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La protección del ambiente es una obligación moral
El discurso pronunciado por monseñor Pietro Parolin, subsecretario para las Relaciones con los Estados, en la 62 sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas


Por: Vatican Information Service | Fuente: Vatican Information Service



CIUDAD DEL VATICANO, 25 SEP 2007 (VIS).-Se ha publicado hoy el discurso pronunciado por monseñor Pietro Parolin, subsecretario para las Relaciones con los Estados, en la 62 sesión de la Asamblea General de Naciones Unidas dedicada al cambio de clima y titulada: "El futuro está en nuestras manos: cómo hacer frente al reto del cambio climático".
 
  "El  cambio de clima es un tema preocupante y plantea deberes ineludibles", dijo el subsecretario para las Relaciones con los Estados, agregando que la protección del ambiente es "una obligación moral" para todos.
 
  El prelado recordó que los estudios científicos más fiables han demostrado la existencia de "un eslabón entre la actividad humana y el cambio de clima". Sin embargo, "los resultados de estas evaluaciones científicas y las incertidumbres aún presentes no deben exagerarse ni minimizarse en nombre de la política, de las ideologías o de los intereses, sino analizarse de forma que constituyan una base sólida para sensibilizar las conciencias y para establecer las políticas oportunas".
 
  Monseñor Parolin calificó de "imprudente" la teoría de explotar al máximo el planeta, sin prestar atención a las repercusiones,"aduciendo una visión del mundo supuestamente basada en la fe". Por otra parte, cuantos afirman que "la Tierra es el único bien que tenemos y consideran que la humanidad representa una amenaza para ella", olvidando las necesidades de la población, ponen a los seres humanos "al servicio de una ecología inhumana".
 
"El  cambio de clima es un tema preocupante y plantea deberes ineludibles", dijo el subsecretario para las Relaciones con los Estados, agregando que la protección del ambiente es "una obligación moral" para todos.
 
  El prelado recordó que los estudios científicos más fiables han demostrado la existencia de "un eslabón entre la actividad humana y el cambio de clima". Sin embargo, "los resultados de estas evaluaciones científicas y las incertidumbres aún presentes no deben exagerarse ni minimizarse en nombre de la política, de las ideologías o de los intereses, sino analizarse de forma que constituyan una base sólida para sensibilizar las conciencias y para establecer las políticas oportunas".
 
  Monseñor Parolin calificó de "imprudente" la teoría de explotar al máximo el planeta, sin prestar atención a las repercusiones,"aduciendo una visión del mundo supuestamente basada en la fe". Por otra parte, cuantos afirman que "la Tierra es el único bien que tenemos y consideran que la humanidad representa una amenaza para ella", olvidando las necesidades de la población, ponen a los seres humanos "al servicio de una ecología inhumana".
 
  "Ya que ningún país puede resolver por sí mismo los problemas relacionados con nuestro medio ambiente -dijo- debemos anteponer la acción colectiva al interés personal. Para la comunidad internacional esto supone la adopción de una estrategia política coordinada y eficaz (...) que determine los medios para (...) potenciar el desarrollo sostenible y fomentar un medio ambiente sano, (...) teniendo en cuenta que las naciones más pobres (...) son particularmente vulnerables a las consecuencias adversas del cambio de clima, ya que sus recursos y su capacidad para adaptarse al cambio climático y mitigar sus repercusiones son  muy limitados".
 
  "La marcha hacia el logro de un nuevo acuerdo internacional sobre el cambio de clima no siempre está acompañado por una singladura igualmente rápida y eficaz para poner en práctica esos acuerdos -concluyó el delegado de la Santa Sede-. Los Estados pueden adoptar libremente convenciones y tratados internacionales, pero a menos que las palabras se acompañen con una acción eficaz (...) no conseguiríamos evitar un futuro sombrío y dentro de poco podríamos volver a lamentar otro fracaso colectivo".
 
"Ya que ningún país puede resolver por sí mismo los problemas relacionados con nuestro medio ambiente -dijo- debemos anteponer la acción colectiva al interés personal. Para la comunidad internacional esto supone la adopción de una estrategia política coordinada y eficaz (...) que determine los medios para (...) potenciar el desarrollo sostenible y fomentar un medio ambiente sano, (...) teniendo en cuenta que las naciones más pobres (...) son particularmente vulnerables a las consecuencias adversas del cambio de clima, ya que sus recursos y su capacidad para adaptarse al cambio climático y mitigar sus repercusiones son  muy limitados".
 
  "La marcha hacia el logro de un nuevo acuerdo internacional sobre el cambio de clima no siempre está acompañado por una singladura igualmente rápida y eficaz para poner en práctica esos acuerdos -concluyó el delegado de la Santa Sede-. Los Estados pueden adoptar libremente convenciones y tratados internacionales, pero a menos que las palabras se acompañen con una acción eficaz (...) no conseguiríamos evitar un futuro sombrío y dentro de poco podríamos volver a lamentar otro fracaso colectivo".





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