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La actualidad de la teología del diálogo interreligioso
La dimensión eclesial del diálogo interreligioso es todavía más nueva que la del ecumenismo


Por: P. José Corbelle, VE | Fuente: ive.org




El fenómeno de la globalización lleva consigo como consecuencia inmediata el surgir de nuevas relaciones y contactos entre pueblos de diferentes culturas. De este proceso también forman parte las religiones y tradiciones religiosas.

La Iglesia, profundamente solidaria con el género humano y su historia1, se siente impulsada a una renovada toma de conciencia de dicho fenómeno. El Concilio Vaticano II, que se propuso la renovación y “aggiornamento” de la vida y de la actividad de la Iglesia según las necesidades del mundo contemporáneo, invitó a prestar una “mayor atención” a la relación de la Iglesia con el ámbito inmenso de las religiones no cristianas2.

Este nuevo fenómeno socio-cultural se ha intensificado aún más rápida y profundamente en los últimos años. Esto se debe especialmente, entre otras razones, al incremento de las comunicaciones -siempre de más fácil acceso a las multitudes- que tienden a unificar el mundo hasta tal punto que ya es normal hablar de éste como de una “aldea global”. Otra causa considerable la constituye la movilización y las migraciones de grandes masas de personas, en su mayoría no cristianas que se trasladan en particular a países de antigua tradición cristiana.

Pero más allá del análisis de las razones de este nuevo contexto, el “hecho” es que el mundo de hoy tiende a la intensificación y a la multiplicación de las relaciones inter-culturales y religiosas. Unido a esto debemos constatar que millones de hombres y mujeres, la mayoría de la población del planeta y con una fuerte concentración en el continente asiático, pertenecen y se inspiran en culturas y religiones “no cristianas”. El mundo actual es profundamente “plurireligioso” y el cristianismo en relación al todo -por supuesto que sin olvidar las diferencias importantes existentes por ejemplo entre el continente asiático y el americano- constituye una “minoría”, si bien en proporción mayoritaria. Esta situación sigue en aumento debido a razones demográficas, que señalan un mayor crecimiento de las poblaciones pertenecientes a los países del Sur y del Oriente, en su mayoría no cristianos
3.

Una gran multitud de estos hombres y mujeres buscan en sus religiones y tradiciones religiosas la respuesta a los interrogantes esenciales de su existencia, entre los cuales emerge con una fuerza particular el de la relación del hombre con el Absoluto, con “aquel último e inefable misterio que envuelve nuestra existencia, del cual procedemos y hacia el cual nos dirigimos”
4. En este sentido preciso las religiones constituyen como el “alma” de las culturas de los pueblos y se convierten en fuentes inspiradoras que influyen profundamente en la conciencia y en el obrar de las personas.

Además, considerando la influencia profunda que ejerce la realidad socio-cultural en los seres humanos y la consiguiente imposibilidad práctica para muchos de hacerse cristianos, se puede prever que esta situación en sus líneas generales ha de durar por largo tiempo
5.

Teniendo en cuenta, entonces, la situación actual de pluralismo cultural y religioso -dentro del cual la Iglesia en su apertura universal desenvuelve su misión evangelizadora- y la importancia y el influjo decisivo de las culturas y de las religiones en la vida de los hombres, se hace patente la necesidad de una mayor atención y profundización por parte de la reflexión teológica de las cuestiones que surgen a partir de este nuevo contexto.

En este sentido, la dimensión eclesial del diálogo interreligioso es todavía más nueva que la del ecumenismo
6. La novedad de esta dimensión, evidentemente, abarca todos sus aspectos, y por eso mismo incluye el campo de la reflexión teológica. Ésta se encuentra todavía en sus inicios y en cuanto tal, como es lógico, contiene aspectos que aún deber ser valorizados, desarrollados y más claramente articulados.

Por otra parte se verifican ciertos desequilibrios y excesos que necesitan de una prudente orientación. Se puede constatar la existencia de graves interrogantes acerca de la actualidad del anuncio que, según algunos, debería ser sustituido por el diálogo interreligioso
7.

