de esta enseñanza, que podemos encontrar ya desde el Antiguo Testamento, y a su gran significado ecuménico en relación con los judíos, daré la explicación más adelante. Y de manera muy paradójica, descubrí un extraordinario significado ecuménico en esta enseñanza -no sólo en el diálogo con los modernos defensores del sacerdocio de la mujer y los feministas, sino también, y sobre un fundamento mucho más firme- con judíos ortodoxos y protestantes.
9 Por lo tanto, llegué a convencerme de que la declaración de este dogma, lejos de crear obstáculos para un auténtico ecumenismo, poseería un profundo y oportuno significado ecuménico.

En cuanto al extraordinario y oportuno significado de esta personalísima enseñanza sobre María como Corredentora y a la culminación que vaya a tener el desarrollo de la fe católica en relación con el sacerdocio universal de todos los cristianos bautizados por medio de este nuevo dogma, me referiré más adelante.

Por estas razones, que explicaré más en detalle, es por lo que decidí apoyar plenamente este dogma. Sin embargo, no me es posible formular un juicio categórico sobre la diversidad y complejidad de los aspectos pastorales que implicaría una nueva declaración dogmática de esta índole, y estoy seguro de que provocaría mucha oposición. Aún cuando estoy convencido de que un dogma como éste podría fácilmente constituir una piedra de tropiezo para algunos conversos potenciales y, que podrían surgir nuevos malentendidos y críticas hacia la Iglesia Católica por parte de algunos protestantes, he podido compartir, sin embargo, con muchos otros miembros del movimiento Vox Populi Mariae Mediatrici, la profunda estimación que tienen por la belleza y su deseo objetivo de que se "completen" los cuatro dogmas marianos de la Iglesia ya existentes, por medio de este quinto dogma mariano que, además de sus aspectos ecuménicos positivos, tendría un significado muy singular y personalista, que trataré de explicar a continuación.

Además de abundar en los puntos mencionados y de indicar cuáles son algunas de las razones específicas religiosas y de la Escritura que sustentan este dogma (que serían mucho mejor explicados por un número de teólogos de lo que yo puedo o me siento capaz de hacerlo),
10 me gustaría añadir a la discusión de este dogma, tanto en mi calidad de filósofo como de católico, cuáles son las razones que me parece hablan a favor de un nuevo dogma mariano como éste, y que quizás no todas hayan sido señaladas por otros.

1) María Corredentora es una consecuencia lógica y necesaria de la enseñanza bíblica y católica sobre la necesidad de cooperar libremente con la gracia.

Es claro que pocas enseñanzas distinguen más al catolicismo de las varias confesiones protestantes, como la insistencia que hace la Iglesia Católica en la Carta de Sn. Santiago y de otros muchos textos bíblicos, según los cuales no sólo la fe (sola fides) y no sólo la gracia (sola gracia), sino solamente la fe formada por el amor, una fides caritate formata, y las obras voluntarias, pueden satisfacer a nuestra justificación. En una palabra, la necesidad de nuestra libre cooperación con la gracia como una condición necesaria para nuestra salvación, es un elemento esencial de la fe católica.
11 Con San Agustín, la Iglesia cree: "Qui creavit te sine te, non justificat te sine te" (Él que te creó sin ti, no te justificará sin ti).

A la luz de esta enseñanza, se sigue como una consecuencia lógica y necesaria, que María también tuvo que cooperar libremente con la gracia y, por lo tanto, también con la gracia muy particular que se le dio de convertirse en la madre de Dios. Su respuesta al ángel Gabriel fue, según la Biblia y como consecuencia lógica de los dogmas respecto a la justificación, claramente libre y requerida por Dios con objeto de convertirla en la madre de Dios. Un dogma sobre la función corredentora de María tendría, por lo tanto, que fluir necesariamente de los dogmas precedentes sobre la necesidad de cooperar libremente con la gracia y, al mismo tiempo, confirmar de manera nueva y solemne la enseñanza católica clásica sobre la justificación.

