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El mito malthusiano
Artículo apoyado en gran cantidad de referencias que muestra como la ONU con sus organizaciones satélites, y en alianza con el gran capital, urde y participa en proyectos y campañas de control imperativo demográfico


Por: José Martín Brocos Fernández | Fuente: arbil.org



La civilización amenazada

La familia es la célula de la sociedad, es su columna vertebral. La pérdida del sentido de lo que es el matrimonio y la familia [1] afecta negativamente a la sociedad y a su desarrollo.

El bien primario del matrimonio son los hijos. La procreación constituye a la vez misión fundamental y derecho primario de los esposos, y son éstos los que libremente y con la conciencia bien formada deben decidir el número de hijos a tener siempre primando la generosidad, no siendo lícita la contracepción artificial (Pablo VI, 1968:n.14) que no respeta el orden natural.

El intento de controlar inmoralmente la natalidad por parte del Estado y de organismos supranacionales recurriendo “a medios directa o indirectamente coercitivos [p.ej. los llamados eufemísticamente `Políticas de salud reproductiva´ y `Programas de desarrollo sostenible´ que encierran programas de planificación familiar abortivos, de anticoncepción y disolventes de la unidad familiar [2], son impuestos `a la fuerza´ a las naciones bien por la “vía de los `compromisos a los tratados internacionales contraídos por el país´” (Brañas, 2005 Mayo 29, El Protocolo del CEDAW), o bien por medio de presiones (Bacigaluppi, 2005, Junio 28) y bajo amenazas directas o soterradas (Los Obispos del Perú, 1998:2.3.5), de cortar ayudas económicas [3] (Pontificio Consejo para la Familia, 1994:24,1; Sandalio, 2004, Julio 7, La manipulación de la conciencia y el imperialismo demográfico) o aislar internacionalmente a la fratría política dirigente], con el fin de limitar cuantitativamente la población mundial y anular así la libertad de los esposos en la determinación del número de hijos” (Gutiérrez García, 2001:187) obedece en sus fines a una estrategia global tendente a implantar una reingeniería social programada, una nueva concepción vital de signo secularista y materialista de la vida y del hombre, con expresa prescisión de la Religión, y en la que el hedonismo banal, la búsqueda de placer instintiva desligada de la asunción de deberes y responsabilidades, constituye el bien primordial. Así, “se ha desencadenado toda una guerra implacable contra el aumento demográfico de la población mundial, que incluye en sus grandes estrategias al matrimonio y a la familia” (Gutiérrez García, 2001:456). Lo que subyace a esta nefanda operación, cuyos muñidores manejan con contumacia los tablados de la política y la economía mundial, es el domeñar las conciencias, emponzoñar la inteligencia, rendir las voluntades, atrofiar el sentimiento, y dejar la persona en franquía para cohonestar la impostura y la vesania al servicio del poder global.

La ONU [4] con sus organizaciones satélites, y en alianza con el gran capital, urde y participa en proyectos y campañas de control imperativo demográfico basadas en métodos perversos moralmente, “campañas que atentan contra la identidad cultural y religiosa de los pueblos” (Gutiérrez García, 2001:457); y es la propia ONU, en igual sinergia con los poderes financieros, el principal instrumento elegido para la instauración del supergobierno mundial en todas las parcelas de la vida social, en una perfecta inversión del justo Principio de Subsidiaridad (Pontificio Consejo para la Familia, 1994:70; Schooyans, 2002, 2003).

Malthus al descubierto

Malthus y Marx son los creadores de los dos grandes “mitos universales que van a dominar el siglo XX: el mito de la catástrofe demográfica, y el del empobrecimiento de los países `dominados´” (Chesnais, 1992:4).

La falacia del control de la natalidad maltusiana, más o menos perfeccionada por los neomalthusianos, ha llegado hasta nuestros días mutando en argumentos apodícticos aceptados inmediata y casi universalmente, sostenidos acríticamente por poderosas instituciones y organismos políticos y financieros multilaterales (ONU, BM, BEI, FMI, UE) en la aplicación de sus políticas socio-económicas. Pero en realidad nos hallamos ante una teoría con premisas débiles sujeta a múltiples factores no analizados que la perturban, basada en unas simplificaciones excesivas, sostenida por razonamientos generales y populares, nunca demostrable, no verificable empíricamente y falsada ya en sus comienzos.

Chesnais (1992:7) llega afirmar que “el razonamiento de Malthus apenas si puede aplicarse más que en condiciones muy primitivas, como las de las poblaciones atrasadas, analfabetas, herméticas a la innovación”.

