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Esterilización masiva
La esterilización eugenésica es hoy, ya no en países “civilizados”, sino en países “tercermundistas”, una práctica masiva, habitual, legalizada y financiada por los que “ayer” la aplicaron en el mundo civilizado


Por: Dra Cecilia Castañera | Fuente: Mujer Nueva



Un derecho privado

 

 

“Lo mejor para todos es que la sociedad impida que continúe la especie de los manifiestamente incapaces, en vez de tener que ejecutar a un degenerado, o un hijo del delito, o dejarlo que muera de inanición por su idiotez”

Cualquiera que leyese esta declaración, aseguraría que se trata de alguno de esos locos exaltados, obsesionado por ideas xenófobas y racistas. Sin embargo, grande sería su sorpresa al constatar que no fue un enajenado mental quien lo dijo, sino un digno juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos allá por 1926. Declaración, por otro lado, que si ahora nos resulta un poco espeluznante, es sin embargo fácilmente comprensible en el contexto ideológico de ese país a inicios del siglo pasado.

Efectivamente, las esterilizaciones forzadas comenzaron en Estados Unidos ya en 1907, desde que se aprobó la primera ley a favor de la eugenesia en el Estado de Indiana. A partir de ese momento se inició una dramática carrera de cifras contadas por millares en todo el país, que competirían con las otras tristísimas cifras operadas por el nazismo alemán. Así lo ha confirmado un estudio realizado en la Universidad de Yale y publicado en la prestigiosa revista médica “Annals of Internal Medicine”, que ha escandalizado todavía más a la democrática sociedad americana al afirmar que dichas prácticas no pertenecen a un pasado tan lejano, porque se aplicaron hasta bien entrados los 60, y con una intencionalidad claramente eugenésica: eliminar de la sociedad a deficientes físicos y mentales o a personas inclinadas “naturalmente” al delito.

También el otro lado del océano se ha visto salpicado por escándalos semejantes, como lo ha revelado la prensa al sacar a la luz los trapos sucios de países tan “civilizados” como Suiza, Austria, Suecia o Noruega, donde fue frecuente la esterilización en minusválidos hasta la década de los 70.

Nunca Charles Darwin pensó que su teoría sobre la selección natural de las especies animales fuera a tener tan fervientes adeptos, y mucho menos que semejante teoría inspirase la práctica eugenésica entre los seres humanos: una selección de seres humanos obrada indiscriminadamente por los más fuertes sobre los más débiles.

La esterilización involuntaria de inspiración eugenésica, para lograr una sociedad más “humana” para unos cuantos, despoja a la persona de parte de su sexualidad, es decir, paradójicamente, de parte de su “humanidad”; sexualidad que, no lo olvidemos, no es un simple añadido, sino un componente esencial de la persona. Y habría que preguntarse si es posible humanizar una sociedad mediante métodos esencialmente “inhumanos”; es decir métodos que expolian a parte de la sociedad de una propiedad ahora sí “privada”, irrumpiendo brutalmente en sus cuerpos sin su consentimiento.

Los países recientemente inculpados reconocen humildemente que lo hecho era sin duda digno de condena, pero en parte se descargan la culpa diciendo que, en definitiva, son hechos que pertenecen más a la historia que a ellos.

Sin embargo, no podemos ignorar que la esterilización eugenésica es hoy, ya no en países “civilizados”, sino en países “tercermundistas”, una práctica masiva, habitual, legalizada y financiada por los que “ayer” la aplicaron en el mundo civilizado.

 



 





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