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"Matrimonios" del mismo sexo
¿Por qué nos encontramos ante este fenómeno?


Por: P. Clemente González | Fuente: Catholic.net



Matrimonios del mismo sexo

Algunos grupos buscan con gran interés el que se legalice como si fuese equivalente al matrimonio la unión de personas del mismo sexo. En diversos lugares las autoridades han reconocido cierto valor a las “uniones de hecho” entre personas homosexuales o lesbianas. En otros se está buscando que sea posible, en el registro civil, dejar de lado cualquier consideración sobre el sexo de los contrayentes a la hora de registrar un matrimonio, lo cual abriría la puerta a una especie de reconocimiento del matrimonio entre homosexuales. En otros, se quiere reconocer, de modo explícito, que no hay diferencia entre la unión de personas de distinto sexo y la unión de personas de igual sexo.

¿Por qué nos encontramos ante este fenómeno? Porque los grupos de presión que quieren defender los “derechos” de los homosexuales piensan que ganarán mucho para su causa si consiguen que sus defendidos puedan acceder al matrimonio civil.

Sin embargo, el reconocimiento como “matrimonio” de estas parejas homosexuales puede llevar a un resultado bastante diferente del que se buscaba. Es un dato evidente que la unión basada en la vida afectiva y sexual entre dos personas del mismo sexo es constitutivamente estéril, es decir, incapaz de cualquier fecundidad biológica. Esto da a entender que en las uniones homosexuales nos encontramos ante algo distinto de un matrimonio, pues lo que define al matrimonio es precisamente el hecho de que se unan, en un compromiso de amor, dos personas sexualmente complementarias y, por lo mismo, potencialmente capaces de generar nuevas vidas humanas.

Existen, desde luego, muchas formas de relaciones y de afectos entre los seres humanos (del mismo o de distinto sexo), pero para que esas formas lleguen a ser “matrimonio” se requiere la complementariedad fisiológica propia de las parejas heterosexuales. Esa complementariedad permite a quienes se unen en matrimonio la apertura a la vida y una riqueza en su diversidad que permite construir una educación equilibrada a los hijos que puedan nacer de su amor.

Sólo sería posible dar el rango de “matrimonio” a las uniones homosexuales o a las uniones entre varios hombres o varias mujeres (no será extraño que haya quienes consideren que la limitación al número de dos contrayentes no tiene mucho sentido en una sociedad que ya no reconozca ningún valor a la “familia tradicional”), si hemos rebajado la noción de matrimonio para hacerla aplicable a uniones constitutivamente estériles. Esto mismo es como decir que la palabra “matrimonio” va a ser usada de ahora en adelante para nombrar otras uniones que no son matrimonio. Habrá que preguntarse, entonces, si podrían unirse bajo esa nueva noción de matrimonio dos hermanos, o un padre y su hija, o un grupo de amigos que juegan al dominó todas las semanas...

Nos toca a los cristianos, en esta nueva situación cultural, dar una imagen clara y valiente de la belleza de la unión esponsal. Cada matrimonio (entendido según su definición auténtica, la unión indisoluble y exclusiva entre un hombre y una mujer) está llamado a ofrecer al mundo el testimonio de un amor que se da sin límites, para siempre, en los momentos de alegría y en los de prueba, con esa generosidad que permite el nacimiento de cada nuevo hijo.

La comunidad cristiana, aunque no puede aceptar los actos homosexuales y menos aún los “matrimonios” entre personas del mismo sexo, tiene que respetar a quienes, por diversos motivos, se encuentran en una condición de homosexualidad que, si no es superada a través de una correcta ayuda psicológica, les impide vivir la vocación al matrimonio. Esta situación no obstaculiza a los homosexuales el poder realizarse en otras formas de amistad y de afecto que son posibles entre los seres humanos.

El respeto y acogida hacia quienes se encuentran en una condición de homosexualidad será una muestra más de la bondad de ese Dios que nos invita a vivir según un proyecto de amor que respeta a todos. Un Dios que también nos pide evitar desviaciones y usos de la sexualidad que no corresponden al respeto que merece nuestro cuerpo, ni a la belleza del matrimonio que se origina a partir del amor indisoluble y generoso entre un hombre y una mujer.

Para profundizar:

Congregación para la doctrina de la fe,
Atención pastoral a los homosexuales;

Congregación para la Doctrina de la Fe,
Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales;

Juan Pablo II,
Familiaris consortio.




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