Malthus en su “Ensayo sobre el Principio de la Población” sostiene la tesis que la población crece a un ritmo mayor de lo que permite el sustento, pero que bien por la miseria generalizada como la guerra, el hambre o las enfermedades, o bien por la acción humana directa como el aborto, el infanticidio o la prostitución, se limitaba. Si hipotéticamente a todas las personas se le proporcionasen sustento [5] adecuado y los obstáculos positivos mencionados fuesen retirados, se incrementaría considerablemente los matrimonios y los nacimientos, llegando un momento en que la población existente superaría las posibilidades de sustento para todos, creándose así un peligroso excedente poblacional. Bajo circunstancias favorables, dos fenómenos se dan en paralelo, la progresión geométrica de la población, aproximadamente cada 25 años, como 2,4,8,16, etc., y la progresión aritmética de los medios de subsistencia, como 2,3,4,5, etc., que deriva en la insuficiencia de alimentos.

Malthus propone una serie de medidas con el objeto de frenar el crecimiento indebido de la población como la no intervención pública fomentando el aumento de la natalidad o proveyendo de sustento a los pobres, a la par de exigirles el “refrenamiento moral”, que se abstengan de tener hijos mientras su posición económica sea suficientemente holgada como para ello.

Pero ni el aumento en proporción geométrica se ha dado nunca en un período de tiempo relevante (Chesnais, 1992), ni es verdad que sólo puedan crecer aritméticamente los alimentos, ya que el auge de la productividad es cada vez mayor (Chesnais, 1992:6). Tampoco es demostrable que la población tiende a acabar con el sustento por la “ley de ingresos disminuidos”, dogma de los neomalthusianos, y que sólo es verdad como cualquier ley económica en condiciones concretas.

La aceptación del malthusianismo conduce en los albores del siglo XXI a una serie concatenada de políticas con implantación de injustas medidas legales, inmorales y destructivas socialmente en el ámbito familiar y educativo [6]. No se propone una mejor distribución de la riqueza generada, ni la educación integral de la persona incidiendo en su vertiente moral y religiosa; ni se plantea el tratar de comprender las realidades demográficas desde unos valores plenamente humanos como son “la dignidad de la persona humana, su trascendencia, la importancia de la familia en cuanto célula fundamental de la sociedad, la solidaridad entre pueblos y naciones, [y la] la vocación de la humanidad a la salvación” (Pontificio Consejo para la Familia, 1994:3).

Paralelismo crecimiento demográfico y desarrollo socio-económico

Frente a los presagios catastrofistas de Malthus, la realidad muestra que el crecimiento demográfico camina casi siempre en paralelo al desarrollo socio-económico. El crecimiento de población lleva al desarrollo económico: conduce a la especialización del trabajo, la mayor creación y rentabilización de las inversiones públicas, la ampliación del mercado interno por aumento de demandantes, y a la creación de economías de escala.Es por tanto insostenible afirmar la falacia difundida causa-efecto de la falsa correlación existente entre el alto índice de nacimientos y su traducción en un aumento de la pobreza [7]. Constatamos por un lado naciones ricas con una densidad elevadísima de hab/ Km2 –v.gr. Holanda, Japón o Corea del Sur- como naciones pobres con una densidad poblacional mucho más reducida –v.gr. Colombia, Etiopía o Mongolia-. Los factores que convergen en la fijación del nivel de riqueza poblacional son múltiples y entran muchas variables. Entre estos factores hay una unánime coincidencia en la gran importancia del aumento de la población y del capital humano para el crecimiento económico (Barraycoa, 1998; Chesnais, 1992:43,45,52,53; Ferrer Regales, 1975:134; Kasun, 1993:61-80; Pontificio Consejo para la Familia, 1994:11, 1998; Schooyans, 2003:19,22,42,43,62,68,70); capital humano que abarca “los talentos, la educación, la salud y la preparación de los individuos” (Consejo Pontificio para la Familia, 2004:87).

Los promotores del control mundial de la población para justificar el “control demográfico” como “condición indispensable y previa al "desarrollo duradero" de los países pobres” (Pontificio Consejo para la Familia, 1994:24,1) falsean la realidad difundiendo, bajo apariencia de justificación científica, dos mentiras que han alcanzado el rango de axiomas: el crecimiento poblacional es imparable y los alimentos no alcanzan a todos. Pues bien, ni lo uno ni lo otro, y los argumentos que esgrimen son falsos.

La pirámide poblacional oscila constantemente en diferentes zonas de la tierra; crece o mengua. El incremento negativo se ha dado, grosso modo, a partir de los años 80 del siglo XX en un tercio de las naciones que representan casi la mitad de la población mundial (United Nations Population Information Network, United Nations Statistics Division – Demographic and Social Statistics, Demographic Yearbook System, 2002), por lo que los índices sintéticos de fecundidad se sitúan “a un nivel inferior al necesario actualmente para asegurar el mero reemplazo de generaciones” (Pontificio Consejo para la Familia, 1994:5,2). De hecho “la importancia del descenso de la natalidad inclina a algunos a hablar de una `segunda revolución demográfica´ (…) [de] un `invierno demográfico´ cada vez más riguroso (…) [donde] hoy hay más féretros que cunas, más ancianos que niños” (Pontificio Consejo para la Familia, 1994:8.9), e incluso se augura una implosión demográfica planetaria con la entrada de un bucle implosivo, irreversible y no autorregulable, que puede conducir a “la autoeliminación de la humanidad en cuatro o cinco siglos” (Chaunù, 1990:40). Derribamos por tanto la primera impostura.

