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Comisión de la ONU sobre la mujer pone al descubierto divisiones en torno al género
El plan para redefinir el “género”, a su vez, pone en duda la mismas bases del sistema de derechos humanos»


Por: C Fam | Fuente: CFam.org



NUEVA YORK, 18 de marzo 2011. La sesión anual de la comisión de la ONU sobre la mujer concluyó con una semana de atraso habiéndose establecido posturas opuestas sobre el modo de considerar el género.
Aunque el tema de la reunión fue la cuestión no polémica de las mujeres en la ciencia y en la tecnología, las negociaciones estuvieron inesperadamente cargadas de desacuerdos ideológicos sobre el concepto de género y el acostumbrado debate en torno a cuestiones relacionadas con la sexualidad.

En la última reunión, la Unión Europea y la Santa Sede efectuaron declaraciones que reflejaron las visiones opuestas que se enfrentaron durante el transcurso de la sesión anual.

La Unión Europea mostró satisfacción respecto del documento final y elogió especialmente la inclusión de la «educación sexual» y de la «salud sexual y reproductiva», aunque observó con preocupación que todavía se discute el lenguaje sobre el «género» y los «estereotipos de género».

La UE sostuvo que los términos ya constituían «lenguaje acordado» y que fueron empleados desde la Conferencia de Beijing sobre la mujer en 1995. Enfatizó que no estaba «dispuesta a retroceder antes de Beijing» y que esperaba que las negociaciones pudieran avanzar sin tal debate en el futuro.

Mientras que la UE sostuvo que la cuestión del género estaba resuelta, otras delegaciones se sorprendieron ante la firme posición de la UE, Cuba y México en contra de la introducción de una referencia a la definición de género acordada por la ONU, a pesar de que la propuesta recibió el amplio apoyo de países africanos, caribeños e islámicos.

Durante las negociaciones, la UE y sus partidarios intentaron mitigar los temores asegurando a los países: «sabemos cuál es la definición». Como las negociaciones se prolongaban interminablemente, un delegado rechazó la explicación de la UE y alegó: «Si realmente no es un problema, entonces ¿por qué no podemos sencillamente indicar lo que significa?».

Inmediatamente después de la declaración de la UE, la Santa Sede expresó su preocupación dado que «algunas delegaciones intentaron promover una vez más... una definición radical de “género”, que afirma que la identidad sexual puede de alguna manera adaptarse indefinidamente para satisfacer nuevos y diversos propósitos no reconocidos en el derecho internacional».
La Santa Sede enfatizó que, en el derecho internacional, la única definición vinculante de «género» está comprendida en el Estatuto de Roma del Tribunal Penal Internacional, el cual establece que «el término "género" se refiere a los dos sexos, masculino y femenino, en el contexto de la sociedad. El término "género" no tendrá más acepción que la que antecede».

La Santa Sede elogió a las muchas delegaciones que ratificaron la interpretación tradicional de «género» y advirtió que «la comunidad internacional debe ser conciente de que este plan para redefinir el “género”, a su vez, pone en duda la mismas bases del sistema de derechos humanos».

Otro punto de discusión, además del debate sobre el género, fue el lenguaje de los derechos parentales. Se rechazaron varios intentos de incluirlo junto al término de responsabilidades parentales. La Santa Sede manifestó su «grave» preocupación ante la ausencia de la mención de los «derechos» de los padres, particularmente el referido «a elegir la educación para sus hijos, que incluye la educación sobre el auténtico amor humano, el matrimonio y la familia».

A pesar de la ausencia del lenguaje que alude a tales derechos, partidarios pro-familia ponderaron la referencia a la promoción de la maternidad, término que por poco desapareció de los documentos de la ONU en los últimos años.

Traducido por Luciana María Palazzo de Castellano





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