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Asociaciones y movimientos eclesiales. Presentación
Los movimientos apostólicos son una nueva bendición del Señor a su Iglesia, por lo que, como Obispos, debéis prestar gran solicitud, alentándolos y cuidándolos


Por: + Luis Bambarén Gastelumendi, S.J. | Fuente: Comisión Episcopal de Apostolado Laical, Perú



Con alegría presento al Pueblo de Dios en el Perú el presente documento pastoral: Asociaciones y movimientos eclesiales. Criterios de orientación. Efectivamente, se trata de un conjunto de criterios de orientación que recoge el magisterio eclesial reciente, así como la experiencia de la Iglesia en los últimos lustros, en relación a lo que el Papa Juan Pablo II ha calificado como «el lozano florecer de grupos, asociaciones y movimientos de espiritualidad y de compromiso laicales» (1).

Este documento de la Comisión Episcopal de Apostolado Laical ha sido preparado como un aporte a la reflexión sobre la identidad y proyección de las asociaciones y movimientos eclesiales. Quiere ser un gesto de solidaridad pastoral hacia las distintas comunidades y expresiones de vida asociada que están mostrando una gran fecundidad en la Iglesia de estos tiempos. Quiere ser también un instrumento de servicio para el fortalecimiento de la comunión de la Iglesia en la verdad y la caridad.

En el Plan Pastoral que hemos ofrecido los Obispos peruanos a nuestras Iglesias locales como horizonte de compromiso eclesial en camino al milenio adveniente, decíamos: «Percibimos, como ha señalado el Papa Juan Pablo II, una nueva etapa de la vida asociativa de la Iglesia a través de la floración de nuevos movimientos y asociaciones eclesiales. Vemos este fenómeno como una bendición del Espíritu Santo. Descubrimos en la realidad de los movimientos eclesiales una oportunidad pastoral que debe ser promovida y orientada desde el carisma que el Espíritu Santo les ha dado para enriquecimiento del Pueblo de Dios en respuesta a los desafíos de estos tiempos. Hemos de poner todos los medios para que esta floración se realice en explícito espíritu de comunión al interior de nuestras Iglesias locales» (2). El presente documento se inscribe dentro de lo que allí expresábamos y recoge las principales expectativas que se descubren en el Pueblo de Dios en relación a las nuevas manifestaciones de vida asociada.

El tema de las asociaciones y movimientos eclesiales ha venido suscitando una importante reflexión en el Pueblo de Dios. A partir del Concilio Vaticano II hemos visto florecer y desarrollarse diversas formas de vida asociada, que han sido campo propicio de fecundo compromiso eclesial, especialmente para los laicos. Son muchos y muy ricos los frutos que ya se están viendo. Creemos que se trata de nuevas expresiones de vida cristiana suscitadas por el Espíritu para afrontar nuevos desafíos apostólicos. De esta manera, en continuidad con la fecunda tradición asociativa de la Iglesia, se abren nuevos canales de participación eclesial en apertura a los nuevos tiempos.

El Papa Juan Pablo II ha venido destacando este florecer asociativo. A la vez que ha ofrecido valiosos criterios de orientación, ha alentado a que se acojan y se promuevan al interior del Pueblo de Dios las nuevas expresiones que el Espíritu Santo viene suscitando en el marco de la comunión eclesial. Recientemente, en la vigilia de Pentecostés, afirmó: «Uno de los dones del Espíritu a nuestro tiempo es, ciertamente, el florecimiento de los movimientos eclesiales, que desde el inicio de mi pontificado he señalado y sigo señalando como motivo de esperanza para la Iglesia y para los hombres. "Son un signo de la libertad de formas, en que se realiza la única Iglesia, y representan una novedad segura, que todavía ha de ser adecuadamente comprendida en toda su positiva eficacia para el reino de Dios en orden a su actuación en el hoy de la historia" (Discurso del 29-IX-1984). En el marco de las celebraciones del gran jubileo, sobre todo las del año 1998, dedicado en particular al Espíritu Santo y a su presencia santificadora dentro de la comunidad de los discípulos de Cristo (cf. Tertio millennio adveniente, 44), cuento con el testimonio común y con la colaboración de los movimientos. Confío en que ellos, en comunión con los pastores y en armonía con las iniciativas diocesanas, quieran llevar al corazón de la Iglesia su riqueza espiritual y, por ello, educativa y misionera, como valiosa experiencia y propuesta de vida cristiana» (3).

En una línea semejante nos había dirigido unas palabras a los Obispos peruanos en visita ad Limina: «Los movimientos apostólicos son una nueva bendición del Señor a su Iglesia, por lo que, como Obispos, debéis prestar gran solicitud, alentándolos y cuidando que sean fieles a la fe de la Iglesia y dóciles a las orientaciones de sus Pastores» (4). El presente documento quiere ser una manifestación de nuestra acogida a la invitación del Romano Pontífice.

El marco de referencia inmediato para el documento que ahora ofrecemos es el magisterio del Papa Juan Pablo II, sobre todo su exhortación apostólica post-sinodal Christifideles laici. Hemos procurado también recoger las grandes líneas de la renovación conciliar, tanto en los mismos textos del Concilio Vaticano II como en sus aplicaciones en el Código de Derecho Canónico y en el Catecismo de la Iglesia Católica. Todo esto leído desde nuestra realidad en sintonía especialmente con los documentos de las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano.

Finalmente, debo manifestar que el presente documento de la Comisión Episcopal de Apostolado Laical es fruto de un trabajo iniciado unos meses atrás por un equipo de personas, muchas de las cuales pertenecen a asociaciones y a diversos movimientos eclesiales. Recoge expectativas y esperanzas del Pueblo fiel sobre este asunto, teniendo particularmente en cuenta a los Pastores. Una especial atención se ha puesto en las asociaciones y movimientos que sirven en nuestras Iglesias locales en el Perú, tratando de acoger sus dones y alentar sus esperanzas. Agradezco el esfuerzo realizado por el equipo que ha trabajado en la preparación del presente documento en sus diversas etapas de redacción, así como a todos aquellos que han ofrecido sugerencias y aportes para enriquecer el texto. Pero debo agradecer sobre todo su amor a la Iglesia y su deseo de servirla.

Ponemos a los pies de la Virgen María, Estrella de la nueva evangelización, estas orientaciones, para que nos ayude a acoger las mociones del Espíritu y nos guíe en estos tiempos de nuevos desafíos. Bajo su manto maternal nos acogemos para fortalecer la comunión de la Iglesia, desde los diversos carismas y expresiones evangélicas, para proyectarnos así en la misión. Ella, que es la Pedagoga del Evangelio, nos eduque en la apertura a la Palabra y en la fidelidad al designio redentor.


+ Luis Bambarén Gastelumendi, S.J.
Obispo de Chimbote

Presidente de la Comisión Episcopal
de Apostolado Laical

Lima, 15 de agosto de 1996.
Solemnidad de la Asunción de la Virgen María.

 

 

 

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NOTAS

1.S.S. Juan Pablo II, Christifideles laici, 2.

2.Conferencia Episcopal Peruana, La Nueva Evangelización en el Perú a la luz de Santo Domingo de cara al Tercer Milenio. Reflexiones y líneas pastorales de la Conferencia Episcopal Peruana para el período 1995-2000, n. 32.

3.S.S. Juan Pablo II, Homilía en la vigilia de Pentecostés, 25-V-1996, 7.

4.S.S. Juan Pablo II, Discurso a los Obispos peruanos en visita ad Limina, 29-IX-1989, 9.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 




 





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