Por otro lado constatamos históricamente “que las etapas de crecimiento poblacional intenso han estado acompañadas de un crecimiento mayor de los alimentos” (Gutiérrez García, 2001:189), y que la propia historia de las sociedades y de las civilizaciones nos muestra que en determinados momentos de su historia, muchos pueblos “han sabido explotar recursos no tenidos en cuenta o desconocidos por generaciones precedentes (…) [por tanto] los recursos de la humanidad no se han estancado ni han disminuido, sino que han aumentado y se han diversificado” (Pontificio Consejo para la Familia, 1994:19,1), y además “los progresos técnicos ya realizados por las ciencias y las técnicas abren por esta vía horizontes ilimitados” (Juan XXIII, 1961:189), con lo que desterramos la supuesta teoría de la mayor carestía de alimentos al incrementarse cuantitativamente la población mundial. Si es cierto que los alimentos son limitados, pero no “irremediablemente limitados” (Pontificio Consejo para la Familia, 1994:17), ni insuficientes (Kasun, 1993; Sandalio, 2004, Julio 7). Ferrer Regales sostiene que se podría llegar fácilmente a incrementar la producción de alimentos hasta cincuenta veces mayor que la actual, y citando rigurosos estudios de C. Clark escribe que “se podría alimentar a casi 40.000 millones de personas con el tipo de dieta de EE.UU. y a 150.000 millones con el tipo japonés” (1975:111). “La tierra posee áreas cultivables, en buena parte no cultivadas todavía [Ferrer Regales (1975:106) fija alrededor de un 15% la superficie cultivable que se halla cultivada], que permitirán alimentar una población mundial multiplicada por diez (…) sin deterioros ecológicos” (Gutiérrez García, 2001:189). Los hombres “poseen ya desde ahora la capacidad de producir bienes alimenticios suficientes para la población mundial” (Pontificio Consejo para la Familia, 1994:20) y es más, ahora mismo incluso en muchas zonas como Estados Unidos o la Unión Europea, la crisis es de “super-producción” (Pontificio Consejo para la Familia, 1994:nota al pie 15), y “el problema no es la producción de alimentos sino la contención, el control y hasta la reducción de productividad” (Schooyans, 2003:42), para lo que se otorgan subvenciones a bajas cuotas de producción y se penaliza la superproducción. Cae la segunda mistificación.

El coloniaje socio-económico derivado del capitalismo especulativo creador de los nuevos campos de exterminio por hambre.

La elevada “densidad demográfica no explica el hambre” (Pontificio Consejo “Cor Unum”, 1996:15,1) ni la pobreza (Consejo Pontificio para la Familia, 2004:196.1072). El problema del hambre y del subdesarrollo de ¾ partes del planeta nace de “la falta de solidaridad internacional y del irrefrenado afán de dominio de los países poderosos” (Gutiérrez García, 2001:457), que se niegan a implementar “políticas adecuadas para la distribución justa de la riqueza generada” (Los Obispos del Perú, 1998:12); obedece en definitiva a causas políticas y a inicuos intereses económicos ajenos al bien común sostenidos por una pequeña oligarquía financiera al servicio del control y poder mundial, y que ha instaurado “un original modo nuevo de feudalismo económico mundializado” (Gutiérrez García, 2001:189).

La subalimentación no es un problema desligado de otros factores económicos que determinan unos problemas característicos que definen el concepto de subdesarrollo en un país (Rubio Cordón, 1991). Estos problemas son, además de la subalimentación, según datos estadísticos de la FAO (Faostat, 2005; UN-FAO. Food Security Statistics, 2005) sólo un 30% del mundo consume las calorías diarias recomendadas para una vida humana normal, la baja renta media por habitante, que lleva aparejado otros problemas como la inversión insuficiente en enseñanza; la economía atrasada, colonial o semicolonial, que “produce el fenómeno de la monoproducción, generalmente monocultivo” (Rubio Cordón, 1991:23) y es dependiente de las grandes multinacionales del sector que controlan los mercados mundiales y realmente fijan la producción y los precios; las propiedades y los recursos básicos nacionales en manos de grandes imperios financieros multinacionales; el empobrecimiento relativo creciente que camina en paralelo al distanciamiento progresivo en relación a las economías industriales de los países ricos; el elevado índice de natalidad y de mortalidad (United Nations Population Information Network, United Nations Statistics Division – Demographic and Social Statistics, Demographic Yearbook System, 2002, Fertility, Foetal Mortality, Infant and Maternal Mortality, General Mortality), y el dominio de las minorías oligárquicas de cada país que frenan el desarrollo (Ferrer Regales, 1975:119; Pontificio Consejo para la Familia, 1994:18,2), y que bajo apariencias democráticas prácticamente conservan “todo el control [político-económico] de la nación en sus manos (…) [actuando como] capataz de la metrópoli [o de los consorcios internacionales] entre los indígenas” (Rubio Cordón, 1991:30).

