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Don del Espíritu, esperanza de los hombres
Los Movimientos Eclesiales en la enseñanza de Juan Pablo II


Por: Pontificio Consejo para los Laicos | Fuente: Catholic.net



En la homilía del 25 de mayo de 1996, de la que surge la solicitud de organizar el Encuentro programado para este año, el Papa Juan Pablo II subrayaba el significado y la importancia de los movimientos eclesiales, retomando las palabras pronunciadas por él mismo doce años antes: «Uno de los dones del Espíritu a nuestro tiempo – decía el Papa – es ciertamente el florecimiento de los movimientos eclesiales, que desde el inicio de mi Pontificado he señalado y sigo señalando como motivo de esperanza para la Iglesia y para los hombres. "Son un signo de la libertad de formas en que se realiza la única Iglesia, y representan una segura novedad, que todavía ha de ser adecuadamente comprendida en toda su positiva eficacia para el Reino de Dios en orden a su actuación en el hoy de la historia" (Insegnamenti, VII/2 [1984], p 696)».

En efecto, ya en su primera encíclica Redemptor hominis, en las primeras «palabras del nuevo pontificado», Juan Pablo II, considerando la herencia recibida del Concilio Vaticano II y de sus predecesores, observaba como un «espíritu de colaboración y de corresponsabilidad» se ha difundido asimismo entre los laicos, «confirmando no sólo las organizaciones de apostolado seglar ya existentes, sino también creando otras nuevas con perfil muchas veces distinto y con un dinamismo excepcional» (Redemptor hominis, n. 5).

Desde entonces han sido numerosos los encuentros del Santo Padre con los miembros de los diversos movimientos eclesiales, y muy expresivas y significativas sus palabras de aliento.

«Como bien sabéis – confiaba a los participantes a un congreso de los movimientos – la Iglesia misma es "un movimiento" . Y, sobre todo, es un misterio. El misterio del eterno "Amor" del Padre, de su corazón paterno, del cual se inician la misión del Hijo y la misión del Espíritu Santo. La Iglesia nacida de esta misión se encuentra "in statu missionis". Ella es un "movimiento", que se inscribe en la historia del hombre persona y de las comunidades humanas. Los "movimientos" en la Iglesia deben reflejar en sí el misterio de aquel "amor", del cual ella a nacido y continuamente nace. Los varios "movimientos" deben vivir la plenitud de la Vida transmitida al hombre como don del Padre en Jesucristo por obra del Espíritu Santo. Deben realizar con toda la plenitud posible la misión sacerdotal, profética y real de Cristo, de la cual participa todo el pueblo de Dios» (Homilía del 27 de setiembre de 1981, en : Insegnamenti, IV/2 [1982], p. 305).

Y con ocasión de un Coloquio internacional de los Movimientos realizado posteriormente recalcaba: «El gran florecimiento de estos movimientos y las manifestaciones de energía y de vitalidad eclesial que los caracterizan han de considerarse ciertamente como uno de los frutos más bellos de la amplia y profunda renovación espiritual, promovida por el último Concilio» (Discurso del 2 de marzo de 1987, en: Insegnamenti, X/1 [1987], p. 476).

El pensamiento del Santo Padre se ha expresado más orgánicamente en la exhortación apostólica post-sinodal Christifideles Laici, que recoge los frutos de la VII Asamblea general del Sínodo de los Obispos: «La comunión eclesial, ya presente y operante en la acción personal de cada uno, encuentra una manifestación específica en el actuar asociado de los fieles laicos […] En estos últimos años, el fenómeno asociativo laical se ha caracterizado por una particular variedad y vivacidad. La asociación de los fieles siempre ha representado una línea en cierto modo constante en la historia de la Iglesia, como lo testifican, hasta nuestros días, las variadas confraternidades, las terceras órdenes y los diversos sodalicios. Sin embargo, en los tiempos modernos este fenómeno ha experimentado un singular impulso, y se han visto nacer y difundirse múltiples formas agregativas: asociaciones, grupos, comunidades, movimientos. Podemos hablar de una nueva época asociativa de los fieles laicos. En efecto, "junto al asociacionismo tradicional, y a veces desde sus mismas raíces, han germinado movimientos y asociaciones nuevas, con fisonomías y finalidades específicas. Tanta es la riqueza y versatilidad de los recursos que el Espíritu alimenta en el tejido eclesial; y tanta es la capacidad de iniciativa y la generosidad de nuestro laicado" (Angelus, 23 de Agosto de 1987, en: Insegnamenti, X/3 [1987], p. 240)» (Christifideles Laici, n. 29). En esta «nueva época asociativa» se asiste por lo tanto al florecimiento de una gran pluralidad de asociaciones, movimientos, grupos. Están presentes las tradicionales confraternidades, las terceras órdenes, está también la riquísima tradición de la Acción Católica – de la cual numerosas y diversas realidades se encuentran en el Forum Internacional de la Acción Católica - , están luego las Organizaciones Internacionales Católicas – reunidas en la Conferencia de las OIC – y además muchas otras asociaciones. Es evidente que los "movimientos" han contribuido de un modo significativo y original a este resurgimiento de las asociaciones de fieles laicos en la Iglesia. En la exhortación apostólica Christifideles Laici el Papa reafirma el derecho de los fieles a asociarse libremente, resalta el valor de la vida asociativa en cuanto «signo de la comunión y de la unidad de la Iglesia en Cristo», expone los criterios de discernimiento y de reconocimiento de las asociaciones y las llama a una siempre mayo comunión y colaboración recíproca (cf. Christifideles Laici, nn.29-32).

En la encíclica Redemptoris missio el Papa ha subrayado la tarea de los "movimientos" para la nueva evangelización: «Recuerdo, como novedad surgida recientemente en no pocas Iglesias, el gran desarrollo de los "Movimientos eclesiales", dotados de dinamismo misionero. Cuando se integran con humildad en la vida de las Iglesias locales y son acogidos cordialmente por Obispos y sacerdotes en las estructuras diocesanas y parroquiales, los Movimientos representan un verdadero don de Dios para la nueva evangelización y para la actividad misionera propiamente dicha. Por tanto, recomiendo difundirlos y valerse de ellos» (Redemptoris missio, n.72).

A la luz de estas enseñanzas se puede comprender la atención con la cual Juan Pablo II, en todo su compromiso pastoral, ha seguido a los "movimientos" buscando promoverlos y alentando su fecunda participación en la vida y la misión de la Iglesia.



 





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