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Sor Lucía regresa a Fátima
Fátima, Portugal

Por deseo de la vidente, sus restos estuvieron un año sepultados en el Carmelo de Santa Teresa, de Coimbra


Por: Revista Ecclesia | Fuente: www.revistaecclesia.com



Los restos mortales de Lucía de Jesús dos Santos regresaron al lugar donde, a los 10 años de edad, dijo haber visto y oído a la Virgen, para reposar en el santuario mariano de Fátima junto a los de sus dos primos, Francisco y Jacinta Marto.

La hermana Lucía, la más longeva de los tres niños pastores que en mayo de 1917 dijeron haber visto a la Virgen en la llamada Cova da Iria (Cueva de Irene), donde hoy se levanta el santuario, hizo su último viaje hasta Fátima un año después de su fallecimiento.

Según dijeron a Efe responsables del santuario, casi 250.000 personas llegadas de los cuatro puntos cardinales de Portugal y de otros países, sobre todo de España, peregrinaron a Fátima para la ocasión, sin tener en cuenta el viento, la lluvia y el frío reinantes.

Por deseo de la vidente, sus restos estuvieron un año sepultados en el Carmelo de Santa Teresa, de Coimbra, donde pasó enclaustrada los últimos 46 años de su vida, antes de ser exhumados para conducirlos a su definitivo enterramiento en Fátima.

Una ceremonia privada en el monasterio carmelita fue el primer acto del día y precedió al traslado de los restos hasta la Catedral Nueva de Coimbra, donde la ciudad universitaria portuguesa por excelencia se despidió de la religiosa, para quien se reclama abiertamente la canonización.

Un cortejo de 19 vehículos, en los que viajaban el féretro, familiares y algunas monjas carmelitas que compartieron sus últimos años, recorrió los casi 90 kilómetros que separan Coimbra de Fátima, a donde hasta poco antes de llegar los restos seguían afluyendo personas a pie o en auto.

A su llegada al santuario, donde la Policía lusa adoptó un fuerte dispositivo de seguridad ante la gran concentración de personas, el féretro fue conducido a hombros en medio de una fuerte granizada hasta la llamada Capillita de las Apariciones, para rezar un rosario.

Luego, Lucía y la imagen de la Virgen fueron conducidas hasta la Basílica de Fátima, donde estará expuesto el féretro antes de que media docena de obispos concelebren esta tarde una misa con el titular de la diócesis de Leiría-Fátima, Serafim Ferreira e Silva.

Los tres pastorcillos de Fátima dijeron haber tenido la primera de una serie de apariciones el 13 de mayo de 1917, en las que Lucía fue la única que aseguró haber escuchado los mensajes de la Virgen, en los que recomendó rezar el rosario.

Además, la vidente dijo haber sido hecha depositaria de tres misterios, hoy conocidos, que guardaban relación con el fin de la I Guerra Mundial (1914-1918), la prematura muerte de sus dos primos y el atentado contra el papa Juan Pablo II en la plaza de San Pedro un 13 de mayo, festividad de Fátima.

Francisco y Jacinta fallecieron en 1919 y 1920, respectivamente, y su prima decidió profesar como religiosa en 1946 en la orden de las Doroteas y pasó algún tiempo en un convento de Tuí (España).

Lucía, nacida el 22 de marzo de 1907 en Aljustrel, aldea cercana a Fátima, decidió en 1948 ingresar en el Carmelo de Coimbra donde transcurrió el resto de su vida y del que salió en contadas ocasiones, sobre todo para comunicar al Papa el último de los secretos.

Ahora, aumenta el número de quienes pretenden elevarla a los altares junto a sus dos primos, beatificados el 13 de mayo de 2000 por Juan Pablo II.

El sacerdote Luis Kondor, postulante de la canonización de Francisco y Jacinta, reveló que uno de los supuestos milagros atribuidos a la intercesión de Lucía data de junio de 2005 y pudo suponer la curación de una niña argentina de cuatro años, enferma de síndrome hemolítico.

Kondor, que recordó que el Derecho Canónigo exige aguardar cinco años antes elevar a un beato a los altares, valoró el caso de la niña argentina como "curación sensacional" y anunció hoy en Fátima que ha pedido permiso para reclamar al Vaticano que se reduzcan los plazos para el proceso de beatificación de Lucía.

Según Kondor, se dan "todas las condiciones" para ello y ese era el deseo de Juan Pablo II, ya que, un día después de la muerte de Sor Lucía, el secretario personal del Pontífice le expresó que este deseaba iniciar "rápidamente" la beatificación de la vidente. (El Universal)

 








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