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Fundamentos del feminismo del género
La teoría del feminismo del Género se basa en una interpretación neo-marxista de la historia


Por: Gloria Conde | Fuente: Mujer Nueva, ed Trillas



La teoría del feminismo del Género se basa en una interpretación neo-marxista de la historia. Engels pone las bases de la unión entre marxismo y feminismo en su obra “El Origen de la Familia, la Propiedad y el Estado”:

“En un antiguo manuscrito inédito escrito por Marx, encuentro lo siguiente: «La primera división del trabajo es entre el hombre y la mujer para la crianza de los hijos». Y hoy puedo añadir: El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino”.

Según los marxistas, desaparecerían las clases cuando se eliminara la propiedad privada, se facilitara el divorcio, se aceptara la ilegitimidad, se forzara la entrada de la mujer al mercado laboral, se colocara a los niños en institutos de cuidado diario y se eliminara la religión.

En 1970 Shulamith Firestone publica La Dialéctica del Sexo donde dice:

“... asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; que se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños. Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser, a diferencia del primer movimiento feminista, no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente”.

Perspectiva del género

Las feministas del género utilizan con frecuencia, pero pocas veces definen, este término de «perspectiva del género».

La «perspectiva del género» sería una manera de concebir, regir y configurar y encauzar la cultura, la vida social y política desde el «lente del género». Esto significa que buscan cambiar la cultura y el funcionamiento de todas las instituciones sociales, políticas, culturales, de manera que no se haga ninguna diferencia ni división en términos de masculino y femenino. Este trabajo de cambio lo llaman «desconstrucción». En la escuela, no se deben hacer divisiones de niños y niñas y se debe enseñar que no existe «la familia» sino varios «tipos de familia»; en el campo de las leyes, la votación, los partidos políticos, ninguna distinción entre hombres y mujeres; en el mundo de la empresa la palabra de orden es que haya igualdad en la ocupación de puestos de trabajo. Asimismo es preciso eliminar también cualquier discriminación dirigida a los homosexuales o lesbianas e introducir nuevas leyes que borren la «diferencia» entre masculino y femenino. Por lo tanto, se debe obtener el derecho a los matrimonios homosexuales y la adopción de niños por parte de los homosexuales. La lista de cosas que las feministas del género quieren «desconstruir» en la sociedad abarca, por tanto, el lenguaje, las relaciones de familia, la reproducción, la sexualidad, la religión, el gobierno y la cultura.

Según el citado documento de la ONU, Gender Concepts in development Planning, adoptar una perspectiva de género sería:

“... distinguir entre lo que es natural y biológico y lo que es una construcción social y cultural llevando a cabo un proceso de renegociación de lo que son los límites de lo natural y relativamente inflexible y lo social, relativamente transformable”.

La definición expresa esta visión global del mundo según la cual toda relación o actividad de los seres humanos es resultado de una construcción social, que otorga al hombre una posición superior en la sociedad y a la mujer una inferior. Para que la mujer progrese, será preciso que se libere a toda la sociedad de esta construcción social, de modo que el hombre y la mujer sean iguales.

Se están tomando medidas claras para implantar esta «cultura del género». La ONU pidió al gobierno de cada nación participante en la IV Conferencia para la Mujer que elaborara un documento de cara a la Conferencia con amplias estadísticas sobre la presencia de la mujer en el ámbito laboral, cultural, político de su país. Las estadísticas debían elaborarse en clave de «género». Así muestran con precisión la diferencia de presencia femenina con respecto a la masculina en todos los ámbitos de la vida social. Quien lee la estadística debe sacar la conclusión de que la mujer está realmente marginada y que no hay igualdad por culpa de la diferencia de sexos que hace «la cultura».

Este es uno de los recursos más utilizados por las feministas del género para probar la discriminación de la mujer. Un recurso manipulado y utilizado de forma arbitraria ya que hay porcentajes y números que no hablan de una marginación de la mujer. Simplemente, hay más varones en determinadas actividades porque la mujer no tiene tanto interés en ellas. La mujer no se siente necesariamente marginada por no practicar tanto el boxeo como el tenis, aunque así lo pretendan algunas audaces «boxeadoras» americanas.

En realidad, esto se debe a que las feministas no atacan las causas de una u otra diferencia sino la diferencia en sí. Estarán en desacuerdo si hay más enfermeras mujeres que varones como si hay más políticos varones que mujeres. Debería haber igual número de varones y mujeres en ambas profesiones.

Derechos reproductivos

Con el fin de evidenciar algunos de los verdaderos objetivos de los feminismos actuales, es decir, la reducción de la natalidad a través de la revolución sexual y la separación entre sexo y procreación, presentamos las definiciones que aparecen en la Declaración de Principios Eticos sobre Derechos Reproductivos del Centro de Población y Salud Familiar de la Universidad de Columbia y el Fondo de Población de las Naciones Unidas, marzo 1994 y los documentos de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, Pequín, septiembre 1995.

