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Una votación de la Asamblea General sobre «orientación sexual» revela la traición de ciertas nacione
La desconexión entre las posiciones asumidas en la ONU y la postura interna de dichos países quedó de manifiesto tras la votación de la Asamblea General, en diciembre


Por: Piero A. Tozzi, J.D | Fuente: C Fam



Un análisis del modo en que los países votaron respecto de nuevas categorías protegidas de la discriminación basadas en la «orientación sexual y la identidad de género» el mes pasado, durante una resolución de la Asamblea General de las Naciones Unidas, revela una emergente alineación mundial en torno a asuntos sociales polémicos que incorpora a naciones tradicionalmente católicas a las filas de los «progresistas» sociales.

Una victoriosa alianza de naciones socialmente conservadoras que tuvo por eje a África, el mundo islámico y algunas partes del Caribe de habla inglesa votó a favor de la supresión de la referencia de un «Comentario General» realizado por un órgano creado en virtud de un tratado. La facción derrotada estuvo encabezada por naciones desarrolladas: países de la Unión Europea, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y los Estados Unidos. Lo que resulta significativo, sin embargo, es que muchas naciones tradicionalmente católicas se plegaron a este último grupo.

Una gran cantidad de países latinoamericanos (Argentina, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Honduras, México, Panamá, Paraguay, Perú y Uruguay) a las que se sumaron naciones como Filipinas, votaron a favor de mantener la referencia al Comentario que incluye las nuevas categorías.

Los términos «orientación sexual e identidad de género» son controvertidos, porque jamás fueron aprobados en ningún documento legalmente vinculante ni se encuentran claramente definidos. Además, son propiciados por activistas que promueven una agenda amplia de derechos homosexuales. Los críticos sostienen que una vez aceptadas la orientación sexual y la identidad de género como categorías protegidas de la discriminación, surgirá un nuevo derecho que se impondrá sobre los derechos tradicionales a la libertad religiosa y de expresión, como ya ocurrió en países como Suecia, Canadá y los Estados Unidos.

El cambio de rumbo por parte de las delegaciones latinoamericanas fue marcado. Durante la Conferencia de la Mujer de Beijing en 1995, los representantes de la región, particularmente los de América Central, se opusieron con éxito a que se utilizaran definiciones expansivas de la palabra «género» que no estuvieran referidas a los dos sexos biológicos. No obstante, en los últimos años, los progresistas predominaron en ciertas delegaciones iberoamericanas e impulsaron agendas en la ONU que a menudo encuentran resistencia en sus países de origen.

Es así que, durante la reunión de la Comisión de Población y Desarrollo del año pasado, un delegado de Honduras afiliado al grupo activista lésbico Cattrachas promovió un lenguaje interpretado de modo tal que incluye una multiplicidad de modelos de familia que van más allá de la tradicional encabezada por un hombre y una mujer unidos en matrimonio.

La desconexión entre las posiciones asumidas en la ONU y la postura interna de dichos países quedó de manifiesto tras la votación de la Asamblea General, en diciembre. La República Dominicana, por ejemplo, recientemente reformó su Constitución para proteger el concepto tradicional de matrimonio en lo que fue considerado un revés para los proponentes de los derechos homosexuales. En Filipinas, país de inmensa mayoría católica, un proyecto de ley por el que se pretendía penalizar la discriminación basada en la orientación sexual y la identidad de género sucumbió en la legislatura, lo cual indujo a sus proponentes a exigir que los «accionistas dentro y fuera de Filipinas» ejercieran presión.

A pesar de la aparente solidez de los bandos existentes en cuestiones sociales, persiste cierta fluidez. En la votación sobre orientación sexual del pasado mes de diciembre en la Asamblea General, Cuba (comunista) y Nicaragua (de tendencia de izquierda) apoyaron la eliminación de la referencia, Venezuela estuvo ausente y Brasil y Bolivia se abstuvieron. Fuentes de información consideran que sus posiciones podrían, en cierta medida, reflejar solidaridad entre las naciones en desarrollo, más que posturas sobre los méritos de la resolución.

Un delegado informó a Friday Fax que los europeos estaban «demasiado confiados» antes de la votación y no tuvieron en cuenta el resentimiento que genera en muchos lugares del mundo la promoción agresiva de nuevas normas.

Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano

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