A la luz de la clara enseñanza católica, un dogma sobre la función corredentora de María sólo confirmaría la eterna enseñanza católica sobre la justificación según la cual, la libertad personal es un factor indispensable y es necesario que el hombre coopere libremente con la gracia divina. Sin embargo, la función de María de cooperar libremente con la gracia y que no se limita a su primer fiat voluntario, sino que abarca toda su vida, ya que el haber estado libre de todo pecado personal (que es parte del dogma de la Inmaculada Concepción, al menos por extensión), también abarcó la cooperación voluntaria que tuvo a lo largo de su vida, difiere en su carácter sublime y en su efecto, al de todas las demás criaturas.1
12 Esta libre cooperación, que posee un significado corredentor único, culmina con la co-pasión y co-crucifixión de María en el calvario, donde ella vivió y participó a través de la pasión de su Hijo, tal como lo había profetizado Simeón,13 ya que no sólo tenía que cooperar con su propia justificación y con la de otros, sino también con la redención de todo el mundo. Y esta tan singular cooperación voluntaria con la redención (que es una consecuencia de su especial caracterización como Madre de Dios y de la necesidad universal de cooperar voluntariamente con la gracia), distingue la función corredentora de María del rol más general que se nos exige a nosotros de cooperar voluntariamente. Además, la función corredentora de María es por mucho, más significativa que una función similar otorgada a los ancestros de Cristo y los patriarcas. Por lo tanto, el dogma de María como Corredentora enfatizaría asimismo un efecto activo único (aunque posible solamente por medio de la gracia sobrenatural) y un aspecto verdaderamente creativo sobre los actos libres de María,14 de su fíat voluntario (en unión con y con radical subordinación como criatura a, el acto redentor de Cristo). El carácter corredentor único y activo de su fiat voluntario, va mucho más allá de la aceptación voluntaria de la gracia a la que también están llamados otros cristianos.

2) El dogma de la corredención, declaración infalible de Dios: Fundamentos bíblicos sólidos del dogma propuesto de María como Corredentora, el rol singular de los judíos y el de María (mujer) para nuestra salvación.

Hasta aquí se hace evidente el porqué este nuevo dogma que se está proponiendo, surge lógicamente de la enseñanza católica sobre la justificación. Pero, ¿corresponde también con la Biblia?

Existen algunos textos de la Escritura que pueden ser citados y que apoyan directamente la función de María como Corredentora.1
15 De hecho, el Evangelio habla de manera muy clara del respeto a la libertad del hombre, cuando el ángel de Dios aguarda la respuesta (de María) después de su anuncio; contesta sus preguntas, y espera recibir su fiat voluntario antes de irse.16

El Antiguo Testamento describe esta función corredentora (de María) quizás de una manera más contundente, al afirmar que Dios pondrá enemistad entre el diablo (la serpiente) y la mujer, incluso antes de atribuir a su semilla (Cristo) que "pisaría la cabeza de la serpiente," y posiblemente atribuyendo a la propia María este acto de pisar la cabeza de Satanás, una aseveración que podría incluso implicar una manifestación bíblica más directa de su oficio mediador y corredentor.
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Por lo tanto, existen claras referencias bíblicas con respecto al oficio corredentor de María, pero yo creo que la prueba bíblica más evidente y directa de la verdad de este propuesto dogma, viene del Antiguo Testamento, en donde no se habla de la persona de María, pero nos permite extrapolar lo que se dice de otra persona y aplicarlo a María, aunque haciéndolo de manera más perfecta. Si se toma la corredención en un sentido más amplio, obviamente se puede atribuir también a otras personas además de María; e incluso, en este sentido inferior, el propuesto dogma (que refiriéndose a María encuentra una mayor justificación) encuentra en la Biblia, una espléndida y sumamente sólida confirmación. De hecho, al dirigirse Dios a Abraham, es Él mismo quien declara su oficio corredentor como causa parcial de la redención, diciéndole directamente, y con las palabras más fuertes posibles, que porque Abraham no escatimó a su hijo, su único Hijo, también Dios bendecirá a todas las naciones en él, una promesa que Dios cumplió cuando envió al su Hijo Unigénito, a quien no salvó de la muerte como lo había hecho con Isaac, con objeto de que su Hijo Unigénito redimiera al mundo. Consideremos estas increíbles palabras que Dios le dirigió a Abraham, después de haber prevenido el sacrificio de Isaac, que inicialmente había ordenado:

"Por mí mismo juro, oráculo de YAHVÉH, que por haber hecho esto, por no haberme negado tu hijo, tu único, yo te colmaré de bendiciones, y...Por tu descendencia se bendecirán todas las naciones de la tierra; en pago de haber obedecido tú mi voz (Gn.22:16-18)."
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Al haber dicho y repetido la maravilla de que el acto redentor de Dios de bendecir a todas las naciones por medio de la descendencia de Abraham se llevó a cabo por el acto de Abraham, Dios mismo atribuye un oficio corredentor a Abraham, a cuyo acto voluntario de sacrificio, Dios responde redimiéndonos.
19 Por lo tanto, se podría decir que en la Biblia, Dios mismo declaró y definió sin ambigüedad el oficio corredentor de los actos humanos voluntarios como co-causas de la redención. La Iglesia, al declarar solemnemente a María como Corredentora, sólo confirmaría con ello la divina declaración de esta verdad y, aplicaría a María de manera singular, lo que Dios mismo ha pronunciado claramente con Abraham: que en virtud del fiat voluntario (corredentor) de María, todo el mundo fue redimido. Porque María dijo "He aquí la esclava del Señor," y no sustrajo de Dios y de su plan amoroso ni su voluntad, o su vientre, o todo su ser, nisiquiera a su único hijo, todos hemos sido redimidos. En esta verdadera pero profundamente misteriosa dependencia del acto redentor de Dios en la humana y libre decisión de María, emerge con claridad en nuestras mentes, la total e inefable dignidad y misión de la persona humana.20

El dogma de María como Corredentora, si se llega a declarar, enfatizaría también la función universal y la misión que tienen todos los seres humanos quienes, al cooperar con la gracia de Dios, están completando la obra redentora de Cristo.

Este dogma también enfatizaría de manera especial el rol corredentor que tienen los judíos, quienes son hasta cierto punto, co-partícipes con María, del pueblo escogido por Dios. Existe una razón cristiana específica, por la que los judíos son la nación de entre las demás naciones: Dios envió a su Hijo a toda la humanidad, pero lo hizo no por medio de una acción exclusiva de su voluntad misericordiosa y omnipotente, sino también pidiendo y, presuponiendo, la cooperación voluntaria de ciertas personas humanas, una cooperación libre a la que está llamado cada ser humano, pero de manera única a aquellos que sin su libre cooperación, la encarnación y redención del mundo no se habría llevado a cabo, e incluso esta libre cooperación puede ser considerada como una mediación de la salvación, por medio de la libertad humana. Y precisamente esta mediación - aunque en un sentido más amplio concierne a todas las personas humanas - debe ser en primer lugar atribuida a los judíos, principalmente a María, la Virgen Madre de Dios judía, quien fuera la mediación para nuestra salvación por medio de su fiat voluntario, convirtiéndose así en Corredentora. Sin embargo, esta mediación única de María como madre de todas las gracias, también se aplica, en un sentido más amplio, a todos los judíos, desde Noé y Abraham hasta María, quien participó de alguna manera como mediadora para nuestra redención, y especialmente para Abraham, cuyo oficio corredentor, Dios mismo asegura de la manera más directa y enternecedora. Por lo tanto, la salvación de toda la humanidad - que es la fruta no merecida y gratuita de la voluntad redentora y la obra de la gracia de Dios - no sólo dependió del fíat voluntario de María, sino también de que muchos otros patriarcas importantes y ancestros de Cristo de nacionalidad judía, aceptaron libremente a Dios. En este sentido, todos esos judíos que participaron en el misterio de la encarnación de Dios, podrían recibir el título - aunque a un nivel mucho más limitado - que la Iglesia otorga a María: Ya que ella es corredentora (Co-redemtrix), los judíos quienes, como Abraham, cooperaron con la voluntad de Dios, también son corredentores. Por ello, el pronunciamiento de este dogma también enfatizaría, en María, el rol singular que tienen los judíos y, más propiamente, el de una mujer judía, la Virgen Madre de Dios, en llevar salvación a la humanidad -no sólo como un objeto del amor divino o un vaso pasivo de su gracia- sino también como agentes que cooperan libremente.