Según los marxistas, desaparecerían las clases cuando se eliminara la propiedad privada, se facilitara el divorcio, se aceptara la ilegitimidad, se forzara la entrada de la mujer al mercado laboral, se colocara a los niños en institutos de cuidado diario y se eliminara la religión.

En 1970 Shulamith Firestone publica La Dialéctica del Sexo donde dice:

“... asegurar la eliminación de las clases sexuales requiere que la clase subyugada (las mujeres) se alce en revolución y se apodere del control de la reproducción; que se restaure a la mujer la propiedad sobre sus propios cuerpos, como también el control femenino de la fertilidad humana, incluyendo tanto las nuevas tecnologías como todas las instituciones sociales de nacimiento y cuidado de niños. Y así como la meta final de la revolución socialista era no sólo acabar con el privilegio de la clase económica, sino con la distinción misma entre clases económicas, la meta definitiva de la revolución feminista debe ser, a diferencia del primer movimiento feminista, no simplemente acabar con el privilegio masculino, sino con la distinción de sexos misma: las diferencias genitales entre los seres humanos ya no importarían culturalmente”.

Perspectiva del género

Las feministas del género utilizan con frecuencia, pero pocas veces definen, este término de «perspectiva del género».

La «perspectiva del género» sería una manera de concebir, regir y configurar y encauzar la cultura, la vida social y política desde el «lente del género». Esto significa que buscan cambiar la cultura y el funcionamiento de todas las instituciones sociales, políticas, culturales, de manera que no se haga ninguna diferencia ni división en términos de masculino y femenino. Este trabajo de cambio lo llaman «desconstrucción». En la escuela, no se deben hacer divisiones de niños y niñas y se debe enseñar que no existe «la familia» sino varios «tipos de familia»; en el campo de las leyes, la votación, los partidos políticos, ninguna distinción entre hombres y mujeres; en el mundo de la empresa la palabra de orden es que haya igualdad en la ocupación de puestos de trabajo. Asimismo es preciso eliminar también cualquier discriminación dirigida a los homosexuales o lesbianas e introducir nuevas leyes que borren la «diferencia» entre masculino y femenino. Por lo tanto, se debe obtener el derecho a los matrimonios homosexuales y la adopción de niños por parte de los homosexuales. La lista de cosas que las feministas del género quieren «desconstruir» en la sociedad abarca, por tanto, el lenguaje, las relaciones de familia, la reproducción, la sexualidad, la religión, el gobierno y la cultura.

Según el citado documento de la ONU, Gender Concepts in development Planning, adoptar una perspectiva de género sería:

“... distinguir entre lo que es natural y biológico y lo que es una construcción social y cultural llevando a cabo un proceso de renegociación de lo que son los límites de lo natural y relativamente inflexible y lo social, relativamente transformable”.

La definición expresa esta visión global del mundo según la cual toda relación o actividad de los seres humanos es resultado de una construcción social, que otorga al hombre una posición superior en la sociedad y a la mujer una inferior. Para que la mujer progrese, será preciso que se libere a toda la sociedad de esta construcción social, de modo que el hombre y la mujer sean iguales.

Se están tomando medidas claras para implantar esta «cultura del género». La ONU pidió al gobierno de cada nación participante en la IV Conferencia para la Mujer que elaborara un documento de cara a la Conferencia con amplias estadísticas sobre la presencia de la mujer en el ámbito laboral, cultural, político de su país. Las estadísticas debían elaborarse en clave de «género». Así muestran con precisión la diferencia de presencia femenina con respecto a la masculina en todos los ámbitos de la vida social. Quien lee la estadística debe sacar la conclusión de que la mujer está realmente marginada y que no hay igualdad por culpa de la diferencia de sexos que hace «la cultura».

Este es uno de los recursos más utilizados por las feministas del género para probar la discriminación de la mujer. Un recurso manipulado y utilizado de forma arbitraria ya que hay porcentajes y números que no hablan de una marginación de la mujer. Simplemente, hay más varones en determinadas actividades porque la mujer no tiene tanto interés en ellas. La mujer no se siente necesariamente marginada por no practicar tanto el boxeo como el tenis, aunque así lo pretendan algunas audaces «boxeadoras» americanas.

En realidad, esto se debe a que las feministas no atacan las causas de una u otra diferencia sino la diferencia en sí. Estarán en desacuerdo si hay más enfermeras mujeres que varones como si hay más políticos varones que mujeres. Debería haber igual número de varones y mujeres en ambas profesiones.

Para consultar el artículo completo:

Derechos reproductivos: sexo seguro
 

 





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