No está previsto en la marcada estrategia de implantación del nuevo orden mundial, explotadora de recursos de otros pueblos, insolidaria de conocimientos, tecnologías y capitales, y mantenedora del status quo vigente en los organismos internacionales creados ad hoc para conferir legalidad a la injusticia social, las inversiones en capital humano [8] en países del tercer mundo, la implantación de reformas solidarias en el comercio internacional [9], el elaborar sistemáticamente planes efectivos agrícolas y ganaderos e implementar políticas de creación y diversificación industrial para incentivar el desarrollo económico local de zonas deprimidas, continentes enteros desfavorecidos, así como arbitrar medidas para favorecer que la familia tenga la prole que desea “sin interferencias exteriores (…), [ni] expedientes y políticas contrarias a la moral natural” (Gutiérrez García, 2001:353), y pueda alimentarla y darle educación apropiada.

Resulta más fácil, más rentable económicamente [10] para la plutocracia mundial, y acorde con sus intereses mundialistas de dominio, la práctica masiva del control artificial de la natalidad [11], esterilizando regiones y familias enteras [12], y aniquilando en un verdadero holocausto planificado millones de vidas humanas en el vientre de sus madres con gravísimos efectos secundarios adversos (véase, por ejemplo, Bacigaluppi, 2005, Agosto 7, 2005, Agosto 5; Everett, 2005 Julio, 5; Ferrer Regales, 1975:88; Riesgo & Pablo, 1993, Abril, 2ª Quincena); destruir y corromper la verdadera familia natural, y modelar individuos indolentes y atomizados.

La población constituye un potencial estratégico y económico enorme, y es la principal riqueza de los países pobres (Barraycoa, 1998). Por ello el “establishment” dominante, capitaneado por Estados Unidos (Ferrer Regales, 1975:67; Kasun, 1993:81; Schooyans, 1999, Abril 19, ¡Multimillonarios de todos los países, uníos!) y secundado por “una amplia red internacional de organizaciones bien financiadas” (Pontificio Consejo para la Familia, 1994:27), ha dispuesto el colonialismo demográfico o colonialismo económico mediante el exterminio masivo y planificado de población a través de programas mundiales de control demográfico (Barraycoa, 1998; Estulin, 2005; Ferrer Regales, 1975; Kasun, 1993; Millán Lavín, 1994, Septiembre, 1ª Quincena, La seguridad y los intereses USA) que definen, “según las regiones del globo, unas cuotas de seres humanos a los que se admite existir” (Consejo Pontificio para la Familia, 2004:1063). El totalitarismo antinatalista esconde la ideología del colonialismo económico que “teme el desarrollo de los países pobres por miedo a encontrarse con futuros competidores en el mercado mundial” (Ferrer Regales, 1975:53). Considera que la ruptura demográfica entre los países desarrollados y el Tercer Mundo amenaza seriamente la economía y la estabilidad sociopolítica occidental, lo que lleva a urdir planes estratégicos como el Nacional Security Study Memorando 200 (Barraycoa, 1998) para lograr el control draconiano de la población en zonas clave, “la reducción forzada de la población mundial” (Estulin, 2005, Septiembre 8), a la par que mantiene un control político y económico, y auspiciar Conferencias bajo la férula de la ONU, -Conferencia de Bucarest (1974), Conferencia del Cairo (1994), Conferencia de Estambul (1996)-, que con carta de legitimidad internacional, y en “verdadera conspiración entre la medicina y el derecho” (Schooyans, 2001, Enero 14), exijan a los países subdesarrollados que frenen y reduzcan su crecimiento poblacional.

Ante la acusación de los países subdesarrollados de imperialismo demográfico, el informe Kissinger irónicamente recomienda argumentar, afirmar repetidamente, que ese apoyo deriva de su continua preocupación por “el derecho del individuo a determinar libre y responsablemente el número y espaciamiento de sus hijos (…) y el desarrollo fundamental, social y económico de los países pobres” (Sandalio, 2004, Julio 7, ¿Por qué existe el control demográfico? El informe Kissinger). Se invoca también en estas campañas sistemáticas contra la natalidad que se llevan a cabo por “la salud y el bienestar de la mujer” (Pontificio Consejo para la Familia, 1994:28,1).