Se trata, por tanto, de cuestiones complejas y delicadas que se han de estudiar a la luz de la tradición cristiana y del Magisterio, con la finalidad de ofrecer “nuevos horizontes” a los misioneros y a todos los cristianos
8.

De modo especial, se hace necesario una reflexión teológica de los fundamentos doctrinales de los esfuerzos de la Iglesia en la promoción del diálogo interreligioso
9. Estos fundamentos se pueden nuclear en la acción salvífica universal del Espíritu Santo y el influjo de Cristo en las religiones y en sus miembros, y en la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas. A la luz de estos principios, y sólo entonces, se podrá dar respuesta a las cuestiones del valor salvífico de las religiones10 y de la función del diálogo interreligioso en la misión evangelizadora de la Iglesia.

Juan Pablo II: una singular “experiencia” de diálogo.

La teología del diálogo en sus diversos aspectos va adquiriendo siempre una mayor importancia al paso de las necesidades y los cambios del mundo contemporáneo y de los interrogantes que estos suscitan. Pero ¿por qué elaborar esta teología con la guía de la doctrina de Juan Pablo II? Nos parece, son diversos los motivos que justifican tal opción.

La teología del diálogo interreligioso se ocupa, desde su propia óptica -con un carácter fundacional e indicativo-, de promover el contacto con las diversas religiones y tradiciones religiosas. Ella forma parte de un proceso que recibió un particular empuje y una nueva perspectiva a partir del Concilio Vaticano II, con Juan XXIII y Pablo VI. En este proceso, en los últimos años sobresale la figura de Juan Pablo II por su empeño en la práctica del diálogo interreligioso y su clara conciencia de su necesidad e importancia. El diálogo constituye una característica de su tarea pastoral.

Ya desde su primera y programática Carta Encíclica Redemptor Hominis trata explícitamente la cuestión del diálogo interreligioso. Refiriéndose al ecumenismo, afirma que en la presente situación histórica del cristianismo y del mundo, la única posibilidad de llevar a cabo la misión universal de la Iglesia en relación a los problemas ecuménicos es la vía del acercamiento y de la unión. Esto mismo debe aplicarse -análogamente- a la actividad eclesial que se desarrolla con respecto a los miembros de las religiones no cristianas
11.

En su primera reunión con la plenaria del Secretariado para los no cristianos confiesa que el mundo no cristiano está constantemente bajo la mirada de “la Iglesia y del Papa”, exhorta a que el diálogo venga reforzado en toda la Iglesia -incluso en los países de mayoría cristiana- y señala que la educación al diálogo interreligioso debería formar parte de la instrucción de todos los cristianos. De todo lo cual se deduce que su práctica pertenece al “normal” desenvolvimiento -en el respeto de los distintos carismas y según las diversas circunstancias- de la actividad eclesial; el diálogo es una característica de toda la Iglesia
12.

En su primera visita a un país islámico, Marruecos, logró convocar en el estadio de Casablanca miles de jóvenes musulmanes
13. En Nueva Delhi recordó a los obispos de la India que el diálogo interreligioso constituye una parte importante de su ministerio apostólico y les exhortó a hacer todo lo posible para promoverlo14.

Entre sus gestos se destaca uno que por sus características se ha convertido en el signo de su firme voluntad y la de toda la Iglesia de promover el diálogo con las religiones no cristianas: el encuentro interreligioso que tuvo lugar en Asís en el año 1986 para pedir por la paz en el mundo. Allí se reunieron por primera vez en la historia representantes de distintas Iglesias cristianas, Comunidades eclesiales y de las Religiones mayoritarias. Esta celebración de carácter “singular” sin “precedentes” en la historia del mundo y de la Iglesia, este signo “histórico” del diálogo
15, se convirtió en punto de partida para la promoción de nuevos encuentros interreligiosos en diversos niveles.

En la perspectiva del gran Jubileo del año 2000 señalaba la necesidad de valorizar y profundizar los “signos de esperanza” presentes en la última parte del siglo, entre los cuales en el campo eclesial se encuentra el mayor espacio dado al diálogo con las religiones y con la cultura contemporánea
16. La vigilia del año dos mil se debía convertir, a la luz de los acontecimientos de las últimas décadas, en una “grande ocasión” para la práctica del diálogo interreligioso17.

