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Derechos de los niños… ¿una moda en la ONU?
Es preciso vigilar para que el bien del niño se ponga por encima de todo


Por: María Osiris Reyes | Fuente: Yo Influyo



En nuestro tiempo, el reconocimiento de los derechos del niño ha experimentado un indudable progreso, pero sigue siendo motivo de aflicción la negación práctica de estos derechos, como lo manifiestan los numerosos y terribles atentados contra su dignidad. Es preciso vigilar para que el bien del niño se ponga por encima de todo, comenzando desde el momento en que se desea tener un hijo. (S.S. Juan Pablo II, 14 de octubre, 2000)

El reconocimiento de los derechos del niño es un tema reciente. No siempre la humanidad ha comprendido la dignidad de niños y niñas desde su concepción y hasta hoy sus derechos no son reconocidos en plenitud.

Las Naciones Unidas es quizá el organismo Internacional que mejor refleja las visiones que están pugnando en el mundo para atender a la infancia y la adolescencia.

Antes de las dos devastadoras Guerras Mundiales que acontecieron en el siglo pasado, el tema de niños, niñas y adolescentes en la agenda de las naciones no era prioritario. Su atención era considerada una responsabilidad exclusiva de la familia. Sin duda que los Padres de familia son los primeros responsables de su educación y desarrollo pero también prevaleció la idea equívoca de que los niños y niñas eran objeto de propiedad de los padres, seres incapaces, que se les podía dar el trato que se quisiera sin rendirle cuentas a alguien, esto llevó a que muchos niños y niñas fueran víctimas de abusos y violaciones a su dignidad por parte de los adultos y especialmente de sus padres.

Esta visión empieza a cambiar como consecuencia de la Primera Guerra Mundial donde, niños y niñas fueron las principales víctimas no sólo de orfandad sino de innumerables calamidades.

Es así como la Sociedad de las Naciones, antecedente de Naciones Unidas, formuló la Declaración de Ginebra en 1924, a iniciativa de Eglantyne Jebb, fundadora de la organización Save the Children (1) . En ella por primera vez se conceptualiza a la niñez en su conjunto como un grupo que debe ser objeto de medidas especiales de protección para garantizar su normal desarrollo material y espiritual. De esta manera, niñas y niños pasan a convertirse en objetos de protección del Estado. El Estado reconoce que tiene responsabilidades de atender a la infancia, pero específicamente, atiende a aquéllos que presentan una situación irregular respecto a la patria potestad y problemas en su núcleo familiar. El Estado asume un papel de Padre y tutelaje de esos niños en desprotección.
La declaración de Ginebra fue letra muerta al no establecer medidas para su cumplimiento. Pocos años más tarde la humanidad vivió la Segunda Guerra Mundial donde niños y niñas fueron brutalmente victimizados como no se había visto nunca antes.

En 1950 la Asamblea General de las Naciones Unidas crea el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF)(2) para ayudar a los niños de Europa después de la Segunda Guerra Mundial, fue hasta 1953 que UNICEF se convierte en organismo permanente dentro del sistema de Naciones Unidas, encargado de ayudar a los niños y proteger sus derechos.

Pero con tristeza, esta agencia Internacional de Naciones Unidas tampoco reconoce el derecho del niño a la vida. En 1996 la Iglesia Católica retira su apoyo económico a UNICEF debido al soporte que constantemente brinda a campañas promotoras del aborto y la distribución de abortivos en Ruanda y Zaire.(3)
Fue hasta 1959, cuando las Naciones Unidas retoman el tema y aprueban la Declaración de los Derechos del Niño(4) . Sin embargo, su aceptación por parte de las naciones implicó sólo una obligación moral y no se establecieron medidas operativas para su implementación.

Veinte años mas tarde -en 1979, Año Internacional del Niño- por iniciativa del gobierno polaco, los representantes de 43 países iniciaron el trabajo de redacción de la Convención, que les llevó 10 años, pero que no fueron suficientes para establecer con claridad los derechos del niño desde su concepción.