3) "María Corredentora" sería el ´dogma personalista´ más explícito de María y por lo tanto muy oportuno.

Un dogma que declare a María como Corredentora, ofrecería un testimonio único de la libertad plena con que cuenta el ser humano, como ya lo hemos visto, y del respeto que Dios tiene por la libertad humana. Este dogma reconocería de manera determinante, que la libre decisión de la persona humana de María, quien no se convertiría en la Madre de Dios sin su fíat voluntario -una decisión que no fue causada exclusivamente por la gracia divina, sino que también fue el fruto de su decisión muy personal- fue necesaria para nuestra salvación, o que por lo menos jugó una parte indispensable en la manera concreta en que Dios escogió nuestra redención.

En nuestra era, en la que se ha desarrollado más profundamente una filosofía personalista como nunca antes en la historia de la humanidad, y en la que al mismo tiempo reinan terribles ideologías anti-personalistas, un dogma como éste sería bien recibido, confirmando en máximo grado la dignidad de la libertad humana.

En todo esto, yo vería que la proclamación de este dogma tendría un valor crucial y un gran significado para nuestro siglo en el que, tanto ha emergido una nueva consciencia de la dignidad personal, como en el que la persona ha sido más humillada en la acción y negada en la teoría (también en muchas teorías pseudo-personalistas y de orientación ética) como nunca antes se había visto.

4) María Corredentora, visto como un dogma mariano que implica una verdad universal que es verdadera para todos los cristianos.

Al mismo tiempo, el dogma sobre el carácter corredentor de María, no estaría únicamente vinculado a una prerrogativa especial de María (como es el caso de su Inmaculada Concepción, esto es, el estar libre de cualquier mancha del pecado original, por medio del singular efecto anticipante del acto redentor de Cristo), sino que sería una cualidad análoga a todos los cristianos y a las personas verdaderamente religiosas, que compartirían con María en menor grado, el formar parte activa del acto redentor y la dispensación de la gracia de la redención. Esto aplica a los papas, los obispos, cada sacerdote y religioso, y a todos nosotros. Y ninguna criatura participó de manera tan activa y sublime en esta obra de la redención de Cristo, más que una Mujer y Madre: ¡María!

5) María Corredentora -- una victoria para el auténtico feminismo católico y una respuesta oportuna a formas erróneas del feminismo.