La ONU y quienes controlan la ONU desde las cavernas son los principales culpables de las hambrunas [13] que asolan medio mundo [14](UN-FAO, 2004a, UN-FAO, 2004b, UN-UNDP, 2005c), responsables de un auténtico genocidio, y quienes impiden que el problema del hambre en el mundo se resuelva. La lógica neoliberal impuesta por los organismos mundiales (Ramonet, 2005, Agosto 17) y la codicia, el afán irrefrenable de poseer, que es el fondo social a combatir desde la moral (1 Tes. 1,10), excluye la “justa distribución de la riqueza y cuando esto se combate se hace necesario un chivo expiatorio: la población” (Sandalio, 2004, Julio 7).

Si quieres consultar la segunda parte del artículo:

La ONU al servicio de la implantación de un programa de reingeniería social-sexual global

[1] En este sentido se van legislando permisivamente en los diversos ordenamientos jurídicos estatales e internacionales, y con el apoyo y mandato explícito de la ONU, conductas regresivas en materia de unidad e indisolubilidad familiar, como el divorcio, la homosexualidad, la prostitución o la unión libre, que favorecen la extensión social de estas conductas regresivas al establecer el Derecho paradigmas o modelos de sociedad, y que entran en el catálogo de “nuevos derechos humanos” (Consejo Pontificio para la Familia, 2004:855-868). El problema surge a partir de la modernidad cuando el ámbito del Derecho progresivamente se va desligando el orden ético del orden jurídico. La razón última de este desorden actual, pretendido y logrado conscientemente, debemos buscarla en el eclipse social de Dios y en la limitación de la trascendencia de la persona y de su identidad inmortal. El dualismo antropológico que considera en el hombre cuerpo y espíritu como dos realidades desconexas y en lo que lo corpóreo se regiría exclusivamente por leyes físicas y psicosomáticas, deriva a que la sexualidad se desligue primero del matrimonio, después de la procreación, y por último del amor. Esta visión conduce a la desorientación de la identidad sexual de la persona, que “puede elegirse”. A partir de ahí se cuestionan los principios básicos de la construcción de la realidad antropológica y aquello sobre lo que ésta se establece sus relaciones, es decir, su vida en sociedad. Se dinamita la misma realidad ontológica de la persona. Frente a esta ruptura con el orden natural objetivo, afirmamos la necesidad vital de una pedagogía sobre el ser humano a la luz de la ley natural y de la revelación.

[2] Entre estos aberrantes programas destinados a subvertir el orden moral y demoler la familia natural tenemos la promoción y equiparación jurídica al matrimonio natural de figuras existentes como el mariconomio y el lesbionomio, otorgando incluso derechos análogos al del matrimonio como la adopción.
Pero ni el mariconomio o lesbinomio constituyen familia; nunca podrán procrear. La homosexualidad es una tara psíquica. Constituye una disfunción de la recta sexualidad y es una patología. En 1973, por la presión del lobby gay en EEUU, se sacó del catálogo de enfermedades. Fue por una cuestión política y la persona que presidía esa comisión, que era el doctor Spitzer, optó 20 años más tarde por dedicarse a revisar si se podía hacer terapia y si ésta era eficaz (María Cano Ezcurra, 2005, Junio 21).

Los homosexuales, al igual que los calvos, los diabéticos, los que padecen miopía, los que sufren alzeimer, los epilépticos, los que arrostran una lumbalgia, artrosis o tienen juanetes, son hombres normales con una deficiencia, tara o mal, más o menos grave. Los hay también viciosos y cretinos, pues la mayoría no son de nacimiento, sino que lo son por inducción o corrupción. Moralmente la homosexualidad es una depravación grave y sus actos son “intrínsecamente desordenados. Son contrarios a a ley natural” (CatIgCat 2357). El derecho de adopción por parte de los invertidos, o de padres heterosexuales, no existe, porque el derecho es del niño. Es irrogarse un supuesto derecho inexistente. La adopción es una “institución jurídica” (Castán Tobeñas, 1985:286; Diez-Picazo & Gullón, 2004:283) de protección del menor que, por muerte de sus progenitores, o por abandono, procura a éste la protección y tutela del Estado, mediante su inserción en una familia. El derecho de filiación pretende ser un espejo de la realidad biológica, por tanto se consagraría especialmente la necesidad del menor de tener un padre y una madre. En el derecho de adopción la titularidad activa corresponde al menor ya que la adopción pretende tutelar los derechos de éste. La titularidad pasiva correspondería a los padres adoptivos o a la institución tutelar. Los derechos, todos los derechos, son del adoptado. Como quiera que los maricones y las lesbianas, o los zoófilos, carecen de la capacidad de procrear, porque es la propia naturaleza la que se los niega, han intentado generarse un “autoderecho” mediante la subversión de la Institución de la adopción, proclamándose titulares de un derecho que sólo corresponde a los menores.