En la homilía pronunciada en la Misa concelebrada con los obispos de Asia con ocasión de la firma de la Exhortación post-sinodal Ecclesia in Asia, el Papa peregrino rinde homenaje a este continente “cuna de grandes tradiciones religiosas y de antiguas civilizaciones”, que invita de por sí a “conmoverse” ante la presencia de esa “incesante pasión que el Asia nutre por el Absoluto”
18.

No podemos dejar de mencionar, todos sus esfuerzos dirigidos a crear una nueva relación amigable con el mundo hebreo. Así por ejemplo las numerosas audiencias tenidas en el Vaticano con representantes del hebraísmo en Italia y en el mundo, y especialmente las visitas -de alto contenido simbólico- a Auschwitz y a la Sinagoga de Roma, “escribiendo” con ellas una de las más sinceras e iluminantes páginas de la historia de las relaciones de la Iglesia con el pueblo hebreo. En el encuentro en la Sinagoga de Roma manifestó la grave deplorabilidad del antisemitismo y la firme voluntad de la Iglesia de mejorar las relaciones recíprocas siguiendo el camino del “viraje decisivo” realizado a partir de la NA, en el marco del “patrimonio común” espiritual, que pone las bases para una relación del todo especial que la distingue de la que corresponde con las otras religiones[
19.

Entre los signos más representativos de su voluntad de diálogo, en particular con las religiones monoteístas, se destaca su visita a Tierra santa del 20 al 26 de marzo del año 2000.

El encuentro con los representantes de las religiones no cristianas es un deber del Pastor de la Iglesia universal, su omisión significaría una visita pastoral “incompleta”
20. Ello representa una parte “muy importante” de su ministerio21.

La fundamentación de la práctica eclesial del diálogo es teológica. La Iglesia a partir de su fe, y de modo especial en el mundo contemporáneo, no escapa a una relación conciente con las religiones no cristianas, por el contrario la desea y la busca
22. El diálogo interreligioso forma parte de la misión evangelizadora de la Iglesia23.

La conciencia clara y profunda que Juan Pablo II demuestra acerca de la necesidad y urgencia del diálogo interreligioso en el mundo contemporáneo, una conciencia enriquecida por su singular experiencia y expresada en tantos modos durante el ejercicio de su ministerio pastoral, confiere a su doctrina una especial vitalidad y actualidad.

Por otra parte, en segundo lugar, el magisterio de Juan Pablo II se inserta en un marco más amplio, en el cual hunde sus raíces, se fundamenta y enriquece. El punto de partida de su doctrina, en particular en relación al diálogo interreligioso, lo constituye el Concilio Vaticano II y la Ecclesiam Suam de Pablo VI; y a través de ello se introduce en la corriente de la experiencia plurisecular de la Iglesia, en especial, de los Padres de los primeros siglos
24.

Las enseñanzas de Juan Pablo II en materia de diálogo interreligioso revisten, por tanto, un doble interés. Por motivo de su rica experiencia personal y su firme convicción de la necesidad actual del diálogo, y por haber asumido con una intensidad particular el tesoro de la experiencia de la Iglesia que, con el Concilio Vaticano II, adquirió un nuevo modo y una nueva conciencia en su apertura universal mediante el diálogo de salvación
25. Esta herencia debe dar aún abundantes frutos.

Algunas observaciones

La doctrina del diálogo interreligioso en Juan Pablo II, como era de esperar en cuanto sumergida en la corriente vivificante y adaptada a las necesidades del mundo contemporáneo del Concilio Vaticano II y gracias al aporte de su experiencia personal, contiene una riqueza teológica del todo especial.

Además, hay que tener en cuenta que el magisterio siempre se ha servido y nutrido del quehacer teológico en una mutua colaboración e interdependencia -cada cual en su campo y según su finalidad específicas-, pero quizás en las últimas décadas en cierto aspecto esta colaboración se ha vuelto más intensa que en tiempos pasados. Las afirmaciones magisteriales se sostienen normalmente en un largo esfuerzo de reflexión teológica eclesial
26.

