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Hacia un feminismo más radical
Ha llegado la hora de un nuevo feminismo, más radical, que parta del conocimiento de que la mayor parte de las mujeres son madres o desean serlo.


Por: Reportaje hecho a la Doctora Janne Haaland | Fuente: Reportaje hecho a la Doctora Janne Haaland



"Ha llegado la hora de un nuevo feminismo, más radical, que parta del conocimiento de que la mayor parte de las mujeres son madres o desean serlo". Esta es la propuesta de una mujer competente en el tema. Se llama Janne Haaland Matlary, además de ser viceministra de asuntos Exteriores de Noruega y catedrática de relaciones internacionales en la facultad de Ciencias Políticas en la Universidad de Oslo, está casada y tiene cuatro hijos entre 12 y 7 años. En 1995 fue miembro de la delegación de la Santa Sede en las Conferencias Internacionales de la ONU en Copenhague (sobre el desarrollo social) y Pekín (sobre la mujer).

Janne Haaland explica su tesis en el libro, ‘Por un nuevo feminismo’. Se trata de una reflexión basada en su propia experiencia de mujer, madre, catedrática y política que termina con una conclusión clara: ha llegado la hora de un ‘nuevo florecer’ en el que las cualidades femeninas deben desarrollarse en todos los campos de la vida personal y social. Se trata de un punto de vista original, que pretende sentar los fundamentos de un nuevo feminismo, precisamente en un momento en que el feminismo histórico está haciendo autocrítica.

Usted habla de la exigencia de un feminismo ‘mucho más radical’. Sin embargo, para muchos, el de los años setenta ya lo parecía.

Cuando hablo de ‘radical’ no, quiero decir extremista, sino que me refiero a una actitud que va a las raíces de la cuestión. El feminismo de los años setenta apuntaba a la negación de la maternidad y a la imitación de los hombres. Esto ha impedido, de hecho, todo desarrollo de las cualidades y de las contribuciones femeninas, así como la aplicación de políticas capaces de ayudar verdaderamente a las mujeres.

¿Cuáles son las raíces de la cuestión?

Ante todo hay que reconocer que las mujeres y los hombres son diferentes, tienen talentos diferentes. Además, la mayor parte de las mujeres son madres o quieren serlo. El desafío consiste en crear una igualdad que reconozca esta diversidad y especificidad.

¿Podría poner un ejemplo concreto?

Es un hecho el que las mujeres, incluso las de los países más avanzados en el campo del feminismo, como es el caso de donde procedo, Escandinavia, tienen problemas para conciliar el papel de madre y de trabajadora. Con frecuencia, para poder trabajar, las mujeres se ven obligadas a renunciar a la maternidad.

¿Cómo deberían cambiar las políticas en favor de la mujer?

Es fundamental garantizar ante todo una adecuada baja laboral con motivo de la maternidad, retribuida y con una duración que evite el ‘doble trabajo’. Pero el permiso laboral es fundamental también para los padres. No sólo esta involucrada la mujer, sino toda la familia. Hay que reconocer a toda la familia y el trabajo que se ejerce en ella. Se requiere, por tanto, aplicar medidas de flexibilidad económica y de políticas sociales específicas. Por ejemplo, en Noruega, aprobamos una ley que permite a las familias escoger entre la guardería pública o el cuidado de los niños en casa. Las mujeres que quieren quedarse en casa cuando los niños son pequeños (hasta los tres años) reciben la misma suma que el Estado destina a la guardería por cada niño.

En general se dice que la maternidad sale cara tanto a las empresas como a la colectividad.

En realidad, para la sociedad es más barato tener hijos que no tenerlos. Basta pensar en las consecuencias sociales negativas, con sus relativos costos, provocadas por la desintegración de la familia o la falta de responsabilidad para con los hijos. Además, en el cálculo costos-beneficios de las empresas, habría de tenerse en cuenta también el hecho de que las mujeres garantizan tradicionalmente la mayor estabilidad y fidelidad a la empresa.

Mujer, madre y trabajadora

"La enseñanza de la Iglesia sobre la primacía de la maternidad es acertada: a menos que una madre pueda cumplir las tareas propias de la maternidad, no será una buena profesional a largo plazo, porque las presiones cruzadas del trabajo y de la familia la superarán, y la ficción de que su papel como madre no tiene importancia hará mella en su vida".

"De hecho, las mujeres se encuentran ‘alienadas’ cuando tienen que aparentar que ser madre es algo secundario, algo propio de su tiempo libre, que no conlleva carga o consecuencias para su vida laboral".

"La enseñanza de la Iglesia sobre la igualdad de la mujer en el trabajo está muy por delante de la visión feminista de los años 70. Ésta se basa en una antropología que considera a hombres y mujeres como iguales en términos profesionales, que lo son, pero desdeña el trabajo del hogar como si se tratase de algo del pasado y represivo para la mujer".

"El engaño del feminismo igualitario es atacar a la maternidad y a la familia y concentrarse exclusivamente en conseguir la igualdad laboral con el hombre".

"No es que la igualdad laboral sea irrelevante, pero es un grave error olvidar e incluso atacar a las mujeres en cuanto madres".






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