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Homosexualidad y discriminación
El homosexual es un prójimo a quien debemos amar, con todo lo que esta palabra significa: respetar, comprender, consolar, perdonar, darle una gran dosis de esperanza, hacerle ver los bienes que encierra, intentar que viva en el amor,nunca justificarlo


Por: Vida Humana Internacional | Fuente: Vida Humana Internacional



Homosexualidad y discriminación

Nos contaba un educador el caso de un alumno de 12 años, que habiendo sido advertido por no traer un trabajo a realizar en su casa, le protestó airadamente diciendo: "¡Esto es una injusticia! ¡Ud discrimina!" El maestro le preguntó: "¿Por qué dices eso?". Rápidamente el jovencito contestó: "Ayer otro alumno tampoco trajo el deber y Ud. no lo amonestó". El maestro le explicó el motivo de esa actitud aparentemente injusta: "El alumno a quien tú te refieres siempre ha cumplido con sus deberes. Tú, en cambio, reiteradamente no has traído las tareas solicitadas; injusto hubiera sido no hacer distinciones, es decir, no discriminar".

¿Qué es discriminar?

El diccionario de la Real Academia Española en su 18º edición (1956) daba una sola acepción al término discriminar: "Separar, distinguir, diferenciar una cosa de otra". En ediciones posteriores se agregó una segunda acepción refiriendose a la actitud frente a minorías, que en la 21º edición (1996) toma la siguiente forma: "Dar un trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, etc." Por último, la Enciclopedia ENCARTA 1998 CD Rom, dice: "Establecer diferencias en los derechos o en el trato que se da a determinados grupos humanos por motivos de raza, política, religión, etc."

Vivimos discriminando

En cuanto a la primera acepción (acción de separar, distinguir, diferenciar una cosa de otra), vivimos discriminando. Discriminamos cuando elegimos un amigo, tomamos un empleado, votamos a un representante político, elegimos esposa, etc.

La capacidad de elección es producto de la libertad. De por sí, no es algo bueno o malo, justo o injusto. Depende de las intenciones y razones por las que se discrimina. En el caso citado al comienzo de este artículo, lo injusto hubiera sido no hacer distinciones.

De acuerdo a la 2a. acepción, la definición de la Real Academia parece ser aceptable, pues ninguna persona puede ser considerada inferior, ya que todos los hombres son esencialmente iguales. Respecto a la definición de la Enciclopedia ENCARTA que habla de "establecer diferencias en los derechos" por motivos "raciales, religiosos o políticos" agrega un "etcétera" que, al no especificar, permite incluir a cualquier minoría: narcotraficantes, mafiosos, ladrones, prostitutas, pederastas, etc. Esta definición parecer haber inspirado a los redactores de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires cuando en 1996, en forma inconsulta, aprobaron el art. 11 que dice: "Se reconoce y garantiza el derecho a ser diferente por razones de orientación sexual, edad, etc." Derecho a ser diferentes ¿de que? Parece bien claro: de la heterosexualidad. Tampoco hace distinciones sobre cuales son esas orientaciones diferentes. Podrían ser homosexualismo, travestismo, sadomasoquismo, pederastía y -por qué no- necrofilia, zoofilia y gerontofilia: todas son "orientaciones sexuales".

La posibilidad de que la pederastia esté integrada al artículo citado, no es subjetiva, porque luego de defender y garantizar "el derecho a ser diferente por razones de orientación sexual" dice "edad", lo que equivale a decir que el hombre tiene derecho a ser diferente a cualquier edad (infancia, pubertad, etc.). Es un ataque velado a la autoridad de los padres y además deja un campo abierto y sin barreras para la pederastia.

En la Argentina, si la persona objeto fuere menor de 18 años, la pederastia es un delito. En algunos países se ha reducido a los 16 años. Además, la Asociación Norteamericana que promueve el "amor" entre hombres y muchachos (NAMBLA) tiene proyectado reducir la edad mínima a 14 años. Conviene recordar que NAMBLA está afiliada a ILGA (asociación que defiende los derechos de los homosexuales, pederastas y masoquistas) que desde 1997 es miembro del Consejo Económico y Social de la ONU.

Sería constitucional en la Ciudad de Buenos Aires, de acuerdo con dicho artículo, una relación sexual entre un pederasta y un niño de 14 años.

Hay derechos que se pierden

Así como un padre por causa grave puede perder la patria potestad sobre sus hijos, un criminal pierde el derecho a la libertad corporal, igualmente entendemos que un homosexual reconocido como tal, que se jacta de serlo, pierde el derecho a ser educador. Esa sería una discriminación justa. No se puede negar el derecho de los padres a elegir quienes serán los maestros de sus hijos.

Ellos son los responsables del futuro de sus hijos, pero la responsabilidad exige libertad. No se puede acusar a un padre de discriminar porque se niegue a que un homosexual "militante" sea educador de sus hijos.

Debemos hacer otra distinción; existe el homosexual que lucha; está el que, reconociendo que obra mal, ha dejado de luchar; y el tercero, que se justifica, se jacta de serlo y trata de defender pretendidos derechos de la homosexualidad.

El trato a los homosexuales

Sin entrar a analizar las causas de esas inclinaciones sexuales, lo moralmente malo no es tenerlas, sino aceptarlas y actuarlas.

Una inclinación sexual desordenada - como cualquier otra inclinación, ya fuera en la soberbia, avaricia, envidia, ira, gula o pereza - no es algo moralmente malo y puede ser motivo de mayor mérito porque exige mayor lucha.

No olvidemos que "santo no es el que menos ha caído sino aquel que más ha luchado para vivir en el amor".

El mal trato a homosexuales es condenable pues se olvida que es un ser humano y que todos los hombres tienen derecho a ser amados porque Dios los ama.

El homosexual es un prójimo a quien debemos amar, con todo lo que esta palabra significa: respetar, comprender, consolar, perdonar, darle una gran dosis de esperanza, hacerle ver los bienes que encierra, intentar que viva en el amor y reprobar sus egoísmos, nunca justificarlo.

Tampoco podemos olvidar que el amor también es justicia y que la impunidad, agrava los problemas. La prudencia debe guiar nuestros pasos.

Lo que no es lícito, es abrir juicio sobre su responsabilidad. ¿La educación familiar, escolar y ambiental recibida? ¿ Las circunstancias que ha vivido o sufrido? ¿Sus luchas y angustias padecidas? ¿Y qué autoridad moral tenemos para juzgar? Recordemos que "Quien juzga al prójimo, a sí mismo se está juzgando" y que "No juzguéis si no queréis ser juzgados". "Con la vara que midiéreis seréis medidos".

En todo momento debemos tener presente que no estamos "para apagar la mecha que aún humea, ni para quebrar la caña cascada", sino para ayudar a todos los hombres a alcanzar su plenitud en el amor.
 






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