[3] Juan Pablo II (1981:30) denunció palmariamente esta realidad: “Hay que rechazar como gravemente injusto el hecho de que, en las relaciones internacionales, la ayuda económica concedida para la promoción de los pueblos esté condicionada a programas de anticoncepcionismo, esterilización y aborto procurado”.

[4] La ONU es un poderoso instrumento globalista, sincretista y gnóstico, manejado desde una suprema entidad oculta controlada por la Masonería invisible, desde la cual imponen su voluntad al mundo entero. Este proyecto internacionalista-mundialista y que corresponde con el viejo sueño mosaico judío de unificación del mundo, era el principal objetivo de la secta judeo-masónica de “Los Illuminatis”, con cualificados representantes en la firma del Acta Fundacional de la fatídica ONU. La imbricación y dependencia de la ONU es total de los dictados y pautas marcadas por los Bilderberg, la Trilateral y la CFR. En la cúspide, la temible B`naï B`rith, obediencia masónica integrada exclusivamente por judíos.

[5] Por sustento el neomalthusianismo entiende no sólo los alimentos, sino alcanzar un cierto nivel de confort, constantemente ascendiente, que permita el deleite de placeres físicos. Las consecuencias de esta concepción vital son el egoísmo creciente, la degradación cultural y moral y el predominio de un materialismo práctico de facto.

[6] Los neomalthusianos han perfeccionado y refinado las recomendaciones del propio Mathus con prácticas tendentes a controlar deliberadamente la población. Regulación y restricción legal para el matrimonio y el nacimiento de niños, amenazando incluso con que “el derecho a procrear ya no será (…) un derecho intrínseco, como muchos parecen considerarlo hoy en día” (Sandalio, 2004, Julio, 7, El Informe Global 2000) –véase caso e China-; promoción de medidas inmorales contra natura como el aborto provocado, el reparto de dispositivos artificiales contraceptivos, la esterilización masiva, el infanticidio, o la recomendación de la sodomía (Consejo Pontificio para la Familia, 2004:182); e imposición de políticas familiares y educativas, que constituyen un verdadero ataque frontal a la médula de la sociedad, como el divorcio, las “medidas disuasorias, como desfavorecer a las familias numerosas en la designación de viviendas y escuelas” (Millán Lavín, 1994, Septiembre, 1ª Quincena, Los programas demográficos), la educación radicalmente inmanentista cimentada en “el naturalismo pedagógico” (Gutiérrez García, 2001:197-198), o los planes de estudio deshumanizados inmersos en el “proceso de socialización teledirigida del olvido de la historia y de la negación de su sentido profundo (…) [en permanente] conspiración general contra la verdad” (Gutiérrez García, 2001:243-244).

[7] Hay toda una literatura apocalíptica sobre la presión demográfica de los países pobres –v. gr. Club de Roma, Bairoch, Dumont o Lacoste- que considera que “el aumento de la población del tercer mundo es una plaga, una de las principales causas de pobreza, condena a las economías al círculo vicioso del subdesarrollo” (Chesnais, 1992:9). Vincular el reducido crecimiento demográfico al bienestar económico es cuanto menos una afirmación temeraria, ya que entran en juego también muchas circunstancias y politicas de desarrollo. V.gr. En una coyuntura económica favorable, reservas de productividad, el aumento de la densidad demográfica actúa como estimulante elevando el nivel de vida (Chesnais, 1992:9-12). Así “el crecimiento económico y demográfico no sólo tienen orígenes estructurales comunes, sino que son susceptibles de interacción dinámica y acumulativa” (Chesnais, 1992:9-15). Vid. etiam infra nota 8.

[8] Las inversiones realizadas en capital humano, en formación, en salud y en educación, y edificadas a partir de familias estructuradas y entregadas, que forman “el fundamento de una buena sociedad y del éxito económico” (Consejo Pontificio para la Familia, 2004:90), “son las más productivas a la hora de eliminar las bolsas de pobreza (Consejo Pontificio para la Familia, 2004:87), de conseguir “elevar a los pobres a niveles decentes de ingresos y de salud (Consejo Pontificio para la Familia, 2004:92).

[9] V.gr. El desmantelamiento en los países ricos de las subvenciones al sector primario, así como la retirada de aranceles, cuotas o subsidios. Los países pobres tienen ventaja competitiva en cuanto a costes, pero resulta difícil competir con una producción subvencionada y altos aranceles (Cfr. Pontificio Consejo “Cor Unum”, 1996:41,2). Aquí se plantean varios problemas como la explotación o situaciones de cuasi-esclavitud del trabajador en el tercer mundo al que se le imponen condiciones draconianas con jornadas abusivas y miseria de salarios. La solución principal estribaría en obligar internacionalmente a respetar la normativa social de los documentos emanados por la OIT, para lo que falta voluntad real y hay una anuencia de facto de esta injusticia por los múltiples intereses creados.