Fue el 20 de noviembre de 1989 cuando la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Convención por los Derechos del Niño (CDN). Esta es quizá la tercera etapa en la que nos encontramos en el reconocimiento de la dignidad de las personas menores de edad, niños, niñas y adolescentes.
La CDN parece establecer algunos avances, al dejar de ver a niños y niñas como objeto de derecho a recibir protección especial a sujeto titular de un conjunto de derechos civiles y políticos que los equiparan a la condición de ciudadanos. Es ver a niños y niñas como sujetos delante del Estado y de sus padres.

Sin embargo, la Convención quedó lejos de reconocerle plenamente sus derechos al enunciar tímidamente:
"… el niño, por su falta de madurez física y mental, necesita protección y cuidado especiales, incluso la debida protección legal, tanto antes como después del nacimiento",(5)
La Convención en el articulado nunca enuncia que tiene derecho a la vida desde el momento de la concepción y deja su interpretación abierta a las políticas anti -vida y anti- familia.

La CDN asume al niño como una nueva categoría social, lo que desde el punto de vista social representa un avance, pues la atención de la infancia no es exclusividad ni del Estado ni de los Padres, sino de toda la sociedad:

“¿No es verdad que, por desgracia, en vastas áreas del planeta la infancia es aún víctima del hambre, de las guerras, de terribles enfermedades, como el sida, y de la perversión de adultos sin escrúpulos, que asechan su inocencia y ponen en grave peligro su futuro?” (S.S. Juan Pablo II al Capítulo General de las religiosas Benedictinas de la Divina Providencia, 25 de agosto, 2000)

Los organismo anti-vida y anti-familia

Pero, los organismo anti-vida y anti-familia, lejos de entender una visíon amplia y compartida entre Familia, Sociedad y Estado para la tención de la niñez, ve en este acontecimiento la conquista social de la ciudadanía de niños y niñas que los contrapone a sus padres y a su familia para vivir sólo como categoría social separada buscando en todo momento su autonomía y “emancipación”.

Aunque la Convención contempla con claridad el límite del ejercicio de los derechos del niño frente a la autoridad de sus padres o encargados y centraliza el rol de la familia:

"Los Estados partes se comprometen a asegurar al niño la protección y el cuidado que sean necesarios para su bienestar, teniendo en cuenta los derechos y deberes de sus padres tutores u otras personas responsables de él y, con ese fin, tomarán todas las medidas legislativas y ad ministrativas adecuadas.” (Artículo 3.2.)

“Los Estados partes respetarán las responsabilidades, los derechos y los deberes de los padres o, en su caso, de los miembros de la familia ampliada o de la comunidad, según establezca la costumbre local de los tutores u otras personas encargadas legalmente del niño de impartirle, en consonancia con la evolución de sus facultades, dirección y orientación apropiadas para que el niño ejerza los derechos reconocidos en la presente Convención.” (Artículo 5.)

En ningún momento Naciones Unidas brinda los instrumentos jurídicos para que la familia pueda desarrollar la función que tiene y que la Convención le reconoce, lo que impide que la familia sea atendida desde las políticas públicas y pueda cumplir su función social.

En este segundo milenio los niños y niñas siguen siendo considerados como un objeto de deseo de los padres, siguen siendo ultrajados y explotados por los adultos en diferentes partes del mundo.

Juan Pablo II nos recuerda

En efecto, la situación de los niños es un desafío para toda la sociedad, un desafío que interpela directamente a las familias.

A vosotros juntos, padres y madres, os digo: habéis sido llamados a la altísima misión de cooperar con el Creador en la transmisión de la vida (cf. Carta a las familias, 89); ¡ no tengáis miedo a la vida! Proclamad juntos el valor de la familia y el de la vida. Sin estos valores no existe futuro digno del hombre.”

Preguntas o comentarios al autor

(1) Brian Harrison, "Jebb, Eglantyne (1876–1928)", Oxford Dictionary of National Biography, Oxford University Press, 2004.

(2) Inicialmente el nombre fue: United Nation International Children´s Emergency Fund (UNICEF), pero depués se redujo el nombre a Fondo de las naciones Unidas para la Infancia, pero se conserva el acrónimo UNICEF.

(3) http://www.vidahumana.org/vidafam/onu/unicef-pobreza.html

(4) Oficina del Alto Comisionado Para los derechos Humanos. Declaración de los Derechos del Niño. http://www.unhchr.ch/spanish/html/menu3/b/25_sp.htm nov.2007

(5) Preámbulo de la CDN


 





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