Parecería que este dogma también sería muy oportuno en nuestros días, como una expresión del "feminismo católico," o mejor aún, como una respuesta católica a la teología feminista, ya que este dogma no sólo mostraría, como lo han hecho los anteriores dogmas marianos, que nuestra Señora -como mujer- fue creada por Dios con una dignidad superior a todos los hombres y ángeles creados, y ocupa un segundo lugar después de Cristo, quien asimismo, es "Dios hecho hombre." Ya este hecho está suficientemente probado por los cuatro dogmas marianos anteriores. Este nuevo dogma de María en su función de Corredentora -más importante aún que la declaración de María como Madre de Dios- expresaría también la verdad de la singular participación activa y efectiva de María en el misterio de la redención. Vendría a contrarrestar la idea de que los seres humanos en general, y en particular las mujeres, son sólo vasos pasivos de la gracia divina, y que la Virgen María se convirtió en Madre de Dios, libre de todo pecado y exaltada sobre todas las criaturas, solamente por la gracia y elección de Dios, sin mayor necesidad de su propio y libre albedrío. Ahora bien, la necesidad de que María tomara una decisión voluntaria a efecto de lograr nuestra salvación, está implícita pero no explícitamente expuesta en ninguno de los anteriores dogmas marianos. Por lo tanto, esta nueva declaración de la doctrina tradicional, mostraría de una manera fresca, una eterna verdad sobre María y sobre la mujer; una verdad que siempre ha sido sostenida por la Iglesia, pero nunca establecida de manera clara e indubitable: la obra más grande del bondadoso amor de Dios - la redención de la humanidad y nuestra salvación-- es en cierto sentido, también la consecuencia del acto voluntario de una mujer y, por ello, también el regalo de una mujer a la humanidad. Y en tanto es verdadero el hecho de que existe un rol corredentor, de alguna manera amplio, en nuestra participación voluntaria con la dispensación de las gracias de Dios entre los miembros de la Iglesia, sigue siendo cierto que la forma eminente y singular es sólo de María y por ello sólo de una mujer.

La grandeza de esta enseñanza es que la Madre de Dios no sólo fue una mujer y un vaso escogido por la gracia de Dios, sino que a través de su fiat voluntario y totalmente libre y de sus obras (que incluyeron también haber aceptado con libertad el sacrificio de su Hijo único, como sucedió con Abraham), ella se convirtió -reconocidamente sólo de manera humana- en la co-causa de nuestra salvación, y ésta sería la prueba más fehaciente para mostrar la dignidad de la mujer y, asimismo, se complementarían los dogmas marianos y la carta apostólica Sobre la Dignidad de la Mujer. Sin duda, los sueños feministas más radicales acerca de la dignidad de la mujer y de su igualdad con el hombre, o incluso el llamamiento a reconocer un estatus superior para las mujeres en comparación con los hombres (con la excepción de Cristo), no tendrían parangón con la dignidad de una mujer vista a la luz de este nuevo dogma. Este dogma proferiría dignidad a los actos de la mujer que exceden en actividad, sublimidad y efectividad, a las obras de todas las demás criaturas puras y del hombre: de todos los reyes y políticos, pensadores, científicos, filósofos, artistas y artesanos, desde el principio del mundo hasta el fin del juicio y, en cierta manera, incluso de todos los sacerdotes exceptuando a Cristo; ya que todas las demás acciones sacerdotales actualizan solamente la gracia redentora y la acción de Cristo, pero el acto de María hizo que nuestra redención en sí fuera posible y, por lo tanto, interviniendo para que la humanidad recibiera el regalo más grande del divino Salvador en persona.

De todas estas evidencias se infiere, sin lugar a dudas, que María, de manera más perfecta que Abraham cuya acción el mismo Dios declaró ser co-causa de redención, debe ser proclamada como la Corredentora de todos nosotros.

6) Momento propicio para la declaración del dogma sobre María como Corredentora, como una formulación de la dignidad de la mujer y de la manera única en que María, como Mujer, participó del sacerdocio real conferido a todos los cristianos en el bautismo.

