Menu


10 Mitos sobre la violencia doméstica
Una de las formas de combatir la violencia es ayudar a la familia para que sea lo que tiene que ser: ámbito de paz, no de violencia


Por: Poli Lavín | Fuente: Mujer Nueva



El tema de la violencia despierta cada vez más el interés de la opinión pública, ya que los casos de abusos y maltrato van en aumento en todos los ámbitos de la sociedad. Sin embargo, los medios de comunicación se han obstinado en etiquetarla como “violencia intrafamiliar” o “doméstica”, dando a entender que el hogar es el foco privilegiado en el cual la violencia se concentra.

Para justificar esta situación, han manipulado los datos de tal manera que ya no nos sorprende que en un estudio de “violencia intrafamiliar” se incluya la violencia entre parejas de hecho, amantes, novios, ex novios, conocidos, compañeros de trabajo y todo tipo de relaciones hombre y mujer, incluida la “relación” entre un hombre y una prostituta. ¿Es esto familia? Claro que no.

La violencia existe y hay que acabar con ella, pero no basta con culpabilizar insistentemente a la familia y al hogar de todos los males sociales… es imprescindible buscar las causas reales del problema para poder afrontarlo y acabar con él eficazmente. Por este motivo, nos proponemos:

Derribar los 10 mitos de la violencia doméstica

1. Las relaciones entre hombre y mujer son violentas por naturaleza

Falso. El hombre y la mujer se complementan naturalmente y por ello tienden a unirse, no a destruirse. La persona violenta (en cualquiera de sus ámbitos) no nace así, si no que se hace.

2. La familia es un lugar inseguro para vivir

Falso. Nos quieren hacer creer que la violencia ha convertido a la familia en una especie de “campo de batalla”, esto no es verdad. La familia como institución no es un ámbito de violencia, sino de afecto, el único y más seguro para que el ser humano se desarrolle en plenitud. Los casos de violencia son siempre una anomalía, una enfermedad de algo que en sí es bueno y necesario para todos.

3. La sociedad se divide en: violentos y violentadas

Falso. Ni los hombres ni las mujeres son necesariamente violentos, sin embargo, los dos pueden llegar a serlo. Interpretar la sociedad y las relaciones entre sus miembros en clave de enfrentamiento, no es más que un ridículo intento de crear un ambiente de guerra, inseguridad y desconfianza entre ambos sexos. Igualmente artificial es la idea: “él siempre es culpable y ella siempre inocente”, ya que en la mayoría de los casos de violencia no existe un culpable absoluto. Una gran parte de los problemas de pareja se pueden solucionar entre los dos antes de llegar a un desenlace nefasto.

4. La mejor forma de acabar con la violencia doméstica es el empoderamiento de las mujeres para someter a los hombres

Falso. La vida familiar no es una constante lucha por el poder ni por someter al otro, si no que un ambiente de respeto y cooperación. Para acabar con la violencia que está contaminando algunas familias es necesario que se eduque a las personas en estos aspectos y de ninguna manera incentivarles a ver al otro como antagonista o como alguien inferior.

5. El agresor siempre es un hombre.
Falso. Como ya dijimos, el agresor puede ser cualquiera. Como los hombres y mujeres somos diferentes, tenemos diferentes formas de manifestar la violencia. El agresor, al ser más directo y tener (la mayoría de las veces) más fuerza física, suele manifestarlo con golpes o gritos; la agresora, al ser (la mayoría de las veces) más incisiva y sutil, suele manifestar su ira con el maltrato psicológico y moral.

6. Mi pareja es celoso/inseguro/machista: Es un agresor inminente

Falso. Los seres humanos no estamos predeterminados a hacer tal o cual cosa, por lo tanto no es justo hacer un juicio sobre alguien sólo porque sufre de celos o porque no le gusta que le lleven la contra. Sin embargo, una cosa es segura: si no estás convencida que tu pareja no te quiere perjudicar o si no lo conoces lo suficiente: espera, no te comprometas con él/ella todavía. El conocimiento de la pareja es la mejor arma para combatir la violencia en el hogar.

7. Los medios de comunicación son una gran ayuda para poner en evidencia la violencia

Falso. Cada vez se escucha más en estos medios términos tales como “terrorismo doméstico” o “enemigo en casa” que, lejos de concientizar a la sociedad, causan una paranoia en la que se trata de buscar el mal incluso donde no lo hay. Hay que diferenciar entre la información al servicio de la ciudadanía y la que está al servicio de lo burdo y lo bajo. La violencia es preocupante y debe penalizarse, claro está, pero el papel de los medios de comunicación debe ser el de ayudar y fomentar la paz, no el de crear más discordia.

8. La dependencia afectiva siempre es negativa

Falso. Últimamente muchos medios se han empeñado en mostrar la dependencia afectiva como el mayor enemigo de la autonomía y, por lo tanto, se ensañan en eliminarla. Sin embargo, negar todo tipo de dependencia afectiva es proponer una vida sin que nadie nos importe, es decir, sin relaciones interpersonales profundas. Toda relación sincera encierra cierta dependencia ya que el amor siempre nos hace vulnerables hasta cierto punto y no por esto estamos necesariamente enfermos ni somos menos autónomos.

Así, el momento en que la dependencia afectiva comienza a ser dañina ya no es un afecto, es una obsesión.

9. Los problemas del alcohol y la droga no son un factor decisivo en la violencia doméstica

Falso. Frente a un problema tan grande como la violencia es necesario buscar las causas reales y así poder combatirlas. Las cifras comprueban que la mayoría de los casos de violencia son causados o impulsados por exceso de alcohol o drogas. Un estudio hecho en el 2003 por el Centro Reina Sofía afirma que en el 73% de los casos de violencia doméstica en España está presente el alcohol.

10. La solución al problema de la violencia es la creación de juzgados exclusivos para mujeres violentadas, brazaletes para controlar al agresor y exigir un impuesto a los hombres por el sólo hecho de serlo.

Falso. Resulta absurdo querer terminar con la violencia con estas medidas, que no hacen más que fomentar la discriminación y la relación antagónica de hombres y mujeres, al mismo tiempo que violan la privacidad y la autonomía de las familias.

Las verdaderas soluciones se resumen en tres

1. Castigar a los criminales

2. Combatir las causas reales del problema (aumento general de la violencia, la falta de valoración y respeto del hombre y de la mujer, la pobreza, la deficiente educación, propaganda perjudicial, etc.)

3. Ayudar a la familia para que sea lo que tiene que ser: ámbito de paz, no de violencia.











// Derechos reservados Mujer Nueva 2009 / Contáctanos / Publicidad y patrocinio //





Compartir en Google+




Reportar anuncio inapropiado |