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Según el sapo, la pedrada
“En todas partes, desde el campo de batalla hasta el dormitorio, las mujeres corren especial peligro”. ¡Vaya celebración del Día Internacional de la Mujer!


Por: Mariana Moller | Fuente: Mujer Nueva




En la cola de las celebraciones del Día Internacional de la Mujer, no fueron pocos los medios que volvieron a abordar el tema de la llamada violencia familiar o “doméstica”. Días antes de la fecha, Amnistía Internacional lanzó su informe y la campaña “Está en nuestras manos: No más violencia contra las mujeres”, con cifras escalofriantes del número de abusos y malos tatos perpetrados contra las mujeres.

Otro dato presentado ahora por el Instituto Innocenti que UNICEF tiene en Italia, revelaba que el porcentaje de mujeres que ha sufrido algún tipo de maltrato familiar oscila entre el 20% y el 50%, de acuerdo al informe "La Violencia Doméstica contra las Mujeres y Niñas”. De acuerdo a datos recogidos en 23 países y evaluados por 20 expertos en todo el mundo, se observa que la violencia doméstica contra las mujeres se da tanto en países desarrollados como en aquellos que se encuentran en vías de desarrollo. Así se tiene que en Japón el porcentaje de mujeres maltratadas asciende a 59%, seguido por Kenia con 58%. También se pueden citar a Canadá con 29%, a Estados Unidos con 28% y al Reino Unido con 25%.”
Y si no fuese suficiente, la secretaria general de Amnistía Internacional, Irene Khan, puso más “emoción” al tema afirmando que “en todas partes, desde el campo de batalla hasta el dormitorio, las mujeres corren especial peligro”. ¡Vaya celebración del Día Internacional de la Mujer!

Para atajar el problema y, por qué no decirlo, con el ojo puesto en el voto femenino para las elecciones, muchos gobiernos parecen haber tomado el tema de la violencia contra la mujer como bandera y han pasado a legislar sobre el asunto. Como no existen todavía estudios serios sobre el fenómeno, las medidas responden a números y cifras sacados de encuestas muy poco científicas y de declaraciones como la que hizo hace unos meses la comisión europea de asuntos sociales en una carta a los jefes de gobierno. En la carta se afirmaba que “la violencia doméstica causa más muertes y discapacidades en las mujeres entre las edades de 15 y 44 años que el cáncer, la malaria, la guerra y los accidentes de tráfico conjuntamente". Basta una reflexión no tan profunda y los datos comprobados de defunciones por enfermedades en los últimos años (en los que el flagelo del SIDA ha cobrado un número altísimo de vidas, por ejemplo) para caer en la cuenta de que la frase de la comisión europea es más retórica que verdad.

La violencia familiar o "de género"

Y es que además, bajo la expresión “violencia doméstica” se incluyen casos que son en realidad crímenes pasionales y nada “domésticos”: por lo general son asesinatos de mujeres que se producen tras la ruptura de su anterior relación con un hombre. Hay violencia y muy grave, pero no siempre la deberíamos llamar doméstica o familiar, como si la familia y el hogar sirvieran como generadores de agresión.

En el análisis algo miope que se hace de los casos de violencia, el varón queda como el gran enemigo de la mujer y los medios no hacen más que añadir leña al fuego repitiendo el viejo discurso del feminismo radical de cuño marxista que clama a luchar contra el patriarcado, identificando al varón como el maltratador opresor en permanente sospecha. El término “violencia de género”, que se utiliza con frecuencia, explica la violencia doméstica como una expresión de odio del varón contra la mujer por el hecho de ser mujer. La mujer ocupa así el lugar de la víctima oprimida, haciéndonos creer que no hay convivencia sana posible entre hombre y mujer y que la familia es un lugar de riesgo potencial para la mujer.
¿Entonces el problema de la violencia es solamente fruto de una “discriminación” hacía la mujer? ¿Por qué en los lugares en los que la mujer ha alcanzado la igualdad con el varón sigue habiendo abusos, golpes y muertes violentas? (Hay datos de Holanda que afirman que anualmente la violencia doméstica se cobra la vida de ochenta mujeres y cincuenta niños.)

El dicho popular que sirve de título de ese artículo dice mucho: a tamaño de sapo, tamaño de pedrada. Mientras se siga intentando resolver el problema centrando la atención solamente en medidas que “protejan” a la mujer del varón, estaremos haciendo cosquillas en el grande sapo que es la violencia.

La raíz de la violencia no está en la discriminación hacía la mujer, aunque ésa sea real y la deploremos. Hay violencia porque se ha perdido el sentido de la dignidad humana, porque lo único que importa es uno mismo y los demás son intranscendentes o son importantes en la medida en que me son útiles. Cuando dejan de serlo los puedo dejar o eliminar si me estorban.

Las salidas a un problema tan profundo no pueden ser proponer nuevas medidas cautelares, promulgar en las plazas listas con los nombres de los maltratadotes, ni crear un cuerpo especializado de policías para la defensa de la mujer agredida. Las soluciones son más profundas, más serias, más radicales. Sólo el amor tiene la capacidad de curar muy grandes heridas. Esa es única piedra que puede aplastar la violencia. A tamaño de sapo, tamaño de piedra.





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