Asimismo, este dogma complementaría de una manera importante, el veredicto irreversible de la Iglesia Católica que va en contra de la ordenación de sacerdotisas. Este "No" de la Iglesia al sacerdocio de la mujer, tiene que verse a la luz del hecho de que la representación especial de Cristo a través del sacerdote, quien ofrece el sacrificio de la Misa renovando con ello de una manera no sangrienta el sacrificio de Cristo en la cruz, fue reservada, por la voluntad de Dios, únicamente para los hombres. Pero el dogma a proponerse de María como Corredentora, daría una magnífica defensa tanto del sacerdocio real de todos los cristianos, y de un único y sublime "sacerdocio femenino de María" (y de otras madres y mujeres de manera menos perfecta,).
21 Debemos recordar que: Cada cristiano, hombres y mujeres, reciben en el bautismo el sacerdocio real, junto con la dignidad y vocación de reyes y profetas. Por lo tanto, el nuevo dogma a proponerse, pondría de relieve un verdadero carácter de María como única Mediadora de la gracia y así constituiría una importante verdad que vendría a complementar la insistencia de la Iglesia sobre la imposibilidad de que la mujer reciba el orden sacerdotal y que el sacerdocio especialmente ordenado, es aquél que Cristo ha reservado únicamente para los hombres. Si al menos uno de los elementos esenciales del sacerdocio es el de la "mediación" entre Dios y el hombre y una "mediación de la gracia," María, por medio de este dogma, también sería declarada como la más sublime Mediadora de Dios quien, por medio de su libre actuación, nos alcanza las gracias divinas y la propia salvación para toda la humanidad. Su acción no solamente actualiza el sacrificio y la gracia de Cristo después de su obra redentora, como lo hacen los sacerdotes, sino que de alguna manera, a través de su precedente "fiat", hizo posible la obra redentora de Dios mismo.22 Situación semejante es también verdadera para cualquier madre que pueda interceder, en cierto sentido, para que sus hijos reciban todas las gracias y, por lo tanto, también puede convertirse en co-causa de todos sus bienes temporales y eternos, incluyendo su redención.

El hecho de que el acto redentor divino dependiera de la libre elección y el fíat de María, es sólo la manifestación más sublime de un fenómeno mucho más universal que ilustra la esencia y la dignidad de las personas. Con frecuencia, Dios vincula su actividad divina con la libertad humana, como es el caso de la procreación de los seres humanos, la acción sacerdotal de celebrar la Santa Eucaristía, e inclusive con la propia redención.

7) Sobre el significado ético y bioético del nuevo dogma mariano propuesto: María Corredentora y la enseñanza de la Iglesia sobre la transmisión de la vida humana.

Un nuevo dogma sobre María como Corredentora también vertería una nueva luz sobre el rol de la familia en la Iglesia y sobre los aspectos metafísico y teológico de la procreación, ya que, de manera análoga a la obra corredentora de María, la procreación humana es principalmente un servicio a, y una cooperación con, un acto esencialmente divino de la creación, a través del cual sólo el alma humana y la persona del embrión, pueden ser creadas de la nada. Sin embargo, en el orden de la naturaleza y de la creación (a pesar del hecho de que "Dios puede de estas piedras dar hijos a Abraham," como dice San Juan el Bautista)
23 la creación divina de personas humanas es mediada por la acción libre y la cooperación humana. Esta constituye una de las principales razones por las que la anticoncepción resulta inmoral.24 A este respecto, el que se pronunciara el nuevo dogma de María como Corredentora a través de nuestro Papa, constituiría una hermosa continuación de la misión especial del Papa actual, de extender las razones internas y los fundamentos metafísicos de la enseñanza de la Iglesia sobre la transmisión de la vida humana, que es en cierto sentido una co-creación -un ministerio que es sólo para y es co-causa de la creación divina-. De una manera sobrenatural pero verdaderamente semejante, el fíat de María y toda su vida y pasión espiritual al pie de la cruz, es un servicio a, una co-causa de nuestra redención.

De hecho, la teología del Nuevo Testamento podría aclarar la conexión que existe a este respecto entre la unión de María con Dios y la pareja humana, y la unión de la familiar con Dios, ya que también en la creación de cada persona humana nueva. Dios respeta la libertad humana y permite que los actos humanos voluntarios de los padres, se conviertan en co-causa de la creación de sus hijos de la nada. De una manera similar, el acto voluntario de María fue la co-causa de nuestra redención. Al mismo tiempo, y ya que los padres no pueden de ninguna manera crear ellos mismos una nueva alma humana sino solamente Dios, así María no puede redimir al mundo sino solamente Cristo. Por lo tanto, el nuevo dogma propuesto, de ninguna manera podría borrar el abismo que existe entre Dios y la persona creada de María, y tampoco la parte de María en la redención se asemejaría, y mucho menos se igualaría, al acto redentor de Dios.