La doctrina de Juan Pablo II en relación al fundamento y a los diversos aspectos del diálogo interreligioso se halla dispersa en múltiples intervenciones, como por ejemplo en discursos pronunciados con ocasión de encuentros interreligiosos tenidos especialmente durante sus viajes apostólicos, o de visitas “ad limina”, o de reuniones con la plenaria del PCDI; también en alocuciones catequéticas, exhortaciones apostólicas, etc; pero de un modo especialísimo en la RM, complemento de la Exhortación Apostólica Evangelii Nuntiandi “magna carta de la evangelización”.

La RM emerge en relación a nuestro tema por encima de todas las demás enseñanzas de Juan Pablo II porque, además de su categoría magisterial, trata explícitamente la temática del diálogo interreligioso y, sobre todo, porque nos parece encontramos allí los principios esenciales necesarios para construir una sólida, profunda y equilibrada teología del diálogo interreligioso, a la vez que resolver sus diversas problemáticas
27.

Sin embargo, sus enseñanzas no están exentas de una cierta “contestación”. Así por ejemplo de de quienes le critican el permanecer en un cierto eclesiocentrismo o de los que “buscan” y sostienen la existencia de contradicciones en sus enseñanzas especialmente si comparadas con la de algunos documentos de organismos de la Santa Sede, e incluso no falta quien coloca a Juan Pablo II en la lista -podríamos decir- de los “colonialistas cristianos” del mundo contemporáneo por su creencia en la “superioridad” del cristianismo
28. Sobre todo, en muchos casos, pasan simplemente desapercibidas. Esto hace aún más interesante y necesario nuestro análisis.

Por último, no es para nada despreciable el valor magisterial de sus enseñanzas
29. Su consideración se evidencia particularmente oportuna, por la constatación en el ámbito específico de la teología del pluralismo religioso y del diálogo interreligioso de ciertos excesos y ambigüedades que están relacionados con puntos fundamentales de la fe.

La teología católica del diálogo interreligioso, si pretende ser tal, no puede prescindir del magisterio, pues le pertenece intrínsecamente. La función del magisterio no es extrínseca a la verdad cristiana y a la fe, sino un elemento constitutivo de la misma misión profética de la Iglesia.

Analizaremos en concreto los elementos fundantes e integrales del diálogo interreligioso. En este sentido, hemos de reflexionar, principalmente, acerca de la economía salvífica divina en su dimensión universal, que se realiza en el Espíritu Santo mediante las semillas del Verbo y tiene su centro en la unicidad salvífica de Jesucristo. Tendremos en cuenta, al menos con un carácter introductivo, la problemática actual en torno a las nuevas instancias cristológicas de las teologías del pluralismo religioso, decisiva para la comprensión del diálogo interreligioso, de modo tal que nos permita situar en su contexto teológico contemporáneo el magisterio de Juan Pablo II.

A la luz de estos principios o presupuestos “fundamentales” trinitario-cristológicos, abordaremos -de un modo expositivo y crítico- las cuestiones fundamentales de la significación soteriológica de las religiones y del diálogo interreligioso en la misión evangelizadora. En el interior de estas dos grandes temáticas hemos de considerar la relación de la Iglesia con las religiones no cristianas, la funcionalidad salvífica del diálogo interreligioso y su relación con el anuncio.

El presente análisis no pretende solucionar todas las cuestiones -¡imposible!, aún manteniéndonos en el límite de sus términos esenciales-, pero sí evidenciar cuáles son las líneas maestras y fundamentales, a partir de las enseñanzas de Juan Pablo II, dentro de las cuales necesariamente se debe desarrollar la inteligencia teológica, si quiere arrojar una luz siempre más abundante que asegure y a la vez impulse la práctica del diálogo interreligioso en el espíritu de la Iglesia y, por otra parte, sea capaz de superar ciertas desviaciones graves.

