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III. La reliquia más espléndida de la Pasión
La Sábana reposa actualmente en Turín, en su capilla construida detrás de la catedral de San Juan Evangelista


Por: Luis Sánchez Alcántara | Fuente: Catholic.net



"La Sábana Santa, la reliquia más espléndida de la Pasión y de la Resurrección"

Esta frase –que utilizamos como título-, fue pronunciada por su Santidad, el Papa Juan Pablo II, en 1980 al recordar su visita pastoral a Turín se encuentra desde hace cuatro siglos el lienzo que, según la tradición, envolvió el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo, dejando en ella su imagen frontal y dorsal. Pero empecemos por el principio, para captar el valor de este título.


La Sábana en los Evangelios

El cuerpo de Cristo, bajado de la cruz, fue envuelto de los pies a la cabeza, y de la cabeza a los pies con un largo lienzo, llamado “sábana” en los evangelios. Al aproximarse el día sábado, los ritos fúnebres se quedaban para el domingo(véase figura 1).

Así que improvisadamente quedó envuelto el cuerpo depositado en la tumba, propiedad de José de Arimatea y que se cerró con una enorme piedra ( Mt. 27, 57-60) .
Cuando el domingo temprano fueron las mujeres a terminar los ritos de entierro, el cuerpo había desaparecido; la tumba estaba abierta y vacía, pero habían quedado los lienzos y en ellos unas huellas misteriosas.


Itinerario de la Sábana

Después de la destrucción de Jerusalén –año 70 D.C.- la sábana pasó a Edessa, los cristianos la escondieron en un hueco de las murallas. Fue descubierta de nuevo en 525 y venerada, doblada en cuatro y dejando ver sólo el rostro de Cristo, con el nombre de “maldilion”.

En el año 944 fue cedido al emperador bizantino y trasladado a Constantinopla (véase fig. 2). Fue ahí venerada la sábana de Cristo en la Iglesia de Santa María de Blanquerne hasta 1204. Ese año fue robada por hombres de la mal llamada Cuarta Cruzada, apareciendo después en manos de un caballero francés llamado Godofredo de Charny. Sus descendientes atravesando problemas económicos, venden la sábana en 1453, a una familia noble, que llegaría a ser la casa real de Italia. En 1532, un Feroz incendio marcó a fuego el lienzo en Chambery, Francia. En 1578, la sábana es trasladada a Turín, Italia; donde reposa actualmente, en su capilla construida detrás de la catedral de San Juan Evangelista.

Rarísimas veces solíase exhibir la Sábana Santa a la veneración del pueblo. En 1898, al casarse el futuro rey Víctor Manuel III, hubo después una exhibición pública. En esa ocasión queriéndose sacar su primera fotografía, llamaron a un experto que logró impresionar dos placas en su enorme cámara.

Cuando en la oscuridad de su laboratorio, comenzaron a aparecer en la placa las primeras manchas imprecisas de aquella imagen, comenzaron a temblarle las manos y casi se le cayó en su emoción, la gran placa escurridiza. ¡Santo Cielo! Aquella figura era real, ¡aquello era la verdadera imagen del Señor!, ¡y el fotógrafo era el primer hombre en contemplarlo en diecinueve siglos! Las figuras de la sábana eran un negativo fotográfico en tamaño natural, y en la placa se habían convertido en un retrato en positivo.


La huellas de la Pasión en la Sábana

Describamos solamente las huellas de la pasión, que a simple vista podemos observar en las imágenes impresas en la sábana y que se enumeran en la figura 3 y 4

1.- En la tela, las dos líneas a lo largo de la misma, son las chamuscaduras por el incendio de 1532. los pares de triángulos, son los remiendos de tela cosidos por las monjas clarisas, sobre los agujeros causados por una gota de metal derretido.

2.- Los rombos, son las marcas del agua empleada para apagar el fuego. El agua empapó casi completamente la tela, quedando como testimonio los rombos a la altura del tórax, espalda y rodillas.

3.- En la tela quedó impresa la imagen frontal y dorsal del cuerpo de Cristo. Gracias a ellas, podemos observar gráficamente, los sufrimientos padecidos por Cristo durante su pasión.

4.- Pilato mandó azotar a Cristo, para que lograra ablandar a las turbas y evitarse así, una sentencia de muerte. En las imágenes observamos que la flagelación ha sido metódica, casi geométrica, ya que dos hombres descargaron los golpes, encontrándose a cada lado del cuerpo de Cristo; las huellas han quedado marcadas en la sábana.

5.- En la frente aparecen gotas de sangre dejadas por las espinas; en la figura dorsal, podemos constatar que la corona de espinas fue un casco que cubría toda la cabeza y no la clásica aureola presentada por los pintores.

6.- La crucifixión se realizó a través de las muñecas (sin romper hueso alguno), y no por las palmas. Los clavos estarán hasta el fin torturando, un nervio sensibilísimo llamado medianum, cuya laceración ha caudado el doblamiento del pulgar, invisible en ambas manos.

7.- Las heridas causadas por los clavos, provocaron que la sangre fluyera por los antebrazos, coagulándose y dejando su impresión en los mismos.

8.- Manchón de sangre que ha brotado de la herida del costado a dos tiempos. La primera vez la sangre fluye de la parte superior del cuerpo, cuando aún estaba crucificado.

9.- La segunda vez, la sangre salió de la parte inferior del cuerpo, cuando este se bajó de la cruz y se llevó al sepulcro. La sangre se acumuló a la altura de la cintura.

10.- Probablemente los pies se clavaron con un solo clavo. El pie izquierdo quedó pues arqueado sobre el derecho y la rigidez de la muerte lo mantuvo así en la tumba.

11.- La espalda ha sido lacerada, al resbalar el madero horizontal camino al calvario, donde ya aguardaba clavado en la tierra, el madero vertical.

Aquí están fotográficamente recogidas el amor compasivo y dolorido del Redentor, aquí su majestad, bondad y misericordia.


Las huellas de la Resurrección en la Sábana Santa

Pero si las imágenes de la Sábana Santa, nos atestiguan los sufrimientos físicos padecidos por nuestro Señor Jesucristo, también proclaman la verdad de la Resurrección. En 1978, un grupo de científicos analizando las imágenes de la Sábana, llegaron a la siguientes conclusiones:
Que las imágenes no están formadas por pinturas, sino con las fibras de la tela, y que éstas sólo pudieron haberse formado, cuando el cuerpo emitió una radiación de luz y calor, al momento de estar ingrávitado.

Todo esto es sorpresa para quien haya proclamado en el Credo: “... y resucitó al tercer día, según las escrituras...”


Volver al inicio:

I. La Sábana Santa, espejo del Evangelio
II. Historia de la Sábana Santa

 

 








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