[10] La industria abortiva de la “planificación familiar” es un negocio sumamente lucrativo. Ocupa a nivel mundial el tercer lugar económico por detrás de la pornografía y el tráfico de armas, y prácticamente a la par con el tráfico de drogas. Las conexiones de ésta con el negocio de la pornografía, en este término subsumimos la práctica de la prostitución, que degrada también la dignidad de la persona, y mina igualmente la familia natural y la pureza de costumbres, son muy estrechas y con beneficios recíprocos, pues la propia sensualidad y el “sexo sin riesgos” conduce a que se propague la “revolución contraceptiva” (Consejo Pontificio para la Familia, 2004:607), y a la inversa.

[11] La política antinatalista, -esterilización masiva, aborto provocado, extensión de los anticonceptivos, fomento de uniones contra natura,- se vincula falazmente desde las agencias de la ONU al progreso social y económico. El FMI ofrece préstamos a los países cuyos programas son respaldados por el Servicio para el crecimiento y la lucha contra la pobreza (SCLP), enmarcados en los Documentos de estrategia de lucha contra la pobreza (DELP), “examinados por los Directores Ejecutivos del FMI y del Banco Mundial” (UN-FMI, 2005a, ¿Qué es el servicio para el crecimiento y la lucha contra la pobreza?), y que “se basan en estrategias integrales de reducción de la pobreza [léase principal medida aborto]” (UN-FMI, 2005a, SCLP) inspirados en la “formulación de recomendaciones [léase imposiciones] a las autoridades [de cada país]” (UN-FMI, 2005a, Cooperación entre el FMI y el Banco Mundial). Los prestamos y ayudas al desarrollo del B.M. o del F.M.I., acordados previamente por la Comisión Trilateral, son condicionados sine qua non a la implementación de prácticas genocidas de reducción y control demográfico (Los Obispos del Perú, 1998; Sandalio, 2004, Julio 7). Los objetivos son reducir “la presión demográfica de los empobrecidos” (Sandalio, 2004, Julio 7, El Informe Global 2000); el exterminio de pobres en los países del Tercer Mundo como única forma de luchar contra la pobreza y las situaciones de injusticia. Así en Asia y el Pacífico (…) al menos 152 millones de mujeres esterilizadas. En Panamá y Puerto Rico (…) el 80% de las mujeres en edad fértil podrían ser esterilizadas (…) en Brasil han sido esterilizadas, el 44% de la población femenina en edad fértil (…) sin contar, en la mayoría de los casos, con su voluntad o con una información deficiente (…) Los delegados de Haití en el Foro de la Haya (…) en febrero de 1999, denunciaron que (…) sólo el 21% de las haitianas tiene acceso al agua potable, mientras que el 88% de ellas tienen acceso a los anticonceptivos. En Uganda, sólo el 34% tiene acceso al agua potable, pero el 82% tiene acceso a los anticonceptivos (Sandalio, 2004, Julio 7, El Informe Global 2000).
La reducción “del peligro demográfico en el Tercer Mundo es una constante de la acción imperialista” (Sandalio, 2004, Julio 7, La lógica imperialista similar a la lógica de la Alemania Nazi). Reproduce Sandalio (2004, Julio 7, La lógica imperialista similar a la lógica de la Alemania Nazi) un discurso de Hitler sobre los territorios conquistados, tomado de La Alemania nazi, Alianza Editorial, de E. Colotti. (1972:243), que dice así:

“He leído recientemente en la prosa de un señor doctor que convenía evitar la venta y el uso de los productos anticonceptivos en los territorios ocupados. Si algún imbécil intentara poner en práctica este proyecto, no dudaría en aporrearlo. Dada la proliferación de los indígenas, hemos de considerar como una bendición que las mujeres y las muchachas practiquen el aborto en gran escala. Se trata, por lo tanto, no sólo de autorizar sino incluir (sic) [incluso] de estimular el comercio de los productos anticonceptivos. ¡Qué los judíos se encarguen de hacer prosperar este comercio!

Existe realmente el peligro que, bajo nuestra dominación, esta población indígena crezca con ritmo acelerado. Ciertamente es inevitable que, gracias a nosotros, sus condiciones de vida sean mejores y más seguras. Por ello debemos tomar las disposiciones necesarias para evitar que en tales regiones crezca la población no alemana. En estas condiciones será una locura querer crear servicios sanitarios según el modelo alemán para uso de los indígenas”.