[1]
Cf. Gaudium et Spes 1. En adelante GS. regresar

[2] “En nuestra época, en la que el género humano se une cada vez más estrechamente y aumentan los vínculos entre los diversos pueblos, la Iglesia considera con mayor atención en qué consiste su relación con respecto a las religiones no cristianas”, Nostra Aetate 1. En adelante NA. Cf. Lumen Gentium 1. En adelante LG.
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[3] Desde el final del Concilio a esta parte el número de los no cristianos se ha casi duplicado, cf. GIOVANNI PAOLO II, Lettera Enciclica “Redemptoris Missio”, 7.12.1990, 3. En adelante RM. regresar

[4] NA 1. regresar

[5] Cf. RM 10. regresar

[6] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Discorso alla Curia Romana, 22.12.1986, 8. regresar

[7] Cf. RM 4. “Vi sono coloro che sembrerebbero pensare, erroneamente, che nella missione attuale della chiesa il dialogo dovrebbe semplicemente sostituire l’annuncio. All’estremo opposto, alcuni non riescono a vedere il valore del dialogo interreligioso. Altri sono perplessi e chiedono: Se il dialogo interreligioso ha assunto una tale importanza, l’annuncio del messaggio evangelico ha perso la sua urgenza? Lo sforzo che tende a condurre le persone nella comunità della chiesa è forse diventato secondario o addirittura superfluo? C’è dunque l’esigenza di un orientamento dottrinale e pastorale”, PCDI-CEP, Dialogo e Annuncio. Riflessioni e Orientamenti sul Dialogo Interreligioso e l’Annuncio del Vangelo di Gesù Cristo, LEV, Roma 19.5.1991, 4. En adelante DA. Juan Pablo II recomienda este documento a todos los pastores de la Iglesia, cf. Discorso alla Plenaria del PCDI, 13.11.1992, 2. regresar

[8] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Discorso alla plenaria del Segretariato per i non cristiani, 27.4.1979. Es necesario evitar ciertas exageraciones y ambigüedades difícilmente conciliables con las enseñanzas del Magisterio: “In questa ricerca teologica vi sono tentazioni a cui resistere, documenti e azioni del Magistero di cui tener conto, punti fermi della fede cattolica a cui ci si deve attenere fedelmente”, F. ARINZE, Le religioni nel mondo. Una sfida alla teologia, “Rassegna di Teologia” 38 (1997) 725. regresar

[9] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Discorso alla Plenaria del PCDI, 13.11.1992, 6. regresar

[10] La teología del pluralismo religioso se fue desarrollando progresivamente a partir de los años cincuenta, pero en la actualidad se sitúa de algún modo en el centro de la conciencia teológica. regresar

[11] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Lettera Enciclica “Redemptor Hominis”, 4.3.1979, 6. En adelante RH. regresar

[12] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Discorso al Segretariato per i non cristiani, 27.4.1979. regresar

[13] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Discorso ai giovani musulmani del Marocco, Casablanca 19.8.1985, 1. regresar

[14] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Discorso ai Vescovi dell’India, Nuova Delhi 1.2.1986, 4. En esa ocasión rindió homenaje a la figura del Mahatma Ghandi, visitando el monumento que recuerda el lugar de su cremación, al cual calificó “héroe de la humanidad”. Al final de este viaje apostólico tuvo, como es habitual, un encuentro interreligioso. regresar

[15] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Discorso alla Curia romana, 22.12.1986, 7. regresar

[16] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Lettera Apostolica “Tertio Millenio Adveniente”, 10.11.1994, 46. En adelante TMA. Vuelve a referirse a este “signo” en otras oportunidades, cf. Discorso alla plenaria del PCDI 24.11.1995, 6; cf. Discorso all’ Assemblea interreligiosa in piazza San Pietro ,28.10.1999, 4. regresar

[17] Cf. TMA 53. regresar

[18] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Omelia ai Vescovi dell’Asia, Nuova Delhi, 6.11.1999, 1.
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[19] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Discorso nella Sinagoga durante l’incontro con la comunità ebraica di Roma, 13.4.1986, 3-4. regresar

[20] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Discorso ai Rappresentanti delle varie Religioni della Tanzania, Dar-es Salaam 2.9.1990, 1. regresar

