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No pierdan la paz ni se acobarden
Pascua

Juan 14, 27-31. Pascua. Quien se aferra a Cristo en la tentación, experimenta la paz y la alegría del alma.


Por: Estanislao García | Fuente: Catholic.net



Del santo Evangelio según san Juan 14, 27-31
Os dejo la paz, mi paz os doy; no os la doy como la da el mundo. No se turbe vuestro corazón ni se acobarde. Habéis oído que os he dicho: "Me voy y volveré a vosotros." Si me amarais, os alegraríais de que me fuera al Padre, porque el Padre es más grande que yo. Y os lo digo ahora, antes de que suceda, para que cuando suceda creáis. Ya no hablaré muchas cosas con vosotros, porque llega el Príncipe de este mundo. En mí no tiene ningún poder; pero ha de saber el mundo que amo al Padre y que obro según el Padre me ha ordenado.

Oración introductoria
Señor, mi corazón está hecho para vivir en paz y Tú eres la única, autentica, abundante y gratuita fuente de paz. Nada, ni el mundo, ni los problemas ni las dificultades pueden arrebatármela. Lléname de tu paz para poder difundirla en los demás.

Petición
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, dame tu paz.

Meditación del Papa Francisco
En este día mi deseo es que todos puedan conocer el verdadero rostro de Dios, el Padre que nos ha dado a Jesús. Me gustaría que todos pudieran sentir a Dios cerca, sentirse en su presencia, que lo amen, que lo adoren.
Y que todos nosotros demos gloria a Dios, sobre todo, con la vida, con una vida entregada por amor a Él y a los hermanos.


Y paz a los hombres.
 La verdadera paz no es un equilibrio de fuerzas opuestas. No es pura "fachada", que esconde luchas y divisiones. La paz es un compromiso artesanal, que se logra contando con el don de Dios, con la gracia que nos ha dado en Jesucristo […]

Hemos podido comprobar la fuerza de la oración. Y me alegra que hoy se unan a nuestra oración por la paz también creyentes de diversas confesiones religiosas. No perdamos nunca la fuerza de la oración. La fuerza para decir a Dios: Señor, concede tu paz al mundo entero. Y también a los no creyentes les invito a desear la paz, con un deseo que amplía el corazón, con la oración o el deseo, pero todos por la paz. (S.S. Francisco, bendición Urbi et orbe, 25 de diciembre de 2013).

Si Jesús hubiese bajado de la cruz, habría cedido a la tentación del príncipe de este mundo; en cambio Él no puede salvarse a sí mismo precisamente para poder salvar a los demás, porque ha dado su vida por nosotros, por cada uno de nosotros. Decir: “Jesús ha dado su vida por el mundo” es verdad, pero es más bonito decir: "Jesús ha dado su vida por mí". (Homilía de S.S. Francisco, 22 de noviembre de 2015).

Reflexión
Hay un refrán que dice: "Quien algo teme es que algo debe". La verdad que este sencillo dicho popular tiene mucho de verdadero. Así nos sucede en nuestra vida cristiana cuando no tenemos paz en nuestro interior. Algo no va bien, Cristo no está contento con nuestro modo de obrar o de pensar; nuestra alma se ve invadida por las tentaciones del demonio. Parece que va a naufragar y en vez de ir a Cristo nos acogemos a nuestras propias fuerzas; entonces sucede el cataclismo de nuestra vida cristiana.

Por el contrario, quien se agarra a Cristo en la tentación, experimenta la paz y la alegría del alma que se siente fuerte contra la tentación, porque está Cristo con nosotros; en lo más íntimo de nuestro corazón escuchamos las palabras de Jesús. "La paz os dejo, mi paz os doy".

¡Cuántas cosas María no entendería a lo largo de su vida! Sin embargo, la tristeza y la desazón no llegaron a su alma, porque siempre llevaba a Cristo en el corazón y Cristo sólo produce paz y felicidad para el alma. Cuánto hemos de aprender de María. Sigamos su ejemplo; acerquémonos a Ella para pedirle que nos enseñe a amar a Jesús, que nos llene de su paz, pues una y otra vez María nos llevará hasta Jesús y nos susurrará al oído: "haz lo que Él te diga".

Propósito
Pedir al Espíritu Santo que me haga testigo y misionero fiel del amor y de la paz.

Diálogo con Cristo
Tu cercanía, Señor, en esta oración es causa de una paz y alegría inmensa, porque me siento amado, acompañado, sostenido. ¿Cómo agradecer tanto amor? Sí, lo sé, la paz y la alegría, cuando eres Tú la fuente, son expansivas, necesariamente y sin mérito propio, hacen también la diferencia en la vida de los demás. Qué don tan grande, ¡gracias!








 







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