En 1980 fue desclasificado el “Informe Kissinger” un documento secreto elaborado en 1974 que sostiene que el crecimiento de los países menos desarrollados supone un peligro para la economía nacional de los Estados Unidos. La solución a aplicar: el exterminio masivo de los pobres por la imposición de programas obligatorios de control demográfico. De ello se queja la Sra. Magay Llaguno, a la sazón coordinadora del Consejo Latinoamericano por la Vida y la Familia de Vida Humana Internacional:

“Los latinoamericanos se sienten ofendidos ante la imposición –por parte del gobierno de los Estados Unidos y de otros “países desarrollados”- de programas que ellos consideran inmorales y una violación de sus valores familiares. Las consecuencias de las políticas demográficas de Estados Unidos han sido catastróficas para la familia. Se trata del holocausto más grande de la historia: entre 40 y 60 millones de abortos al año en el mundo, sin contar los cientos de millones más causados por los anticonceptivos abortivos. Si a este genocidio le añadimos el daño físico y psicológico a la mujer, la destrucción de la inocencia infantil a través de programas inmorales de “educación” sexual, así como la destrucción del matrimonio y la familia, nos daremos cuenta de que este imperialismo demográfico no tiene paralelos en la historia” (Sandalio, 2004, Julio 7, ¿Por qué existe el control demográfico? El informe Kissinger)

[12] Denuncia la revista TIME (Beech, 2005, Septiembre 12) un brutal caso de esterilización masiva y forzada en la provincia China de Shandong, por parte de funcionarios locales de los servicios de planificación familiar, que forma parte de una amplia campaña a nivel nacional, y en el que varios aldeanos fueron golpeados hasta la muerte por intentar evitar que sus mujeres fueran esterilizadas. Así,
The dressing-down galvanized what appears to be one of the most brutal mass sterilization and abortion campaigns in years. Starting in March, family-planning officials in Linyi`s nine counties and three districts trawled villages, looking to force women pregnant with illegal children to abort, and to sterilize those who already had the maximum allotment of children under the local family-planning policy (…) The crackdown intensified. Relatives of woman who resisted sterilization or abortion were detained and forced to pay for “study sessions” in which they had to admit their “wrong thinking” (…). In the Linyi county of Yinan alone, at least 7.000 people were forced to undergo sterilization between March and July (…) Several villagers, the lawyers allege, were beaten to death while under detention for trying to help family members avoid sterilization.

[13] Las causas del hambre “son ante todo políticas [de política internacional que busca gobernar el mundo] más que demográficas o climáticas” (Chesnais, 1992:17). Varios autores (Chesnais, 1992:16; Ferrer Regales, 1975:53; Millán Lavín, 1994, Septiembre, 1ª Quincena, La seguridad y los intereses USA; Pontificio Consejo “Cor Unum”, 1996:16), coinciden en que estas hambrunas, a la par que los conflictos internos provocados en esas zonas, muchos de ellos luchas fratricidas casi endémicos, pueden estar directa y conscientemente planificados, bien con el fin de deportar o colectivizar un determinado grupo de gente, caso de Ucrania en 1930, China en 1959-1961, Camboya en 1970, o Etiopía en 1985; o para de algún modo frenar su crecimiento demográfico, minar su potencial y comprometer gravemente su desarrollo, caso de la estrategia desarrollada por Estados Unidos en la aplicación del “Memorandum de Estudio de Seguridad Nacional 200” en los 13 países expresamente citados: India, Bangladesh, Paquistan, Nigeria, Méjico, Indonesia, Brasil, Filipinas, Tailandia, Egipto, Turquía, Etiopía y Colombia. De esta forma entendemos que una serie de acontecimientos tristemente violentos, entre guerras y guerrillas, o simplemente convulsionadores de la normalidad aparentemente casuales que hoy se dan en el mundo, responden, en realidad, a planes e inducciones perfectamente elaborados en el tiempo para cumplir algún fin inconfesable, oculto, o porque su “conveniencia” resulta totalmente inconveniente para la tranquilidad y bienestar de los pueblos (Millán Lavín, 1994, Septiembre, 1ª Quincena).

Con todo, tampoco los países pobres son inocentes ni están libres de culpa; buena parte de ellos son regímenes opresores, tiranías criminales que realizan una “gestión política mala cuando no desastrosa, (…) [con] dilapidación de fondos públicos y de la ayuda internacional” (Chesnais, 1992:16), que se gasta en armas o en especulación privada “lo que deberían dedicar a educación, salud o infraestructuras; [y además] la corrupción [metastática] imperante ahoga cualquier intento de poner en marcha iniciativas económicas (Recoletos Grupo de Comunicación, 2004, Enero, p. 1). Cfr. etiam (Ferrer Regales, 1975:118; Pontificio Consejo para la Familia, 1994:18,2; Pontificio Consejo “Cor Unum”, 1996:37,2) la corrupción desenfrenada como causa de la pobreza.





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