[21] Cf. GIOVANNI PAOLO II, Discorso alla plenaria del PCDI, 13.11.1992, 8. “Per questo io stesso fin dalla prima enciclica e poi nei vari incontri con diverse personalità e, soprattutto, in occasione dei miei viaggi non ho cessato di sottolineare l’importanza, le motivazioni e le finalità di tale dialogo”, GIOVANNI PAOLO II, Discorso alla plenaria del Segretariato per i non cristiani, 3.3.1984, 2. regresar

[22] Cf. Catechesi, 5.6.1985, 1. En adelante Catech. regresar

[23] Cf. RM 55. regresar

[24] Cf. Catech., 9.9.1998, 1. regresar

[25] Karol Wojtyla refiriéndose a la disposición al diálogo, en su comentario al Concilio Vaticano II, afirmaba: “Esta disposición se convierte en realidad en el hombre creyente cuando éste, en la comunidad de la Iglesia, brinda a Dios la respuesta a su revelación, y tal disposición conviene porque hay hombres que no dan esa respuesta, o parecen no darla o la dan de otra forma. Lo cual no se refiere sólo a los individuos, sino a masas enteras de la humanidad actual ‘círculos de diálogo’ que dice Pablo VI en su encíclica Ecclesiam suam. Cabría desentenderse de estos hombres y estos círculos, contentándonos con una respuesta personal que diéramos a Dios mediante la fe en la Iglesia, pero el Concilio ha adoptado otra postura, y, si en el pasado más bien se aplicaba el método de la disyunción para conservar la pureza de la fe, el Vaticano II, por el contrario, ha señalado otro camino para enriquecer la fe”, La Renovación en sus fuentes. Sobre la aplicación del Concilio Vaticano II, BAC, Madrid 1982, 21. regresar

[26] Juan Pablo II con ocasión de la plenaria de la CTI del año 1996 envió un Mensaje al Card. J. Ratzinger expresando su satisfacción por la publicación de diversos documentos, en los cuales se manifiesta la actuación -“anche se nella distinzione dei carismi”- de “quella feconda collaborazione che, sperimentata nel corso del Concilio Vaticano II, si volle continuare con la creazione appunto della Commissione Teologica Internazionale. Si tratta di un cammino coraggioso alla ricerca del volto di Dio, in cui i discepoli del Signore, nonostante le diverse loro personalità e le specifiche vocazioni, si sostengono e si aiutano a vicenda”, GIOVANNI PAOLO II, Lettera in occasione della Plenaria della CTI, 4.10.1996. regresar

[27] Para Amato la RM contiene ciertas afirmaciones que “offrono precise linee di soluzione a problematiche e interrogativi sorti recentemente nell’ambito del dialogo teorico-pratico tra cristianesimo e religioni non cristiane”, A. AMATO, Missione cristiana e centralità di Gesù Cristo. La dimensione cristologica dell’annuncio cristiano nell’enciclica “Redemptoris Missio” di Giovanni Paolo II, AAVV, “La Missione del Redentore”, ed. Enrico dal Covolo-Achille Triacca, Elle di Ci, Torino 1992, 14. regresar

[28] “The Jordan is a geographical and political river. Its waters are baptismal waters. The Tiber is a historical and political river. (...) The Christian waters flow everywhere; they irrigate all the fields of a civilization that claims to encompass the entire world. A variety of contemporary names –John Paul II, President Reagan, Queen Elizabeth, General Pinochet, philosophers Maritain and Gilson, theologians Barth and Lonergan, and historians Toynbee and Heer- could be adeed here. All these persons endorse a belief in the superiority of Christianity. This belief does not prevent one from acknowledging the greatness of others and the failings of Christians; yet, as will be argued, such acknowledgments are according to the values of Christianity and under the authority of Christ”, cf. R. PANIKKAR, The Jordan, the Tiber and the Ganges, AAVV, “The Myth of Christian Uniqueness. Toward a Pluralistic Theology of Religions”, ed. John Hick-Paul Knitter, Orbis Books, New York 1987, 100-101.
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[29] Constituyen una interpretación auténtica de la revelación divina, cf. Dei Verbum 10. En adelante DV. regresar







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