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Homofobia: un abuso lingüístico
Muchas de estas campañas arrancan de un equívoco: usan el término “homofobia” para designar la opinión de quienes consideran equivocados o éticamente incorrectos los comportamientos homosexuales


Por: Elías SaavedraElías Saavedra | Fuente: Elías SaavedraElías Saavedra



Homofobia: un abuso lingüistico

Son cada vez más frecuentes los programas que dicen querer eliminar la “homofobia”. En México, por ejemplo, está siendo promovido por la Secretaría de salud una campaña contra la “homofobia” con el objetivo de abrir nuevos caminos para combatir la epidemia del SIDA entre los mexicanos.

Muchas de estas campañas arrancan de un equívoco: usan el término “homofobia” para designar la opinión de quienes consideran equivocados o éticamente incorrectos los comportamientos homosexuales.

En realidad, la palabra “fobia” tiene un sentido técnico propio de la psicología moderna. Sirve para denominar miedos o temores excesivos, que llegan al nivel de la obsesión y distorsionan, por lo mismo, el modo correcto de ver la realidad.

Usar este término para aludir a juicios de tipo ético o a simples y normales antipatías es un abuso lingüístico. Como lo sería llamar “Foxfóbicos” a los críticos del actual presidente Fox. O a los opositores del PRI, del PAN o del PRD como PRI-fóbicos, PAN-fóbicos o PRD-fóbicos. O a quienes se alejan prudentemente de quienes tienen gripe (para no contagiarse) como “gripefóbicos”.

Además del abuso lingüístico, la campaña desvía la atención que merece la epidemia del SIDA a un tema que interesa a ciertos grupos o lobbys, especialmente a quienes están detrás del movimiento que podemos denominar como “orgullo gay”.

En realidad, una secretaría de salud debería afrontar el tema del SIDA desde una doble perspectiva: médica y valorial.

Perspectiva médica: se trata de ofrecer una correcta información a los ciudadanos sobre la epidemiología del SIDA, las modalidades de contagio, los comportamientos peligrosos. Una información basada en estudios científicos de alto nivel. Los jóvenes y los adultos deben saber que el compartir jeringas, o tener relaciones sexuales con personas posiblemente contagiadas, conlleva un alto riesgo de contraer el virus. Igualmente, las autoridades sanitarias están llamadas a llevar a cabo aquellos análisis que evitarán el contagio a través de transfusiones de sangre o de otros errores que se cometen con no poca frecuencia en los hospitales.

Perspectiva valorial

Las modalidades de contagio de SIDA (como de cualquier otra enfermedad contagiosa, pensemos en la lepra o el SARS) nos llevan a un discurso de tipo ético. Un modo de vivir la sexualidad que implique desenfreno, falta de estabilidad de pareja, abuso de sustancias afrodisíacas o recurso a bebidas alcohólicas para inhibir mecanismos de control del propio comportamiento, implica colocarse en una situación de alto riesgo: de contagiarse y de ser transmisor del virus a otros.

Ese es uno de los grandes problemas del virus HIV: su permanecer escondido durante meses o, incluso, durante años. Quien contrae el virus sin darse cuenta se convierte así en potencial propagador del mismo si se mantiene en una actitud irresponsable, si sigue con su conducta sexual desenfrenada, si aumenta el número de personas (hombres o mujeres, “profesionales del sexo” u otros compañeros ocasionales) con las que se relaciona genitalmente.

La sociedad necesita reaccionar ante campañas que contienen imprecisiones graves, que desvían la atención a las mejores estrategias sanitarias, que sirven incluso como pretexto para difundir ideologías de grupos muy concretos. Acusar de “homofobia” a quienes defienden una vida sexual basada en la responsabilidad y el respeto hacia uno mismo y hacia los demás, en el deseo de buscar una sana disciplina que evite relaciones sexuales descontroladas (en el compromiso por vivir la fidelidad matrimonial), resulta un hecho grave, una señal de intolerancia y, tal vez, un primer paso hacia formas de violencia hacia quienes tienen un punto de vista diferente.

Nuestra gente no espera eso de sus autoridades. Actuar con firmeza contra campañas de este tipo y pedir una información basada en la verdad y no en ideologías de grupo es un derecho y un deber de todo ciudadano. Por el bien de México, y por respeto a todos los que sufren a causa de un contagio que pudo haberse evitado con una mayor educación (basada en una disciplina bien motivada) y con informaciones correctas sobre el SIDA. Ese será el mejor servicio para contener el avance del virus, y para crear un clima social sereno y maduro que lleve al respeto que merecen todos los contagiados.





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