8) María Corredentora y la culminación de los cuatro dogmas marianos.

Este dogma también arrojaría nueva luz en los otros dogmas marianos y en particular, explicaría de mejor manera el dogma de la Concepción Inmaculada y la razón por la que la Corredentora fue, debido a un singular privilegio de Dios, preservada de toda mancha de pecado original y personal, en virtud de que este hecho se presenta como muy adecuado para su función de Mediadora de la salvación como segunda Eva. Lo mismo se podría decir con certeza de su asunción corporal a los cielos y que es propio de la dignidad de aquella que, no sólo fue el vaso de la gracia de Dios, sino que a través de su libre cooperación, es Corredentora. Incluso el primer y más importante dogma mariano, que ella es verdaderamente la Madre de Dios, recibe un nuevo significado cuando uno contempla el activo rol de cooperación que desempeñó por lograr nuestra salvación y redención, mismo que era necesario para convertirse en la Madre de Dios. El nuevo dogma, como culminación de los dogmas marianos que le anteceden, los complementaría y completaría, explicando porqué no sólo adoramos y rendimos culto a Dios, quien ha creado y se ha servido de María como un vaso singular de su gracia, sino también la razón por la cual veneramos (y por supuesto nunca adoramos) a la persona de María como la Madre de Dios, que ciertamente lo es por la gracia de Dios, pero no sin ella misma, no sin su libre y heroica participación, por haber creído en la palabra del ángel y por la concepción de Jesús y la aceptación de las profecías de Simeón y lo que siguió, hasta el calvario.

9) Cautelas que deben ser estrictamente observadas en cualquier formulación dogmática de María Corredentora.

Es claro que cualquier dogma de María como Corredentora, tendría que excluir de manera absoluta, cualquier confusión que pudiera surgir de la distinción que se debe hacer entre la obra redentora de Cristo y la manera puramente humana de María de participar en la redención y de convertirse en Corredentora. María por su propia cuenta, no es más capaz de redimir al mundo, que los padres son de crear el alma de sus hijos de la nada. En este sentido, María no es Corredentora y nunca podrá ser nuestra redentora. Sin embargo, y al mismo tiempo, un dogma como éste, debería enfatizar también el carácter único del lazo que existe entre el Dios-hombre y su acto redentor, y la libertad de María de ser co-causa de la redención -en unión con y recibiendo la fuerza de- la redención de Cristo.

Ciertamente, como lo mencionamos anteriormente, también los actos voluntarios de los ancestros de Cristo, especialmente la fe y el sacrificio de Abraham, se convirtieron de manera remota, en actos "corredentores", prefigurando el modo único de participar directamente en la causa divina de la redención, la cual fue confiada a María.

Me parecería particularmente oportuno que nuestro actual querido y amado Santo Padre quien, además de ser profundamente mariano, ha desarrollado -como ningún otro Papa- una visión sobre la dignidad de cada persona humana y quien con tanta frecuencia ha confiado al cuidado de María a toda la raza humana, podría, al declarar este dogma, completar su acción de consagrar a la humanidad entera a la intercesión de María, a nuestra Madre y a la gran Abogada de toda la Iglesia ante Dios; a María, quien también es la Mediadora de todas las gracias de las que nuestro mundo caído, nuestra raza humana actual, hambrienta, devastada por las guerras y pecadora, tiene tan desesperada necesidad, y únicamente mediante las cuales la humanidad podría salir del abismo de nuestros pecados y sufrimientos, lo que una vez más, no puede suceder sin nuestra libre cooperación.

Deseándole al Santo Padre la santa fortaleza de Dios y luz para ver si es o no voluntad de Dios declarar solemnemente al mundo esas grandes verdades de María, y que por medio de esta declaración, también se pregone más plenamente la verdad de la persona humana como tal, concluyo mis observaciones confiando esta gran causa a la incomprensible e infinita sabiduría y amor de Cristo y a la sabiduría y amor de María, la Madre de Dios, nuestra celestial Corredentora, Mediadora y Abogada.


 






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